A casi medio siglo de la creación

Presidente de la fundación Konex: “La Argentina que yo pretendo es la de Scaloni, una Argentina de estadistas”

A casi medio siglo de la creación de los Premios Konex, Luis Ovsejevich analizó la "tremenda decadencia" de la sociedad actual, cuestionó la falta de estadistas desde la gestión de Arturo Frondizi y propuso el liderazgo del DT de la Selección como el contraejemplo ético que necesita el país.

Luis Ovsejevich Foto: CEDOC

A casi medio siglo de haber creado los Premios Konex, Luis Ovsejevich repasó la historia del galardón, explicó las claves que, a su juicio, sostuvieron su prestigio y trazó un duro diagnóstico sobre la realidad argentina. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), afirmó que "el último estadista que tuvo la Argentina fue Frondizi" y aseguró que Lionel Scaloni representa "la Argentina que yo pretendo".

Luis Ovsejevich es un gestor cultural, abogado, docente, empresario. En 1980 creó la Fundación Konex; desde entonces entrega anualmente los Premios Konex, uno de los galardones más prestigiosos de la Argentina que distingue a personalidades en categorías que van desde el espectáculo, los deportes, hasta la ciencia, las letras y las artes visuales. En 2005 inauguró el espacio multicultural Ciudad Cultural Konex en el barrio porteño de Abasto. En 2023 fue declarado Personalidad Destacada en el ámbito de la cultura por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, mientras que en el año 2025 recibió el grado de Honoris Causa por la Universidad Maimónides. En reconocimiento a su trayectoria e incansable labor comunitaria.

—Llevan 46 años los Premios Konex, se acercan al medio siglo. Uno podría decir, con algunas diferencias, que son vidas paralelas con otro premio mucho más popular que tiene la Argentina, que es el Martín Fierro, que siguieron recorridos totalmente distintos. El Konex ha ido acumulando prestigio año tras año, mientras que el Martín Fierro, al diversificarse, al multiplicarse ahora hasta incluso por diez la cantidad de premios que tenía en el pasado, lo está perdiendo. ¿Cómo hiciste para construir un premio que año a año haya ido creciendo su prestigio?, ¿cómo lo gestionaste durante este tiempo para lograr eso?

Decidí crearlos en 1980, que fue un poco el reemplazo de la docencia que yo había ejercido en la Facultad de Derecho y en la Facultad de Ciencias Económicas. Había entrado en la etapa empresarial y no me daba el tiempo... con lo cual dejé la docencia, pero quería reemplazar eso. Por lo tanto, creé la Fundación Konex y traté de destacar las personalidades más importantes que tiene la Argentina para que sirviesen de ejemplo a la juventud. Ese fue el propósito con el cual los creé. Lo que preservé desde el primer día de la creación de los premios fue el jurado. Siempre son 20 jurados especialistas en el tema de cada año —porque son 10 actividades diferentes— y nunca tengo intervención en las decisiones del jurado.

Sí coordino todo, elijo los 20 jurados, pero a partir de ese momento no tengo ninguna intervención. Los 20 jurados están al mismo nivel que los 100 premiados de cada año. Aparecen siempre los nombres, se conoce quiénes son los jurados; por eso yo creo que cada uno de los premiados recibe el premio con una gran satisfacción, porque son reconocidos por sus pares, no por gente que no se sabe quién lo premió. Y creo que eso es lo que le fue dando el prestigio. Además, no hay ningún tema ideológico ni comercial. Si vos te fijás las listas de los premiados, hay de todo en los Premios Konex, y eso lo preservamos. Y no hay ningún interés comercial; no cobro, no se cobra nada por recibir un premio. El premio es porque la gente es la gente más capaz.

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¿Qué otros ejemplos en el mundo vos encontraste para inspirarte? ¿Hoy crees que pueden ser comparables?

No, no hay nada así en el mundo. Varias personas me lo dijeron, incluso me hablaron de exportarlo esto hacia el exterior. Lo pensé en algunas oportunidades. Darse se podría dar; las situaciones que se me plantearon fue en España, en Brasil o en la comunidad latina de Estados Unidos, que hoy suman 50 millones de personas, que sería un equivalente a lo que sería la Argentina. Pero no me animé a hacerlo. Similar no hay nada. Siempre me lo comentan cuando me encuentro con embajadores de este tema, que no existe. Premios, por supuesto, hay un premio que no hay discusión, que es el más grande del mundo, que es el Premio Nobel. Dejémoslo afuera eso por lo que representa. Y premios que se puedan considerar representativos así, el premio que era Príncipe de Asturias —ahora es Princesa de Asturias—, creo que es un premio que se da muy bien, con mucho prestigio, y las figuras que son elegidas nadie las puede discutir.

