Daniel Santoro: "Me acusaron falsamente de ser parte de una banda y de hacer espionaje ilegal"
Tras dictarse su sobreseimiento definitivo en la causa iniciada a partir del Operativo Puf, el periodista de investigación repasa el impacto del proceso en su vida personal y profesional.
En este encuentro, Jorge Fontevecchia recibe a Daniel Santoro en un diálogo marcado tanto por la reflexión periodística como por la reparación personal. Años después de haber comenzado un tortuoso proceso judicial que intentó vincularlo con una red de espionaje e intimarlo a revelar sus fuentes, el periodista repasa la resolución definitiva que dictó su sobreseimiento.
A lo largo de la entrevista, en Modo Fontevecchia, por +Perfil y Radio Perfil (AM 1190) Santoro detalla los costos familiares y profesionales de la persecución, analiza la trastienda de causas emblemáticas como Cuadernos de las Coimas y reflexiona sobre las transformaciones del poder frente a la prensa. Desde los métodos del menemismo y la doctrina del lawfare durante el kirchnerismo hasta la descalificación en redes bajo la gestión actual, la conversación traza un mapa histórico de las presiones al periodismo libre, el valor del secreto profesional y la necesidad imperiosa de resguardar la ética en el oficio.
Daniel Santoro es un periodista de investigación reconocido por su cobertura de casos de corrupción estructural. Se desempeña como editor judicial en el diario Clarín y es miembro de la Academia Nacional de Periodismo. Con más de 40 años de profesión, su labor ha impulsado grandes causas judiciales en el país, lo que le ha valido distinciones internacionales. Ha sido galardonado con el Premio Rey de España y el María Moors Cabot de la Universidad de Columbia. Es miembro de número de la Academia Nacional de Periodismo en la Argentina y del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, con sede en Washington. Además, es cofundador del Foro de Periodismo Argentino, orientado a mejorar los estándares éticos de la profesión en el país.
Daniel, muy contento de tenerte acá. Recuerdo que la última vez que estuvimos juntos en este edificio vos estabas recién en el comienzo de esta demanda que resolvió satisfactoriamente. La Justicia dictó tu sobreseimiento definitivo en la causa que intentó vincularte con una red de espionaje ilegal por el solo hecho de ejercer el periodismo. Me gustaría que compartieras con la audiencia una síntesis de cómo fue evolucionando esa causa, cómo terminó y, de alguna manera, celebrarlo juntos.
Bueno, fueron siete años de sufrimiento, Jorge, porque me acusaron falsa y ridículamente de ser parte de una banda que tenía como centro al falso abogado Marcelo D'Alessio; que yo había hecho espionaje ilegal y que había extorsionado a empresarios y funcionarios que estaban procesados en otras causas. Con esta causa, en aquel momento —en aquella entrevista que vos me hiciste—, habían hecho una maniobra de forum shopping por órdenes de Cristina Kirchner. En vez de hacer la denuncia por intentos de extorsión contra D'Alessio donde habían ocurrido los hechos, que era acá en la Capital Federal, la llevaron a Dolores. ¿Por qué a Dolores? Porque en Dolores había un juez amigo. Una maniobra de forum shopping que habilitó su juzgado para un intento de extorsión: cortó sus vacaciones y le recibió una denuncia a este productor agropecuario jubilado —como decía Verbitsky, que no lo era—: Pedro Etchebest. Ahí empezó toda la maniobra del Operativo Puf, Jorge, donde yo solamente era una pieza menor. Obviamente, lo que se intentó con eso fue hacer caer la causa de los Cuadernos de las Coimas y la causa de la mafia de los contenedores. Además, provocó un tema de miedo y censura entre muchos periodistas en los primeros dos años del gobierno de Alberto Fernández.
Y hoy, ¿cómo terminó? Compartí con la audiencia tu satisfacción de cómo terminó la Justicia dictando tu definitivo sobreseimiento.
