Política bonaerense

Gustavo Posse sobre la reelección de Milei: "El algo siempre le gana a la nada"

El exintendente de San Isidro planteó que la autonomía municipal debe ser el eje para definir la continuidad de los intendentes y analizó el desafío del radicalismo frente al escenario político marcado por Javier Milei.

Gustavo Posse Foto: Facebook Gustavo Posse

La discusión por la reelección de intendentes en la provincia de Buenos Aires, la autonomía municipal y el futuro electoral del radicalismo forman parte del análisis político de Gustavo Posse, exintendente de San Isidro, quien también evaluó el escenario de Javier Milei y La Libertad Avanza. A partir de su entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el dirigente radical afirmó que “el algo siempre le gana a la nada”, al considerar que la falta de una alternativa opositora favorece la continuidad del oficialismo.

El abogado y dirigente político Gustavo Posse fue intendente de San Isidro en diciembre de 1999, tras suceder a su padre, y fue reelegido en seis oportunidades consecutivas, convirtiéndose en uno de los jefes comunales con mayor permanencia en el cargo en la provincia de Buenos Aires. Militó históricamente en la Unión Cívica Radical (UCR), aunque con el tiempo construyó un armado vecinal propio y participó en distintas coaliciones opositoras, como Juntos por el Cambio. En 2023 fue precandidato a vicegobernador bonaerense en la fórmula encabezada por Diego Santilli durante las PASO. En las elecciones de 2023 perdió el control del municipio, cuando Ramón Lanús se impuso en la interna de Juntos por el Cambio y luego ganó la intendencia, poniendo fin a 40 años de gobiernos de la familia Posse en San Isidro.

Pocas personas tienen el antecedente de haber estado 24 años al frente de un Ejecutivo de manera ininterrumpida. Uno de los temas que atraviesa la discusión política de la provincia de Buenos Aires es la posibilidad de que los intendentes sean reelectos o no. Durante la presidencia de Mauricio Macri se hizo una modificación impulsada por la gobernadora de entonces, María Eugenia Vidal, y hoy todo el peronismo está atravesado por una discusión con Axel Kicillof, la Legislatura y los tironeos respecto de la posibilidad de que los intendentes sean reelectos.

Con tu experiencia de tantos años, ¿eso es malo? ¿Cuál es el plazo? ¿No debería haber plazo? 

Antes el tema no existía. Las prioridades eran si los intendentes eran buenos o no. La continuidad de un intendente estaba ligada a si era un buen intendente. Lo votaban los vecinos.

Y estaba ligado también a la cuestión de qué boleta lo llevaba. Obviamente, en el Gran Buenos Aires más extremo, las boletas del peronismo, del kirchnerismo, del populismo en general, tienen más posibilidades de llevar a los intendentes de ese color político y permitirles repetir.

No, pero a vos te tocó ganar con una boleta que no era la del peronismo. O sea, vos ganabas porque vos ganabas.

Me tocaron todas las olas difíciles mientras fui candidato.

Pero tampoco me puedo despegar de que soy abogado. Antes era intendente. Entonces explicaba esto y cualquiera podía pensar: "Claro, dice esto porque es intendente". Ahora no soy intendente, con lo cual sigo pensando lo mismo.

En el derecho constitucional y en el control constitucional, en el mundo, en las democracias, se está en contra de las reelecciones, pero en los casos de quienes tienen mando.

Los municipios son administraciones, más aún en la provincia de Buenos Aires, donde no hay autonomía. Eso quedó muy sellado con Eduardo Duhalde, sin cumplir con el mandato de la Constitución Nacional reformada en 1994, cuyo artículo 123 establece la implementación del régimen de autonomía municipal.

Esto ya venía respaldado por un fallo de la Corte Suprema de 1989, el caso Rivademar.

Explicanos qué es mando y qué es administración.

El mando implica tener policías, fuerzas de seguridad o Fuerzas Armadas a cargo.

En el caso del Presidente, tiene Fuerzas Armadas, fuerzas de seguridad, Policía Aeroportuaria, entre otras. En el caso de los gobernadores, tienen la Policía de la provincia. En cambio, los municipios no tienen policías.

La ley es clara. La ley de creación de la Policía de la Provincia de Buenos Aires dice que es la única institución civil armada. Tiene una redacción especial porque, hace 130 años, se buscaba impedir que los municipios crearan milicias.

El alcalde que más tiempo estuvo al frente de Boston, una de las ciudades emblemáticas del nacimiento de la democracia en Estados Unidos, gobernó durante 28 años.

¿Era demócrata?

Era demócrata.

Con esto quiero decir que no soy intendente. Perfectamente podría estar en contra de los intendentes porque ya no soy intendente.

Milei, como Massa en 2013, caballo de Troya de Macri

Además, esta ley se creó por un problema del municipio de Tigre.

