El editorial de Jorge Fontevecchia

Día 725: Axel Kicillof y el ajedrez

El gobernador bonaerense tiene la mira puesta en 2027. Si logra concluir los dos años restantes de mandato como gobernador de manera exitosa, será muy difícil que Cristina pueda bajarle la candidatura presidencial.

Día 725: Axel Kicillof y el ajedrez Foto: CEDOC

Cuando el ajedrecista letonés Mikhail Tal (Míjail Tal) fue creciendo internacionalmente dejaba atónito a sus rivales. Sacrificaba piezas y nadie sabía la razón, porque los efectos tácticos no se veían inmediatamente. No es que sacrificaba el caballo, para hacer jaque en dos jugadas ni en más. Sacrificaba piezas para ir ganando posiciones y todo se revelaba al final. En 1960, tenía solo 23 años y se había convertido en el campeón mundial de ajedrez más joven hasta el momento. Hubo que esperar dos décadas para que lo supere Kasparov con 22 en 1980. 

Axel Kicillof ayer tuvo que hacer varios sacrificios para poder seguir en pie de cara a la carrera presidencial del 2027. Tuvo que endeudarse, algo que no es del agrado ideológico y político del gobernador bonaerense. Recordemos que fue muy crítico con Mauricio Macri por recurrir al FMI y con la exgobernadora María Eugenia Vidal por “endeudar la provincia”. Además, para endeudarse debió tener los dos tercios parlamentarios necesarios.

La Cámpora y los partidarios de Sergio Massa aprovecharon la ocasión para mejorar sus posiciones dentro del gobierno bonaerense. Kicillof creó nuevos puestos en el Banco Provincia y tuvo que repartir 14 cargos entre estos dos sectores y otros de la oposición “amistosa” por así decirlo. La UCR, Cambio Federal, Hacemos Buenos Aires, cercano a Provincias Unidas, y un bloque disidente libertario que se llama Unión y Libertad

Además, Kicillof tuvo que ceder parte de los fondos que adquiría con la colocación de deuda hacia los intendentes y como mayor sacrificio entregó presidencia y vicepresidencia de la Cámara de Diputados bonaerenses que estará a cargo del cristinista Alejandro Dichiara y el massista Alexis Guerrera. Es decir, el kicillofismo se quedó sin conducir su propia Legislatura, eso es un sacrificio muy importante. 

Axel Kicillof logró la Ley de Financiamiento: La Legislatura le aprobó el endeudamiento por u$s 3.685 millones 

Gracias a todo esto, logró que los dos tercios de ambas cámaras provinciales le aprueben la toma de deuda y eso hará que pueda cuidar a su provincia de la motosierra. Además, Kicillof con esos fondos podrá hacer política pública novedosa, es decir consiguió financiamiento para grabar sus nuevas canciones, que la disfruten los bonaerenses y las escuchemos todos. ¿Para qué? El gobernador bonaerense tiene la mira puesta en 2027. Según una nota de Macarena Ramirez en Letra P, Mario Secco contó que luego de la última elección, Kicillof lo llamó y le dijo que ahora se viene una nueva campaña. Con estos fondos, podrá tener una gestión que la sustente. 

Esto era efectivamente lo que intentó obstaculizar Javier Milei, quien mandó a su ministro del Interior Diego Santilli a reunirse con los gobernadores para darles fondos a cambio de votos en el Congreso para aprobar el presupuesto y las llamadas reformas estructurales. Esto con una exclusión, la del gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Desde ese punto de vista, endeudarse era prácticamente la única vía para no tener que dejar pasar la motosierra de Milei por la Provincia. 

En ajedrez todo sacrificio es, en el fondo, una apuesta narrada en miniatura: resignás material para obtener algo que todavía no existe. Cuando ese “algo” es el jaque mate, la ventaja decisiva o un ataque que ya huele a sangre, hablamos de sacrificio correcto, también llamado sacrificio sonoro, el que las máquinas y los maestros aprueban porque, tras la secuencia forzada, el sacrificio se justifica por sí mismo. Ahí entran los clásicos sacrificios de combinación: entregar un alfil para abrir la diagonal, ofrecer la dama para forzar un mate inevitable, ceder una torre para arrancar al rey rival de su refugio. Son las jugadas que parecen locas, pero, cuando el polvo baja, dejan al adversario ahogado en inevitabilidades.

