Mapas del afecto

Por qué y cómo elegimos pareja y amigos los argentinos

Clase social, educación e ideología pesan más que el azar en la elección de vínculos afectivos. Los sociólogos Gabriel Kessler y Juan Piovani explican por qué la homofilia sigue siendo la regla, incluso en una sociedad cada vez más diversa.

Gabriel Kessler y Juan Piovani Foto: Collage CeDoc

¿Por qué y cómo elegimos pareja y amigos los argentinos? Según los sociólogos Gabriel Kessler y Juan Ignacio Piovani, lejos de ser decisiones puramente individuales, esos vínculos están profundamente atravesados por la clase social, el nivel educativo, la ideología y las trayectorias de vida. “Las parejas se conforman habitualmente con personas similares”, explican, y lo mismo ocurre con las amistades: “las principales barreras para no ser amigo íntimo de alguien no son solo sociales, sino también ideológicas y culturales”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), partir de una encuesta representativa en centros urbanos de todo el país, los autores muestran que la sociedad argentina se organiza en redes densas de afecto, ayuda y pertenencia, donde la homofilia (la tendencia a vincularse con pares) convive con nuevas formas de heterogamia y mayor flexibilidad en los modelos de pareja. 

Gabriel Kessler es doctor en Sociología, se desempeña como investigador del CONICET y como profesor de la Universidad Nacional de San Martín y de la Universidad Nacional de La Plata. Es autor de obras fundamentales como La inseguridad y Controversia sobre la desigualdad. 

Juan Ignacio Piovani es doctor en Metodología de Ciencias Sociales por la Universidad de Roma y magíster en Métodos Avanzados de Investigación Social y Estadística por la Universidad de Londres. Es investigador principal del CONICET y también profesor titular de la Universidad Nacional de La Plata. Es curador y editor de obras para la enseñanza de la investigación, tales como Manual de metodología de las ciencias sociales, con Alberto Marradi y Nelly Darchenti, y La metodología de la investigación en ciencias sociales.

Ambos invitados han publicado recientemente Una sociología de la vida en común. Es una obra que se basa en una una encuesta representativa de centros urbanos de todo el país.

Marqué aquí una cantidad de cosas que me gustaría primero compartir con la audiencia: El 44% de la población no tiene pareja, situación que es común entre mujeres pobres o de mayor edad y hombres, quienes tienen los ingresos más altos. Los conflictos de parejas, exparejas y familiares disminuyen en la medida que aumentan el ingreso, posiblemente por la menor presión económica y mejores condiciones. En los sectores populares, obviamente, la convivencia permite compartir los gastos, mientras que la tendencia a vivir solo resulta más costosa y proporcionalmente se da entre personas que tienen ingresos más altos. Tenemos alrededor de cinco amigos cercanos y quince amigos de menor proximidad, mientras que en otros países, el Reino Unido, por ejemplo 2,6 amigos cercanos; Estados Unidos, 3,1. O sea, tenemos el doble de amigos que el promedio del mundo.

Entre los 18 y los 49 años, las mujeres con pareja superan a los hombres, situación que se invierte a partir de los 50 años, de los hombres mayores que sus parejas femeninas, con cerca de cinco años de diferencia. Las mujeres y su mayor tendencia a no buscar nuevas parejas tras enviudar o separarse. El 56% de los encuestados tiene pareja y las mujeres solteras tienen pareja en un mayor porcentaje que los hombres solteros, pero en el caso de los viudos, los hombres superan a las mujeres. 

Nuestras amigas y amigos se asemejan socialmente a nosotros cuando preferimos que estén por encima y, cuando es así, preferimos que estén por encima y no por debajo de nuestra clase social. Hay una diferencia entre varones y mujeres. Ellas son más familiares, tienen menos amigos que los hombres, dependiendo su nivel socioeconómico. La sociabilidad extrafamiliar disminuye con la edad. Y luego un punto que me parece crucial, que tiene que ver con la homofilia y la multiplexidad. El primero es el supuesto de que nos reunimos y establecemos relaciones significativas con personas parecidas a nosotros, lo cual puede explicarse por procesos de asociación y diferenciación. Tendemos a seleccionar nuestros contactos y parejas dentro de nuestro propio mundo social, que a su vez está sujeto a oportunidades y limitaciones de la estratificación social. Mientras que la homofilia puede ser de estatus, es decir, de personas de similar clase social, nivel educativo, valorativo, y por lo que leí creo que alrededor del 80% o 70 y pico tiene relaciones de pareja con personas con las que hay algún grado de similitud.

Luego hay un 20% que tiene algún grado de diferencia y creo que un 10% o menos del 10% tiene dos grados de diferencia. Ahora, Freud planteaba que el amor se podía producir narcisísticamente o anaclíticamente, o sea, complementariamente o porque la persona era igual. Por lo que ustedes vieron acá, eso debía ser en la Viena del siglo XIX, porque hoy todos se eligen narcisísticamente. ¿Implica un progreso en el narcisismo en la sociedad, esto que ustedes están contando?

