La latinoamericanización de la democracia norteamericana

Si Trump pierde el control del Senado se abre la posibilidad de un Impeachment

El sociólogo Carlos Waisman, explicó en una entrevista junto a Jorge Fontevechia, cómo será el escenario para Donald Trump de cara a las elecciones presideciales 2027. Por su parte, sostuvo que "Trump y sus seguidores are here to stay".

Carlos Waisman Foto: Captura

Las elecciones parlamentarias del 3 de noviembre en Estados Unidos podrían marcar mucho más que un cambio en la composición del Congreso: también pueden convertirse en una prueba para el poder de Donald Trump y para el rumbo que tomó la democracia norteamericana. En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el sociólogo Carlos Waisman analizó las posibilidades de que los demócratas recuperen la Cámara de Representantes y, eventualmente, el Senado, y explicó qué implicaría para Trump perder el control de ambas cámaras, incluso ante la posibilidad de un nuevo impeachment. 

El especialista habló de la “latinoamericanización” de las democracias occidentales, de la creciente polarización entre nacionalistas y globalizantes y de los profundos cambios sociales, económicos, religiosos y migratorios que atravesó Estados Unidos durante las últimas décadas y que explican por qué, aun frente a una eventual derrota electoral, “Trump o sus seguidores” llegaron para quedarse.

Carlos Waisman, él es doctor en Sociología por la Universidad de Harvard, es profesor emérito de Sociología y de Estudios Internacionales por la Universidad de California, San Diego. Desde hace años, su trabajo se enfoca en la sociología política comparada y especialmente en las consecuencias del proteccionismo y el libre mercado, el caso de la Argentina y su viraje hacia una economía subdesarrollada.

Carlos, un gusto tenerlo acá. Escuché una conferencia que usted hizo en la Academia de Ciencias Morales y Sociales, muy interesante respecto de qué significan las elecciones en Estados Unidos, qué puede significar incluso a nivel mundial, cambios geopolíticos. Me gustaría que pudiera compartir con nuestra audiencia eso mismo que compartió con nosotros los académicos.

Bueno, muchas gracias por invitarme, Jorge. Compartiré mi ignorancia y mis especulaciones, con todo gusto.

Por favor, lo escuchamos con mucha atención.

Bueno, el 3 de noviembre hay elecciones parlamentarias en Estados Unidos. Las elecciones parlamentarias son en la Cámara de Representantes, lo que todo el mundo en Estados Unidos llama la House, y el Senado. Y lo que se prevé, en términos de lo que muestran las encuestas, pero con un gran signo de interrogación, es que los demócratas van a obtener la mayoría en la Cámara de Representantes, y eso es bastante seguro, de acuerdo con todas las informaciones que incluyen en esa dirección, y hay un signo de interrogación en relación con el Senado. En general, se espera que los demócratas no ganen control del Senado, pero todo depende de la tasa de participación, que es menor en las parlamentarias que en las presidenciales, y bastante difícil de predecir por una razón muy simple. El resultado va a depender del voto de los independientes, no de la gente registrada como demócrata o republicana, y en las encuestas serias, la mitad de los independientes dicen que no están seguros sobre si van a votar o no, o saben que no van a votar. De modo que hay un signo de interrogación en relación con el Senado. El pronóstico más firme es que los demócratas van a tomar control de la Cámara de Representantes.

¿Y qué significa, Carlos, esto respecto del futuro de la política norteamericana, los republicanos, la cooptación por el Partido Republicano que hizo Trump? ¿Continúan sus sucesores de cara a dentro de dos años? Hay una pérdida de poder inmediatamente después de una derrota de Donald Trump. ¿Sería solo una derrota si ganasen los demócratas en diputados? ¿O para que sea una derrota tendría que ganar además de diputados y senadores? ¿Cómo hace una perspectiva de lo que va a suceder el 3 de noviembre hacia 2029?

Bueno, es muy común que el partido del presidente en ejercicio pierda control de la Cámara de Representantes. De modo que eso se vería como algo frecuente y relativamente normal. Ahora, si Trump llegara a perder control también del Senado, el Congreso lo conseguiría, de modo que, en muchas maneras posibles, incluyendo la posibilidad de impeachment. En su primera presidencia, digamos, juicio político, Trump fue impeached dos veces. Ahora, tal como funciona el procedimiento, la Cámara de Representantes le hizo juicio político, pero eso implica que el Senado lo juzga. Y como el Senado tenía mayoría republicana, obviamente se negó a juzgarlo. De todas maneras, aunque los demócratas tomaran control del Senado, que de nuevo no se considera lo más probable, un impeachment fracasaría. O sea, es algo que se hace más bien como teatro político. ¿Cierto? La razón por la que, bueno, no quiero meterme en cuestiones de procedimiento.