En el otro extremo está el sacrificio que se hace para seguir jugando, para mantener viva una posición que de otro modo se derrumbaría. Ese se llama sacrificio posicional o, más crudamente, sacrificio especulativo: resignar material sin tener garantizado un premio inmediato, solo para acceder a una casilla clave, liberar una columna, frenar el avance de un peón pasado o ganar tiempos de desarrollo. Es el sacrificio que no busca convertir la partida en un poema épico sino evitar que se vuelva un obituario. En general, estos sacrificios abren caminos estratégicos a largo plazo: un caballo regalado para obtener una estructura favorable, un peón cedido para ganar iniciativa o espacio, o una calidad entregada para trabar la dinámica rival.

Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Y después está la zona gris, la más literaria: los sacrificios intuitivos, esos que los análisis posteriores dirán si fueron brillo o suicidio. Pero, en esencia, la frontera se resume así: el sacrificio que mata y el sacrificio que te permite seguir vivo. El primero es un misil; el segundo, una transfusión. Ambos hablan de lo mismo: para ganar -o para no perder- a veces hay que entregarlo todo.

Es decir, por lo pronto se sabe que este es un sacrificio especulativo, la conducción de la legislatura y una parte de los fondos por la posibilidad de endeudarse y financiar la gestión de la provincia. Lo que no sabemos, porque tanto en la política como en el ajedrez no se puede saber, es si es un sacrificio para ganar o solo fue un sacrificio para mantenerse en el juego, como precandidato a presidente por la oposición. ¿Qué otras cosas debe hacer Kicillof para ser presidente? 

El gobernador tiene varios desafíos, muchos muy complejos para poder ser el candidato del peronismo y por qué no de una coalición opositora. En primer lugar, tiene que derrotar a Cristina Kirchner, quién es hoy la presidente del Partido Justicialista y la dirigente opositora más importante. Además, como ya mencionamos en estas columnas, Cristina pasó de ser su madre política, la que le dio la posibilidad de ser ministro de Economía y luego gobernador a tratar de hundirlo y poner en su lugar a su propio hijo, Máximo Kirchner, un dirigente político al que le reconocen inteligencia y formación política, pero que no es competitivo electoralmente. 

Tal es así que Cristina Kirchner le quiso cargar la derrota de octubre a Kicillof por su desdoblamiento de las elecciones de septiembre. En la cabeza del kirchnerismo, Kicillof no es artífice de la victoria de septiembre, pero si es culpable de la derrota de octubre. Además, antes de ser detenida por la Causa Vialidad, Cristina iba a ser candidata a legisladora por la tercera sección porque entendía que un triunfo en septiembre tendría un fuerte impacto en octubre. Eso finalmente no se confirmó. Cristina fue presa y Kicillof venció en septiembre con su lista y no se pudo ganar en octubre. 

El fanatismo del kirchnerismo hace que muchas veces no se pueda ver estas contradicciones de La Jefa, pero para el resto del peronismo parecen cada vez más evidentes. La marca Cristina está en caída, aunque todavía vale mucho más que cualquier otra dentro del votante peronista, salvo la de Kicillof. 

Hace dos semanas Giacobbe y Asociados midió imagen positiva y negativa de los principales dirigentes opositores. Kicillof está a tres puntos de Javier Milei y mejor que él incluyendo el voto no negativo mientras que Cristina está a ocho puntos del gobernador bonaerense y a 11 puntos del Presidente. 

Esto es interesante, pero para el gobernador es vital quedarse con los votos de Cristina Kirchner, para esto es fundamental encontrar el momento en el que debe pelearse. Eso sí, debe pelearse está prácticamente condenado a hacerlo si quiere ser presidente, sobre todo luego de la experiencia fallida de Alberto Fernández. El delicado equilibrio que debe tener Kicillof con el kirchnerismo es para un político de primer nivel, algo que lo pondrá en tensión y desafío por completo. 

