hora de establecer alternativas

Storani: el día de la muerte de Perón, vigencia de su abrazo con Balbín y un ejemplo para Kicillof

Para el dirigente radical, el abrazo entre Perón y Balbín permitió abrir una etapa de acuerdos que evitó "la repetición de errores históricos". Además, planteó que el peronismo y el radicalismo deberían confluir nuevamente para enfrentar al oficialismo.

Federico Storani Foto: Imagen Web

En el aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón, Federico Storani reivindicó el histórico abrazo entre el líder peronista y Ricardo Balbín como un punto de inflexión para la política argentina y sostuvo que ese espíritu de diálogo mantiene plena vigencia. "La historia hubiese sido muy diferente" si se hubiera concretado una fórmula de reconciliación nacional, afirmó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190). En ese marco, aseguró que hoy "no hay mucho que hacer más que juntar a todos los que pensamos parecidos, sin prejuicio y con generosidad".

Federico Storani es un abogado histórico, dirigente político ligado a la Unión Cívica Radical. Se desempeñó como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires en los períodos 1983-1987 y 1987-1991. Posteriormente fue designado ministro del Interior de la Nación por el presidente Fernando de la Rúa, cargo que ocupó entre 1999 y 2001. Es profesor titular de Ciencia Política y Derecho Internacional en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata.

—Hoy, 1° de julio, se cumple un aniversario más de la muerte de Juan Domingo Perón, el dirigente que marcó la política argentina de las últimas décadas. Y ahí siempre queda una discusión: cómo hubiera sido distinta la historia si, en lugar de elegir como candidato a vicepresidente a su mujer, se hubiese elegido a Balbín, como muchos dicen que era el deseo del propio Perón, después de aquel abrazo entre Balbín y Perón. Me gustaría alguna reflexión tuya respecto a esa relación entre Perón y Balbín; cómo hubiera sido la relación entre el peronismo y el radicalismo y cómo sería hoy, inclusive, un país distinto.

—Creo que la pregunta no solamente es muy interesante, sino que es muy oportuna. Creo que la historia hubiese sido muy diferente y, efectivamente, esa no fue una hipótesis; estuvo sobre la mesa ese debate. La posibilidad de hacer una fórmula de reconciliación nacional que buscara, con el mantenimiento de las identidades de cada una de las partes, constituir un poco la unión nacional, que está en nuestro propio Preámbulo de la Constitución y que luego fue tomada con tanta pasión, en cada una de sus intervenciones, por el propio Alfonsín durante toda su campaña.

Pero es muy interesante recordar el episodio de Perón-Balbín, porque Balbín fue muy criticado hacia adentro del partido cuando, en su momento, hizo la famosa visita a la casa de Gaspar Campos. Estaba en consturcción, entonces tuvo que saltar una tapia. Había muchos que se ofendían y decían: "¿Cómo se va a rebajar a saltar una tapia para abrazarse, o para saludarse con fulano de tal?". Nada menos que Perón. Y Balbín, cuando le preguntaron sobre esto, contestó de manera muy escueta, pero desde mi punto de vista muy profunda. Dijo: "El pueblo se dio la mano".

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Y, a partir de ese reencuentro, luego surgieron iniciativas tan importantes, por ejemplo, como la Hora del Pueblo; como también la Multipartidaria; como los acuerdos de la civilidad, en fin. Tantas instancias de acuerdo que posteriormente fueron profundizadas y, además, evitaban algunas situaciones de repetición de errores históricos, como, por ejemplo, la proscripción del peronismo, porque allí, en esa instancia, se logró un acuerdo para impedir toda maniobra proscriptiva del peronismo que, en realidad, era uno de los objetivos que tenía el poder militar en ese momento.

Por lo tanto, yo creo que fue un avance extraordinario. Podría poner como otro ejemplo cercano en el tiempo, como una demostración empírica de la necesidad de buscar el diálogo, profundizar ese diálogo y llegar a determinados tipos de acuerdos, la salida de la crisis del 2001, donde dos grandes actores políticos, en este caso Duhalde por parte del peronismo de la provincia de Buenos Aires y Alfonsín por parte del radicalismo, no solo ayudaron a salvar la institucionalidad, que estaba en crisis con la explosión de la convertibilidad, sino que luego conformaron un gobierno de coalición, donde el radicalismo, por ejemplo, tuvo dos ministros: Jaunarena en Defensa y Vanossi en Justicia.

Se pudo salir de la convertibilidad con el trabajo sucio que hizo Remes Lenicov inicialmente. Sucio porque le cargó, digamos, la parte más dolorosa. Pero luego empezó un ciclo virtuoso de crecimiento de la economía con alguien que era mitad radical, mitad peronista, como Lavagna. Y fue un período virtuoso de crecimiento de la economía, bajo el manto del diálogo argentino, auspiciado por la Iglesia y también con un rol muy activo del Programa de Desarrollo Humano de Naciones Unidas.

Por lo tanto, creo que hay que recrear esas condiciones, porque lo que tenemos que tener claro es de qué lado correcto queremos estar, de qué lado correcto de la historia. Al frente tenemos una coalición, que es una coalición que no es la original, que es internacional, de derecha a extrema derecha o conservadora autoritaria, como quieran decirle. Algunos lo llaman autocracia selectiva 2.0, otros lo llaman gobiernos iliberales.

Lo cierto es que hay un denominador común que yo caracterizaría como una suerte de fascismo posmoderno, que cuestiona la propia legitimidad democrática. Y, ante eso, yo creo que no hay mucho que hacer más que juntar a todos los que pensamos parecido, sin prejuicios y con generosidad, y establecer una alternativa para las próximas elecciones.

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—Lo que vos decís es que lo que resuena de aquel abrazo Perón-Balbín, del acuerdo Duhalde-Alfonsín, es que tendría que haber un acuerdo entre el radicalismo y el panradicalismo, y el peronismo detrás de la figura que más mida, que, por ahora, sería Axel Kicillof.

—Creo que tiene que ser así, porque el Partido Autoritario Conservador, así le denomino yo, ya está formado. Tiene sus matices. Hoy el emergente, el que lleva el liderazgo, es Milei, pero todos lo estamos viendo y analizando. Pero ¿cuál es la condición que es innegociable para todos ellos? Para Bullrich, para Macri, para el que sea, para Santilli, para Ritondo, para Montenegro, que son todos del PRO, hoy devenidos parte del proceso que lidera Milei y quienes lo acompañan en este momento.

El rumbo no se toca, no se cambia. Milei hizo el trabajo sucio de lo que, en su momento, el propio Macri aceptaba, porque en aquella famosa entrevista con Mario Vargas Llosa le dijo que haría lo mismo, pero más rápido, si fuera presidente. Y eso es la doctrina del shock, que tampoco es nueva. Fue teorizada por una periodista canadiense, Naomi Klein, como todos sabemos desde hace mucho tiempo, para la aplicación de recetas neoliberales. En este caso van más lejos todavía, porque ahora se quiere hacer una suerte de gobierno supranacional, de grandes corporaciones, donde la disputa del capital es la disputa del capital: quién maneja más datos. 

Y, en esta carrera, que en realidad de fondo es una lucha geopolítica por la hegemonía, está claro que el principio de legitimidad democrática, de la expresión de la voluntad, va a ser fuertemente cuestionado por estas grandes plataformas que se están disputando los datos de las personas y que incluso quieren llegar a la posibilidad de otorgarle personalidad jurídica, como es el proyecto que el propio Milei impulsa y que tuvo una respuesta, desde mi punto de vista, muy razonable por parte de Yuval Harari.

 

RM