Voz omnisciente

Pablo Sirvén rompió el silencio: “Sallustro estaría a favor de Paolo Rocca en la disputa con Milei”

La disputa entre el CEO del Grupo Techint y el presidente se intensificó por la licitación de tubos para el gasoducto de Vaca Muerta. Según el periodista, el conflicto evidencia cómo las decisiones económicas generan enfrentamientos públicos y debates sobre intereses estratégicos.

Pablo Sirvén Foto: Captura web

La disputa entre Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, y el presidente Javier Milei escaló públicamente en enero de 2026 por la licitación de tubos del gasoducto de Vaca Muerta, donde Techint (Tenaris) perdió ante la india Welspun, que ofreció entre un 25 y 40% menos (USD 203 millones). Según el periodista Pablo Sirvén en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), autor de Operación Sallustro, “Sallustro estaría a favor de Rocca”, en un paralelo que conecta la violencia política de los setenta con la agresividad verbal y la polarización actual en la política y los medios.

El periodista argentino, secretario de Redacción del diario La Nación y columnista de política y comunicación, cargo que ejerce desde hace años en uno de los diarios del país. Sumado a eso, estudió periodismo y realizó estudios de posgrado en la Universidad de Navarra (España). A lo largo de su carrera ocupó puestos jerárquicos en diversos medios como Tiempo Argentino, Diario de Cuyo, las revistas Redacción, Noticias y Nueva, y fue jefe de Espectáculos en La Nación.

Además, amigo de muchos años, compañero casi de la fundación de revista Noticias allá en 1989, así que tenemos una amistad y mi respeto profesional por toda su carrera. Felicitación por tu nuevo libro, y me gustaría que le contaras a la audiencia más joven quién era Oberdán Sallustro y qué significó aquel secuestro y asesinato en 1972 como significante de lo que venía sucediendo en la Argentina y que probablemente tenga todavía su residuo hoy.

Yo elegí este personaje; en realidad, el personaje me eligió a mí, porque yo no tenía decidido escribir un libro sobre Sallustro. Pero bueno, ese hacer de las cosas: en una reunión, una persona se me acerca, la persona mayor se me acerca y me empieza a hablar de distintos temas, hasta que se enfoca en contarme que era el asesor más directo de Sallustro. Bueno, yo tenía 14 años cuando sucedió este hecho, 1972. 1972 es un año clave para mí. Yo estaba en segundo año del Nacional Sarmiento y ese año, a los 14 años, decidí ser periodista. Yo ya venía escribiendo cosas y había juntado los diarios de La Nación de cuando el alunizaje, la llegada del hombre a la luna en 1969.

Lo que me empieza a sorprender fue este hombre que me dice: Sallustro peleó en la Segunda Guerra Mundial como oficial de artillería en el frente griego. Sallustro fue partisano, o sea, podríamos decir guerrillero contra Mussolini. Entonces, claro, este personaje que te acordarás, somos más o menos contemporáneos; conocimos apenas tres semanas de vida, esas tres semanas estaba permanentemente en los noticieros de televisión, en las tapas de los diarios, y nada más. Después vino el asesinato y no supimos nada más. Obviamente, era una persona muy conocida en la industria porque Fiat en ese momento era la principal empresa del país. Pero te lo podías cruzar en la calle y cualquier ciudadano no lo reconocía. Entonces me pareció interesante; me empezó a interpelar, a tratar de descubrir el enigma de quién había sido esta persona antes, durante el secuestro, en la muerte y posteriormente.

Porque yo tomo un poco como hizo, ¿te acordás?, hace años nuestro querido y recordado Félix Luna con Julio Argentino Roca, que hizo una biografía en primera persona, pero que la terminaba cuando moría con la necrológica de La Nación. En cambio, la voz que yo tomo, omnisciente, podríamos decir así en términos literarios, de Sallustro trasciende su muerte. Él sigue hablando después de la muerte. No es nada espiritismo ni más allá; él cuenta qué pasa después de su muerte con Fiat, con las inversiones y qué pasa hasta hoy en día. Ahí, muy asistido por este libro y el pensamiento de Aurelio Pechei, que era su superior directo, presidente de la empresa, y un tipo y una cabeza impresionante; fue el fundador del Club de Roma.