Sería declamativa para la historia, para el futuro, pero no para que el presidente cese en su...

Ahora, en términos de lo que podría hacer o no Trump si pierde control de la Cámara de Representantes, yo diría que hay que distinguir entre la política interna y la política exterior. De acuerdo con la Constitución norteamericana, el presidente define y dirige la política exterior. Es el único área de política en el cual el presidente puede actuar, de acuerdo con la Constitución, de manera bastante independiente. Ahora, naturalmente, una de las características de Trump es que intenta convertir una democracia republicana, o sea, una democracia basada en la división de poderes, en una democracia plebiscitaria, que en la Argentina y otros países de América Latina conocemos muy bien. Una democracia plebiscitaria es una democracia en la cual el Poder Ejecutivo avanza sobre la jurisdicción, las prerrogativas de los otros poderes, y espera que estos otros poderes, el legislativo y el judicial, simplemente legitimen las decisiones presidenciales. Es lo que Trump ha tratado de hacer desde que fue electo presidente, con mucho éxito, desgraciadamente, en relación con el Congreso, pero en muchas instancias importantísimas fue parado por el Poder Judicial, inclusive en su segunda presidencia. Pero, de todos modos, él continuará tratando de actuar de esta manera. De modo que lo que yo esperaría es que, en el caso de perder el control de la Cámara de Representantes, continúe actuando más o menos como hasta ahora. Pero, naturalmente, hay muchas circunstancias en las cuales la Cámara de Representantes le pondría freno. Por ejemplo, en lo que respecta a presupuestos, impuestos, etc., tendría límites que por el momento no tiene.

Y respecto de si estamos frente a un momento copernicano, ¿cuál sería la posición de los ciudadanos? ¿Cuál sería la posición de los ciudadanos en la política norteamericana? El país que, podríamos decir, inventó la democracia representativa moderna, la más antigua democracia permanente que tenemos en todo el planeta. ¿Es un cambio definitivo, Trump llevándolo a una latinoamericanización de la política, lo que usted llama una democracia plebiscitaria? ¿O, como dicen los chinos, bueno, son cuatro años, esto ya va a pasar?

Bueno, creo que los chinos en esta se equivocarían. Y quiero... Yo querría abundar un poquito sobre esto que usted planteó de la latinoamericanización de la democracia norteamericana. No solamente la norteamericana, sino también la de Europa Occidental, o sea, los países de capitalismo avanzado. Y esa latinoamericanización se manifiesta a dos niveles, que yo llamaría el estructural y el político. El estructural es que estas sociedades se están dualizando. O sea, como es característico en América Latina, se están dividiendo cada vez más entre, por un lado, un polo estructurado. O sea, la proporción de la población adulta que tiene una relación estable y regular con la estructura ocupacional. Y un sector de la población, marginal o informal o como quieran llamarlos, que o no trabaja y vive de planes sociales, o de trabajos part-time involuntariamente, o de trabajitos de corto plazo, etcétera. Y a nivel político, el correlato de esta dualización de la estructura social es una situación en la cual el nuevo clivaje central de la política es el típico de América Latina, entre nacionalistas y globalizantes. O, como diría nuestra amiga Marine Le Pen, entre patriotas y globalizantes. De modo que esto es una transformación estructural. Y usted se refirió al giro copernicano. Puedo hablar un poquito sobre los componentes de este cambio en la sociedad norteamericana.

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Con mucho gusto.

Bueno, que eso explica por qué Trump o sus seguidores, y voy a decirlo en inglés porque es el idioma que se usa, y lo mismo ocurre, are here to stay. O sea, esto no es un cisne negro, digamos, luego de lo cual se retornará a la política acostumbrada. Mirando a Estados Unidos desde el exterior, especialmente desde América Latina y desde la Argentina, es algo que a mí me sorprende, que es que la gente común en general, la gente informada que lee los diarios, mira televisión y le interesa la política, etcétera, muy pocas veces comprende las profundísimas transformaciones que experimentó la sociedad norteamericana en los últimos 30 años, en los últimos 50 años. Y esas transformaciones, bueno, son en realidad, se me ocurren cinco, de las cuales una sola es en general conocida por todo el mundo, que es la movilización de distintos sectores de la sociedad sobre la base no dinámica de intereses de clase, sino intereses identitarios. O sea, todo el mundo sabe acerca de la lucha de la población afroamericana contra la discriminación y la segregación desde mediados del siglo pasado. Todo el mundo conoce sobre la explosión de feminismo en la sociedad norteamericana. Todo el mundo conoce los movimientos gays y la lucha por el matrimonio gay. La gente en general escuchó acerca de los movimientos de los trans, etc. O sea, movilización política basada en identidades étnicas o raciales, identidades de género, identidades sexuales. O sea, eso la gente lo conoce. Pero hay otras cuatro transformaciones profundísimas en la sociedad norteamericana que son menos conocidas. La primera es la profundísima y velocísima transformación de la estructura étnica de la sociedad. En 1990, o sea, digamos hace una generación, tres cuartas partes de la población norteamericana eran lo que los censos y la población en general llama blancos. O sea, americanos de origen europeo y que no hablan castellano. Cosa muy divertida porque, en general, lo que se llaman hispánicos en Estados Unidos son las personas que hablan castellano, cualquiera sea su etnicidad o su raza. ¿Cierto? Bueno, tres cuartas partes. En este momento, estos blancos, entre comillas, son el 56 o 58%, no recuerdo, de la población.

