La "modernización" laboral

Expresidente de la UIA: “Hay que tener una legislación que no ahuyente la inversión pero sí la informalidad”

Daniel Funes de Rioja explicó, en dialogo con Modo Fontevecchia, cual es su mirada frente a la reforma laboral planteada por el Gobierno de Milei y sostuvo que "hay modernizar para entender las nuevas realidades productivas".

Daniel Funes de Rioja, titular de la Unión Industrial Argentina Foto: NA

Daniel Funes de Rioja, abogado laboralista y expresidente de la Unión Industrial Argentina, analizó los desafíos que atraviesa el sector productivo argentino, en un contexto marcado por la transformación tecnológica, la presión fiscal, los problemas de infraestructura y la necesidad de generar condiciones que favorezcan la inversión. También se refirió a la necesidad de avanzar hacia una modernización del sistema laboral y cuestionó algunas distorsiones que, según sostuvo, afectan la creación de empleo formal.

Durante su entrevista en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Funes de Rioja habló además sobre su próxima participación en una delegación internacional que viajará a Roma para reunirse con el papa León XIV y planteó la necesidad de construir un marco laboral que combine equidad, competitividad y capacitación. “Hay que tener una legislación que no ahuyente la inversión, pero sí la informalidad”, sostuvo.

Daniel Funes de Rioja es abogado, laboralista y empresario argentino, reconocido por su liderazgo en el ámbito corporativo, legal y de las relaciones laborales. Es una de las figuras más influyentes del sector industrial, habiendo ejercido como presidente de la UIA y participado activamente en su cúpula durante décadas. Fundó el estudio Funes de Rioja y Asociados, que en 2022 se fusionó con la firma Bruchou para crear Bruchou & Funes de Rioja, uno de los estudios jurídicos multidisciplinarios más grandes y prestigiosos. Es presidente de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios y ha sido un actor clave en la representación de empleadores ante la Organización Internacional del Trabajo.

Daniel, muy buenos días. Jorge Fontevecchia lo saluda. Un gusto volver a hablar con usted. Primero, como expresidente de la UIA y referente fabril, me gustaría un balance general de cómo encuentra la actividad a la que usted se dedicó tanto tiempo.

Bueno, a ver, como observador no comprometido, como diría Raymond Aron, ¿no es cierto? Desde ya, no tengo funciones en la Unión Industrial Argentina, pero sí en el plano internacional. Respecto al tema productivo, primero que nada, acá uno no puede prescindir del contexto. El contexto es la transformación, una transformación tecnológica impresionante de la mano de la digitalización, la inteligencia artificial, la robotización, que acompaña un proceso diverso de apertura de la economía en determinados campos o en determinados países, y barreras en otros. Y todo esto mueve un escenario que genera que, evidentemente, hay sectores que claramente toman el liderazgo, como energía, minería, economía del conocimiento, el agro y parte de la agroindustria. Y hay otros sectores que están más rezagados o expectantes, o no han podido producir los cambios. También por otro motivo, que es el tema de que las reformas estructurales tienen un proceso de elaboración y aprobación que requiere determinados consensos políticos y que no se han logrado hasta ahora. Se han dado pasos en el tema fiscal, pero no los suficientes como para generar un equilibrio con respecto a determinadas importaciones. Y esto genera preocupación, obviamente. Pero lo que tenemos que tener en cuenta es que, independientemente de los problemas locales, en el campo fiscal no son solamente nacionales. Lo dijo De Pablo: no son solamente nacionales, son provinciales y municipales. Si hay distorsiones en la Argentina, a la cabeza de las distorsiones están Ingresos Brutos, que es de carácter provincial, y las tasas municipales, que no son tasas, que son impuestos, como higiene y seguridad. Pero la verdad es que no es por el servicio prestado, sino por la capacidad fiscal, y otras tantas tasas municipales que distorsionan o que integran este combo de más de 150 impuestos. Al lado de ello, evidentemente, además de la tendencia declinante o la contracción del consumo, empieza a aparecer la preocupación electoral. Argentina tiene este ritmo de elecciones de medio término cada dos años y elecciones presidenciales cada cuatro, que hacen que vivamos prácticamente dos de cada cuatro años preparándonos, o avanzando y adelantando expectativas de esos períodos electorales y la tensión. Por ende, yo creo que hay ciertas cuestiones que no pueden demorarse en la agenda. Y esto tienen que entenderlo también gobernadores e intendentes, porque es donde están radicadas esas industrias. Y el problema fiscal es muy grande, como el problema de infraestructura y logística. Evidentemente, sin infraestructura y logística adecuada, ¿cómo competimos? Es decir, nosotros tenemos en materia de logística prácticamente el 95% en vía camiones. La participación de los trenes todavía cayó muy fuertemente respecto de lo que fue a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, y con ello se han generado distorsiones en el costo logístico. Y, finalmente, el tema de acceso a crédito y acceso a mercados todavía no lo hemos elaborado, viniendo de culturas de décadas de mirarse para dentro, vivir con lo nuestro, poner barreras a las importaciones y preconizar exclusivamente la sustitución de importaciones. Yo creo que en todo esto hay que encontrar balances, hay que encontrar fórmulas de solución. No soy yo el encargado de tener que proponerlas, pero digo: eso tiene que estar en la agenda.

