Cuando Eva Perón falleció el 26 de julio de 1952 en una Argentina profundamente dividida,se originaron reacciones contrapuestas. Una gran mayoría recibió con gran tristeza su muerte, hecho que se vio reflejado en las largas filas que durante aquellos días invernales formaban quienes deseaban verla para darle un último adiós. Por otra parte, sectores fuertemente antiperonistas celebraron ese hecho con festejos clandestinos y con los recordados grafitis de la leyenda “viva el cáncer”.
Por el contrario, cuando el general Perón falleció el 1 de julio de 1974, si bien subsistía la división entre peronistas y antiperonistas, hubo manifestaciones de tristeza, pero no abundaron las que celebrasen el hecho, ya que la muerte del viejo líder abría una gran incógnita sobre lo que sucedería de allí en adelante. En esta nota no nos adentramos en detalles anecdóticos referentes a su muerte, sino queabordamos su significado histórico, ubicándola dentro de los vertiginosos hechos que se sucedían en la Argentina de la primera parte de los años 70.
La muerte de Perón en la narrativa argentina
Comenzamos por reconstruir los acontecimientos previos a su fallecimiento. Luego de un primer viaje de Perón al país en noviembre de 1972, se realizaron las elecciones presidenciales en marzo de 1973, en las cuales resultó triunfador el binomio Cámpora - Solano Lima, candidatos del FREJULI (Frente Justicialista de Liberación). De este modo, tras 18 años, el peronismo volvía al poder, asumiendo Cámpora la presidencia el 25 de nayo de ese año.
Ocupando entonces un peronista la primera magistratura, se programó el regreso definitivo al país del general Perón para el 20 de junio. Sin embargo, lo que estaba pensado como una fiesta popular se terminó convirtiendo en un suceso conocido como “la masacre de Ezeiza”. El lugar donde se había emplazado el palco en la autopista Ricchieri, sitio desde el cual Perón se dirigiría a sus simpatizantes, fue el escenario de un violento enfrentamiento armado entre facciones de la derecha y la izquierda del peronismo, del cual resultaron numerosos muertos y un número indeterminado de heridos.
A partir de ese momento, Perón acentuó su distanciamiento de la corriente de izquierda del movimiento. Si en la época del hostigamiento al gobierno militar surgido del golpe de Estado de junio de 1966 había alabado a las “formaciones especiales” (o sea, los grupos guerrilleros), una vez que los militares abandonaron el poder no les encontraba mayor utilidad. Fue así como el viejo líder decidió que era momento de que él personalmente asumiese la presidencia, que no bastaba con aquella idea de “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.
Accediendo a los deseos de Perón, el 13 de julio de 1973, Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima presentaron las renuncias a sus cargos de presidente y vicepresidente de la Nación, quedando provisionalmente la primera magistratura en manos de Raúl Lastiri, quien presidía la Cámara de Diputados. Se celebraron nuevas elecciones en septiembre de ese año, en las cuales se impuso la fórmula encabezada por Perón con más del 60 % de los votos. De este modo, él accedió a su tercer período presidencial, ocupando el cargo el 12 de octubre.
Como puede observarse de lo relatado hasta aquí, entre las primeras elecciones del año 1973 y la asunción de la presidencia por Perón solo habían pasado siete meses, lo cual da una idea del ritmo impetuoso de los acontecimientos políticos de la época.
El hecho de que el propio Perón asumiera la primera magistratura fue recibido con esperanza por amplios sectores de la sociedad, que iban más allá de los peronistas. Para muchos argentinos, su retorno al poder significaba el cierre de una larga etapa de inestabilidad abierta por el golpe de Estado de 1955. Fueran o no peronistas, Perón aparecíaasí para gran parte de la población como el único dirigente capaz de reconciliar a una sociedad dividida y de ordenar un escenario político cada vez más complejo.
Una vez en la presidencia, Perón fue tomando más distancia de los sectores de la izquierda peronista, mientras fortalecía su alianza con el sindicalismoy los dirigentes del ala más conservadora del movimiento. Además, hacia finales de ese año irrumpió la organización parapolicial Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), fomentada por el ministro López Rega, que se dedicó a atacar a militantes de la izquierda peronista y a otros activistas.
Unos pocos meses después, el 1° de mayo de 1974, durante el acto por el Día del Trabajador en la Plaza de Mayo, se produjo un hecho muy significativo.
Desde el balcón de la Casa Rosada, Perón cuestionó duramente a los sectores juveniles del movimiento, a los que calificó de "imberbes" y "estúpidos" por desafiar a la conducción histórica del peronismo ya la vez multitudinarias columnas juveniles y de Montoneros abandonaron la plaza en medio del acto. Esto mostró claramente la ruptura pública entre Perón y sectores de la izquierda peronista.
El día que Perón echó a los montoneros por "infiltrados"
Dentro del contexto narrado, el 1 de julio de 1974 se produce la muerte de Perón. Cuando él muere, la crisis política estaba instalada, ya que el país convivía con la violencia de las organizaciones armadas, la acción de grupos parapoliciales, una economía en deterioro y un movimiento peronista profundamente dividido. Su fallecimiento no originó la crisis, pero eliminó a la única figura cuya autoridad parecía capaz de contener esos conflictos.
La muerte de Perón abrió así una nueva etapa caracterizada por el debilitamiento progresivo del gobierno constitucional y la aceleración de la violencia política. María Estela Martínez de Perón, asumió la presidencia, pero obviamente sin la autoridad política de su esposo. Su gestión debió enfrentar presiones de los sindicatos, de las Fuerzas Armadas, de la guerrilla y de diversos sectores del peronismo.
Distintos hechos se fueron sucediendo entonces aceleradamente. Aumentó la influencia de José López Rega, ministro de Bienestar Social; se amplióel poder de la Triple A, que multiplicó los atentados y asesinatos;incrementaron su accionar las organizaciones guerrilleras, pasando Montoneros a la clandestinidad; el gobierno implementó medidas represivas cada vez más severas y otorgó mayores atribuciones a las Fuerzas Armadas; el deterioro económico alcanzó un punto crítico en junio de 1975, con el llamado “Rodrigazo” (nombre popular del programa de ajuste impulsado por el ministro Celestino Rodrigo); presionado por distintos sectores, a fines de julio de 1975 José López Rega renunció a su cargo y abandonó el país, debilitando ello aún más al gobierno. Finalmente, este proceso desembocó en el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, nacimiento de la trágica dictadura militar.
La muerte de Perón no fue simplemente el fallecimiento de un presidente, fue el derrumbe de una expectativa política. Durante meses, incluso mientras la situación empeoraba, gran parte de la dirigencia argentina había seguido apostando a que el viejo líder encontraría alguna salida, pero cuando murió esa posibilidad dejó de existir.
El significado histórico del 1º de julio de 1974 no es el del inicio de la tragedia argentina de los años setenta, sino el momento en que terminó la ilusión de que todavía podía evitarse mediante el liderazgo del hombre que había dominado la política nacional durante casi treinta años. No sabemos qué hubiese pasado si él hubiese podido gobernar unos años más, pero lo que sí sabemos es que su muerte puso fin a una ilusión.