—¿Qué reflexión te genera: 20 jurados de primer nivel, otros tantos premiados, podríamos decir a lo largo de casi medio siglo 200 personas destacadas de la Argentina han sido premiadas o jurados? Muchas veces parte de los jurados habían sido premiados en el pasado y el proceso de decadencia argentino. ¿Cómo encontrás una equis entre estos dos elementos?

Muchas veces me lo preguntan, o yo lo pienso inclusive. Yo veo lo que premiamos los primeros 10 años, del 80 al 89, después del 90 al 99... se nota una decadencia tremenda en la sociedad argentina. No es que no hay; hoy se rescatan personas, estamos todos los años premiando 100 personas, pero en esos primeros 10 años la calidad de los que estábamos premiando era inconmensurablemente mayor a la actual, y había mucha más cantidad.

—¿Y a quién lo atribuís?

La política argentina. No tenemos estadistas. Yo siempre lo reitero cuando hablo con la gente: el último estadista que tuvo la Argentina fue Frondizi. Desde Frondizi para acá no hubo ningún estadista, sino que son todos políticos que lo que están pensando es cómo ganan la próxima elección. Supongamos el actual presidente: si el actual presidente dijese "no me interesa ser reelecto, lo que quiero es dejar una Argentina que funcione y después la Argentina decidirá", creo que cambiaría totalmente el aspecto de la Argentina. El ejemplo lo está dando Scaloni. Es la Argentina que yo pretendo, la Argentina de Scaloni. Una persona que ayer perdió con Argentina y reconoció que el otro jugó mejor; no buscó excusas.

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—¿Puede ser también que esa Argentina de los 80 que vos marcás eran personas que se habían formado 30, 40, 50 años antes?

Era la Argentina de oro.

—...que era la Argentina que hasta comienzos de los 70 tenía 4% de pobreza, un producto bruto per cápita comparable al de Canadá o al de Australia. Era todavía un país exitoso y esa es la cosecha que se generó a posteriori?

Sí, por eso te vuelvo a repetir: yo creo que la Argentina empieza su decadencia en el 30. No obstante, todavía del 30 al 40, más o menos, la Argentina funcionaba. No era bien en lo político, pero en lo económico estaba funcionando. A partir del 40-45 empieza la decadencia argentina: el populismo exagerado, la división en la sociedad, la grieta. Cuando uno dice "por cada uno de nosotros eran cinco de los otros", es buscar la grieta en un país. A Frondizi lo critican si hizo un pacto o no hizo un pacto, pero era el hombre que trataba de volver a unir a los argentinos. Después de Frondizi tuvimos un presidente honesto, que es otra cualidad que en la Argentina no es común, que fue Illia. Yo creo que estaba equivocado en el tema económico, pero desde el punto de vista ético era un ejemplo para la Argentina. Y a partir de ahí se cayó la Argentina. Podemos zafar a Alfonsín con el aspecto que trajo la democracia a la Argentina; desde ese punto de vista es positivo. Después, todo flojo.

—¿Qué te dejó de metáfora lo de la selección, más allá de Scaloni? ¿Qué crees que genera en la cultura argentina? No sé si crees que puede llegar a tener alguna influencia en el humor argentino respecto de las futuras elecciones.

Ojalá dure, pero vuelvo a repetir: imaginate Scaloni comparado con los anteriores directores técnicos que tuvo la Argentina... buenos, malos, éxitos o no éxitos. Pero una persona que reconoce que el otro es superior, que hace respetar... Ayer, yo por lo menos cuando vi la escena de la televisión, el momento que le ponían la medalla a las argentinas bicampeones, no se la quitaron. No sé si después se las quitaron más tarde, pero por lo menos en el momento se quedaron cada uno con la medalla. Eso es influencia de Scaloni, que lo ayuda después Messi, ninguna duda también. Me imagino varios de esos jugadores con otro director técnico no tendrían ese comportamiento.

RM

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