Avances tecnológicos

Como serán dentro de 4 años los trasplantes de órganos de cerdos a humanos en Argentina

El especialista en xenotrasplantes sostiene que Argentina lidera el desarrollo de esta tecnología en América Latina y proyecta que, en cuatro años, podrían comenzar los primeros ensayos clínicos con órganos porcinos destinados a pacientes humanos.

Adrián Abalovich Foto: Ig Dr. Adrián Abalovich

A partir del nacimiento de los primeros cerdos triple knockout desarrollados en Argentina, el médico cirujano Adrián Abalovich sostuvo que el país podría dar un salto decisivo en apenas cuatro años, y se mostró convencido de que los órganos de cerdos genéticamente modificados podrán convertirse en una solución para la escasez de donantes humanos. "En tres o cuatro años ya se podrían hacer los primeros estudios clinícos", aseguró en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).

Adrián Abalovich es un médico cirujano especializado en trasplantes, egresado de la Facultad de Medicina de la UBA, jefe del Servicio de Emergencias de la Universidad Eva Perón de San Martín y profesor titular de la Escuela de Ciencia y Tecnología en la UNSAM. Es coordinador de la Comisión de Xenotrasplantes de la Sociedad Argentina de Trasplantes, miembro titular de la Sociedad Argentina de Trasplantes y de la Sociedad Internacional de Xenotrasplantes.

—Un gusto tenerlo acá, y en un momento tan particular en el que aparece la UBA logrando crear cerdos triple knockout, que son importantes para el trasplante de órganos. Ayudenos a comprender la importancia de esto.

—Es una forma también de ir concientizando a la sociedad de la importancia del avance biotecnológico y de cómo la investigación va de la mano también del beneficio de la sociedad. Y así como alguna vez Houssay dijo que, justamente porque somos un país en vías de desarrollo, necesitamos tener investigación.

—Cuéntenos por qué son imprescindibles estas alternativas, dado que la demanda de órganos supera mucho la oferta de órganos. Y, al mismo tiempo, por qué, si hoy finalmente prácticamente cada vez que uno renueva su documento, salvo que lo exprese muy especialmente, está obligada casi toda la población a ser objeto de donación de órganos. ¿Por qué es mayor la demanda que la oferta?

—Este es un fenómeno que ocurre en todo el mundo. Por un lado, aumentó mucho la demanda de órganos. Aumentó la expectativa de vida, crecieron enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial, etcétera, en forma muy importante. Para darle un número, en Estados Unidos hay 500.000 personas dializándose, filtrando su sangre porque ya sus riñones no les funcionan. En Argentina, tenemos 30.000 personas dializándose y 7.000 personas esperando un órgano para trasplante. Lo que usted me dice es: "¿Por qué, si justamente todos fuéramos donantes de órganos, no son suficientes?". A veces las leyes se promulgan, se regulan, pero de ahí a que puedan funcionar hay un margen grande.

El INCUCAI es un organismo realmente modelo en el mundo, trabaja muy bien y además está muy preocupado también con el tema del xenotrasplante. La cuestión es que, cuando hay una persona que está en muerte cerebral y es un potencial donante de órganos, es muy difícil que el médico llegue al familiar y le diga, en un momento tan difícil como es la muerte de un familiar: "Somos el Estado y venimos a llevarnos los órganos". Si la familia, por más que la ley obligue, realmente no quiere, en líneas generales el procedimiento no se realiza.

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—¿Lo mismo pasa en otras partes del mundo?

—Hay países en los cuales, por ejemplo España, realmente todo lo que es la procuración, etcétera, está muy avanzado. Pero, sin embargo, el problema es el mismo: la cantidad de órganos humanos no es suficiente en relación con la cantidad de órganos que se necesitan.

—Entonces, la solución vendría por los xenotrasplantes. Cuéntenos.

 —Ahí aparece el tema de los órganos de animales. El animal tiene muchas diferencias con el humano; son los animales que se proyectan como los ideales, por varias razones. ¿Y qué sucede con los animales? Si yo, por ejemplo, voy a un frigorífico, le saco un riñón a un animal y me lo aplico, voy a tener un rechazo en tres minutos.

