LA MIRADA DEL INDUSTRIALISMO

De Mendiguren, enojado con la oposición y el peronismo por esperar que el Gobierno se caiga solo durante un industricidio

El expresidente de la UIA y exsecretario de Industria analiza con dureza el impacto del modelo libertario sobre el entramado productivo y la pasividad de la oposición. Por qué sostiene que la Argentina enfrenta una oportunidad histórica desperdiciada: "El mundo necesita lo que tenemos en abundancia, pero nos estamos convirtiendo en inquilinos de nuestro propio país".

José Ignacio de Mendiguren Foto: CeDoc

José Ignacio "El Vasco" de Mendiguren aborda esta entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), atravesado por una indignación genuina: no solo está alarmado por el rumbo económico del Gobierno y el "industricidio" en marcha, sino fuertemente enojado con la oposición y el peronismo por esperar pasivamente a que el modelo caiga solo, en lugar de construir hoy una alternativa.

Con la vehemencia que lo caracteriza y respaldado por su experiencia en la gestión productiva, el expresidente de la UIA plantea la disyuntiva de hierro que enfrenta el país: aprovechar la riqueza de sus recursos para encarar un proyecto de desarrollo inclusivo con los 45 millones de argentinos adentro, o resignarse a la inacción política y convertirse en un mero enclave extractivo.

José Ignacio de Mendiguren es abogado, escribano, empresario industrial y dirigente político. Ejerció en dos oportunidades la presidencia de la Unión Industrial Argentina. Fue ministro de Producción entre 2002 y 2003, siendo el primer titular de esa cartera designado por el presidente interino Eduardo Duhalde tras la crisis del año 2001. Ocupó una banca en la Cámara de Diputados representando a la provincia de Buenos Aires entre 2013 y 2021, inicialmente bajo el partido Frente Renovador, liderado por Sergio Massa. Entre 2020 y 2022 presidió el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE). Además, entre 2022 y 2023 se desempeñó como secretario de Industria y Desarrollo Productivo bajo la gestión del Ministerio de Economía.

—Como siempre, con nuestro pacto de lectura con la audiencia, contamos lo que conversamos con el entrevistado previamente, mientras estábamos en el corte: él me contaba que estaba un poco enojado con el peronismo. Que esperan a que este hombre caiga y nos vengan a buscar, cuando con el ánimo emprendedor que siempre tiene José, quisiera tomar medidas desde ahora. Compartí con la audiencia lo que veníamos comentando: tu sentimiento y tu acción.

—Es verdad, es verdad. ¿Y sabés qué es lo peor? Porque me enoja mucho, y no lo digo con actitud ingenua, lo digo con conocimiento de causa. Puedo explicarlo, contarlo y mostrar los ejemplos: es difícil que a la Argentina se le dé otra oportunidad, esto se dijo muchas veces, como la que tiene hoy. Cuando uno ve el mundo, desde los problemas bélicos y geopolíticos hasta esta nueva élite mundial que ha nacido con un poder enorme y te lleva a un lugar que nadie sabe todavía, lo que yo siempre hago es pararme donde estoy y decir: ante esta realidad, ¿qué tengo como país y qué puedo hacer? Te contaba lo último que escribimos: once tomos de cómo Argentina puede encarar un proyecto de desarrollo en este proceso o contentarse con un período de crecimiento. Este es el gran... .Yo sé que soy desarrollista de toda mi vida. Cuando lo presenté en el Banco Mundial —fueron dos horas de trabajo, me acompañaban el embajador Argüello y todo mi equipo—, la respuesta del Banco Mundial (que después la titular del hemisferio sur lo tuiteó) ante la evidencia de los hechos me dice: "Secretario, hoy la Argentina es un activo público global. Lo que ustedes tienen en abundancia, el mundo lo necesita en medio de una crisis estructural energética, la transición energética, etcétera". Me quedó muy claro ese concepto. Primero, porque es una realidad: cobre, litio, proteína, agua, gas para el fin del hidrógeno a la transición del gas y el petróleo... tenés todo. Pero ¿qué nos dijo? "Activo público global", es decir, el mundo lo va a tener, como decía Herminio Iglesias "conmigo o sinmigo" (risas). La primera duda que me cayó con claridad fue: ¿qué voy a hacer yo? ¿Qué va a hacer la Argentina ante eso? ¿Ser propietario o inquilino? Con eso, ¿queremos ir hacia Noruega o hacia Nigeria? Porque los dos tuvieron las mismas condiciones, pero un proyecto distinto. Nosotros escribimos con todo detalle, desde la electromovilidad, cómo el país puede avanzar. Si no querés ser Noruega porque te van a decir que son pocos, tenés un término intermedio. Lo que sí sé es que no quiero ser Nigeria, ni el Congo, ni Guyana, que tienen abundancia de petróleo, exportan a lo loco, pero el PBI no crece. Este es el desafío, y por eso mi bronca. Fijate que en todo aspecto tenés una oportunidad. En lo bélico, estamos lejos, por suerte; en lo racial, tampoco lo tenemos, y vengo de Europa y sé que es un problema serio. En lo geopolítico, nadie sabe bien si será China o Estados Unidos con Rusia, pero termine como termine, lo que sí sé es que el activo que hoy la Argentina tiene lo necesitan todos. Siempre pongo el ejemplo: es como tener en el desierto del Sahara una cantimplora con agua, y vos, en vez de aprovecharla, ves cómo la pinchás. Mi bronca con la oposición es fuerte porque el Gobierno fue claro, te guste o no. Te lo dijo todo. Si bien cambió lo del Banco Central, con crueldad dijo que este es un modelo sin clase media, donde no está, no existe. Hay ganadores; un proceso libertario determinó quién gana y quién pierde, con todas las leyes para el que gana, sin preocuparse por el que pierde, sea un jubilado o un discapacitado. Entonces, ¿dónde está la oposición capaz de demostrarle a la gente, con seriedad y hechos concretos, que indudablemente de este modelo se queda afuera la mayoría —es para un 30% de la población como mucho—? Hay que explicarle con claridad que, con un modelo proinversión, absolutamente, la Argentina tiene la posibilidad de ir al desarrollo económico con los 45 millones adentro. Hoy esto es fácil de explicar, primero porque la gente lo está sufriendo mucho.