Bueno, primero, gracias por tu apoyo, por el apoyo de la Academia Nacional de Periodismo, de ADEPA, del diario Clarín —desde sus dueños hasta todos mis compañeros—, del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación —que recién lo señalabas— y de una serie de organizaciones periodísticas que salieron a respaldarme en aquel momento donde realmente me aplastaron. Porque Cristina creó una máquina para destruir el prestigio de los periodistas, como dice tu alumno Fernando Ruiz. Esto suponía hacer una denuncia falsa y someterte a un montón de trolls y de medios de comunicación kirchneristas que te despedazan sin derecho a defenderte; porque, excepto vos y algún otro periodista, nadie más me llamó para escuchar mi versión de lo que decían en este tema. Entonces, ahora, obviamente siento una tranquilidad, porque todo lo que te conté en aquel momento —que estaba en duda— es verdad. Obviamente, más allá de una relación periodista-fuente, no tuve ninguna otra relación con D'Alessio. Esto es muy importante para mí y, sobre todo, para mi familia: se enfermó mi esposa, se enfermó mi suegra. Horacio Verbitsky publicó, Jorge —vos recordarás—, la dirección de mi casa y el nombre de mi esposa, que no tenía absolutamente nada que ver. Entonces venían los kirchneristas... Ella tenía un local de arquitectura en Palermo que después tuvo que cerrar, y venían a insultarla y a presionar. Fue un momento realmente muy difícil; por eso la situación de ahora es de alivio. Lo nuestro como periodistas es buscar la verdad y llegamos a eso, aunque todavía hay cosas del Operativo Puf que no se conocen. Hay una causa en marcha en la que se está investigando todo esto porque, insisto, yo era una pieza menor. Acá lo que se buscaba era desplazar al fiscal Stornelli —que fue el que sufrió la mayor parte de las consecuencias de los ataques de Cristina Kirchner—, al juez Bonadio y a Carrió. Por suerte se llegó a la verdad y la causa de los Cuadernos de las Coimas hoy mismo está en juicio oral y público.
¿Cómo imaginás que va a terminar la causa Cuadernos?
Bueno, eso va a ser un proceso largo, porque estamos hablando de un año y medio o dos años. Pero, obviamente, es la causa que tiene la mayor cantidad de elementos probatorios: no solamente las confesiones de los arrepentidos, sino también informes bancarios, movimientos de la plata, comunicaciones telefónicas y el recorrido del GPS de los autos donde Centeno llevaba a Baratta para distribuir los sobres. Obviamente va a terminar con una condena y va a terminar reivindicando el trabajo de Diego Cabot, que también fue objeto de esta persecución. En mi libro del 2021, La batalla final de Cristina, lo conté muy clarito: Baratta pidió la dirección de Diego Cabot, y obviamente hubo un conjunto de presiones hacia los periodistas que estábamos en estos temas que provocó esa autocensura. Te voy a dar un dato nada más para que tengas una idea: yo en esta causa defendí el secreto profesional periodístico porque Ramos Padilla, este juez kirchnerista, había pedido todas mis llamadas telefónicas de los últimos dos años. Vos sabés, Jorge, que para un periodista eso es una cosa esencial, porque con tus llamadas telefónicas...
Sacan todas tus fuentes.
Sacan todas mis fuentes. Hubo seis periodistas que se asustaron —porque por ahí hablaban con veinte periodistas— y le abrieron sus correos electrónicos y sus teléfonos celulares al juez Ramos Padilla. Pese a que tenemos el artículo 43 de la Constitución Nacional y a que el fallo de la Cámara Federal de Mar del Plata —con el juez Jiménez y el juez Tazza— había defendido el secreto profesional periodístico, porque obviamente los jueces no pueden meterse en la cocina de nuestro trabajo... En nuestro trabajo hay desprolijidades, nosotros no tenemos un código de procedimientos. Ramos Padilla se metió en eso y quiso penalizarlo en el fallo que me procesó a mí como supuesto extorsionador y espía. Dice que si una fuente le da información a un periodista es legal; ahora, si un periodista le manda datos a la fuente, es ilegal. Un precedente que por suerte dio de baja la Cámara Federal de Mar del Plata, pero ahí se discutieron muchos temas que van a tener repercusiones en el futuro.
¿Cómo ves la relación actual del periodismo con el gobierno y comparativamente con la de Cristina Kirchner, sobre la que vos tenés, podríamos decir, más experiencia que la gran mayoría de los periodistas?
