Rumbo a la segunda vuelta

Elecciones en Colombia: “Abelardo de la Espriella representa a los sectores ligados al narcotráfico”

El politólogo advierte que el candidato de extrema derecha encarna un fenómeno de outsider político que capitaliza el descontento social. Aún así, el resultado final dependerá de la movilización de indecisos y del impacto del gobierno en ejercicio.

Presidential Candidate Abelardo De La Espriella Holds Campaign Rally Foto: Foto: Jair F. Coll/Bloomberg

La elección en Colombia avanza hacia una segunda vuelta marcada por la disputa entre el candidato de extrema derecha Abelardo de la Espriella y la opción de izquierda representada por Iván Cepeda, en un escenario atravesado por el reacomodamiento del electorado conservador, la influencia de las encuestas y la definición de los votantes indecisos que aún no han tomado posición. Petrit Baquero afirmó en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190): “Abelardo de la Espriella representa a los sectores ligados al narcotráfico”.

El historiador, politólogo, periodista e investigador colombiano especializado en violencia política, narcotráfico, conflicto armado y crimen organizado en Colombia, Petrit Baquero, fue integrante de la Comisión de la Verdad y trabajó en centros de investigación social como el Cinep/PPP. Sumado a eso, dirigió investigaciones para documentales, entre ellos uno sobre Jhon Jairo Velásquez, alias “Popeye”, exlugarteniente de Pablo Escobar. A su vez, en los últimos años ganó visibilidad por sus análisis sobre la llamada “Junta del Narcotráfico”, una estructura criminal transnacional que, según sus investigaciones, articula redes del narcotráfico colombiano con actores internacionales.

Últimas encuestas publicadas antes del cierre de la campaña apuntan más o menos en la misma dirección: Atlas Intel a de la Espriella con 52,2 contra 44,5. Analytica da 52,6 contra 45. Centro Nacional de Consultoría, 48 versus 44. O sea, en todos los casos marcan una diferencia, como mínimo de cuatro puntos y como máximo de 10. Las encuestas ya se equivocaron en la primera vuelta. ¿Cuál es su propia visión respecto de la posibilidad de ese error que puedan, esta vez?

Las elecciones en Colombia están en un momento crucial, como, a la hora de la verdad, son todas las elecciones en cualquier lugar. No estoy tan de acuerdo con que las encuestas se hayan equivocado en la primera vuelta electoral, porque realmente en la última semana no se permitió divulgar los resultados de algunas encuestas. Iván Cepeda, el candidato de la izquierda, apoyado por el gobierno, sacó más o menos lo que las encuestas habían dicho. Algunas decían 37%, otras decían 44, 45%, sacó un poco más del 40%.

Lo que ocurre es que De la Espriella, el candidato que encarna realmente a la derecha dura, lo que algunos conocen como la extrema derecha, recogió muchos de los votos que tenía la candidata oficial del Centro Democrático y de una consulta interna que se hizo, apoyada por el expresidente Álvaro Uribe. Y muchos de esos votos se fueron, votos útiles se fueron para alguien que encarnaba supuestamente esos valores, valores de la derecha dura.

Es decir, a pesar de que en otros contextos eso ha ocurrido, en muchos casos los sectores más conservadores y de derecha no van a votar por una mujer, y menos cuando tenía un vicepresidente abiertamente homosexual. Entonces, eso ocurrió. Ahora bien, sí, evidentemente las encuestas actualmente están diciendo eso: que hay una ventaja significativa que va entre los cuatro a los ocho puntos por parte de Abelardo de la Espriella, y Cepeda pues tiene entre el 42, 44, a veces el 46%. Y genera una tendencia, pero de todas formas vamos a ver qué puede pasar.

Evidentemente el gobierno se ha movido, el gobierno ha impulsado también. Se han sacado a relucir muchas de las contradicciones que tiene el candidato de De la Espriella con respecto a absolutamente todos los temas y se está apelando a esos votos centristas o a esos votos indecisos que todavía no han declarado públicamente a quién van a apoyar.

A ver si apuestan por cuestiones básicas y fundamentales, que se dice la defensa de los acuerdos de paz, la defensa del medio ambiente y el respaldo a todas las políticas favorables a los derechos humanos, en las cuales De la Espriella evidentemente ha estado en contra.

Entonces vamos a ver qué pasa. Esa encuesta definitiva es la que tendremos este domingo.

Pero entonces, lo que indicás es: ¿el escenario más probable es que el domingo tengamos a un presidente de extrema derecha o derecha radical en Colombia, que se sume a los otros casos de presidentes de derecha que hemos venido viendo en las distintas elecciones, incluso con el caso de Perú confirmándose Fujimori también?

Pues según las encuestas y según esos resultados, todo indica que es así. Sin embargo, lo recalco y lo repito: la encuesta definitiva es la del domingo. Hay muchas movidas que se están dando.

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El gobierno, indudablemente, está impulsando también la candidatura de Cepeda, que quiere garantizar que haya continuidad de sus políticas y no solo de sus políticas, sino también de la gente que las ejecuta, de funcionarios y contratistas que ejecutan muchas de esas políticas. Y ha habido respaldos importantes para Cepeda. Uno es el de Claudia López, que ha dicho abiertamente desde el comienzo que jamás votaría por alguien con las calidades humanas como Abelardo de la Espriella.