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Este Gobierno no tiene relato; lo único que le ha dado a la gente es bajar la inflación, algo que después pasa, porque una vez que lo adquiriste, pedís otra cosa. No le dice nada más. Es más, le dice: "Le voy a sacar el impuesto a los autos de lujo, y los jubilados van a ser la variable de ajuste". Quiere decir que a esa realidad que tiene la Argentina como futuro, la oposición no es capaz de construir ese proyecto. Y cuidado: no un relato puramente narrativo, basta de eso, sino con hechos concretos. Estoy con bronca, ¿qué querés que te diga? Porque veo que nos llevan a discutir cualquier cosa, hasta el dulce de leche la semana pasada, o el tema de Tapia y Adorni. De esto no se habla, de esto que te da vuelta un país. Estamos discutiendo que la gente participe, que la ciencia y la tecnología aplicadas a nuestros recursos naturales nos pongan en la vanguardia de ese nuevo mundo. Y mientras tanto, pensando que es un tema presupuestario, destruimos el Conicet, el INTA, el INTI y la universidad. Eso no es un tema económico, es un tema estratégico. Un país que pierde su ciencia y su tecnología está definiendo algo, ¿sabés qué? que quiere ser Nigeria. Trato de exponerlo así, por eso no puedo estar de otra cosa que no sea enojado. Es como que esto es lo que hay. Ahora, ¿de quién es la culpa? Perdoname que sea claro: no comparto lo que plantea el Gobierno. Sí comparto muchas cosas como la inversión o la estabilidad fiscal, eso no lo discutimos. Pero reconozco que en la oposición hay una quietud donde estas cosas no se tratan, de esto no se habla: ejemplos concretos de cómo las cosas se pueden hacer de forma distinta. Como secretario de Industria en el año 2023 probé una inversión en Mar del Plata que se hizo en un año y medio por 300 millones de dólares. La principal fabricante de papas congeladas del mundo, una empresa americana, tomó 20 hectáreas en el parque industrial de Mar del Plata. Consume más gas que todo el parque industrial junto, y ni soñaban con un RIGI. ¿Por qué vino? Porque la papa está en Balcarce. Se sentó con nosotros, negociamos a 15 años muchas cosas importantes y está instalada. Te puedo contar de la forestoindustria, que la gente no sabe el potencial que tenemos ahí. Acá los árboles crecen al 20% del tiempo que les lleva en el hemisferio norte. A una empresa europea le licitamos un proyecto de 310 millones de dólares y hoy está funcionando en Virasoro, Corrientes; es el aserradero más moderno. ¿Te acordás de Whirlpool? Hicimos un proyecto y en un año y medio terminaron la fábrica más moderna de Whirlpool en el mundo, sacando un lavarropas cada 54 minutos. Cuando fui a Estados Unidos a visitarlos, habían comprado el terreno de al lado para ampliar para la región. Hoy es un galpón donde se importa. Bimbo, la del pan, en 2023 inauguramos en Pilar la planta de panificación más moderna del mundo, de 100 millones de dólares, con Grupo Bimbo. Volkswagen, en 2023, lanzó su producción de camiones en Córdoba, Argentina. Toyota puso el tercer turno y, después de 23 años, incorporó un tercer modelo de esta camionetita que se lanzó, en fin... tuvimos récord de entrega de cemento y de hierro. En cuanto a la inversión —de la cual soy totalmente partidario para esta gran oportunidad—, el tema es cómo se negocia: si hay negociación o hay claudicación. Comparemos algo muy simple: yo estaba en YPF, fui director, e hicimos el contrato con Petronas para la licuefacción del gas. El contrato se aprobó, fue al Congreso, Diputados aprobó la ley y se trabó en el Senado, no me acurdo. Sin RIGI, la planta de licuefacción iba a estar en tierra, en Bahía Blanca o Río Colorado, lo cual es muy importante porque manejás el proceso completo del gas. El gas lo exportás por caño o licuándolo. No pidieron nada de esto. Viene luego el RIGI y todo se retira. Nosotros negociamos que esas plantas estuvieran en tierra porque así manejás el ciclo completo. ¿Sabés dónde va a estar esa planta ahora? En un barco alquilado. Mañana tenés un conflicto, se te van los barcos y te quedás con el gas en la playa. Esto es lo que me pone mal: ante esta gran oportunidad que tenemos, en la oposición estamos pensando en cualquier cosa y la gente, con razón, tiene bronca.