Los puercoespines protagonizan una de las metáforas más bellas —y más cruelmente exactas— de la convivencia: necesitan acercarse para no morir de frío, pero si se acercan demasiado, se lastiman con sus propias púas. En la naturaleza esto es literal: son animales solitarios, de espinas rígidas y afiladas, que en noches de bajas temperaturas buscan proximidad para conservar el calor corporal. Sin embargo, ese mismo instinto de supervivencia choca con su anatomía defensiva. Cuando se arriman más de la cuenta, las púas se erizan por reflejo y terminan hiriéndose entre ellos. El equilibrio es inestable, precario, una negociación constante entre necesidad y riesgo.

Si Kicillof rompe con el kirchnerismo, se puede morir de frío. Es decir, no tener la fuerza necesaria para enfrentar los desafíos de gestión y campaña que tiene. Si se acerca demasiado, el kirchnerismo terminará lastimándolo y reduciéndolo a un mero apéndice. Hasta ahora y por un tiempo más, Kicillof deberá comportarse como un puercoespín, pero en el momento justo, deberá mirar más el comportamiento de otros animales. 

En la biología de los leones hay un drama antiguo que la metáfora humana suele exagerar, pero que tiene un núcleo científico contundente: todo león joven, para convertirse en adulto pleno, debe enfrentar al que ocupa el poder. Ese poder no siempre es su padre biológico, pero la estructura del conflicto sigue siendo la misma: expulsión, exilio, retorno y desafío. Cuando un macho comienza a crecer, el dominante de la manada —que a veces es su padre y a veces apenas un intruso que tomó el puesto antes— lo expulsa junto a sus hermanos. Ese destierro no es simbólico: es estrictamente biológico.

El joven debe vagar, aprender a cazar solo, sobrevivir lejos del amparo de las hembras y construir fuerza suficiente para desafiar, algún día, a otro macho dominante. En ese período de transición, la vida del león es un limbo: no pertenece a ninguna manada, no tiene territorio, no deja descendencia. Está suspendido entre lo que fue y lo que podría ser.

Si el joven regresa al mundo de las manadas y decide disputar el liderazgo, la escena parece escrita por un naturalista con inclinaciones trágicas. El duelo ocurre a cielo abierto y no admite interpretaciones. Si el joven gana, toma la manada y la historia se vuelve aún más cruda: elimina a las crías del macho anterior para asegurarse de que sólo sus genes prosperen. No lo hace por maldad ni por capricho, sino por un mandato evolutivo tan viejo como la especie. Convertirse en líder implica asumir un lugar en la rueda implacable de la selección natural. El triunfo lo transforma en padre, dueño del territorio y reproductor casi exclusivo, pero también en custodio de un equilibrio precario que deberá defender una y otra vez hasta que otro joven venga a disputarle lo mismo.

Si pierde, la consecuencia es brutal: queda herido, exiliado, sin chances inmediatas de reproducirse, condenado a seguir vagando como un paria. El león derrotado rara vez vuelve a desafiar al mismo rival. Cambia de ruta, se arrastra por otras tierras y busca una manada menos vigilada, sabiendo que el tiempo de los machos es corto y la ventana para dejar huella genética es mínima. La naturaleza no concede segundas oportunidades sentimentales: concede, con suerte, algunos años más de supervivencia sin legado.

Echaron a un funcionario de Kicillof por pedir la renuncia de Cristina Kirchner a la presidencia del PJ: "No hay lugar para librepensadores"

Por eso la metáfora del hijo que enfrenta al padre tiene algo de verdad científica y algo de poesía inevitable. No siempre es el padre real, pero siempre es la figura del padre simbólico: el que ocupa el lugar que uno desea. La ciencia describe el mecanismo; los humanos le agregamos el sentido. El león debe desafiar al que está arriba porque no hay otra forma de llegar. Si gana, funda su linaje; si pierde, desaparece de la historia sin estruendo. Y en ese borde entre lo animal y lo mítico, los leones terminan explicando mejor que nadie cómo funcionan las luchas por el poder, incluso mucho más allá de la sabana.