Hay otros sectores indecisos, que en Colombia denominan como tibios, que están más inclinados al voto en blanco, que —y digo yo de forma equivocada— no han tomado posición y consideran que las dos posturas son igualmente nocivas. Pero ya ha pasado antes que las encuestas dicen una cosa y los resultados son otros. Entonces ahí sí, como digo yo, soy analista pero no soy profeta. Vamos a ver qué es lo que pasa el domingo.

Eso sí, pues es el contexto también del auge, como en muchos casos pasa, el péndulo que ahora está yéndose hacia la derecha, y no una derecha democrática, no una derecha moderada, sino una derecha extrema, alineada con los sectores de derecha más extremos del continente, incluso apoyados en algunos escenarios por personas abiertamente fascistas o con tintes fascistas, lo cual evidentemente es una gran preocupación para la democracia en América Latina.

Como analista, ¿podés describirnos las diferencias entre lo que era la derecha de Uribe y lo que es la derecha De la Espriella?

La vez pasada, cuando acababa de pasar la primera vuelta electoral, hablamos un poco de eso. Y precisamente ocurre una cosa, y es que Colombia tal vez se adelantó un poco al resto de países en este asunto de la polarización política, que, azuzada por las redes sociales es cada vez más grande.

Anteriormente cualquier exaltado decía cualquier cosa y eso se quedaba en un espacio limitado. Ahora ese exaltado encuentra eco en muchos lugares del mundo, y por eso vemos los negacionismos ante realidades científicamente comprobadas como el cambio climático, la esfericidad de la Tierra, la efectividad de las vacunas en general y muchas cosas así. Es decir, estamos viviendo paradójicamente en una era de la información, más bien un momento de oscurantismo sobre información y desinformación.

Y Colombia entró a esa ola derechista, o fue pionera de cierta manera, porque Colombia tenía un conflicto armado de 60 años y evidentemente mucha gente estaba molesta, cansada de los desmanes que sí había cometido la insurgencia en diferentes momentos de la historia de Colombia. Y surgió Álvaro Uribe con un discurso nacionalista, claramente contrainsurgente, que caló profundamente, y en el que se dio un pacto de élites: las élites tradicionales urbanas que se vincularon de cierta manera con esas élites rurales emergentes, en muchos casos ligadas al paramilitarismo y al narcotráfico, que habían demostrado experiencia para luchar contra las guerrillas.

Eso representaba a Uribe, un fenómeno político que además se agudizó con la emergencia del chavismo en Venezuela. Entonces había un contrapunteo importante. De la Espriella, que era un abogado muy mediático, reconocido por defender a narcotraficantes, a paramilitares y a directores de pirámides, en general representa más bien esa imagen de outsider que ha calado profundamente en otros lugares del mundo, tipo Trump, Bolsonaro, Bukele, Javier Milei y otros.

Y se enmarca precisamente en estas dinámicas nuevas: alguien ajeno a la política, alguien que supuestamente no representa los intereses de la clase política tradicional, aunque esa clase política tradicional lo respalde con todo. Y una persona que ya maneja un lenguaje que no tiene respeto por las formas, ya insulta abiertamente a los opositores. De hecho, De la Espriella dijo que iba a destripar a la izquierda, que los considera 'ratas inmundas'. Ha dicho un montón de cosas que son terribles, que hace 15 o 20 años eran realmente imposibles en el debate público electoral.

Creo que no solo Colombia, sino el mundo está viviendo el momento de más bajo nivel en el debate público, y eso representa una nueva figura que, a diferencia de Álvaro Uribe, ha demostrado un profundo desconocimiento del funcionamiento del Estado, y lo hemos visto en numerosas entrevistas últimamente.

Hay un núcleo de extrema derecha o sectores muy conservadores que jamás van a votar por la izquierda y consideran que izquierda y guerrilla es exactamente lo mismo. Hay otros sectores desencantados con el gobierno de Petro que en algún momento le dieron su voto y que ya no lo piensan hacer.

Pero hay otros sectores, y eso es clave y fundamental, que si bien Álvaro Uribe lo representaba, las formas se guardaban. Colombia es un país que desde 1976 es el primer productor de cocaína del mundo. A comienzos de los años 70 era el primer productor de marihuana del mundo. Desde 1995- 96 es el primer productor de hoja de coca del mundo.

¿Qué quiere decir eso? En Colombia hay una gran economía ilegal y hay un sector social que emergió en torno a ese tipo de actividades que no tienen claridad entre lo legal y lo ilegal: el narcotráfico, el contrabando, el contrabando también de esmeraldas, la corrupción estatal y la contratación pública que ha generado una redistribución incluso del ingreso.

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Mucha de esa gente que se siente en una selva de cemento y que está dispuesta a hacer lo que sea para lograr su beneficio particular es la que apoya a Abelardo De la Espriella en este momento. No quiere decir que en los otros sectores políticos no haya gente que también actúe con esas lógicas.

Pero es sobre todo De la Espriella el que representa sectores que, aunque en un mundo ideal no lo queramos ver, en Colombia constituyen una altísima porción de la población. Ese es Abelardo de la Espriella, y eso representa lo mismo, el mismo lenguaje que Argentina: “rata”, por ejemplo.

MV cp