 —¿Por qué creés que en la industria energética se van las internacionales y quienes invierten son las empresas argentinas?

—Yo creo que, si soy un inversor internacional, lo que miro es la sustentabilidad del país donde pongo mi inversión. Entonces, cuando vos ves si proyectás dónde va a ir la clase que consume en Argentina... 

—Pero en el caso energético es para exportar, ahí no tiene que ver con la venta local.

—Por eso, por la sustentabilidad. Si te acordás, cuando empezaron las privatizaciones en la década del 90, muchas de las empresas que venían querían un socio argentino, que también es una experiencia muy buena para tomarla hoy. Cuando vinieron las inversiones a privatizar, prometieron inversiones, pero ¿sabés qué trajeron? Proveedores. No pudimos proveerles de nada. La Argentina fabricaba medidores, los importamos; fabricaba cables, los importamos; fabricaba teléfonos Siemens, los importamos; ¡hasta las tapas de tormenta se traían de Francia! Brasil, que privatizaba junto con nosotros, ponía en las condiciones de la privatización la incorporación de productos nacionales, y hoy es productor de teléfono... No repitamos esa experiencia. Si una empresa extranjera tiene un proveedor extranjero, lo trae, y si además la macroeconomía no ayuda y favorece al extranjero, pasa lo que acaba de suceder con un pueblo de 5.000 viviendas que se van a hacer en San Juan.

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—Que se traen enteras de China. Quiero volver al tema de la oposición, porque dicho por alguien que la integra tiene más valor, es una autocrítica. Las críticas al opositor son fáciles, pero la autocrítica tiene evidentemente un destino constructivo. ¿Por qué creés que esperan a que esto se caiga para que los vuelvan a buscar? ¿Por qué se equivocan, si creés que se va a caer o no, o que si se llega a caer no van a buscar a los mismos?

—Voy a decir algo muy grosero, pero muy claro: en la Argentina hay mucha rosca y poco contenido. La política se entusiasma mucho con la rosca. No digo que no sea importante la política, pero también es clave saber cuál es el contenido. Antes, los partidos políticos tradicionales tenían sus plataformas, se discutía ahí el programa, y estaba quien se dedicaba a construir política. ¿Hoy dónde están los programas? Tenés un candidato que a la mañana está acá, a la tarde allá y a la noche cierra en otro lado. ¿Para hacer qué? A mí me encanta la política, pero falta programa.

—Usaste la palabra "industricidio". ¿Te sentís en algún momento extranjero en esta época?

—Sí. A ver, me siento triste más que todo. ¿Por qué? Porque es tan disparatado lo que se propone. Este es el famoso concepto de la "destrucción creativa"...

