Vasconcelos le responde a Milei: "El problema para el desarrollo no fueron los empresarios, fueron los cepos"
El economista analizó los dilemas que enfrenta la economía argentina entre reservas, inflación y actividad. A la par, advirtió cómo la tensión en Medio Oriente y el acceso al financiamiento externo pueden alterar el delicado equilibrio económico.
La economía argentina atraviesa un delicado equilibrio macroeconómico entre tres objetivos centrales que rara vez avanzan al mismo ritmo: acumular reservas, bajar la inflación y reactivar la actividad. Ante ese escenario, el economista Jorge Vasconcelos analizó el llamado “trilema” macroeconómico, advirtió sobre las restricciones que impone el financiamiento externo y dejó una definición contundente en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190): “El problema para el desarrollo no fueron los empresarios, fueron los cepos”.
El economista argentino, Jorge Vasconcelos, es especializado en macroeconomía y finanzas públicas. Se desempeña como investigador jefe del IERAL (Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana), organismo que forma parte de la Fundación Mediterránea. A lo largo de su carrera se dedicó principalmente al estudio de la economía argentina, con foco en inflación, política fiscal, financiamiento externo, reservas del Banco Central y nivel de actividad.
En los últimos días usted habló del problema de tres frentes que enfrenta la economía. Me gustaría, de la manera más didáctica, que los pudiera resumir para nuestra audiencia.
A principios de año lo que veíamos es que había un trilema por el cual era muy difícil conciliar los tres objetivos a la vez: acumular reservas por parte del Banco Central, bajar la inflación —empezar a bajarla— y, al mismo tiempo, comenzar a reactivar la economía. Ese trilema con el paso del tiempo y en las últimas semanas, se complicó en cierto modo. Las reservas netas han caído pese a las compras por más de tres mil millones de dólares efectuadas por el Banco Central en lo que va del año. La inflación se estabilizó entre el 28 y 29 mensual y los datos de nivel de actividad no muestran reacción.
El indicador es la recaudación del IVA DGI y está plano en los últimos dos trimestres del promedio móvil de tres meses.
¿Qué pasa con el impacto de la crisis de Medio Oriente, la suba de precio de petróleo? ¿Cómo encaja en trilema?
Si lo que estuviéramos viendo es un shock del precio de la soja subiendo 30 o 40% en semanas, el impacto sería muy positivo y ayudaría a las restricciones que mencioné, por el hecho de que la soja aporta dólares, aporta ingresos fiscales y no tiene gran impacto en la inflación, porque no consumimos demasiada soja: consumimos más bien trigo y maíz.
La soja tampoco es un costo para el resto de las actividades, salvo para la ganadería y algunas otras actividades.Entonces, el impacto petrolero es positivo porque Argentina tiene superávit en la balanza energética, pero no es un impacto que uno diría, bueno, como el que puede estar teniendo Australia. Australia exporta 4.500 dólares por año por habitante en energía y Argentina exporta 300 millones de dólares por año con energía. 4.500 versus 300.
El impacto es positivo, pero hay que equilibrar y no crear falsas expectativas.
Pero el tema es que lo de Medio Oriente complica otro frente clave para la Argentina, que es el del financiamiento externo, porque en este momento, con el dólar a 100 dólares y con el barril de petróleo a 100 el barril, lo que hay es un principio de aversión al riesgo y las decisiones de inversión en general se paran, se frenan esperando nuevas señales.
Entonces aparece el problema del financiamiento externo, donde Argentina tiene un flanco muy descubierto: 31 mil millones de dólares, sin contar los vencimientos con el Banco Mundial de aquí a fin de 2027. Ese flanco se complica por la aversión al riesgo que hay hoy en la economía mundial y eso subraya la importancia del problema de no haber aprovechado la ventana de oportunidad que apareció a fines de enero.
Ecuador la aprovechó. Ecuador hizo un canje de deuda, colocó bonos de vencimiento largo y recibió a cambio bonos de vencimiento corto. Entonces despejó su horizonte de financiamiento externo.
Argentina no siguió ese camino, probablemente porque el gobierno piensa que el país no merece el riesgo país que tiene, que son 550 o 560 puntos. Entonces espera que el riesgo país se acomode a la baja.
Concretamente, una tasa del 9%, o sea, agregado. Ecuador se financió al 9 por anual.
Pero despejó vencimientos. O sea, acá no hay nada gratis. Y lo que subrayo, lo que subrayé en el último informe, es que por algo renunció el secretario de Finanzas, Alejandro Lew, unas semanas atrás. Evidentemente él estaba proponiendo —esto es pura conjetura— algo parecido a lo que hizo Ecuador, y el gobierno rechazó esa idea.
Entonces, después de la renuncia de Lew, apareció el conflicto de Medio Oriente, confirmando —me parece— la hipótesis de que en estas circunstancias hay que ser conservador, digamos, más vale pájaro en mano.
