Ley de financiamiento universitario

Decano Exactas UBA: “Milei es un académico muy pobre, es como si quisiera vengarse contra la universidad por lo que quiso ser y no pudo”

Guillermo Durán cuestionó el incumplimiento de la ley por parte del Gobierno y sostuvo que el enfrentamiento con las universidades públicas podría responder también a una animosidad vinculada con las trayectorias académicas de algunos funcionarios.

Guillermo Durán Foto: Cedoc

La quinta marcha federal universitaria volvió a poner en el centro de la discusión el financiamiento de las universidades públicas y el cumplimiento de la ley por parte del Gobierno de Javier Milei. En ese contexto, Guillermo Durán, decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), advirtió sobre las consecuencias del conflicto y cuestionó la relación del Presidente con el sistema universitario. “Sin universidades públicas de calidad no hay futuro para la Argentina”, sostuvo durante la entrevista en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190).

Durán, licenciado en Ciencias Matemáticas, doctor en Ciencias de la Computación e investigador principal del CONICET, también planteó que el enfrentamiento con las universidades podría exceder las diferencias económicas e ideológicas en torno al ajuste. En su análisis, señaló un patrón en las trayectorias académicas de algunos funcionarios del Gobierno y vinculó esa situación con una posible animosidad hacia la educación pública. “Hay algo de ‘quise ser y no pude’ y, por lo tanto, exhibo cierta bronca, cierto odio para con las universidades públicas”, afirmó.

Guillermo Durán es licenciado en Ciencias Matemáticas y doctor en Ciencias de la Computación. Actualmente se desempeña como decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), profesor titular en el Departamento de Matemáticas de la UBA e investigador principal del CONICET. 

Guillermo, buenos días. Un gusto volver a hablar con usted. La comunidad universitaria vuelve a marchar hoy. Me gustaría primero una reflexión, un balance del recorrido y de las expectativas que usted tiene respecto a esta marcha de hoy.

Gracias, Jorge. Un gusto, como siempre. Decía un colega suyo hace un rato que parece casi insólito, absurdo, que tengamos que hacer una nueva marcha para pedir que se cumpla la ley, cuando eso debería ser algo obvio, algo que tendría que estar garantizado si tuviéramos un funcionamiento pleno del Estado de Derecho. Claramente, no lo tenemos. El Poder Ejecutivo ignora al Poder Legislativo y al Poder Judicial cuando los fallos no le gustan, no le convienen o no lo convencen. Tenemos que volver a decir, por quinta vez, con una marcha federal y llenando las plazas del país, que la educación pública universitaria hay que defenderla, hay que financiarla y hay que cumplir con las leyes. Para eso estaremos hoy a la tarde, en el caso de la Ciudad de Buenos Aires, en el Congreso, pero también en todas las plazas del país, para hacer ese reclamo y poder, una vez más, decirle al Gobierno que sin universidades públicas de calidad no hay futuro para la Argentina. Están cometiendo ese error terrible para el futuro del país y tenemos que seguir machacándolo y marcándolo en las calles, como lo hacemos con estas salidas en los medios, en nuestras aulas y en nuestros laboratorios. Tenemos que seguir mostrándole a la sociedad la necesidad de mantener lo que ha tenido siempre la Argentina desde la recuperación democrática, en estos últimos 40 años: a pesar de los vaivenes socioeconómicos y políticos, el país siempre ha tenido universidades públicas de calidad, muy reconocidas en la región. Bueno, eso hoy está en riesgo.

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Guillermo, quinta marcha. ¿Qué posibilidad hay de que el incumplimiento sostenido por parte del Gobierno —primero, con el veto a la ley; después, con no respetar la ley nuevamente sancionada; luego, con no respetar a la Justicia; y ahora, apelando nuevamente a la Justicia, probablemente sin respetar el pago de los $100.000 por día de multa por no cumplir la ley— termine generando desde el estudiantado algo similar a lo que sucede en Francia, por ejemplo, hasta el punto de que llegan a compararlo con el Mayo del 68? ¿Hasta qué punto la continua desobediencia por parte del Ejecutivo puede terminar siendo contraproducente para el propio Ejecutivo, mucho más allá del tema universitario?