—De Schumpeter.

—Que ya la vimos, cuántas veces en la Argentina. Yo viví en España cuando iba a entrar a la Unión Europea: hubo todo un plan de sectores que había que promover, sectores que había que lanzar y sectores que había que cerrar, los famosos créditos "para el bien morir". Lo viví desde Bilbao con la industria naviera; pero allá hubo un acuerdo, una planificación entre sindicatos y el Consejo Económico y Social, se sabía a dónde se iba. Acá te dicen: "Yo te voy a destruir". ¿Por qué? "No sé, después vamos a ver qué sale". En el camino destruir es fácil, construir es muy difícil. ¿Y qué te demuestro? Que con los sectores ganadores que eligió este modelo —como la energía o el petróleo—, tu problema no se soluciona. No te puedo decir "aguantá un tiempo" porque por este camino no está garantizado. Si mirás lo que pasó hasta hoy, todos estos sectores ganadores ni siquiera pudieron atemperar la caída del empleo. El gobernador de Neuquén tuvo que decir: "Esperen un poco, no vengan para acá porque no hay trabajo para tanta gente". Jorge, yo vengo de Comodoro Rivadavia. hubo una jornada, 7.000 desocupados en Comodoro, eh. Entonces, este modelo que te propongo con estos ganadores, estas condiciones como industrial, en el sector que quieras que esté ¿me dice que si me perfecciono, si me capacito tengo cabida? Si está claro que la macro la armaron para muy pocos. Ejemplo: lo que acaba de pasar en San Juan, donde importamos directamente los módulos para una ciudad de 5.000 viviendas. Había un proveedor local, pero fue muy raro, le avisaron tarde... bueno, no importa. A través de toda esta minería y el petróleo se van a construir muchas ciudades de este tipo; tener una persona que se especialice no solo te permite ser eficiente, como hizo Noruega, ser eficiente en esto sino exportar mañana esa tecnología. Perdió. Pero, ¿sabés por qué? Porque cuando mirás las condiciones, nunca podía ganar el proveedor local: si quería importar una bacha tenía que pagar impuestos, mientras que el extranjero la traía dentro de una llave en mano sin pagarlos. Hay una asimetría por la cual no podés competir solo por precio, es una visión estratégica.

—¿Qué sentís como expresidente de la UIA al ver lo que pasa con Techint y el maltrato a quien podríamos decir fue el actor más importante de la industria, como Paolo Rocca?

—Vos sabés que yo he tenido mis diferencias con Paolo, no de proyecto, pero sí de postura. Pero esto explica por qué mucha inversión no llega. Si encontrás en un foro en Estados Unidos al principal inversor nacional, con una empresa tecnológica brillante que lidera en el mundo tecnología tan específica como la perforación a 10.000 metros de un pozo de petróleo, le decís lo que le dijiste te dice que acá hay un desequilibrio, de alguna manera.

Paolo sabe lo que yo pienso de Tenchint, estoy enamorado del proyecto, de lo que fue. Yo fui muy amigo y admirador de Roberto Rocca, trabajamos muy juntos, que quería mucho a la Argentina. De esto que estamos hablando, del desarrollo, me decía: "Vasco, los industriales tenemos que tener un partido desarrollista", entendía lo que significaba en Argentina en particular. Pero también, a veces, lo he dicho muchas veces, los industriales creemos que nos salvamos en el camarote más ordenado del Titanic: "Yo arreglo lo mío, el resto no importa". Y el desarrollismo no es solo un modelo económico, Jorge, es una cultura. Y es una cultura muy importante, por es hoy en la Argentina me llama más que nunca. ¿Cuál es la diferencia entre crecimiento y desarrollo? El crecimiento es espontáneo: si el petróleo sube, crecemos. El desarrollo es crear las herramientas para ir hacia donde uno quiere. El plan de desarrollo no se importa, es endógeno, es en función de las cualidades y realidades que tiene un país. Pero cuando hablo de desarrollo, mirá qué bueno para la oportunidad actual que estamos hablando, yo hablo del desarrollo de todo el hombre en todos sus aspectos: la salud, la educación y de todos los hombres, que es lo que no hace este proyecto, porque no incluye a todos. Bueno, no soy yo, Pablo VI decía: "El desarrollo es el nuevo nombre de la paz".

—José, siempre es un placer, y hoy verte enojado, aún mejor.

—Enojado pero activo.

—Enojado y activo, obviamente. Muchas gracias por tu aporte.

—A vos.

—Un placer grande.