Este tema del financiamiento es algo que hay que seguir con cuidado. A nivel global, los bancos de inversión, en la mayoría de los informes, plantean como una divisoria de aguas por encima de 110 el barril. Si el barril de petróleo supera los 120. Ahí podría haber una situación complicada en lo financiero porque seguramente habría ventas masivas de activos. Hoy lo que hay, con el dólar a 100, es más bien aversión al riesgo. O sea, no tomar nuevas decisiones vinculadas con el riesgo, pero tampoco hay ventas masivas de activos financieros.
Entonces, ahí el fiel de la balanza es en dónde se estabiliza la situación internacional para ver qué hace.
Pero te completo un solo párrafo para entender las implicancias locales de esto. Lo que hay que ver es que hoy el gobierno no tiene muchos instrumentos para afrontar los desafíos que tiene, porque con la inflación cercana al 3%, si el gobierno dijera: “Bueno, le doy prioridad a esto, endurezco la política monetaria, voy a más restricción monetaria, menos crédito”, ya hay índices de morosidad muy elevados en los créditos.
Entonces, subir fuerte la tasa de interés y restringir más el crédito generaría expectativas muy negativas, tanto por el lado de la morosidad crediticia como por el del crecimiento. Pero, con una inflación de estrés, si bajaran agresivamente la tasa de interés para relanzar la actividad, probablemente la inflación se podría desanclar porque el piso es muy alto.
Entonces, para ganar grado de libertad en los instrumentos vinculados a la lucha contra la inflación y a la recuperación del nivel de actividad, el paso inicial es lograr una ingeniería financiera que permita bajar la tasa de riesgo país.
La pregunta es más del orden contrafáctico y teórico. Que había que reducir el déficit fiscal y aplicar un plan antiinflacionario coincidían todos los candidatos a presidente en 2023.
La diferencia, como siempre, no está en los fines sino en los medios, en el cómo, ¿no?
Entonces vayamos al otro más cercano ideológicamente, que era el plan de Juntos por el Cambio, que la Fundación Mediterránea junto con Carlos Melconian habían preparado, y comparémoslo con este.
Claramente ese plan era más gradualista que el que llevó adelante Milei. No hubiese logrado, a poco más de un año de comenzar, que la inflación fuera 1.5, como fue en el caso de Milei en abril del año pasado, pero seguramente hubiera llegado al mes 30 —estamos en el mes 27— con un 2,5% de inflación. Y probablemente, de haberse aplicado, en el medio hubiese destruido menos empresas, menos empleo y sería menos recesivo.
Ver que llegamos al mes 30, o en el mes 27 para ser preciso en este momento, con el doble de inflación que en abril, ¿no demuestra un error conceptual de la política económica del gobierno más allá de temas coyunturales?
Sí, los instrumentos de política económica del 2024 permitieron bajar la inflación muy rápido.
Incluso las políticas salariales, que fueron el problema, por ejemplo, del plan Austral. Quizás mucha gente no recuerda qué pasó en 1985, pero vale subrayarlo. La política salarial es uno de los problemas más difíciles de resolver y el gobierno logró, por razones políticas seguramente, con los sindicatos, que los salarios empezaran a ajustarse más bien por la inflación futura que por la inflación pasada. Eso fue clave para explicar por qué la inflación bajó tanto y por qué en 2025 cayó casi 80 puntos, porque cerró el 2024 arriba de 120 y terminó en el 31% el año pasado.
Pero esa estrategia tuvo el problema de usar y abusar del ancla cambiaria. El ancla cambiaria ha sido siempre el instrumento principal de la política de estabilización y hay mucha experiencia en distintos países que muestra que tiene ventajas, pero también desventajas al mismo tiempo. Entonces, el hecho de que la parte menos predecible de la política económica haya sido el mix de política monetaria y cambiaria se vuelve un problema para las expectativas.
Hemos tenido cuatro esquemas desde que arrancó el gobierno. Primero fue un deslizamiento preanunciado del precio del dólar, del tipo de cambio, al 2% mensual. Después se pasó a un deslizamiento preanunciado del 1% mensual. Luego entraron en abril del año pasado las bandas cambiarias, donde el techo de la banda se deslizaba al 1% mensual, pero partiendo de un nivel más alto. Y ahora, a mediados de diciembre del año pasado —o sea, hace meses— aparece este cuarto esquema, donde seguimos con bandas cambiarias, pero el techo de la banda se indexa.
A su vez, la política monetaria es muy volátil porque no se basa en un objetivo como el que tiene Brasil, donde el Banco Central define una tasa de interés, sino que responde a un objetivo de agregado monetario que hace que la tasa de interés fluctúe mucho. Entonces, el hecho de que haya habido cuatro experiencias distintas a lo largo de este período puede estar afectando el tema de las expectativas. Ese es un aspecto en el cual hemos insistido respecto de que tendría que haber un avance más rápido y contundente hacia un esquema monetario a la peruana y eso sigue siendo una posibilidad.