¿Estás en contra de que haya una limitación temporal?

Yo creo que lo que tiene que haber son autonomías municipales.

Dentro de fuertes autonomías municipales hay que empoderar al vecino y a las instituciones. En ese marco, sí fijaría un límite legal y constitucional a más de una sola reelección.

Pero, en las condiciones actuales, los municipios son meras administraciones. 

En el marco legal actual estás en contra de que se les ponga un límite, pero te gustaría que hubiera un marco legal en el que tuvieran un período más corto, aunque con más poder.

Sí. Un poder ligado a formas de democracia semidirecta. Que el vecino pueda romper el contrato si el intendente es malo, que se pueda hacer un impeachment, que exista la consulta popular.

Pero, de alguna manera, los concejos deliberantes han sacado intendentes.

En muy pocos casos. Pero eso está más ligado a cuestiones internas que a la voluntad del vecino.

Igual te quiero decir algo, porque nunca lo dije públicamente.

Esta ley salió por un problema en Tigre. Es la ley del Tigre. La ley podría establecer perfectamente que 134 de los 135 municipios tengan reelección y que la única excepción sea Tigre. Es un tema particular de Tigre.

Fue la pelea de Sergio Massa con el actual intendente.

Claro. Eso le fue pedido a María Eugenia Vidal en sus primeros meses de gestión.

María Eugenia Vidal necesitaba refinanciar los créditos que le había dejado la administración de Daniel Scioli. No era dinero que recibía, sino que tenía que refinanciarlos. El problema era muy serio y necesitaba el 66% de los legisladores para eso, y quien se lo aportó fue Sergio Massa.

El sector de Massa obtuvo dos leyes en ese sentido. Una es la cuestión de la no reelección de los intendentes, que seguramente estuvo impulsada por convicciones, además de que el problema era, en particular, ahí.

Y la otra cuestión es que obtuvieron la Ley de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política de la provincia de Buenos Aires (Ley 14.848).

Me gustaría también, ya que nos diste una clase respecto de la duración del mandato de los intendentes y del tipo de autoridad que deberían tener, seguir con el tema de la autonomía.

La autonomía dice que cada municipio —esto ya lo dice el fallo de la Corte Suprema de 1989, Rivademar c/ Municipalidad de Rosario, y de ahí vino después también la reforma constitucional— tiene que darle al vecino la oportunidad de participar de una pequeña Constitución, que se llama carta orgánica municipal.

Y ahí está no solamente el tema de si los intendentes deben ser reelectos o no, que lo debe decidir el vecino, sino también qué es lo que se va a hacer con el suelo de su barrio. Si quiere edificios o no quiere edificios, si se mantiene la densidad poblacional, si se mantienen los parques, cómo se preserva el lugar donde vive.

Todo eso tiene que estar en esa carta orgánica. No es tan importante si el intendente es reelecto. Lo importante es si le van a hacer edificios o no, cuál va a ser la densidad poblacional, cuál es el FOS, cuál es el FOT; es decir, cuál es la volumetría, cuánto del terreno puede ocuparse con construcciones y, sobre todo, cuál será la densidad poblacional. Hoy se pueden construir edificios casi sin cocheras o directamente sin cocheras.

Entonces, el vecino nunca más va a ser avasallado en los concejos deliberantes por parte de los intendentes, con la presión inmobiliaria y con los negocios inmobiliarios.

Me gustaría ahora también aprovechar tu experiencia, que atravesó distintas olas —usaste esa palabra— en las que determinados partidos o presidentes parecían ser invencibles, olas arrolladoras.

¿Cómo ves hoy la ola que representa Milei y La Libertad Avanza?

Básicamente, hay que respetar y ponderar el esfuerzo que hace la gente con el ajuste.

Uno puede verlo de una manera o de otra. En mi caso soy radical y tengo una formación desarrollista. Miro con atención el plan antiinflacionario. También miro la cuestión del consumo, que el propio Gobierno también observa, y el problema que trae consigo la caída del consumo y cómo se sale de eso.

Yo creo que la gente no quiere volver atrás y, en eso, una parte importante estamos todos juntos. Pero también hay que mirar hacia adelante. No todo puede ser el tema de la inflación. Es muy importante el logro de bajar la inflación y que permanezca. Si ya marcó 1,9 %, eso es algo que hay que defender para la gente.

Lo que también hay que mirar hacia adelante es el problema del cierre de los comercios, el cierre de las industrias y la importación absolutamente abierta de países.

¿Creés que eso le va a costar la reelección?

Lo que pasa es que el algo siempre le va a ganar a la nada, y no hay nada enfrente.

Creo que lo que sí sabe el Gobierno, y sus integrantes de la política, es cómo hacer para que no haya nada enfrente. Además, creo que la dirigencia de la oposición se lo facilita bastante.

