Esto parece un delirio de detalles, ¿no? Pero ocurrió. Estamos hablando de funcionarios del máximo nivel del Estado. La pelea, que ya es un secreto a voces, enfrenta nada menos que al asesor estrella Santiago Caputo y a Martín Menem, sí, el presidente de la Cámara de Diputados. El motivo del conflicto roza el ridículo, pero expone una alarmante degradación institucional: se atribuyen mutuamente la creación de cuentas falsas en X (ex Twitter) para denunciarse e insultarse entre ellos mismos.
Convengamos que, a esta altura, esto ya es un problema directo del presidente de la Nación Javier Milei. Todo estalló con la aparición en X e Instagram de un usuario llamado @PeriodistaRufus. Desde allí se lanzaban denuncias pesadas y críticas enfocadas, básicamente, en negocios vinculados a la empresa Flybondi, entre otras cuestiones. Parece ser que Caputo descubrió que detrás de ese avatar estaba el propio Menem o gente de su entorno. La respuesta del campamento de Caputo no tardó en llegar; tras lograr que bajaran el perfil, se burlaron tildándolo de "gagá" y señalaron que, al desaparecer la cuenta, "quedó en evidencia que pertenecía a gente vinculada a Martín Menem".
Un usuario anónimo atribuido a Menem criticó a Caputo y desató una guerra digital
Un nivel de locura total. Naturalmente, este asunto deriva de una suerte de desorden generalizado en la gestión. Y uno se pregunta: ¿esto pasa por descuido del presidente, por desinterés, o incluso a instancias de él? ¿Quién sabe qué es lo que ocurre realmente ahí dentro? El presidente bien podría ser una víctima de esto, rehén de fuerzas que no puede controlar entre funcionarios que se canibalizan entre ellos.
Negocios, cajas y el fantasma de los años 90
A ver, ¿por qué se pelean los funcionarios en términos generales? Desde que miro la política argentina —y créanme que hace ya muchos años de esto— he visto pilas de estas batallas. Ocurren por dos razones muy concretas: o por poder o por negocios. Por ideas, básicamente no. Las ideas, en todo caso, se discuten de otra manera. He visto estas peleas sobre todo en la época de Carlos Menem y también con Fernando de la Rúa. Son disputas por lugares de poder que, al mismo tiempo, garantizan el acceso a cajas. No creo que Martín Menem y Santiago Caputo estén discutiendo hoy la relevancia de las ideas de la libertad.
El factor Bullrich
Pero el internismo no termina en el plano digital. En el terreno real, las tensiones también escalan. Patricia Bullrich mantiene una relación sumamente tirante con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. ¿El pecado de la ministra de Seguridad? Aparentemente, haber saludado a Mauricio Macri. En este microclima, si te cruzás con el expresidente por la calle y lo saludás, ¡fum!, desaparecés de la consideración oficial. Te cae el castigo divino de inmediato.
En medio de ese clima paranoico, el diario Clarín reveló comentarios durísimos de Bullrich que serían en relación al jefe de Gabinete, Manuel Adorni: "Estoy harta, rota las pelotas de este pibe", habría lanzado la ministra. Es evidente que Bullrich tiene sus propios planes políticos. Hoy es una pieza clave, puro respaldo para el gobierno, y en la mesa chica saben que no la pueden esmerilar demasiado porque mide muy bien en las encuestas. Es la candidata natural para muchas cosas: la Jefatura de Gobierno porteña, una vicepresidencia o quién sabe si otra carrera presidencial.
El panorama, mirado con cierta distancia, es preocupante. Entre el espionaje de redes, los reproches por los negocios y el canibalismo político, la gestión diaria parece atomizada. A mí, qué quieren que les diga, me parece sumamente complicado intentar manejar un país montado arriba de un volcán.
MEG