Día 788: Un troll center para "corregir" a los periodistas
El Gobierno creó la Oficina de Respuesta Oficial con el argumento de combatir la desinformación, pero su funcionamiento abrió una fuerte polémica con el periodismo. Ataques en redes, silencios incómodos y antecedentes recientes reavivaron el debate sobre los límites del poder y la libertad de expresión.
Milei fundó la “Oficina de respuesta oficial” para controlar el discurso de los medios y nombró a un troll, Juan Pablo Carreira, un adicto a la agresión, entrenado en el oficio de difundir el odio en redes, para la tarea de “corregir” a los periodistas. El logo es el único de color rojo, al igual que el sello de la de inteligencia al mando de Santiago Caputo.
No es una novedad que Milei odia al periodismo, lo detesta. Aprovecha cada ocasión para defenestrarlo y ubicarlo como el enemigo. Le dice a la población que “no se nos odia lo suficiente”, que “hay que odiarnos más” a quienes ejercemos esta profesión. Y nos tilda constantemente de “ensobrados” y otros múltiples insultos. En realidad, odia a todo el que lo contradiga. Todo aquel que ose criticar al líder es un hereje que debe ser castigado.
Pero el periodismo representa una verdadera amenaza: porque le exige rendición de cuentas, explicaciones, coherencia. Porque investiga y pregunta, algo que incomoda siempre a quien está en el poder, pero aún más a quien pretende gobernar como un tirano. A un Presidente que no da conferencias de prensa, discontinuó las del vocero. Que cuando el presidente o sus principales figuras autorizadas a hacerlo: Luis Caputo, Manuel Adorni y Patricia Bullrich dan una entrevista debe solo con los mismo periodistas “amables” y en caso de Milei controlar hasta el último detalle: desde la iluminación hasta cada una de las preguntas que le harán. Como quedó demostrado en aquella tristemente célebre ocasión en que Jonatan Viale fue interrumpido por Santiago Caputo tras preguntar por el escándalo $Libra.
La extrema derecha mundial se aprovecha del caos de las redes sociales, de los fake news, de la guerra digital por saturación. Giuliano da Empoli los bautizó como “ingenieros del caos”. Se valen de trolls-centers y fanáticos para reproducir sus mensajes de odio. En su fantasía, desearían reemplazar al periodismo tradicional por las redes, donde bajo la falsa ilusión de horizontalidad, quien controla el algoritmo controla el mensaje que se potencia.
No son originales. Un mundo sin periodistas fue un libro publicado en los años 90 donde Horacio Verbitsky exponía los intentos del gobierno de Menem por destruir el periodismo crítico por entonces utilizando la SIDE para crear evidencias falsas que erosionen su reputación, algunos comunicadores afines como el olvidable Guillermo Patricio Kelly en el entonces canal 7 para atacar a los periodistas críticos, además de decenas de juicios millonarios.
Pero ahora, en su megalomanía, Milei pretende establecer cuál es la “verdad” desde una cuenta de Twitter.
“Acá están los trolls, son de carne y hueso”, decía. Un troll describe un comportamiento tóxico de un usuario en redes sociales bajo un seudónimo. Nadie niega que sean de carne y hueso, pero eso no avala ni legitima el deleznable uso que hacen de la herramienta. “Quien controla a los trolls puede controlar el discurso en redes sociales”, podría ser su lema.
“Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado”. Este era el lema del “Ministerio de la Verdad”, uno de los pilares centrales del gobierno totalitario que imaginó George Orwell en su novela 1984. En la época de la imprenta, los libros y las enciclopedias, Orwell imaginaba un Gobierno que modificaba documentos, libros de historia, periódicos y archivos. En realidad describía lo que ocurría en la Unión Soviética de Stalin.
La función del ministerio de la verdad no era buscar ni preservar la verdad, sino exactamente lo contrario: producirla según las necesidades del poder. Desde allí se reescriben diarios, se alteran discursos, se corrigen estadísticas y se eliminan hechos que contradicen la línea oficial del Partido. El pasado es modificado de manera permanente para que el presente del poder nunca quede en falta.