Juan Piovani: el tema de la homogamia de pareja, si comparamos con la Viena del siglo XIX, principio del siglo XX, hay una diferencia fundamental que tiene que ver con la expansión de las credenciales educativas de las mujeres, porque un criterio clásico para determinar la homogamia de estatus es el nivel educativo. Y entonces, comparando con esa sociedad, la sociedad actual es una sociedad en la que las credenciales educativas de mujeres y varones se han equiparado. Incluso actualmente las mujeres superan a los varones y, por lo tanto, hay menos probabilidad de que se establezca un vínculo entre personas que tienen un nivel educativo muy diferente. A pesar de eso, hay muchas parejas que tienen heterogamia y esto ha ido creciendo. Una de las fuentes del crecimiento de las parejas con heterogamia es el conocimiento por internet, porque internet nos conecta con un mundo mucho más diverso que el que nosotros convivimos cotidianamente.

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Gabriel Kessler: También aumenta la heterogamia en las parejas segundas, terceras, las cuartas parejas de personas que se habían separado. Una característica central de Argentina y de todas las sociedades es que las parejas se conforman habitualmente con personas similares. La diferencia también con el pasado es que antes había una característica más de tipo endogámica, que era la formación de pareja a través de contactos muy cercanos al grupo, incluso donde podía pesar la misma religión, el mismo origen étnico, el mismo origen nacional. Y eso fue dando lugar a una característica más de homogamia, que tiene que ver con la similitud centrada en el estatus y en los valores y en las identidades.

¿Por qué la heterogamia en la segunda, tercera o cuarta pareja es más habitual que en la primera, y en el orden que ustedes quieran?

GK: quizás porque, a pesar de toda la modernización y de todos los cambios que se han dado en nuestras sociedades, perdura en un lugar muy subterráneo la idea de con quién se va a formar una familia, tener hijos. Las cuestiones en común deben primar. Y también porque hay algo que es cierto: en general esas parejas vienen en edades más tempranas, donde las personas están creciendo juntas, están conociéndose juntas.

Entonces, ahí la posibilidad de tramitar diferencias todavía no es tan clara y esos primeros círculos hacen que la apuesta, por decirlo de un modo, a la pareja sea una apuesta "más segura". También, por ejemplo, las parejas no heterosexuales, en las parejas gays, la heterogamia es mayor. Hay, en muchos casos comparativamente, diferencia de edad, diferencia de clase. Entonces, hay algo como un núcleo, y eso se vio en varios estudios en diferentes países, donde, a pesar de todo lo que se ha modernizado, la secularización, etcétera, hay una tendencia a la homogamia.

Y además porque las diferencias ideológicas cuando vemos que las principales barreras para no ser amigo íntimo de alguien son una diferencia de ideas sobre la última dictadura militar, sobre el matrimonio igualitario, sobre el aborto, son las importantes. Es decir que hay algo de la diferencia con el otro, no tanto social o no solo social, sino ideológica, cultural, que importa. Entonces, y eso está muy presente y favorece también que conozcamos gente parecida a nosotros, justamente como decía Juan, porque se conoce cada vez más gente en el estudio, en el mundo del trabajo, donde las diferencias entre varones y mujeres, por supuesto, perduran, pero hay una tendencia a una mayor equidad en los puestos.

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No es que la mujer es secretaria y el varón es el jefe, sigue siendo, pero entonces todo nos lleva a una homofilia, a una heterogamia, y lo sorprendente es que donde se guarda más heterogeneidad es en aquellas relaciones donde lo más importante es la familia. La familia es la que hoy pone heterogeneidad, porque hay diferencia de edad, de clase. Si tu contacto cercano es tu mamá, tu papá o una abuela, un tío, entonces hay esa aparente paradoja. Probablemente las segundas, terceras y obviamente cuartas parejas ya no son para tener hijos.

Quizás la diferencia allí esté en que haya una perspectiva distinta para procrear y otra para ser feliz, para decirlo de alguna manera.

JP: Hay una característica bastante clara en esas segundas, terceras, cuartas parejas y más, que es que aumenta la brecha de edad. En las primeras parejas hay mayor convergencia en las edades de varones y mujeres, si comparamos, por ejemplo, con la generación de nuestros padres, nuestros abuelos, donde era muy habitual que el hombre tuviera varios años más. En cambio, en las segundas, terceras parejas reaparece esa brecha. Tendencialmente hay una brecha de edad que se amplía. De nuevo, los varones son un poco más grandes que sus parejas mujeres.

El promedio de la primera pareja está en torno de los tres años actualmente, o sea, se redujo mucho con respecto al pasado. Y en las segundas, terceras puede aumentar. Hay casos extremos que van de quince a veinte años, pero el promedio obviamente no es tanto, aunque es mucho más que los tres. Se pasa de tres a siete, por ejemplo. 