Creo que son dos situaciones gravísimas. Los gobiernos tienen la obligación de crear un contexto de tranquilidad para que todos los ciudadanos puedan ejercer su libertad de expresión, su libertad de opinión y su libertad de investigar. Cristina Kirchner —con la SIDE, con la AFIP, con todos esos recursos, con sus discursos en el atril, con Valdés, Tailhade, Moreau—, que a vos mismo en las entrevistas te decían que yo era un espía, que me había metido a hacer espionaje... Y yo lo que hice fue periodismo; lo dijo la Cámara Federal de Mar del Plata, no hay ninguna otra cosa. Jamás en mi vida extorsioné ni espié a nadie. Era realmente un clima muy difícil, a tal punto que en los dos primeros años del gobierno de Alberto Fernández —hay que recordarlo— en Comodoro Py éramos dos o tres nada más que íbamos a seguir las noticias de las causas judiciales. En el gobierno de Macri era un aluvión de periodistas y camarógrafos siguiendo los casos. Después, por suerte, un sector del periodismo, un sector de la sociedad civil y un sector de la Justicia permitieron que estas causas siguieran para que se llegue a buscar la verdad. Nos sentimos en una situación también horrible porque el presidente Milei nos insulta a diario, nos trata de basuras humanas y demás. Eso también crea miedo; y todo este ejército de trolls y de estas "fuerzas del cielo" que circulan en las redes sociales atacan nuestro prestigio profesional. Eso es lo más importante de un periodista, porque es lo que permite que las audiencias crean en nosotros. Todavía Milei no usó el servicio de inteligencia como lo usó Cristina con Milani o Tailhade. En mi caso, mis teléfonos celulares y mis computadoras fueron pinchados; el juez Casanello me dio un certificado que así lo acredita. No solamente el mío, sino el de Wiñazki, el de Lanata... No me acuerdo si estabas vos en la lista, pero puede ser que estuvieras en esa lista en la que todos teníamos órdenes de observación. Así que son dos situaciones gravísimas y tenemos que defender...
Me hiciste recordar al gobierno de Menem.
El gobierno de Menem, sí.
Roberto Baratta apuntó contra Techint en la causa Cuadernos y reveló sus reuniones con Paolo Rocca
Donde vos también fuiste un actor fundamental en el periodismo de investigación; te diría incluso más cuando fuiste vanguardia, cuando todavía el periodismo de investigación no tenía el nivel de desarrollo que tuvo a partir del comienzo de este siglo. O sea, lo que vemos es que todos los gobiernos que pretenden ser hegemónicos —por lo menos el de Menem, el del kirchnerismo y este actual— tienen para con la prensa esa actitud de preferir que no exista, ¿no? Limitarle su capacidad de acción al máximo posible. Me gustaría que le contaras a la nueva generación de periodistas cómo fue cambiando: cómo atacaba Menem, cómo atacaba el kirchnerismo, cómo ataca el mileísmo y cuál es el hilo conductor que genera que siempre el periodismo sea el enemigo deseado.
Bueno, la gran diferencia que había con Menem...
Me parece importante que compartas con la audiencia tu caso y lo que hiciste de periodismo de investigación sobre el gobierno de Menem.
Yo investigué el caso de la venta ilegal de armas a Ecuador y a Croacia, por el cual Menem fue condenado.
Porque Menem vivió toda su última etapa con la espada de Damocles de ir preso por una nota tuya, ¿no?
Tenía que ser senador porque si no iba a ir preso...
Y tener una Corte que, dentro de todo, fuera tolerante de no confirmar el fallo; porque si hubiera confirmado el fallo, hubiera pasado lo mismo que con Cristina Kirchner.
Sí, ee murió antes el expresidente de que la Corte...
Si la Corte no fue muy tolerante...
Pero Menem también decía que todo era mentira, nos atacaba y demás. Había una línea roja, Jorge, que era el tema de la familia; nunca se metió con eso. Creo que esa es una gran diferencia:
Se fue empeorando en cada momento.
Todo eso fue empeorando. Ahora Verbitsky publica el nombre de mi esposa y la dirección de mi casa, dice que soy una persona pública y no hace ningún pedido de disculpas. Entiendo que nosotros somos personajes públicos y han dicho cosas horribles de todo el mundo, pero no con la familia, porque eso es lo más duro. Menem hizo un montón de juicios por calumnias e injurias —vos fuiste víctima de uno de esos—, que eran otras herramientas que tenía; pero Menem daba conferencias de prensa también, pongamos todas las cosas en la balanza. Cuando Cristina Kirchner asume, obviamente viene el fallo Kimmel donde, por una recomendación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, se deroga el delito de calumnias e injurias para los casos de los periodistas. Todos estábamos contentos con esa medida, porque Menem había derogado también la figura del desacato antes. Entonces, al quedarse sin estas armas de presión sobre el periodismo, ¿qué es lo que crea Cristina? El lawfare. Esta teoría de que hay una conspiración, de que yo o vos nos reunimos con la Embajada de Estados Unidos y con los jueces para atacar a los líderes populares de América Latina, realmente un absurdo. Como no podían acusarnos por calumnias e injurias ni hacernos un juicio civil porque lo que decíamos era verdad, recurrieron a esto: ahora somos extorsionadores, somos espías y demás. Esa es la diferencia que hay entre el menemismo y el kirchnerismo. Y lo que ha hecho Milei, obviamente, es tener en las redes sociales un manejo muy grande donde no hay forma de defenderse cuando te insultan.