Su misión principal es desmentir falsedades concretas, exponer operaciones mediáticas y políticas de "la casta"
Milei la describió como una herramienta para "desenmascarar mentiras y operaciones de los medios"
La Oficina de Respuesta Oficial no quema libros ni edita enciclopedias, pero adopta la misma lógica: señalar periodistas, marcar notas, establecer un relato “oficial” que se presenta como verdad pura frente a un periodismo ubicado en la categoría de enemigo político. Milei celebró la creación de la oficina mediante un tuit, en el que acompañó el comunicado de la oficina con el siguiente mensaje: “PARA DESENMASCARAR MENTIRAS Y OPERACIONES DE LOS MEDIOS. Fin.”, finalizando a lo Manuel Adorni.
En el mismo sentido lo hizo Santiago Caputo, quien posteó: “Dado que buena parte de las personas que dicen ser periodistas no quieren ejercer la profesión con responsabilidad ahora se van a encontrar con una respuesta oficial del gobierno que señale sus mentiras. Se festeja”.
Según el comunicado oficial, el organismo fue creado “para desmentir activamente la mentira, señalar falsedades concretas y dejar en evidencia las operaciones de los medios y la casta política”, bajo el argumento de que “solo ‘informar’ no alcanza si la desinformación avanza sin respuesta”.
Donald Trump impulsó la creación de unidades de respuesta rápida de la Guardia Nacional en cada estado
Veamos incluso que los logos son prácticamente idénticos, en un caso con la Casa Rosada y en el otro con la Casa Blanca, pero ambos en rojo, con la bandera. Nada de esto es original ni mucho menos “libertario” en el sentido criollo que el Gobierno intenta vender. La Oficina de Respuesta Oficial es, en los hechos, una importación directa del manual trumpista. En diciembre de 2025, la Casa Blanca lanzó su portal Media Bias, una base de datos pública para señalar periodistas, medios y supuestas fake news, acompañada por una cuenta de Rapid Response en X destinada a responder en tiempo real y “exponer” a la prensa crítica. El logo también es rojo.
El esquema es: listado de enemigos, autoproclamación de la verdad oficial y una narrativa épica según la cual el poder viene a “desenmascarar” a los medios. Milei no innovó: copió y pegó el modelo del líder de la nueva derecha mundial.
Pero quienes están al mando del organismo, lejos de ser personas formadas en el oficio de chequear información, se dedican a atacar permanentemente, la mayoría de las veces sin fundamento.
El ecosistema de influencers libertarios, bajo el mando de Santiago Caputo y con personalidades nefastas como el “Gordo Dan”, que llamó a rodear de tanques el Congreso cuando hubo una votación adversa. Configura un aparato de comunicación oficial que busca imponer un relato único, señalar medios y periodistas como enemigos y trasladar la batalla política al terreno de las redes sociales.
Un poco antes, Juan Doe publicaba lo siguiente: “Más vale que el Congreso se convierta en la escribanía de las ideas de la libertad, porque los argentinos ya votaron DOS ELECCIONES SEGUIDAS”...
Aquí vemos una pequeña muestra de cómo piensan que debe funcionar la democracia y la división de poderes. El Gobierno, que mentirosamente se jacta de haber eliminado la publicidad oficial; en realidad solo la de Presidencia de la Nación pero la sustituyó, y en exceso, con publicidad de empresas estatales como YPF y otras como herramienta de apoyo discrecional a sus aliados mediáticos.
Juan Pablo Carreira, conocido en redes como “Juan Doe”, construyó un perfil de alto impacto en X, con más de 200.000 seguidores, basado en la defensa férrea del Gobierno y en ataques directos —muchas veces con insultos— a periodistas, dirigentes opositores y analistas críticos. El insulto y la descalificación es algo muy distinto que la argumentación.
Carreira, con más de 200.000 seguidores en X (@jdoedoe101101), se define como liberal y republicano
Antes de asumir un cargo formal en el Estado, Carreira estuvo ligado a Fernando Cerimedo, estratega digital del oficialismo. Ingeniero industrial, dejó un trabajo bien remunerado en el sector privado para dedicarse de lleno al proyecto político de Milei y cofundó La Derecha Diario, un portal alineado con ideas de derecha y liberalismo.