Daniel, usted en septiembre integrará la delegación internacional a Roma junto con los líderes de la CGT y representantes de la CTA y la COSIT. ¿Cuál es el mensaje político-institucional unificado que le llevarán al Sumo Pontífice en esta audiencia formal, que incluso además tiene doble valor porque un mes después va a estar en la Argentina?

Bueno, en primer lugar, en estas convocatorias que se hacen por la Iglesia Católica, en los encuentros sinodales que se vienen produciendo desde el papado de Francisco, ahora el papa León XIV ha decidido continuarlos. Emilce Cuda es la coordinadora para América Latina, con quien nos hemos reunido ya en determinadas oportunidades para discutir cómo generar los puentes, cómo crear confianza, cómo establecer un diálogo para resolver los problemas comunes, que van desde los medioambientales a, evidentemente, los que hacen al acceso al empleo, al tema de las migraciones ilegales y al tema de la informalidad creciente que tenemos en América Latina en su conjunto. Y no era una nota tan típica, pero se ha profundizado. Esto se ha profundizado quizá, por un lado, por la presión fiscal y la burocracia, que ahogan muchas veces la iniciativa privada y han llevado a muchos al cuentapropismo. Pero hay cuentapropismo legal y cuentapropismo que está fuera de norma, digamos.

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Pero esto no es solamente un problema de un país, es un problema de la región. El papa Francisco pensó que había que hacer este trabajo de hermanarnos en este análisis. Lo hemos hecho, nos hemos reunido varias veces, incluso en Washington, con obispos americanos y dirigentes americanos, y nos ha convocado en una alianza Norte-Sur para ver la región como un conjunto. Visión que me parece también muy adecuada porque, en definitiva, si usted analiza el tema de los mercados, el nearshoring va a tener un valor muy importante. Ahora, si usted no construye porque la confianza en el respeto a las reglas de juego entre todos los países y todas esas comunidades es muy difícil hacerlo. Y en eso no solamente no tenemos mucho crédito, o no veníamos teniendo históricamente mucho crédito, y hay que generar confianza en los argentinos, sino también en otros países de la región. Por eso, esta convocatoria es una convocatoria a construir agenda, a discutir los temas. Obviamente, también algunos plantearán sus cuestiones o sus problemas sectoriales, pero en realidad no está mirada la reunión, ni el trabajo previo, como una visión de sector, sino como la búsqueda de un camino común.

Daniel, usted además es uno de los abogados laboralistas más importantes y con más trayectoria de la Argentina. Estamos en un proceso, podríamos decir, de finalización de los tribunales laborales de la Ciudad de Buenos Aires, llamados anteriormente nacionales. Me gustaría una reflexión sobre cómo avanza la reforma laboral y cuál es su visión de la justicia laboral hoy en día.

