Eduardo Alemán: "Trump y Lula entienden que tienen que ser pragmáticos en sus relaciones"
El politólogo analiza las raíces de la extrema polarización y la volatilidad electoral en América Latina tras la pandemia. Desde el nuevo diseño institucional de Perú y el pragmatismo de Lula da Silva en Brasil, hasta el impacto de un eventual regreso de Donald Trump al foco regional, las claves de un continente fragmentado que busca estabilidad entre la presión de Washington y el comercio con China.
La política latinoamericana atraviesa un ciclo marcado por la fragmentación social, la insatisfacción democrática y resultados electorales que se definen por márgenes mínimos. Gobiernos de signos opuestos se suceden en el poder como reflejo de un electorado desencantado que castiga a los oficialismos, un fenómeno agudizado tras la crisis global de la pandemia. ¿Estamos ante una crisis estructural de gobernanza o frente a una reconfiguración de las reglas del juego regional?
Para comprender este complejo escenario, el prestigioso analista político Eduardo Alemán lo analizó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190). A lo largo de la entrevista, el especialista desmenuza los factores detrás de la volatilidad del voto en la región y examina casos paradigmáticos: la nueva arquitectura bicameral en Perú como un intento de frenar la inestabilidad presidencial, y la resiliencia pragmática de Brasil bajo el liderazgo de Lula da Silva.
Asimismo, Alemán evalúa el tablero geopolítico macro, advirtiendo cómo una desescalada en Medio Oriente podría liberar la agenda de Estados Unidos para que un Donald Trump más enfocado vuelva a mirar hacia el sur, obligando a América Latina a equilibrar con fina diplomacia su relación con Washington y sus lazos comerciales con China.
Eduardo Alemán, profesor especializado en análisis comparativo de instituciones políticas y política latinoamericana, doctor en Ciencias Políticas y máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de California en Los Ángeles. Imparte cursos de política comparada, legislaturas comparadas y política latinoamericana. Su trabajo actual se centra en las relaciones ejecutivo-legislativas, los procedimientos parlamentarios, las coaliciones gubernamentales y la definición de la agenda política en América Latina.
Estoy preocupado tratando de entender qué significa esta polarización en América Latina: las elecciones de segunda vuelta en Perú, las de Colombia... Hace poco, aunque no parece ser el escenario actual, podríamos mencionar las elecciones de Brasil en las que salió electo Lula con una diferencia del 1%. Son diferencias mínimas que plantean sociedades absolutamente fragmentadas. ¿A qué lo atribuye? ¿Cómo cree que podría solucionarse eso en un futuro?
Sin duda vivimos un momento muy especial. Pienso que, de algún modo, esto representa una ola donde los votantes muestran que están muy poco satisfechos con la gobernanza en muchos países de América Latina. Esto se plasma más claramente después de la pandemia, porque vemos que ninguno de los gobiernos que estaban en el poder en ese momento pudo sobrevivir. Ese cansancio y disgusto de los votantes no se acabó con un cambio de gobierno, sino que sigue. Creo que se ve en esta volatilidad electoral que nos lleva a elegir gobiernos que están un poco en las antípodas de los que estaban antes.
A ver si le interpreto: usted le asigna como causa fundacional de esta extrema polarización a la pandemia.
Pienso que la pandemia llevó a una volatilidad o a un nivel de oposición a los gobiernos más intenso. Los gobiernos que estaban en ese momento, así como los que vinieron justo después, no pudieron canalizar esa bronca que tenían los votantes. Me parece que el momento de la pandemia marca un cambio o una bisagra, aunque quizás la pandemia en sí no haya sido la causa.
En el caso específico de Perú, Eduardo, el hecho de que Keiko Fujimori se haya presentado tantas veces como candidata, haya sido derrotada y finalmente termine siendo electa, ¿de alguna manera no le da una oportunidad a Perú de romper esta dicotomía de la prueba continua? La idea era oponerse a ella; era el voto a favor o en contra de Keiko Fujimori. ¿A lo mejor ella tenga la oportunidad, en el gobierno, de cerrar esas heridas?
Eso es interesante. Creo que la diferencia más importante en Perú es el cambio institucional que llevó a que sea mucho más difícil ahora destituir a un presidente, porque ahora tienen un sistema bicameral que hace más complicada la posibilidad de llevar adelante un juicio político. Eso va a facilitar un poco más la estabilidad. Creo que si Keiko Fujimori hubiera ganado la presidencia bajo el sistema institucional anterior, también estaría en una situación complicada o debilitada, porque en Perú hemos visto tantos presidentes entrar y salir. El contexto social no ha cambiado tanto, pero han cambiado las instituciones que hacen que esto sea menos probable. Una cosa interesante de las elecciones de Perú es cómo se ha distribuido el voto regionalmente: hay una gran diferencia regional en cómo se votó y me parece que eso refleja una tensión interna que se va a seguir viendo.
