Elecciones presidenciales

“Habrá un 2027 fragmentado como en 2003”, advierte un consultor político

En un clima dominado por la polarización entre el antikirchnerismo y el antimileísmo, el analista Cristian Buttié sostiene que la consolidación del núcleo opositor perfila un escenario de alta incertidumbre y fragmentación electoral similar al registrado en el año 2003.

Javier Milei Foto: CEDOC

En un escenario dominado por la polarización entre el antikirchnerismo y el antimileísmo, el desgaste político y el impacto del ajuste económico comienzan a erosionar la base de apoyo inicial del Gobierno en la opinión pública. Ante este marco de creciente enojo social y consolidación del núcleo opositor, en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el analista Cristian Buttié evalúa el impacto de la crisis en la imagen presidencial y proyecta los desafíos del oficialismo de cara al mediano plazo, advirtiendo que “habrá un 2027 fragmentado como en 2003”.

El analista político, encuestador y consultor argentino, Cristian Buttié, es actualmente director de CB Consultora Opinión Pública. Su trabajo se centra en el diseño y análisis de estudios de mercado, medición de imagen de dirigentes y tendencias electorales tanto a nivel nacional como provincial, siendo una figura de consulta recurrente en los medios de comunicación para evaluar el humor social y los escenarios políticos de Argentina.

La pregunta de cajón es: Milei baja, baja y baja en las encuestas. Más o menos todas las empresas que hacen análisis de opinión pública vienen reflejando una baja similar, importante, de decenas de puntos. Desde tu perspectiva, ¿esto es reversible y, al mismo tiempo, a qué lo atribuís?

La verdad es que el gran desafío es identificar hasta dónde va a llegar la caída del Presidente. Este último mes hubo una caída de casi dos puntos comparada al mes anterior, que no fue tan grande como las caídas anteriores.

Recordá que tuvo una caída de seis puntos de abril a marzo y una caída de cuatro puntos de marzo a febrero. O sea, más de 10 puntos en dos meses. Ahora fueron dos puntos. Lo que sí vemos crecer es el “muy mala”. Ahí hay un dato importantísimo, porque es un núcleo duro opositor que se está consolidando y que, en términos electorales, se inclina hacia el cambio. No le importa quién, solamente quiere cambiar.

Y se les hace muy difícil a los oficialismos disputar un balotaje cuando se logran constituir estos núcleos duros opositores tan consolidados, disputar un balotaje. Fijate que el “muy bueno” mucho no ha cambiado. Ese 27% es el núcleo positivo que va a tener el presidente siempre, pero sí está creciendo el “muy mala”. Y esto es un patrón de conducta que hay que seguir de cerca porque ya nos sirvió en la elección de 2023, justamente con el oficialismo de Alberto Fernández: “muy mala muy alta y se le hizo prácticamente irreversible a Sergio Massa en el balotaje.

Decís que del mes pasado a este solo empeoró en el total de “mala” y “muy mala” un 2%, pero lo grave es que hay un traspaso de “mala” a “muy mala”.

Sí, exactamente. Ya no es un desencanto, sino un enojo profundizado, creo yo, por el caso Adorni. Porque lo que hace crecer o bajar al Presidente es la economía, esa es la única verdad. Pero el enojo que representa el caso Adorni para el ciudadano que no llega a fin de mes hace que diga: “Mirá, la verdad que no es solamente apatía, sino que estoy enojado con este Gobierno y lo único que me interesa es que cambie”.

Y eso también te permite identificar que, si vos me preguntabas hace tres meses si Kicillof le podía ganar un balotaje a Milei, te decía taxativamente que no. Hoy el escenario está abierto. Hoy hay que ver cómo interpreta ese enojado su mal menor, si es o no el regreso del kirchnerismo.

Un personaje que llama la atención es Patricia Bullrich, que integrando el mismo sector, no se ve afectada por esta pérdida de imagen, al punto de que la imagen positiva de ella ahora es claramente superior a la de Milei. ¿Cómo logra Patricia Bullrich no quedar atada a ese descenso del campo político que ella integra?

Su imagen también ha caído, pero no como cayó la del presidente o la de Adorni. Patricia Bullrich va a seguir siendo segunda marca de Javier Milei mientras Javier Milei sea protagonista. Lo fue en 2023 y lo va a seguir siendo ahora, en la medida en que Javier Milei no se corra.

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Ahora, si Javier Milei se corre, se corre en el marco de un desgaste, no yéndose por la puerta grande. Entonces eso también afecta las posibilidades de quien represente al oficialismo.

Yo recuerdo a Jaime Durán Barba diciendo que si a Milei le va mal, a Macri le va mal, y si a Milei le va bien, a Macri le va mal, porque Milei sería la primera marca. ¿Patricia Bullrich tiene atada la suerte de la misma manera que el Presidente: si le va bien al Presidente, ella va a seguir siendo la segunda marca, y si le va mal al Presidente, ella va a caer junto con él?

Está en una situación complicada. Si le va bien al presidente, ella nunca va a ser la verdadera representante del cambio al kirchnerismo. Ya lo fue Javier Milei y lo va a seguir siendo. Y si le va mal al presidente y le genera un arrastre, ella es parte de una experiencia fallida, como lo fue Cristina Fernández de Kirchner o como lo fue Sergio Massa.

Es muy difícil sacarle el cuerpo a la gestión.