También colocan las direcciones de la familia; atacan a periodistas. En el caso de Julia Mengolini ya directamente se meten con su hermano. Quiero decir, el tema de meterse con la familia... A María O'Donnell le había pasado exactamente lo mismo. O sea, las redes sociales ya cruzan cualquier barrera donde hay distancia entre lo personal y lo público. Quería ir un paso más allá. Estás en un edificio en el que la Legislatura acaba de votar la semana pasada cambiar el nombre de la calle California por la calle José Luis Cabezas, el último periodista asesinado en la Argentina, que fue en los años 90. Quería ir, como punto de mojón de un "Nunca Más" de asesinatos a periodistas que esperemos que se mantenga —que lleva desde el asesinato de José Luis Cabezas hasta aquí sin repetirse—, a destacar que antes se mataba directamente a los periodistas. En la época de la dictadura directamente se los mataba. Como vos decías, a los distintos gobiernos se les van quitando herramientas y van creando nuevas: antes los mataban; cuando vieron con José Luis Cabezas que en democracia el asesinato de un periodista terminaba siendo peor remedio que la "enfermedad" que nosotros representábamos, se pasó a los juicios; de los juicios a la intimidación familiar, y de la intimidación familiar a las redes sociales. Es decir, siempre se busca de alguna manera una nueva herramienta cuando se anula la anterior ¿no?
José Luis Cabezas, Jorge, es el único héroe del periodismo argentino. Realmente la foto que él le sacó a Yabrán desnudó todo un sistema de corrupción que había entre Yabrán con el peronismo y el radicalismo. No hace falta contarlo a la audiencia, ya lo sabe. Sin lugar a dudas, este reconocimiento de la Legislatura para mí es ejemplar. Se buscan nuevas herramientas porque durante la dictadura fueron más de 100 periodistas asesinados y otros tantos exiliados, lo que creó un miedo en todas las redacciones para un gremio muy chico. En el caso de José Luis Cabezas fue muy importante la respuesta de la sociedad civil: es lo que hizo que a partir de ahí se inhibiera repetir eso, porque el costo para quien lo llevaba adelante era gigante, como terminó el caso de Yabrán, directamente con un suicidio. Era un costo enorme. Vos fijate en otros países: en México, 150 periodistas asesinados; Honduras, otro tanto; Colombia, otro tanto. Por eso es importante. Eso es lo que se ha perdido ahora. No se puede comparar el caso de José Luis Cabezas con las persecuciones que tenemos nosotros.
Pero sí mostrar que hay un hilo conductor en el que se van variando las herramientas en función del nivel de presión que la sociedad coloca defendiendo —la sociedad, la Justicia, cortes internacionales, que también han venido fundamentalmente en ayuda de estas modificaciones—. Se van encontrando nuevas formas para tratar de presionar al periodismo. Vos también, dentro de la Academia Nacional de Periodismo, junto con Gustavo González, llevaron adelante el decálogo de la buena praxis del periodismo. Otro de los problemas que hoy nos afecta es la mala praxis: personas que se disfrazan de periodistas para hacer propaganda y periodistas que desgraciadamente caen en la realización de propaganda. Me gustaría una reflexión final tuya sobre ese otro flagelo que tenemos en la profesión.
Yo creo que fue un avance muy importante este decálogo que sacamos en la Academia, porque los periodistas argentinos no tenemos reglas por escrito y tenemos también que rendir cuentas de lo que hacemos. Siempre pensé, tanto en FOPEA como en la Academia, en darle dientes a estos códigos de ética, pero nunca tuve consenso. Los periodistas en Argentina estamos realmente muy divididos. No hablo de una ley, sino de que, en base al consenso, deberíamos discutir la forma de apartar, censurar o llamar la atención —como hay en algunos comités de libertad de prensa en Europa— a aquellos que usan el periodismo para extorsionar, para hacer operaciones mediáticas o que realmente lo que hacen es política. Lo nuestro es tratar de acercarnos a la verdad con el mayor profesionalismo posible. Pero, obviamente hace falta todo un debate y hace falta no bajar los brazos. Es una batalla que va a continuar, porque tenemos que seguir pidiendo que la sociedad civil nos respalde y nos apoye, ya que sin ese respaldo no somos nada.
Y decirle a los nuevos periodistas que se preparen, porque la batalla es larga y va a continuar; van a encontrar nuevamente en cada uno de los distintos poderes que se vayan sucediendo en el tiempo herramientas para tratar de acallarnos. Esa es la tensión, y el buen periodismo es luchar contra esa fuerza en sentido contrario. Agradecerte, Daniel. Nos alegramos del fallo y te transmitimos nuestro afecto.
Muchas gracias por tu apoyo, Jorge, y muchas gracias por la entrevista.
MEG
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