GK: Y también una cosa importante es que en la segunda, tercera y más es más común la pareja de cama afuera, lo que se llama living apart together. La pareja de cama afuera es una opción muy recurrente en quien ya tuvo una pareja de cama adentro, al no haber hijos, en general, no digo en todos los casos, se hace más fácil. 

Eso tiene que ver con el nivel socioeconómico. O sea, es un lujo que se puede dar gente de cierta capacidad económica.

GK: Exactamente. O dos personas autónomas, que sean autónomas cuando se conocieron, aunque no sean de niveles muy altos. 

JP: Por eso, cuando lo cruzás con las variables regionales, se ve que eso es más prevalente en las zonas céntricas de la ciudad de Buenos Aires. Por ejemplo, esta cuestión del vivir separados, tener pareja y vivir separados, que tiene que ver con el nivel socioeconómico de la ciudad de Buenos Aires. 

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Y en ese sentido Argentina, comparado con el resto de nuestros, ¿hay alguna particularidad en la que Argentina se sale de la tendencia general de la región y de la época?

GK: Yo creo que hay una que es interesante, que es la ciudad de Buenos Aires es una sociedad de amigos. Donde las redes más importantes, son redes de amigos. Y eso es bastante distinto a otras ciudades latinoamericanas. Pero también, cuando uno compara, por ejemplo, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con el Gran Buenos Aires a nivel de esas relaciones, se parece un poco más al norte del país que a la CABA. Y, a la vez, la CABA se parece un poco más a la Patagonia, por cuestiones donde hay mucha gente que fue sola a buscar trabajos que eran interesantes, no tiene tanta familia. Entonces hay como una diferencia.

Después tenemos, por ejemplo, otra cosa muy interesante en la provincia de Buenos Aires, en la provincia de Santa Fe y en la provincia de Córdoba, donde hay muchas ciudades intermedias, pequeñas, bastante cercanas. Hay mucha relación entre esas ciudades, que ahí es bastante parecido al sur de Brasil, a Italia, etcétera, etcétera, donde vemos que uno va a otra ciudad, tiene amigos, donde hay un entramado entre distintas ciudades que no lo vemos, por ejemplo, en el resto del país y tampoco en otros lugares de América Latina, donde no hay esas ciudades intermedias.

Entonces, ahí la cuestión urbana influye mucho. Y eso es una sociedad, eso algo que decíamos con Juan y también con colegas, que el libro te da una imagen, y no es menor en este momento, bastante optimista de la sociedad. Casi todos y todas, una gran mayoría, tenemos a alguien a quien recurrir. Por supuesto, esto es desigual. Pero estamos menos solos y tenemos una sociedad más dinámica. Yo diría: la sociedad es mejor que la política, para mí. Muestra una sociedad donde circulan muchas cuestiones que no ve el Estado, no ve el mercado, y que sin entender eso no entendemos por qué estamos aquí, con todo lo que hemos pasado.

 

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Eso de que tenemos casi el doble de amigos comparado con los países más desarrollados, ¿a qué se atribuye? 

JP: Eso se atribuye a varios factores. Por una parte, lo que decía Gabriel, que somos una sociedad de amigos; los amigos pesan mucho en nuestros vínculos sociales. Entre los jóvenes, por ejemplo, entre las personas de mayores recursos, tienen mucha centralidad los amigos, más que las familias. Las familias, las relaciones con parientes, son más habituales entre mujeres, son personas de menores recursos.

Ahora, cuando se compara la cantidad de amigos, Argentina tiene más, por ejemplo, que Reino Unido o que Estados Unidos, pero no más que otros países. O sea, depende con qué país se lo compare. En el libro hay muchos puntos comparativos que nosotros ponemos con estudios que se vieron en otros países, y allí se puede ver, hay una lista de distintos países, la cantidad promedio de amigos que tiene. Y en América Latina está más o menos en el nivel de Argentina. 

Imagino aquella idea de que los países mediterráneos son más sensibles y los países más fríos del norte menos… 

GK: Sí creo que es una característica que encontramos en el libro, y que las relaciones son a la vez afectivas y a la vez instrumentales. No es que hay esta idea, quizás estereotipada, del mundo más anglosajón, donde los vínculos son más instrumentales. Acá vos ves que nosotros preguntamos en el primer capítulo: ¿cuáles son tus cinco personas más importantes? Sin preguntar si es por una cuestión afectiva o instrumental, que no conviven con vos. Y lo que vemos es que ese entorno cercano, al que le dedicamos todo un capítulo y que es muy importante porque es tu sostén, tus ideas, para todo, desde la polarización política hasta para la ayuda, ahí se mezcla todo. Entonces, hay relaciones, y eso sí creo que es algo propio de la Argentina, donde las personas están cercanas para escuchar tus problemas, para prestarte dinero, para ayudarte y para darte un consejo sentimental.