¿Por qué? Porque tenemos anticuerpos, tenemos proteínas que las formamos durante la vida, aunque no estuvimos en contacto con los cerdos, pero sí en contacto con bacterias, alimentos, etcétera, que hacen que, si nos colocan un órgano de un cerdo de un frigorífico, lo rechacemos prácticamente inmediatamente. Se llama rechazo hiperagudo. Por lo tanto, y estos fueron estudios a lo largo de mucho tiempo, hicieron al cerdo más parecido a nosotros.

—Genéticamente se fueron haciendo modificaciones genéticas.

—Exactamente. Se fueron haciendo modificaciones genéticas. ¿Qué hacen? Que ese rechazo hiperagudo que ocurría a los tres a cinco minutos ya no exista. Y, además, se agregaron genes que tenemos los humanos, que los cerdos no tienen, que hacen que la reacción inmunológica, el rechazo por la coagulación que se genera, etcétera, sea mucho más leve. Se ha dado un paso importantísimo en los últimos años, que fue consecuencia de 20, 30, 40 años de estudios. No fue algo mágico.

Y, para que tome una magnitud realmente de la importancia que está teniendo en el mundo este tema, en los Estados Unidos ya hay una persona trasplantada en el Massachusetts General Hospital que lleva ya un año con un riñón de cerdo genéticamente modificado y funcionando perfectamente bien.

—¿Cómo se imagina esto dentro de cinco años?

—Estoy convencido de que ya no vamos a hablar más de xenotrasplante. Se va a hablar de trasplante. Hay un hecho interesante para el que le interesa la historia de la medicina: los primeros trasplantes fueron xenotrasplantes. Si uno estudia, por ejemplo, el primer trasplante de riñón, lo hizo un francés de Lyon, fue un riñón de cerdo, justamente, en un ser humano. Lo que pasa es que imaginemos que estamos hablando de 1920, en una época en que no se conocía de inmunología, de biología molecular, de genes, etcétera. Y, por supuesto, eran rechazados inmediatamente. Estoy convencido de que, dentro de cinco años, los órganos de los cerdos, en particular, van a poder proveer a los humanos que los necesitamos de riñones, corazones, hígados, pulmones, etcétera.

—¿Se imagina que el problema de falta de órganos va a desaparecer y que organismos como el INCUCAI, en realidad, van a estar haciendo órganos de control de la fabricación de órganos?

—Exactamente. El INCUCAI está actuando en la ablación de órganos y, por supuesto, en la procuración de órganos, y en la validación y todo lo que significa el trasplante. Yo creo que, en un futuro, el INCUCAI justamente va a tener que regular con otras instituciones, porque yo creo que ANMAT no puede quedar afuera. Y acá se está agregando lo que es sanidad animal.

Entonces, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, que está trabajando muy bien junto al INCUCAI, están armando una regulación para el xenotrasplante en Argentina. Es decir, no nos estamos quedando atrás. Realmente el INCUCAI está trabajando muy bien, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca también, y ANMAT está haciendo lo suyo también.

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—¿Y las organizaciones protectoras de animales qué dicen?

—En realidad la Sociedad Protectora de Animales protege a los monos, protege a los perros, protege a los gatos. Pero, Jorge, todos los días se faenan millones de cerdos para alimentos. Y además hay algo que hay que hacer notar. Estos cerdos no es que se van a buscar al campo y se traen y se sacrifican para sacarle un órgano. Son cerdos que nunca hubiesen nacido, que se crían, que se desarrollan los embriones para el trasplante de órganos. Por lo tanto, lo que tenemos que cuidar es que el animal no sufra. Y eso, desde ya, está todo muy bien regulado y nosotros estamos cuidando muy bien eso.

Y, si puedo agregar algo, este desarrollo es de una startup que formamos con dos compañeros de la UNSAM: la licenciada Mariela Balbo, que es economista; el doctor Adrián Muto, que es biotecnólogo; y yo, que me dedico a xenotrasplante desde hace muchos años. Formamos una startup que está incubada en la Universidad de San Martín. Bajamos también, por supuesto, con la Facultad de Veterinaria de la UBA y, bueno, surgió este proyecto y empezamos a avanzar. Y ya tenemos los primeros cerditos modificados genéticamente con el triple knockout, que no es suficiente. A ese triple knockout tenemos que agregarle otros genes, pero se ha dado un paso importantísimo en Argentina.

—¿Qué haría falta? ¿Cuádruple knockout? ¿Quíntuple knockout?