Igualmente, estoy esperanzado en que tal vez el Gobierno produzca también una apertura en la política y en su manera de verla, y que ese esfuerzo de la gente no se pierda después en un balotaje a suerte y verdad.

En ese sentido, dado que el radicalismo está tironeado, por un lado, por La Libertad Avanza y, por el otro, por el panperonismo, que quiere construir una alternativa al estilo de Lula, antimileísta.

Esa la descarto. No tiene fuerza un acuerdo con el peronismo.

No. Nuestros votantes no nos seguirían.

¿Cuál es, a tu juicio, la mejor forma que tendría el radicalismo de contribuir a eso que falta? ¿Unirse a La Libertad Avanza para, desde adentro, tratar de influir en ese proceso y agregar lo que falta? ¿O crear una candidatura alternativa de centro, que no sea ni peronista o kirchnerista ni mileísta?

Tanto el radicalismo como el PRO, a nivel nacional, hoy no existen. Lo digo en el buen sentido: no pueden vertebrar una política. Pesa, por un lado, el tema de los gobernadores y la necesidad de ellos de seguir a cargo de sus provincias. Las provincias eligen sus fechas porque tienen autonomía y calendarios propios.

En el caso de la provincia de Buenos Aires, todo indica que el peronismo va a bloquear cualquier ola de cualquier tipo y va a fijar una fecha propia.

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Entonces, miro al radicalismo desde la provincia de Buenos Aires, porque a nivel del Comité Nacional no se puede vertebrar una posición respecto de esto ni una acción posterior.

O sea, es una confederación de partidos provinciales.

No sé si es eso. El hecho de ser radical significa que compartimos valores, una idiosincrasia común.

No hay nada más argentino que ser radical. Por eso el votante radical sigue lo que ocurre con la opinión pública y muchas veces no sigue a su partido. Cuando ve que su partido está en la senda correcta, el voto radical se reintegra y vuelve a ser fuerte.

Entonces, en la provincia de Buenos Aires, que es el lugar donde nosotros hacemos el análisis concreto, si hay una fecha distinta —que todo indica que la habrá—, tengamos en cuenta que también habrá sistemas electorales distintos: Boleta Única de Papel en la Nación y boleta sábana en la provincia.

Lo que nosotros hacemos es no estar con los extremos, ni Cristina ni Milei, para decirlo sintéticamente. Hay que conformar una coalición convocada por el radicalismo, y el radicalismo tiene que tener candidatos e intendentes potentes.

¿En la provincia?

En la provincia de Buenos Aires. Y buscar un candidato de consenso con fuerzas políticas que compartan una idiosincrasia común.

¿Quién sería?

Lo estamos analizando.

En mi caso soy candidato a intendente de San Isidro. Llegado el momento de la decisión, hoy estoy muy concentrado en ayudar al resto de los distritos y paso la mayor parte del tiempo caminando mi lugar.

¿Creés que va a haber PASO? Y, de haberlas o no haberlas, ¿creés que sería conveniente que las hubiera?

La operación del Gobierno es para que no haya PASO en la Nación.

Eso está claro.

Y eso va a estar más ligado a los ATN, a las provincias y a lo que hagan los legisladores de los gobiernos.

¿Qué posibilidades le asignás a que no haya PASO?

Lo que me parece es que puede haber modificaciones a la ley de las PASO.

¿Por ejemplo?

Sacarle la obligatoriedad.

También puede ocurrir que aquellos partidos políticos que tengan un candidato único no tengan necesidad de pasar por las PASO, porque también es humillante llevar a la gente a votar un candidato único para, dos meses después, volver a votar la elección definitiva. Creo que eso debe modificarse.

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Igualmente, lo que no se puede permitir, y eso sí estuvo mal y ocurrió el año pasado, es que un gobierno nacional deje de hacer que haya normas y de sostenerlas. No puede derogarlas y que, de pronto, el votante y los partidos políticos se queden sin normas. Entonces es una lucha de quién tiene la lapicera de apoderado y quién se pelea con quién. 

Si no hay PASO, tendría que haber un sistema unificado de regulación de los partidos con elecciones internas.

Exactamente. Porque la jugada del año pasado fue suspenderlas. Es decir, la norma dejó de existir. Mientras tanto, que cada uno se arreglara como pudiera.

Y eso complicó todo. El cuarto oscuro tenía una enorme cantidad de listas que no conseguían representar a nadie. Lo único que sí estaba presente, lógicamente, era La Libertad Avanza y el peronismo-kirchnerismo-massismo, que representaban las dos grandes opciones.

Un gobierno no puede propender a que, de un momento para otro y por sorpresa, no haya normas, porque eso tampoco es gobernar.

 

MV/ff