Su llegada al Gobierno marca un giro personal, ya que tiempo atrás había afirmado públicamente que nunca trabajaría en el Estado, mensaje que luego eliminó de sus redes. Veamos los posteos, que muchos usuarios le están recordando:
El primero: “Nunca trabajé en el Estado ni quiero trabajar en el Estado”, le responde a un usuario que lo acusa de ser un rentado del oficialismo, el 11 de junio del 2022, lo vemos en pantalla.
Luego, vemos aquí otra respuesta, de 2019, donde afirma: “Ojalá me ofrecieran un cargo en el Estado así lo rechazo”.
Por último, un mensaje todavía más categórico. “Si algún día llego a recibir UN PESO del Estado, que me cuelguen de cabeza en el Congreso”. Desde la cuenta oficial de la nueva oficina, Carreira institucionalizará prácticas que ya ejercía en redes personales: señalamientos y ataques a periodistas, difusión de contenidos afines al Gobierno y una estética inspirada en el modelo de “rapid response” del trumpismo estadounidense.
El objetivo declarado es “desenmascarar mentiras y operaciones”, ahora con respaldo formal del Estado.
La lógica de los trolls es la lógica de las fake news. No hay principios permanentes, hay adaptación oportunista en cada ocasión. Pero el flamante lanzamiento del nuevo organismo distó de ser perfecto.
De hecho, debutaron con una fake news. Cuestionaron una nota de Clarín sobre la demora en la implementación de vouchers sociales del programa Volver al Trabajo (VAT). La información publicada—incluida la referencia a una demora— había sido confirmada por fuentes oficiales del propio Ministerio de Capital Humano. Antes de que se publicara el tuit de la Oficina de Respuesta, y a pedido oficial, el diario había modificado el título para evitar el término “demora”.
Pese a eso, la Oficina de Respuesta Oficial citó en X una versión desactualizada de la nota, con el título original. Sobre esa base, el tuit fue replicado por el Presidente, ministros y funcionarios, quienes calificaron la información como “falsa”, consolidando la polémica a partir de una versión que ya no estaba vigente al momento de la crítica oficial.
Pero además hubo otro papelón. La producción del programa Tarde a Tarde, consultó a la cuenta oficial por algunas de las preguntas que sería interesante que el Gobierno responda. Aparentemente, así como el Ministerio de la Verdad de Orwell se encargaba de tergiversar y ocultar la verdad, la “Oficina de respuesta oficial” se encarga de que el Gobierno no dé ninguna respuesta sobre temas relevantes, como el escándalo $LIBRA, o el destino del oro argentino.
El diplomático Diego Guelar hizo un señalamiento agudo en X: “Del repudio a 'Nodio' al silencio con Milei”.
Durante el gobierno de Alberto Fernández, la mayoría de los jefes de Pro y dirigentes con pasado en el macrismo habían cuestionado con dureza la creación de Nodio, el observatorio de la Defensoría del Público destinado a monitorear y “desarticular” presuntas noticias falsas. Figuras como Patricia Bullrich, Diego Santilli, Cristian Ritondo y Silvana Giudici advirtieron entonces sobre el impacto negativo de ese organismo en la libertad de prensa y de expresión, al considerar que el Estado no debía asumir un rol de control sobre los contenidos periodísticos.
Las críticas incluyeron acciones judiciales: Fernando Iglesias y Waldo Wolff denunciaron a la entonces titular de la Defensoría del Público, Miriam Lewin, y definieron a Nodio como una “comisaría del pensamiento”, alertando sobre “el posible avasallamiento sobre la libertad de expresión y libertad de prensa”.
Aunque la causa fue cerrada en 2021, el rechazo político fue amplio y se extendió a sectores de la UCR y a entidades como la SIP y ADEPA, que consideraron el observatorio un “ataque a la libertad de expresión”. En ese clima, Giudici llegó a describir a Nodio como “un primer paso hacia el Ministerio de la Verdad”, el organismo de la novela de Orwell.