Sí, puede ser. Es una alternativa. Lo decía el otro día un dirigente estudiantil cuando le preguntaron por qué habían ido a un edificio público a sentarse. Déjenme decir que fue totalmente pacífico, que no hubo ninguna cuestión agresiva, que fue simplemente una cosa inofensiva de un grupo de estudiantes. Este dirigente estudiantil decía: "¿Qué medidas nos dejan? ¿Qué salida tenemos cuando el Poder Legislativo define algo, el Poder Judicial en múltiples oportunidades define algo y el Gobierno sigue sin cumplirlo?". Por supuesto que el estudiantado y la comunidad en general terminan cansándose. Nosotros seguimos pidiendo que los reclamos sean pacíficos, que los exhibamos de la mejor manera posible, sin violencia. Pero es cierto también lo que usted dice: llega un momento en que parece complicado convencer de que por estos mecanismos vamos a obtener buenos resultados cuando el Gobierno sigue sin dar respuesta. Por ahora, miremos lo de esta tarde: llenemos las plazas del país. Efectivamente, es una buena medida la que tomó el juez con la multa económica. Lo veníamos reclamando: multas económicas para los funcionarios que no cumplen con la ley. Más allá de que sea simbólico y de que seguramente no afecte el bolsillo de Santilli pagar $100.000 por día, vuelve a ser un mensaje más. Si no me equivoco, es el primero en la historia argentina en el que el Poder Judicial determina una multa económica a un funcionario por no cumplir con la ley. Sigamos por ese camino, haciendo ese reclamo. No vamos a convencer al Gobierno porque no quiere ser convencido, pero sí intentemos imponérselo desde la movilización popular y, por supuesto, teniendo a la Justicia y a la ley de nuestro lado.

Guillermo, a un matemático, dada la importancia que le asigna el Presidente a su propio conocimiento económico...

Una importancia que es limitada, por cierto, si uno mira, por ejemplo, las bases de datos y se presenta como un académico, entra a las principales bases de datos internacionales y ve que tiene, si no me equivoco, tres publicaciones a lo largo de toda su historia como académico, con cero citas. Es decir, nadie lo ha leído. Los libros, además, ya está demostrado que son plagiados. Parece difícil poder defender el perfil de un académico. En principio, uno no espera que el Presidente de la Nación sea un académico; lo que a uno no le gusta es que le mientan. No podemos presentarnos como académicos cuando no lo somos.

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Pero, a los fines de mi pregunta, esto solo hace más valiosa la cuestión que usted plantea. Mi pregunta es si acá no hay un conflicto epistémico entre quien, en el fondo, desea eso que carece, para decirlo de alguna manera, lo mismo que usted está diciendo. Entonces, le pregunto si ustedes interpretan que el conflicto especial con las universidades tiene, además, un carácter que va más allá de las universidades —también ocurre con las personas con discapacidad—. Quiero decir, si se agrega a la cuestión económica y a la decisión ideológica de cómo llevar adelante un ajuste un tema de cierta, no sé, envidia o competencia epistémica.

Sí, estoy convencido de eso. Seguramente un psicólogo nos lo podría decir mejor, o un sociólogo, quizás. Estaría bueno convocar a Daniel Feierstein o a alguno de los especialistas que lo pueden decir con más propiedad que yo. Pero estoy convencido de esto porque hay un patrón. Desde el Presidente, con lo que mencionábamos recién, hasta el subsecretario de Políticas Universitarias, Álvarez, que estuvo 15 años haciendo política en la Universidad de Buenos Aires y no aprobó una sola materia. El que era jefe de Gabinete hasta hace poco, con un pedigrí en la Universidad de La Plata realmente poco defendible, pasó 10 años por la Facultad de Ciencias Económicas de La Plata para aprobar unas pocas materias con notas muy bajas y tuvo que irse a una universidad privada de menor prestigio para conseguir un título. Entonces, parecería ser que hay algo de "quise ser y no pude" y, por lo tanto, exhibo cierta bronca, cierto odio para con las universidades públicas. Lo perverso, lo terrible, es que quienes están a cargo de gestionarlas, dirigirlas y potenciarlas tengan ese perfil.

Guillermo, muchas gracias. Le mandamos un saludo. Le deseamos lo mejor, como siempre, a la universidad argentina, y estaremos acompañándolo. Muy gentil.

Gracias, Jorge. Como siempre, déjenme cerrar pidiéndole a la sociedad argentina que se movilice hoy en defensa de nuestra universidad pública, en la Plaza del Congreso, en el caso de la Ciudad de Buenos Aires, y en todas las plazas del país.

Así será. Muchísimas gracias, Guillermo.

Un abrazo grande.

LMM