¿No hay una reminiscencia de lo que está pasando con Rocca hoy y otros tipos de violencia?

En sentido inverso, ya no violencia física, sino violencia verbal, con lo que pasó de alguna manera aquella Fiat y aquella industria automotriz de los 70 en Argentina, única en toda Sudamérica en aquel momento. Todavía Brasil no fabricaba coches. Y lo que está pasando hoy con Techint, Rocca y el gobierno… bueno, sabes que fue muy importante la inmigración italiana en Argentina, y hay muchos apellidos, muchas marcas: Terrabusi, Cinzano, Ditera, Civita, en nuestra industria justamente tan importante, editorial y tantos nombres más.

Pero me parece que, en lo ideológico, siempre la Argentina, los sectores más radicalizados veían como principal enemigo a Estados Unidos. Sorprendió un poco el secuestro de Sallustro, aunque el Corriere de la Sera, yo estuve viendo, obviamente la investigación, diarios de la época, publicaciones de la época, no solamente de acá sino también de Italia, y viendo un poco también que tenía el archivo de Fiat en Italia, decían: "En realidad, los empresarios italianos empezaron a tener dominancia en muchos sectores de la economía argentina. El gobierno de Perón tuvo mucho que ver con eso, y después siguió este, y no por casualidad Fiat era líder en su sector."

Esperemos que lo que está pasando hoy en día no escale de esa manera. A mí me da pena, porque lo estoy decidiendo con mucho interés este caso Rocca-Techint. Pero, claro, si ya el nivel de la discusión va a ser “Don Chatarrín”, no me parece; nos estamos perdiendo, lamentablemente, un debate que sería muy interesante. 

En cambio, si todo va a ser a los gritos, eso es un poco lo que está sucediendo en Argentina desde hace muchos años, no solamente los libertarios, sino antes también el kirchnerismo.

Esto quita la posibilidad de ver con claridad las cosas y de tomar decisiones que sean lúcidas, certeras y para el beneficio de todos. Así estás expuesto a que ocurra cualquier cosa y, en general, siempre hay muchas más situaciones negativas que positivas. Las positivas son muy pocas. En el azar del revoltijo, hay muchas más probabilidades de que las cosas salgan mal que bien, porque para que salgan bien se necesita una mirada de precisión, fría y consensuada. “Ah, no tenía en cuenta esto”, “Ah, tenés razón en esto”, “Ah, pero fíjate tal cosa”: un tipo de conversación que nadie parece tener interés en mantener. Acá parece que quien grita más fuerte tiene razón, y no, lamentablemente no sucede.

Si este discurso altisonante que está en la discusión política es causa o consecuencia de su equivalente en los medios, si es que los medios fueron corriendo la Ventana de Overton al punto de que sean admisibles insultos y formas extremistas de comunicarse con el otro, y eso lo generó en la política —del cual Milei podría ser un emergente— o, primero, corrió primero la Ventana de Overton y luego los medios la acompañaron.

No, yo creo que es un caminar al mismo tiempo de ambas cosas. No te olvides de que la política y el periodismo somos, en algún punto, primos hermanos: nos necesitamos mutuamente, pero tenemos intereses muy distintos. Eso hace que nos peleemos continuamente o que tengamos relaciones tensas, aunque tengamos intereses parecidos. Nosotros trabajamos sobre la realidad para informar, y los políticos deberían trabajar sobre la realidad para transformarla. Además, en este caso hay otro jugador mucho más importante que la política y el periodismo: la tecnología. La tecnología posibilita esta pelea en el barro continua, porque antes teníamos medios de comunicación donde un emisor muy poderoso tenía receptores pasivos, que de vez en cuando podían colar. Se rompió ese paradigma.

Ahora la comunicación es horizontal, falsamente horizontal, porque sigue habiendo disparidad de poderes entre los que dialogan, aparentemente, entre comillas, ya que en realidad es una conversación de sordos: a ver quién grita más fuerte. Me parece que las redes sociales inducen y premian no la opinión meditada y con matices, sino el blanco y negro; todo lo demás no existe. Esa adicción por estar y por tener más clics radicaliza las posiciones.