Frente a la creación de la Oficina de Respuesta Oficial por parte del gobierno de Milei, varios de aquellos dirigentes optaron ahora por el silencio o la cautela. Giudici no respondió consultas, Bullrich se limitó a replicar el anuncio oficial y Santilli evitó pronunciarse, mientras que en la cúpula de Pro señalaron que no era comparable con Nodio, aunque prefirieron no profundizar. Iglesias, hoy embajador, también evitó opinar públicamente, pese a haber comparado en el pasado el observatorio con prácticas de propaganda totalitaria.
Quienes sí fijaron posición fueron referentes opositores como Laura Alonso, Karina Banfi y dirigentes de la Coalición Cívica. Alonso rechazó el uso del “aparato estatal” para imponer una “verdad oficial” y afirmó que “la libertad de expresión es el corazón de la democracia”. Banfi reclamó que el Gobierno respete la ley de acceso a la información pública, mientras que desde la CC advirtieron que la nueva oficina forma parte de una “embestida contra el periodismo independiente” y anticiparon “tiempos turbulentos” para la cobertura crítica.
ADEPA, por su parte, al igual que lo hizo aquella vez, aclaró que en democracia “los gobiernos tienen derecho a contar con áreas de comunicación institucional” y a difundir su versión de los hechos, pero advirtió que la preocupación no es la existencia de una oficina oficial, sino “la dinámica acusatoria y estigmatizante que se pretende asignarle”.
Según ADEPA, el objetivo declarado de “desmentir” parte del supuesto de que alguien “miente, es decir falsea la realidad de manera consciente y deliberada”, cuando el periodismo tiene la responsabilidad de “contrastar opiniones” y “reflejar todas las voces”. Si bien reconoció que “combatir la desinformación es un objetivo legítimo y necesario”, remarcó que “el Estado, en todo caso, es una fuente más de información, no el árbitro de la verdad pública”.
La asociación advirtió además que la mala utilización de organismos con funciones de “monitoreo, evaluación o verificación de contenidos” implica el riesgo de convertirlos en “mecanismos de vigilancia, estigmatización o disciplinamiento indirecto del periodismo”.
Y también cuestionó que se apunte solo a la actividad periodística y no a las falsedades que circulan en redes sociales, y sostuvo que el mejor antídoto contra la desinformación no es la ‘verdad oficial’, sino un ecosistema plural de medios libres, profesionales e independientes, donde, en última instancia, “la gente es el último juez del trabajo periodístico”.
El Gobierno parece, en las últimas semanas, empecinado en repetir los errores del kirchnerismo. Tal como sucedió con el INDEC, donde la deslegitimación de las cifras terminó generando un déficit de credibilidad profundo en la institución que perdura hasta hoy, ahora vuelve a ocurrir tras la salida del titular por la negativa del Gobierno a corregir el cálculo del IPC.
El kirchnerismo creyó que podía gobernar erosionando a los adversarios incómodos y pagando un costo menor. No fue así. La desconfianza que sembró perduró años y aún hoy condiciona el debate económico y mediático. Milei repite el error al echar a todo funcionario que aporte un matiz o lo contradiga, y también lo hace al tratar de controlar a los periodistas con un “troll center” sostenido con fondos públicos.
La historia reciente debería funcionar como advertencia. Cuando el Estado se arroga la facultad de señalar quién dice la verdad y quién miente, deja de fortalecer la democracia, que requiere pluralidad de voces y la ciudadanía bien informada, y empieza a degradar la libertad. Lo que queda a la luz es algo paradójico: Milei odia la libertad.
La verdad no se impone por decreto, ni por estadísticas intervenidas, ni por trollcenters oficiales. Es justamente el oficio periodístico: la información corroborada, investigada seriamente, y con la ciudadanía como juez final.
Patricia Bullrich respaldó la Oficina de Respuesta Oficial y disimuló su parecido con NODIO
Cuando el Gobierno opta por controlar el discurso en lugar de debatirlo se socava la esencia misma de la democracia.
Producción de textos e imágenes: Facundo Maceira
MV/ff
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