Y en ese caso, ¿Mauricio Macri logra despegarse al no tener el nivel de protagonismo cercano y haberse integrado directamente a La Libertad Avanza como Patricia Bullrich? ¿El PRO puede marcar cierta distancia de La Libertad Avanza o está arrastrado junto con La Libertad Avanza de la misma manera que Patricia Bullrich?

Yo creo que no. El PRO goza de cierta independencia comparado con Patricia Bullrich. Pero el PRO está pasando por un proceso de evaluación política. El verdadero cambio al kirchnerismo, quien representa la antítesis del kirchnerismo, es La Libertad Avanza en este momento, lo que era el PRO justamente en el gobierno de Mauricio Macri.

Nosotros lo tenemos medido en un escenario donde la fuerza tiene seis puntos de intención de voto. Macri crece a siete y, si ponés a Vidal, va a oscilar en ese porcentaje. Lo suficiente, si va por fuera, para que Milei no logre ganar en primera vuelta.

Contame sobre Villarruel, que es otro de los personajes que normalmente se mide dentro del campo político que comparte con Patricia Bullrich, Macri y Milei.

Victoria Villarruel ya tiene un diferencial de imagen negativa superior a la positiva, como toda la dirigencia argentina, incluida Patricia Bullrich. Pero presenta el mismo problema que representa el PRO: si va por fuera, pesca en la pecera antikirchnerista y limita las posibilidades de que el Gobierno gane en primera vuelta, que yo considero su bala de plata.

Considero que el Gobierno, al igual que el Frente de Todos en 2023, tiene una bala de plata: ganar en primera vuelta. Si no lo logra, queda complicado un balotaje por el desgaste que está gestando y el crecimiento de ese núcleo duro opositor.

Y si se suspenden las PASO, entendiendo la cantidad de candidatos y atomizaciones que se van dando en los grandes segmentos del electorado antimileísta y antikirchnerista, no me sorprendería encontrarnos en un escenario como el de 2003, donde nadie pasó los 30 puntos y donde justamente el candidato más votado quedó tan cuesta arriba que decidió bajarse y dejó que el segundo fuera proclamado presidente.

O sea que vos imaginás que haya tres candidatos, por ejemplo, del campo oficialista y otros tres candidatos opositores. Finalmente, seis candidatos que vayan entre el 5 y el 20%. Ese sería el escenario tipo 2003.

Exactamente. Un Axel Kicillof hoy tiene 24 puntos de intención de voto, pero si Cristina pone otro candidato, ese núcleo se divide. Porque Kicillof capitaliza los votos de Cristina en la medida en que Cristina no ponga candidato.

Por el lado de Milei pasa lo mismo. Milei es el candidato más votado y posiblemente siga siéndolo en 2027, pero sus apéndices —llámese PRO, llámese Villarruel— pescan en esa pecera electoral, con lo cual limitan las posibilidades del Presidente de hacer una elección de 40 puntos. Está más cerca de los 30.

El escenario no llega al nivel de atomización de Perú, pero sí lejos de las elecciones que hemos tenido en los últimos años, donde prácticamente las segundas vueltas se transformaron en primeras vueltas. O sea, las PASO acomodaban todo y las generales terminaban siendo como una segunda vuelta donde polarizaban.

Ordenás todo tu análisis sobre el vector antikirchnerismo-kirchnerismo. ¿Sigue siendo el vector ordenador o empieza a ser desplazado por el antimileísmo?

Está en posiciones iguales, muy similar a la situación de la Argentina en 2018, donde ya había un antimacrismo consolidado, capitalizado en gran parte por el kirchnerismo, y un antikirchnerismo consolidado, capitalizado en gran parte por el macrismo.

Estamos pasando por ese proceso. Incluso te diría que es interesante identificar cuándo empieza a caer fuerte Mauricio Macri en 2018: en marzo. ¿Y cuándo empieza a caer fuerte Milei en 2026? En marzo. Hay un proceso de desgaste donde la expectativa no logra ser coincidente con la realidad, profundizado por condiciones propias del desgaste político, en este caso el caso Adorni. Macri habrá tenido también las suyas en su momento. Y eso hace que se genere esta tendencia: un oficialismo que queda con un piso y un techo bastante cercanos.

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Y la oposición, a diferencia de ese momento —aunque en 2018 también había bastante heterogeneidad—, todavía no termina de ordenarse. Por eso yo esperaría para definir candidaturas hasta el año que viene, porque estamos viendo escenarios muy parecidos.

Lo que vos decís sería el síndrome del tercer año, cuando se pasa de la etapa de las promesas a la etapa de las realizaciones que no se concretan. Y marzo es porque comienza el año, para ponerlo en términos concretos.

Está claro que el Gobierno tuvo una cuota de confianza importante en octubre del año pasado, fortalecida por la elección de la provincia de Buenos Aires, que justamente permitió que el apático fuera a votar a La Libertad Avanza, porque su mal mayor, a partir de la elección de provincia, era que regresara el kirchnerismo, a dos años de que había cambiado el gobierno, con el recuerdo fresco del gobierno anterior y todavía con dos años por delante para renovarle la cuota de confianza.

Pero la expectativa ahora está puesta de cara a la elección ejecutiva de 2027. Ya no se puede seguir capitalizando lo que generaba antes de la elección legislativa y es muy difícil mantener esa expectativa, principalmente con el modelo político y económico de este gobierno, que en el marco de bajar la inflación a cero se juega un potencial ajuste y, obviamente, una recesión que pega en el bolsillo del ciudadano.

MV