O sea, van camino a la mitad.

Exacto. Y se espera que en el año 2045 sean la primera minoría. En una generación se transformó totalmente la composición étnica de la sociedad. Y no estamos hablando de colores de la piel. Estamos hablando de la composición cultural y religiosa de la sociedad. Porque este mexicano de un pueblito de México, este campesino mexicano o este chino que han emigrado a Estados Unidos en las últimas décadas, no es que simplemente tienen un color de la piel distinto, sino que son los portadores de culturas distintas. ¿Cierto? No solamente a nivel de idioma o religión, sino que todas las esferas de su vida las enfocan de una manera distinta de los norteamericanos preexistentes. Esta es, digamos, otro dato más que es increíble. Ya en el año, no recuerdo si el 2020 o 2025, la mayoría de los menores de 18 años no eran blancos. Muy bien. Esta es la primera. La segunda transformación tiene que ver con la declinación velozísima del empleo en la industria manufacturera. O sea, a mediados del siglo XX, más o menos, los trabajadores directos de la industria manufacturera eran algo así como un tercio de la fuerza de trabajo. Ahora son menos del 10%. Pero en lo que va de este siglo, el empleo manufacturero cayó un 25%. Esto no significa que Estados Unidos se desindustrializó, sino que la industria manufacturera fue transformada por las nuevas tecnologías. Pero Estados Unidos sigue siendo un gran productor industrial. Ahora, hay que entender lo que significa para un trabajador y sus familias perder un trabajo en la industria manufacturera. Estos trabajadores, especialmente los que trabajaban en grandes empresas, tenían altos sueldos, muy buenos beneficios, un nivel alto de seguridad en el empleo y muy buenas jubilaciones dadas por la empresa. Además de la seguridad social que recibirían cuando fueran mayores. Ahora bien, esta gente pierde su trabajo que, además, le daba sentido a sus vidas y que, además, en el caso de la industria manufacturera, implicaba una especialización que ellos consideraban su oficio, su profesión y que, en general, se sentían orgullosos por sus conocimientos relacionados con esa profesión. Esta gente pierde su trabajo y, bueno, va a trabajar en lo que encuentra, y lo que encuentra generalmente implica salarios mucho menores, beneficios mucho más pobres o directamente sin beneficios, un nivel bajísimo de seguridad en el empleo, etcétera. O sea, es un descenso, digamos, una movilidad social descendente que afectó a una proporción muy grande de la población. Porque cuando hablamos de la industria manufacturera tenemos que tener en cuenta no solamente al individuo, sino a sus familias, ¿no es cierto? Muy bien, esta es la segunda profundísima transformación. Naturalmente, la movilidad social descendente genera frustración, miedo, resentimiento, o sea, todas las emociones negativas que uno se puede imaginar. El tercer cambio, del que la gente es todavía menos consciente fuera de Estados Unidos, es el proceso muy rápido de secularización. Ustedes conocen, muchos conocen, digamos, el pronóstico de Max Weber, el fundador de la sociología moderna, según la cual, al avanzar el desarrollo del capitalismo y sus consecuencias sobre la estructura social, disminuiría lo que él llama, bueno, habría lo que él llama un desencanto del mundo, o sea, disminuiría la religiosidad. Ahora, eso parecía suceder en Europa, especialmente en el norte de Europa. Uno mira las encuestas, la proporción de la gente que cree en Dios o que participa en actividades religiosas ha estado disminuyendo en las últimas décadas, y en muchos países de Europa del norte, solo una minoría de la gente practica ritos religiosos. Pero no en Estados Unidos. Estados Unidos era la excepción. Bueno, no es la excepción. A mediados del siglo XX, las encuestadoras preguntaban: señor, señora, ¿cuál es su religión? La absolutísima mayoría, prácticamente todos, tenían alguna religión, la practicaran o no, ¿cierto? En este momento, los que no tienen religión son algo así como, no recuerdo si el 26% o el 29%, de acuerdo con las encuestas. Pero mirando a los jóvenes, los menores de 29 años, entre 18 y 29, esa proporción es el 43%. Ahora, muchos de ellos descubrirán la