Bueno, en primer lugar, yo no la llamo reforma, no la llamé nunca. Escribí muchas veces hablando de que la Argentina necesitaba una modernización, porque una reforma es tomar una base existente. No estoy hablando del punto de vista de los derechos individuales, sino de la concepción en sí que el sistema laboral tiene que tener en el mundo moderno que estamos viviendo. Me tocó liderar a los empresarios del mundo durante muchos años en Ginebra, en la OIT, así como me toca todavía liderarlos en el plano de las Américas. Y lo que puedo decirle es que, sin una nueva visión, como tuvieron desde los años 80, si usted mira, hay antecedentes numerosos, y no solamente en países latinos o de origen latino-europeo, también sajón y asiático, que han hecho cambios. No hablo de África, que todavía es un continente que tiene otra visión y otra realidad. Pero si queremos llegar a un mundo competitivo y con inclusión social, los ejes no pueden ser sino tener una legislación laboral que se aplique, que se respete, que los tribunales también hagan de ella una cultura, y no simplemente decir que, como es más débil el trabajador, entonces siempre tiene razón. Esto verdaderamente lo que termina generando es una diáspora, es hacer que durante muchos años en la Argentina no quieran venir a invertir si tienen que tener mano de obra argentina. Y esto es malo que se produzca. Y creo que hay dirigentes sindicales argentinos con los cuales esta cuestión se puede conversar. De hecho, hay convenios colectivos que tienen avances concretos en esto. Pero, como el tejido de esta normativa es muy amplio, por eso hacía falta una visión de modernización. Pero no es una foto, es un proceso. Un proceso en el que hay que ver las ventajas y también las cuestiones que haga falta ir acomodando, porque además seguimos cambiando en la tecnología. Es decir, estamos viendo todos los días nuevas realidades a una velocidad que muchas veces nos sorprende, pero que para el mundo laboral son fundamentales. Por ende, primero es un cambio de paradigma. Los tribunales, ¿qué tienen que hacer? Interpretar la ley, no inventar la norma aplicable. Por ende, las presunciones que existían en la legislación, una legislación que era de los años 50 y de los años 70, en otro mundo, en la realidad de otro mundo y en la realidad de otro país desde el punto de vista productivo, tenemos que pensar que este nuevo mundo requiere atender los cambios que se necesitan. Y se lo digo porque incluso a los sectores que les va bien en la Argentina no les va bien solos: tienen cadenas de valor, tienen cadenas de suministro. Y nosotros, cuando se habla de países donde han llegado inversiones extranjeras y esas inversiones han venido con toda la cadena de valor, tenemos que demostrar que tenemos capacidad para generar cadenas de valor eficientes y sin riesgos de que haya andanadas de juicios laborales o de ocupaciones de fábricas porque discuten entre dos sindicatos quién representa a los trabajadores, o las mil y una distorsiones que hemos vivido en la Argentina. Y se lo digo con largos años de vida en este mundo laboral y discutiendo estas cuestiones: hay que hacer un ambiente que sea de equidad, de justicia, pero además que no ahuyente la inversión, pero sí ahuyente la informalidad y todas las formas de distorsiones que generan hoy las migraciones clandestinas, que también forman parte de estos mercados de trabajo, nos guste o no nos guste, y que evidentemente tenemos que tratar de encarar seriamente. Esta es mi visión desde el punto de vista personal: modernizar para entender las nuevas realidades productivas y comprender que, además, un pilar sustantivo de esto es la formación y la capacitación. Formación y capacitación, pero con un entrenamiento que forme verdaderamente a los que hoy son jóvenes, que no tienen orientación ni posibilidad de entrar en empleos calificados. Bueno, las posibilidades de empleo estén fundadas en esta cuestión de la educación y la formación, haciendo el upskilling y el reskilling que haga falta en los que hay que transformar y dándoles educación.

Daniel, le agradecemos, le deseamos muy buen viaje a Roma. Después lo llamamos para que nos cuente y le mandamos un fuerte abrazo.

Un gran saludo, Jorge. Muy amable.

Muchas gracias. Acabamos de hablar con el expresidente de la Unión Industrial Argentina, Daniel Funes de Rioja.

LMM