Desafío económico

“Milei podría haber llamado a Rocca y pedirle que igualara el precio de los hindúes en el plazo de la licitación”, según dos economistas

Los desafíos del crecimiento y del desarrollo sustentable en Argentina plantean un dilema clave para su futuro económico. Diego Petrecolla y Andrés López analizaron cómo la competitividad, la apertura y la producción son esenciales para impulsar empleo de calidad y sostener un progreso real en el país.

UIA Paolo Rocca Ceo de Techint Foto: Pablo Cuarterolo

El presidente Javier Milei se enfrentó públicamente con Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, tras la pérdida de un contrato clave de gasoductos en Vaca Muerta ante la empresa india Welspun, en el marco de la apertura a importaciones impulsada por su gestión. Andrés López y Diego Petrecola, economistas del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP UBA‑CONICET), analizaron en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) el conflicto y señalaron que, más allá de la estabilidad macroeconómica, el verdadero desarrollo económico requiere políticas de innovación y diversificación productiva para generar empleos de calidad: “Milei podría haber llamado a Rocca y pedirle que igualara el precio de los hindúes en el plazo de la licitación”.

Los economistas e investigadores argentinos, Diego Petrecolla y Andrés López, están vinculados al Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP UBA‑CONICET) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Petrecolla es un economista con formación académica y experiencia en investigación sobre desarrollo económico, competencia y crecimiento; ha trabajado como docente e investigador en temas macroeconómicos y estructurales del país, y colaborado con centros académicos en estudios sobre productividad y políticas públicas. López es investigador del IIEP‑UBA‑CONICET, con publicaciones en economía política y desarrollo, y junto con Petrecolla ha coeditado publicaciones como Pensando el desarrollo económico argentino.

Desarrollo, en este momento de la Argentina, parece una palabra inadecuada, fuera de moda. ¿Cómo es plantear desarrollo en una Argentina actual, en el contexto de un gobierno que considera que, podríamos decir, el desarrollo es algo que se produce como una derivada de otros aspectos y no como un tema en sí mismo?

AL: Cuando comienzo mis cursos, la frase inicial siempre es: el desarrollo es más que el crecimiento. Y, por supuesto, sin crecimiento económico y sin progreso, es difícil alcanzar la riqueza necesaria para obtener lo que se considera propio de los países desarrollados, como buenos niveles de salud, educación e infraestructura. Pero el crecimiento por sí solo es una condición, como se suele decir, necesaria pero no suficiente. Si se busca mejorar la calidad de vida de las personas, sus oportunidades, el acceso a mejores trabajos, a educación y a vivienda, e incluso, si se presta atención a temas que este gobierno no prioriza, como la equidad intertemporal —esto es, el desarrollo sustentable—, se trata de proteger a las generaciones futuras y no agotar la riqueza, asegurando incluso la propia supervivencia de la vida en el planeta. Este es el concepto amplio de desarrollo hoy: desarrollo sustentable. Por lo tanto, se requieren intervenciones en otras áreas.

O sea, el presidente, con la macroeconomía, lo que se preocupa es de que la economía en su conjunto crezca, el producto bruto crezca, y no importa si crece con negocios financieros y con actividades que no ocupan mucho empleo. El desarrollo requiere que el crecimiento, además, se dé de determinada manera para que, no sé si la palabra es correcta, sea autopoiético: que el crecimiento genere progresivamente más crecimiento y que el desarrollo genere más crecimiento; como una especie de interrelación entre una cosa y la otra, creando un círculo virtuoso.

AL: Sí, las experiencias de países que se convirtieron en acciones de desarrollo, por supuesto, sufrieron grandes transformaciones, y no solamente se expandió la actividad económica, que, como decíamos, es una condición, sino que transformaron sus estructuras económicas hacia mayores niveles de productividad. Cualquier expansión económica produce desarrollo.