religión más tarde en sus vidas, especialmente cuando se aproximan a la vejez, pero de todas maneras es un cambio muy, pero muy profundo en la sociedad, similar al que sucedió en los países del norte de Europa. Yo siempre digo cuando charlo sobre esto que las conversaciones entre abuelos y nietos deben ser muy interesantes en esta área. Muy bien. Y el cuarto cambio profundísimo, es el impacto de la inmigración masiva. Ustedes se preguntarán: bueno, Estados Unidos siempre fue un país de inmigrantes, ¿qué es de nuevo? Bueno, hay una cosa que es de nuevo, que no es muy importante, y otra que es profundamente importante. La que no es muy importante es que en este momento, creo que el 16% de la población es inmigrante, y es el nivel más alto de inmigración. Más alto en la historia de los Estados Unidos. Más alto que en el pico anterior, creo que era en 1890 o algo así. Eso no es terriblemente importante, porque es una diferencia muy pequeña entre 1890 y 2026. Pero lo que es muy importante es que estos inmigrantes masivos son muy distintos que los de 1890. O sea, los de 1890, cuyo impacto horrorizaba a los nacionalistas religiosos y étnicos de los Estados Unidos, venían de Italia, especialmente del sur, de Irlanda, o de Rusia y Polonia, estos últimos judíos que se escapaban del zarismo. Entonces, era gente con religiones distintas, que hablaban idiomas distintos, etc. Pero eran europeos y blancos, ¿cierto? La gran mayoría de los inmigrantes masivos recientes no son ni europeos ni blancos. O sea, el país con mayor proporción de inmigrantes recientes es México. Algo así como la cuarta parte de los inmigrantes recientes. El segundo grupo es de América Central, que en general no son vistos por los norteamericanos, la gran mayoría de ellos, como blancos. Y después China, India y Filipinas. Entonces, los americanos comunes, digamos, los que eran gran mayoría de la población hace 20, 30 años, se sienten rodeados, invadidos, por gente muy, pero muy distinta. O sea, les están robando el país. Y estos sentimientos son... Hay dos grupos claves, que son la base social fundamental de Trump. ¿Qué son? La base trabajadora y los votantes evangélicos. Estos son los que más apoyan, apoyaron en las elecciones a Trump. O sea, si ustedes, naturalmente, tanto trabajadores como evangélicos blancos, porque la base social de Trump es lo que realmente se conoce como nacionalismo blanco. No estoy seguro de que sea una etiqueta apropiada, pero es lo que se usa. O sea, en la última elección de 2024, el 66% de la clase trabajadora blanca, medida como se mide en las encuestas en Estados Unidos, o sea, gente sin título universitario, votó por Trump. Digamos, creo que en la última elección, la mayoría de los que no tenían título universitario, de los que tienen baja educación, digamos, votaron por Trump. La mayoría de los que tienen alta educación votaron por Kamala Harris. Y lo otro, los evangélicos, el 82% de los evangélicos votó por Trump. En otras denominaciones religiosas, por ejemplo, entre los protestantes no evangélicos y los católicos, el voto por Trump estaba en los 50 y pico bajos. O sea, una diferencia brutal. Entonces, estos dos grupos, que hay mucha superposición entre ellos, la clase trabajadora blanca es algo así como el 40% del electorado, los evangélicos son algo así como la cuarta parte del electorado, y muchos son las dos cosas. Son los que experimentan simultáneamente estas transformaciones velocísimas en el mundo que los rodea. Sienten que les roban el país, básicamente, que les roban sus convicciones más básicas acerca de lo sagrado, acerca de la familia. O sea, se sienten absolutamente invadidos y desamparados. Y esto, naturalmente, es un caldo de cultivo extraordinario para el discurso populista, ¿no es cierto? En este caso, populista de derecha.

Carlos, una clase magistral. Me quedo con “We are here to stay” y, finalmente, hago una síntesis. Es probable que Trump siga siendo Trump después del 3 de noviembre, y que la relación de Argentina con Estados Unidos se mantenga más o menos en los mismos planos, porque no va a haber una pérdida tan significativa de peso. Carlos, nuevamente, muchísimas, muchísimas gracias. Una clase magistral.

Muchas gracias.

 

LMM