Creo que un poco empezaron los políticos, y ahí sí nos remontamos mucho antes; hay que ir a la televisión local con La Noticia Rebelde, que empezó a chicanear a los políticos, y luego con CQC, que fue mucho más fuerte. Ahí comenzó una especie de coaching involuntario donde los políticos creyeron, y siguen creyendo ahora con las redes sociales, que lo importante es lo que digan, y cuanto más fuerte a un micrófono, cámara o streaming, mejor. Han abandonado la preparación para manejar los temas de la manera más lúcida posible. Ahora pareciera que todo es búsqueda de títulos.

Y en cuanto a nosotros, los periodistas, lo que pasa es que el fenómeno 678 se diseminó como esquirlas hacia todo el espectro político, ya no solo el kirchnerismo, y también hacia las redes sociales. Se partieron las simpatías: quien va a un canal no va al otro, y muchos periodistas, especialmente en televisión, se suben a un banquito y dan su homilía a favor o en contra de tal o cual. Con lo cual es muy difícil para el público y también para nosotros discernir con equilibrio y basados en los datos de la realidad, porque todo está malversado. Además, la audiencia se ha mal acostumbrado y busca la noticia deseada; te cancela o deja de seguir si dices algo que incomoda. Se ha empobrecido muchísimo el debate, y por eso miramos con envidia a Uruguay, donde los presidentes pueden reunirse aunque sean de distintas fuerzas políticas.

Nosotros estamos en una discusión de conventillo desde hace muchos años. Las grandes empresas también a veces se pelean; hay portazos, pero llega un momento en que las empresas periodísticas cierran y resuelven. Parece que los políticos solo discuten y dejan los expedientes sobre la mesa, que se van acumulando sin resolverse. Cuando intervienen, a veces complican más las cosas, como pasó con la ley de alquileres. Así estás en un país muy rico con muchas espaldas, pero, por ejemplo, cuando matan a Sallustro, la pobreza era del 4%. Fue un año de mucha inflación, de 50 y pico por ciento, había una deuda externa de siete mil millones de dólares, y era un país donde en los medios estaban Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, María Elena Walsh, Adolfo Bioy Casares, Juan Carlos Castagnino y Raúl Soldi. Culturalmente, estábamos muy arropados, y ni qué hablar de inseguridad: no había inseguridad común. Fuimos precursores en lo que ahora es el terrorismo islámico.

Me gustaría, siguiendo con esta idea de que Sallustro sigue hablando en tu libro hasta la actualidad, ¿qué crees que diría a Sallustro sobre Paolo Rocca y Techint?

Sí, fue contemporáneo de los directivos Rocca que llegaron al país, y me parece que había, en ese sentido, los italianos como buena colectividad. Había una gran cofradía que había podido superar incluso las divisiones de fascismo y antifascismo. En Fiat trabajaba gente que había estado en contra de Mussolini, pero también alguna que había estado muy cerca de Mussolini; sin embargo, habían dado vuelta la página. Creo que lo que decía Aurelio Peche, el superior de Sallustro, era: “Tomemos todo lo que podamos”. Es decir, un poco capitalismo, no salvaje, pero si el Estado nos da determinadas prerrogativas, las tomamos, y otras vamos a presionar para que nos las den: giros, aranceles, cantidad de cosas. Creo que se podría estudiar el tema y no le hubiera gustado.

Milei vs Rocca: un aliado menos

Obviamente, era una época donde los temas de economía y política no se trataban como hoy. Primero se sorprendería muchísimo. Me da la sensación de que estaría del lado de Rocca, no solo por la italianidad, sino porque era un hombre que conocía todos estos entresijos finitos de producir algo a gran escala, algo que parece muy caro pero que, a la larga, quizás tenía sentido. Viste el famoso dicho: “Lo barato sale caro”. Bueno, sucede eso. Quizás hay una mezcla de ambas cosas actualmente; venimos de una gran ineficiencia de un Estado muy protector, y la solución no es ir al otro extremo y que el Estado compre todo afuera mientras las empresas argentinas se arreglan. 

MV cp