—Haría falta los knock-in. Es decir, el knockout, en el boxeo, es derribarlo al rival. Acá se derribaron los genes que generan ese rechazo que yo antes le comentaba.  Hay que agregar genes humanos que regulan la coagulación, que regulan la inmunología. Y algo más: en el trasplante de órganos de humano a humano, al principio los resultados eran muy malos. Lo que uno ve ahora —el Garrahan está muy cerca, el Argerich, etcétera— como una rutina, llevó muchos años de desarrollo.

El HLA son proteínas que están en la superficie de las células y que, cuando no hay compatibilidad, generan rechazo. Por eso el INCUCAI, otra de las funciones muy importantes que tiene, es ver que haya compatibilidad entre el donante de órganos y el receptor. Bueno, los cerdos tienen un SLA y se está trabajando mucho, en hacer el knockout de esas proteínas SLA en los cerdos. Entonces sería maravilloso el día de mañana, cuando eso se logre. Hasta podría uno pensar en que pudiese haber trasplante que fueran compatibles para todos.

Es la donación de un grupo cero sanguíneo: sin rechazo de órganos y sin necesidad de inmunosupresión. Es un paso difícil. ¿Por qué es difícil? Porque ese SLA no lo puso Dios, o el HLA, para rechazar órganos. Forma parte del sistema inmunológico. Entonces son presentadores de antígenos. Si usted saca el SLA a los cerdos, los cerdos están muy proclives a las infecciones. Pero se va a poder lograr. 

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—Cuénteme qué hace falta, entonces, para que se cumplan las posibilidades del quíntuple knockout y que estén disponibles. ¿Cuánto le imagina? ¿Dos años? 

En Argentina, justamente, dentro de un par de días van a nacer nuevos cerdos triple knockout. Queda hacer los cerdos genéticamente modificados triple knockout, pero machos, porque ahora están naciendo todas hembras por clonación. Tienen que nacer los machos. Luego va a haber una cruza natural entre ellos. Y después ya va a realizar el doctor Muto, con el grupo de la UNSAM, el knock-in, el agregar los genes humanos.

Una vez que se logra eso, los cerdos tienen que ser DPF, en inglés Designated Pathogen Free; en español, libres de gérmenes patógenos para el ser humano. Es decir, tienen que ser criados en un establecimiento con aire filtrado, comida estéril, etcétera, y no tener los gérmenes que pudiesen transmitir enfermedades al humano. Eso requiere un gran trabajo, requiere una inversión, pero se va a poder hacer en Argentina.

Nuestro primer paso es hacer ese establecimiento piloto para poder hacer los estudios preclínicos y clínicos. Y, una vez que estén esos cerdos en condiciones, con la regulación, la autorización, la inspección y toda la seguridad que requiera el procedimiento por parte del INCUCAI, de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca y de ANMAT, yo creo, si le tengo que dar una fecha, que en tres o cuatro años ya se podrían hacer los primeros estudios clínicos, que la FDA ya aprobó el año pasado en los Estados Unidos para riñón, para hígado y este año para corazón.

— Entonces estaríamos cuatro años retrasados con Estados Unidos. ¿Y qué otros países del mundo están como Estados Unidos? O, no sé, nuestros vecinos más importantes: Brasil, México. En esa carrera, ¿cómo estamos?

—Primero está Estados Unidos, no hay ninguna duda. Lo sigue China. China ya hizo varios xenotrasplantes. Y Latinoamérica, me pregunta. Bueno, en Brasil, en San Pablo, Xenoverse armó también una estructura.

—¿También público-privada, como esta que usted acaba de armar?

—Exactamente. Es la Universidad de San Pablo con una empresa privada. Bueno, también están tratando ya de tener sus primeros cerdos genéticamente modificados. Están unos pasitos atrás nuestros. Pero eso no sería importante. La realidad es que hay demasiados pacientes en el mundo que necesitan órganos. Yo creo que estamos liderando. De Estados Unidos para abajo, estamos liderando el xenotrasplante.

—¿Esto eliminaría el mercado negro de órganos?

—Creo que del mercado negro de órganos se habla más de lo que realmente es. Porque es lo que hablamos antes: tiene que haber compatibilidad. Yo no puedo ir a comprarle en un país pobre el riñón a alguien, porque va a haber rechazo. Es decir, tendría que haber toda una estructura de compatibilidad, etcétera, como para que eso sirva, con cirujanos, con inmunólogos, etcétera. Creo que eso realmente es más fantasía que realidad.

 

RM