Pero en el momento actual, para recuperar grados de libertad en la política económica, lo más importante debería ser focalizar en bajar el riesgo país y por eso revisar los memos de Alejandro Lew, que proponía algún canje al estilo ecuatoriano. Porque aun pagando un 9% anual por los nuevos bonos, más largos y con vencimientos más extensos, podría ser útil para la macroeconomía argentina despejar ese horizonte.
Claramente, si hacemos 9% con un dólar que se deprecia en la Argentina respecto del peso frente a la tasa en pesos, termina siendo en dólares la tasa en pesos de la Argentina —por ejemplo, en los últimos meses— mucho más que el 9%.
El presidente está viajando a Córdoba a un evento en el que también hay parte, además de la bolsa, de la Fundación Mediterránea. ¿Cuál es el clima, el humor, el balance y la relación de Córdoba y de la Fundación Mediterránea con el presidente y cómo lo van a recibir?
En realidad, el evento lo organiza la Bolsa de Comercio. Hubo un evento con el ministro Caputo de la fundación hace pocos días atrás. El tema es que hay una serie de cuestiones de mediano y largo plazo que día a día ratifican que el camino es positivo. Esta crisis de Medio Oriente lo que hace es reafirmar el rol que Argentina puede tener como proveedor confiable de gas, petróleo y minería y, a su vez, el papel que puede tener como factor de competitividad contar con gas abundante y barato para todas las industrias que lo usan como insumo, y son muchas las que lo utilizan.
Entonces, Medio Oriente ratifica que a mediano y largo plazo las potencialidades de Argentina son positivas. Lo que hemos visto en algunos estudios recientes es que países como Australia, por ejemplo, que son muy importantes en el mercado mundial de energía y de minería, de todos modos tienen industrias relevantes y las han mantenido y robustecido.
Maquinarias, exportaciones de servicios muy masivas, o sea muy impactantes sobre sus cuentas externas. Es decir, no es incompatible desarrollar minería e hidrocarburos —o mejor dicho, no hay que optar—.
¿Por qué no es necesario optar?
Bueno, justamente porque estas actividades —el agro, la minería, hidrocarburos— demandan muchísimos insumos industriales aguas arriba del núcleo productivo. Entonces, la reconversión de las actividades industriales puede ocurrir en esa dirección, en la medida en que existan condiciones adecuadas. La reforma laboral está en vigencia, pero ahora aparece el tema del financiamiento como una restricción.
Vuelvo al tema del riesgo país. O sea, con un riesgo país de 560 puntos, para las industrias que tienen que reconvertirse parcialmente —no totalmente— para abordar mercados nuevos para ellas, como ser proveedores de estas cadenas vinculadas a recursos naturales, esa reconversión requiere financiamiento. Ahí aparece la cuestión del riesgo país.
Entonces Córdoba, digamos, es muy emprendedora, tiene un PIB muy diversificado en servicios, en industria, en agro. El tema laboral era un problema, pero ahora aparece en primer orden la cuestión del financiamiento.
Ahí está el tema de cómo resuelve la Argentina, cómo resuelve el gobierno, la cuestión de los vencimientos de deuda que no están cubiertos todavía y que hacen que el riesgo país siga tan elevado.
En Córdoba no se ve a nadie diciendo: “Volvamos a los cepos”. Se acepta el desafío, pero es un desafío donde existan los instrumentos. Vos fijate que el tema de la polémica sobre los empresarios, sobre el rol de algunos empresarios, las críticas que hace el gobierno, son contraproducentes en el sentido de que el problema no fueron los empresarios, el problema fueron los cepos. Cristina, a fin de 2011, recién reelecta, impuso severísimas restricciones en el mercado cambiario y en el mercado de comercio exterior y eso desencadenó 15 años de estanflación en la Argentina.
Entonces, al echarle la culpa a los empresarios se está diluyendo la responsabilidad que tuvo el gobierno de Cristina Kirchner en implementar los cepos que llevaron a que los incentivos de las empresas fueran a tener muy buenos gerentes financieros.
La bicicleta financiera fue lo que mantuvo a las empresas con vida durante 15 años de los cepos, pero los ingenieros de planta no tenían mucho rol porque, justamente, con precio del dólar paralelo 100% arriba del dólar oficial y con restricciones para exportar, el tema de la productividad de las empresas quedó en segundo orden.
Más ecología para una mejor economía
Pero eso fue responsabilidad de los cepos, no de la mala conducta de los empresarios. Ese tipo de cosas también ayudan a mejorar el diagnóstico para poder aprovechar estas oportunidades que están, pero que implican luchar mucho.
MV cp
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