Lo que pasa es que hay países; por ejemplo, si yo les pregunto siempre a mis alumnos: ¿Qatar es un país desarrollado o no? Es un país muy rico, pero dudaríamos en llamarlo desarrollado. ¿Por qué? Porque sabemos que su riqueza la consiguió porque tiene el petróleo bajo sus pies, y por supuesto lo explotó bien, pero faltan un montón de otras cosas que uno llamaría propias del desarrollo, en términos de desigualdad de distribución del ingreso, democracia política. Pero yo podría decir lo siguiente: si fuera su alumno, diría: "Mire, Qatar hoy es rico, pero a lo mejor dentro de 100 años no, porque cuando se acaba el petróleo, entonces, por lo tanto, el desarrollo sería riqueza sustentable". Justamente, quizás los cataríes son hábiles y han invertido parte del dinero del petróleo en otras actividades y han diversificado algo, pero la Argentina se suele comparar con Australia, por ejemplo, porque hace mucho se compara con Australia; son dos países que tienen mucha riqueza natural. Hemos hecho algún cálculo con otro colega, Juan Carlos Salas, y aun con Vaca Muerta y la minería, nosotros no llegaríamos a ser Australia.

Australia sigue teniendo más, y necesitamos tener una estructura; el desarrollo económico, salvo que uno sea muy rico en recursos naturales, necesita diversificación de la estructura productiva, y eso también es para generar empleos de calidad para una población grande como la de Argentina. Y cuando hablamos de empleo de calidad, hablamos de empleos formales, con salarios adecuados, etcétera. La estructura productiva argentina hoy va camino a poner en problema la generación de ese tipo de empleos.

Si Australia decidió no fabricar más autos y cerró todas sus fábricas automotrices, a pesar de todos los recursos naturales que tiene, uno diría que es una mala decisión de Australia. Bueno, en realidad, Australia es muy rica con los recursos que tiene y tal vez funcione así, pero igual sería un error porque podría funcionar mejor. Para ser competitivos en la industria también hay que trabajar. Las políticas de gobiernos previos en Argentina consiguieron una expansión industrial en los últimos años, en algunas administraciones cerrando la economía. Eso genera industria, genera algunos puestos de trabajo, pero no genera una industria productiva porque la industria está protegida, no compite, etcétera. Este gobierno, como solemos hacer, se fue para el otro lado completamente, y por supuesto, los países que tienen una industria competitiva hacen cosas para que las empresas industriales mejoren.

Con esfuerzo, uno podría hacer competitiva cualquier industria, pero hay cuestiones en las que, por más esfuerzo que se ponga, hay que resignarse: ningún país del mundo produce todo, y mucho menos un país del tamaño de Argentina. Entonces, por supuesto, Argentina puede y es competitiva en un montón de sectores. Por ejemplo, hablamos de los autos: Argentina exporta pick-ups, Toyota exporta pick-ups a un montón de países del mundo. Nadie puede decir que esa no sea una fábrica competitiva. Ahora, si queremos hacer autos masivos de gran escala, Argentina no tiene la ventaja para hacerlo porque tiene un mercado relativamente chico. Lo mismo vale para la ropa: podemos hacer ropa de diseño, aunque no remeras básicas blancas. La pregunta no es tanto por sectores, sino en qué cosas un país tiene habilidades. Argentina tiene un cierto capital humano relativamente bueno para los niveles de América Latina, algunas instituciones de ciencia y tecnología que, pese al embate de este gobierno, pueden producir conocimiento, universidades que compiten bien a escala internacional, y empresas con trayectoria en varios mercados que saben exportar y hacer productos de calidad.

Una buena política industrial debería potenciar eso y tratar de que las actividades que quizás no pueden competir solo con una economía ultracerrada ayuden a la gente que pierde esos empleos a transitar hacia otros empleos de calidad. El problema es que, en ausencia de esas políticas, toda esa transición se hace de manera desordenada y mucha de esa gente que pierde esos empleos podría terminar en actividades informales o desempleo, y este gobierno confía mucho en que esa gente conseguirá nuevas oportunidades solo con el mercado, lo cual no es tan obvio que ocurra.

DP: La verdad es que coincido 100% con lo que dice Andrés. Creo que hay un espacio que ustedes no discutieron, que es el rol del sector servicios. Siguiendo la discusión sobre la comparación entre Argentina y Australia, yo creo que no necesariamente Australia se equivocó al dejar de hacer automóviles, porque lo que se hizo fue una transición hacia el sector de servicios y sectores donde Australia era competitivo, muy ordenada, y eso le funcionó muy bien, sobre todo desde la década del 80 en adelante. Otra cosa que hizo Australia interesante es lo que llaman políticas de competencia, que es uno de los temas que tocamos en el libro con Andrés. La política de competencia o políticas procompetitivas en Australia tienen un estándar tan alto como el de la política monetaria, fiscal y de comercio internacional, y eso nos distingue muchísimo de Australia y explica la diferencia entre crecimiento económico y desarrollo económico, justamente lo que ustedes estaban discutiendo.