En el caso del gobernador bonaerense es lo mismo. Kicillof debe derrotar a Cristina Kirchner si quiere ser candidato a presidente y eventualmente un presidente independiente de su jefatura. ¿En qué momento? Los tiempos en política son muy importantes. Para el genial político francés Maurice de Talleyrand-Périgord, “la traición es una cuestión de fechas”. Es decir, que se considera traición o una jugada política justa dependiendo de en qué momento se haga y luego en qué momento se evalúe según lo que haya sucedido. 

Kicillof, está construyendo la idea de que él hace lo necesario para unir al peronismo y enfrenta la interna permanente de La Cámpora. Independientemente de cuánta razón pueda tener, es importante que construye su identidad como el “bueno” de la pelea. 

Inteligentemente, luego de la sesión en la que obtuvo la posibilidad de endeudarse, algo que no está en los manuales clásicos de la izquierda, fue a una de las clásicas rondas de las madres de los jueves que además tenía un tono especial porque Hebe de Bonafini hubiese cumplido 97 años. Carmen Arias, una de las referentes de la organización dijo a propósito de todo esto: “Hebe antes de irse dijo ‘cuiden a Axel’, tenemos que hacerle caso, cuidémoslo”.

Este es el desafío más importante de Kicillof. La lucha cuerpo a cuerpo por el manejo del peronismo con Cristina Kirchner. Haberle llegado a las Madres es muy importante por su peso simbólico. Evidentemente la política de Kicillof de participar en las movilizaciones contra Milei, mientras Máximo Kirchner decía que no “había que patalear contra los vetos del Presidente porque eran una facultad constitucional” hizo parte de diferencia en la apreciación de los organismos de derechos humanos. 

Axel Kicillof lanzó un dardo a Cristina Kirchner en la interna peronista

Kicillof también tiene a los sindicalistas y a la mayoría de los intendentes del conurbano. Junto con Andrés “el Cuervo” Larroque está construyendo su propia organización juvenil, es decir, su propia Cámpora, llamada “La patria es el otro”, aunque todavía de menor tamaño. La militancia mayoritariamente está con Cristina, pero si el gobernador sigue alejándose en la intención de voto, eso es algo que puede cambiar. 

Por otro lado, hay otros dos dirigentes con la misma pretensión presidencial que Kicillof dentro del peronismo: Juan Grabois y Sergio Massa. El primero, acaba de asumir como diputado, sin el peso de la gestión y con su propia fuerza política, ya anunció que quiere ser candidato a presidente, aunque aún no criticó directamente a Kicillof. ¿Lo hará? En algún momento, estas aspiraciones terminarán por encontrarlos enfrentados. 

Massa, de quien el Turco Asís dice que “le queda una última bala en la recámara”, es preferido por Cristina antes que a Kicillof. Además, el tigrense juega en tándem con Máximo Kirchner a la hora de pelearle lugares a Kicillof en el Gobierno de la Provincia. ¿En algún momento se jugará a boicotear la gestión de Kicillof? Demasiadas cosas para pensar para el Axel. “Pesada es la cabeza que lleva la corona”, inmortalizó Shakespeare hace más de 400 años. 

Al igual que el maestro ajedrecista Mikhail Tal, muchos de los resultados tácticos de Axel Kicillof no se van a ver ahora. Ahora, lo que si podemos notar es que gracias a esta toma de deuda podrá seguir en camino como candidato presidencial. Luego, viene la otra partida, la más importante, la que deberá jugarse con su madre política. 

Si Kicillof lograse concluir los dos años que le quedan de mandato como gobernador exitosamente -entiendo por exitosa una situación en la cual la provincia continúe su camino autónomo sin colapsar- será muy difícil que Cristina lograra bajarle la candidatura presidencial. Ya en en 2022 cuando Milei no aparecía en el radar Sergio Massa se imaginaba una PASO en 2023 donde el mismo compitiera con Kicillof por la candidatura presidencial. Este también sería un escenario posible en 2027 con una propuesta centro conservadora y otra centro progresista como la interna en 1988 entre Menem y Cafiero que reordenó al peronismo tras su derrota en 1983 y 1985.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi  

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