El peso del fujimorismo, el fantasma que acorrala a Keiko
Me gustaría que explicara a nuestra audiencia qué es este cambio bicameral que hace que antes se le pudiera hacer un impeachment al presidente con tanta facilidad y ahora requiera equilibrios distintos.
Perú hace mucho tiempo tenía un sistema bicameral como el de Argentina, Brasil o Chile, y pasaron a tener un sistema unicameral. En ese momento, con una sola cámara, conseguir la mayoría necesaria para juicios políticos o censuras a ministros se transformó en algo mucho más fácil. En esta última reforma institucional, ese era uno de los problemas a resolver y, al instalar un sistema bicameral nuevamente, se requiere el apoyo de ambas cámaras. Por lo que parece, las cámaras van a tener un tinte político diferente, lo que complicará la posibilidad de que esto se lleve adelante, ayudando a la estabilidad. Pero como vemos también en casos como el de Bolivia ahora, a veces la estabilidad no resulta solamente de aspectos institucionales; tiene que ver con cuestiones sociales, intereses políticos y la capacidad de la oposición de movilizarse para disputar el control político.
Para ponerlo en contexto macro: ahora el acuerdo entre Estados Unidos e Irán parece probable. ¿Qué modifica esto en el contexto geopolítico latinoamericano? Existe la idea de que hay una derrota de Donald Trump. ¿Qué significa esto desde el punto de vista de la supremacía norteamericana en el continente y del prestigio o desprestigio de Trump como factor promovedor de candidaturas en América Latina?
Hay dos aspectos. Uno es el acuerdo con Irán, sobre el cual tenemos interrogantes porque es un acuerdo de desescalada: busca abrir el estrecho de Ormuz y bajar la presión sobre los mercados energéticos. Era una ventana de 60 días para arreglar algo realmente muy difícil. Habrá que ver si se llega a desmantelar el proyecto nuclear y si se detiene el apoyo financiero a grupos como Hezbollah, Hamás y los hutíes. Por otro lado, si este acuerdo se lleva adelante y Estados Unidos empieza a retirar tropas de la región, se abre una ventana para que Donald Trump se empiece a preocupar de nuevo en una región que es de más interés para él: América Latina. La relación con Canadá y México es muy importante, pero también vemos el caso de Venezuela y las acciones militares ocurridas hace poco con el asesinato del líder del Tren de Aragua. El Escudo de las Américas, anunciado hace poco, va a jugar un rol importante. Si se terminan las hostilidades en el Medio Oriente, se abre una puerta para que Donald Trump se enfoque más en América Latina, sin olvidar que Cuba también va a estar en juego.
Brasil se comporta distinto a lo demás. La posibilidad de que no pueda ser electo Bolsonaro y pueda ser electo Lula, y que la diferencia a favor que hubo de Bolsonaro se haya "pinchado" tanto al punto de que hoy se da casi como electo a Lula, ¿qué indica?
Indica varias cosas. Creo que tiene que ver menos con Estados Unidos y más con la política interna de Brasil, pero desde el punto de vista norteamericano, Trump y Lula entienden que tienen que ser pragmáticos. La política exterior de Brasil a lo largo de los años ha sido coherente, pragmática y mira al largo plazo. Van a poder llevar adelante una relación madura con los Estados Unidos, más allá de que surjan problemas ocasionales; vimos que, cuando esos problemas surgieron, se solucionaron relativamente rápido. La influencia de Donald Trump en términos de las elecciones es muy limitada y no va a poder ayudar a que la oposición derrote a Lula.
A ver, Eduardo, si lo puedo sintetizar: en ese pragmatismo de Itamaraty que trae a Lula, y que tiene una mirada estratégica, fundan los BRICS, siguen en ellos y los amplían, pero al mismo tiempo no le dan lugar a un observatorio que pueda ser interpretado como una eventual base china en su territorio. Es decir, hay cuestiones en las que son cercanos a China y otras en las que son totalmente lejanos. ¿Es correcta esta interpretación?
Creo que sí. También lo podemos ver en otros países como Chile, donde el gobierno, al mismo tiempo que trata de mejorar sus relaciones con los Estados Unidos, no deja sus relaciones con China. Diría que ocurre lo mismo en Argentina, porque China es muy importante por su influencia en el comercio exterior. Es vital mantener las relaciones comerciales con China sin antagonizar a los Estados Unidos. Hay ciertos temas de seguridad, como instalar una base militar, que pueden complicar la relación con Washington, pero el intercambio comercial es algo que a Estados Unidos le preocupa menos. Los países latinoamericanos tienen que manejar esta situación de manera pragmática.
Eduardo, muchísimas gracias. Le mandamos un saludo cordial y nos mantenemos en contacto. Muy gentil.
Saludos. Gracias por invitarme
MEG/fl