Todo el conflicto alrededor de los caños de Techint, la controversia con esta empresa hindú que fabrica el 60% de los caños en acero que ellos no producen, si realmente existe dumping, y si finalmente alguien puede competir con China. Lo que se está produciendo es una factoría eficiente con escala que hace que nadie con la mitad de esa escala pueda competir.

DP: Creo que hay que distinguir entre un hecho aislado y políticas. Lo que sucedió con Techint y esta licitación es un hecho entre privados y, por ahora, aislado. Techint pierde una licitación para proveer tubos sin costura frente a una empresa hindú en una licitación privada, algo que nunca había sucedido desde la privatización. Entonces, hay que distinguir entre la película y la foto.

Respecto al dumping, eso lo debe determinar la Comisión Nacional de Comercio Exterior. Para que haya dumping, no solo debe haber una diferencia de precio sustancial entre el precio doméstico y el internacional, sino que debe existir daño a la industria doméstica, lo cual no está claro hasta ahora. Techint tiene todo el derecho a iniciar un caso antidumping, que la Comisión determinará si corresponde. Respecto al futuro y el rol de China, es un tema de mediano y largo plazo. La política de mediano y largo plazo requiere políticas de competencia y una comisión nacional de comercio exterior que sancione los casos de dumping de manera eficiente, sin defender a un sector en particular.

Ayer un entrevistado dijo: “Con Trump, Techint no hubiera perdido la licitación de los caños”. Yo diría que Techint nunca perdió licitaciones de caños en Argentina. Es un hecho. Quizás con Trump no lo hubiera hecho; seguramente, si la diferencia de precio era del 40%, Trump hubiera levantado el teléfono y pedido un descuento sustancial, pero no puedo opinar con certeza.

DP: Lo que usted dice, que la oferta final de Techint igualó la de los hindúes pero fuera de término con colaboración de un ejecutivo más proindustrialista, es verosímil. Habría podido lograr que los caños se quedaran en Argentina y con un precio 40% menor. Respecto a la Universidad de Illinois, pocos argentinos han estudiado allí: Santiago Urbistondo, economista, y Walter Sosa Escudero, director de departamento de Economía de San Andrés. Yo gané una beca para estudiar allí y obtener financiamiento; sin eso no podría haber estudiado en Estados Unidos.

Si Trump hubiera sido presidente en Argentina, ¿cree que Techint habría perdido los caños? Probablemente no, porque Trump ama negociar.

AL: El Estado argentino tiene menos armas para negociar que el estadounidense, y nunca ha usado bien ese poder. Como dijo Diego, muchas empresas han vivido en ese contexto. Este gobierno, por su parte, no interviene; las decisiones quedan a los privados. Permítame ponerlo de manera clara: el objetivo es competencia y eficacia. Que los caños cuesten 40% menos es deseable, pero Techint estuvo dispuesto a igualar la oferta fuera de tiempo. Habría sido útil que el gobierno avisara para lograr ambas cosas: menor precio y producción en Argentina.

Sí, esto también es una señal del gobierno sobre la industria argentina: no se considera relevante. El presidente envía un mensaje de desinterés por la industria, que puede interpretarse como “arréglense, no me molesten”. El gobierno estabilizó con éxito la macroeconomía y su interés es seguir desregulando y abriendo la economía sin políticas industriales específicas. Australia, en cambio, hizo una transición ordenada, identificando sectores competitivos y apoyando la transición de recursos humanos y capital, evitando cambios abruptos.

La Baña fue de los últimos de la UGA donde se enseñaba economía política. ¿Existe posibilidad de que, si Milei es reelecto, no se enseñe más desarrollo económico en universidades?

El caso Rocca y la Argentina cobarde

AL: Parece fundamental que sí. Los últimos premios Nobel, como Simon Johnson y Aoglu, han trabajado temas de crecimiento y desarrollo, mostrando que el campo sigue vivo académicamente.

MV