Armonía sin uniformidad: China y la transición del orden global
En el Fifth Wanshou Dialogue on Global Security, realizado en Beijing, especialistas chinos y de más de treinta países presentaron su mirada sobre un mundo más incierto, competitivo y fragmentado.
El 1° de julio se cumplieron 105 años de la fundación del Partido Comunista de China (PCC), una efeméride que, en un momento de fuerte reconfiguración del orden internacional, adquiere una importancia que trasciende el calendario político local. Asimismo, este aniversario permitió volver a observar uno de los aspectos centrales de la experiencia china contemporánea: la planificación estratégica. El planeamiento no solo organiza la política doméstica china, sino también el modo en que Beijing interpreta y comunica su papel en el mundo.
En este sentido, el Quinto Diálogo de Wanshou sobre Seguridad Global, realizado recientemente en Beijing, puede leerse como otra expresión concreta de esa mirada analítica y prospectiva. Un espacio donde funcionarios, académicos y especialistas chinos dialogaron con representantes de más de treinta países sobre la transición del orden global, la seguridad internacional y el lugar del Sur Global para una arquitectura multilateral plural. Allí, una frase de Confucio, “la sabiduría busca armonía, no uniformidad”, resonó más de una vez durante las intervenciones. Podría parecer una cita meramente ceremonial, pero funcionó como una síntesis precisa del mensaje que varios académicos y especialistas buscaron proyectar: el mundo atraviesa una transición profunda y la respuesta no debería ser la imposición de un modelo único, sino la construcción de un orden multipolar, cooperativo y apegado a reglas.
El encuentro, organizado por la Chinese People’s Association for Peace and Disarmament (CPAPD), reunió a funcionarios, ex autoridades gubernamentales, militares retirados, académicos y especialistas de Asia, Europa, África y América Latina. El tema general fue la transición y reconfiguración del orden global de seguridad. Pero detrás de esa formulación apareció la discusión concreta de cómo se organiza la seguridad internacional en un escenario marcado por rivalidad tecnológica; fragmentación y desigualdad económica; crisis de gobernanza y nuevas vulnerabilidades globales.
A 105 años de la creación del Partido Comunista de China: las claves de una transformación histórica
Uno de los puntos centrales en este Diálogo fue la presentación de los lineamientos del 15º Plan Quinquenal de China, correspondiente al período 2026-2030. Este fue expuesto como una hoja de ruta de modernización y, al mismo tiempo, como un instrumento central de organización y conducción estratégica. En esa visión, crecimiento, innovación, mercado interno, transición energética, autosuficiencia tecnológica y seguridad nacional forman parte de una misma arquitectura. Ya no se trata simplemente de crecer más, sino de crecer reduciendo vulnerabilidades.
Este marco permite entender cómo en China se interpreta la coyuntura internacional. Para Beijing, la competencia global no se libra únicamente en el terreno militar o diplomático. También se juega en la inteligencia artificial, la computación cuántica, la tecnología 6G, la ciencia básica, las cadenas de valor y la seguridad energética. La modernización china no separa desarrollo de seguridad, al contrario, los combina. Dos conceptos fueron reiteradamente señalados a lo largo de este Diálogo: 1) La seguridad (interna y externa) es una condición sine qua non para un desarrollo sostenible; 2) Ningún país puede procurar su propia seguridad a costa de la seguridad de otro. Por ello el diagnóstico de los colegas chinos lejos estuvo de ser triunfalista. En el debate aparecieron desafíos significativos: envejecimiento poblacional, caída de la fertilidad, dependencia de importaciones críticas, infraestructura energética y estabilidad financiera. China proyecta crecimiento y confianza, pero también reconoce que su ascenso se produce en un entorno más exigente, competitivo y menos previsible.
El segundo eje sustantivo de este encuentro fue el denominado Holistic Security Approach, o enfoque integral de seguridad. La fórmula expresa una concepción multidimensional de la noción de “seguridad”: seguridad ciudadana, seguridad política, seguridad económica, estabilidad social, seguridad territorial, ciberseguridad, seguridad tecnológica, entre varias otras dimensiones. No es una mirada limitada a la seguridad humana ni tampoco exclusivamente militar. Es una doctrina estatal e institucional donde la protección de las personas se articula sinérgicamente con la continuidad del desarrollo, la estabilidad política y la preservación de capacidades nacionales. Allí aparece una diferencia relevante con algunas miradas de potencias occidentales. Para China, numerosos conflictos contemporáneos no pueden explicarse solo como disputas geopolíticas. También son resultado de desigualdades persistentes, déficits de desarrollo, exclusión social y fallas de gobernanza. Por eso, la paz no sería simplemente ausencia de guerra, sino la capacidad concreta de reducir vulnerabilidades estructurales.
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En el plano internacional, esa visión se traduce en una defensa del multilateralismo, de la Carta de Naciones Unidas y de una reforma de la arquitectura global que otorgue mayor lugar a los países emergentes y al Sur Global. Para América Latina y el Caribe, la discusión tiene una resonancia particular. La región suele ser objeto de estudio sobre seguridad global, pero rara vez logra incidir como sujeto colectivo sobre estas mismas problemáticas. Por eso resultan relevantes las experiencias regionales que pueden contribuir a una reforma “desde abajo” del sistema internacional. Un ejemplo que fue presentado en Beijing es el de la Red de América Latina y el Caribe para Operaciones de Paz de Naciones Unidas (RELACOPAZ), impulsada por el Ministerio de Defensa argentino en 2023 e integrada actualmente por 16 ministerios de defensa de la región.
El Wanshou Dialogue dejó, en definitiva, una enseñanza central: China piensa la seguridad como una dimensión inseparable del desarrollo y la modernización. Para América Latina, el desafío no consiste en adoptar acríticamente esa mirada ni en alinearse automáticamente con ninguna potencia. El desafío es comprender que el orden global se está transformando y que la región necesita pensamiento estratégico propio.
En un mundo que combina interdependencia y rivalidad, autonomía y cooperación, desarrollo y seguridad, la peor respuesta sería la improvisación y la desidia. La frase confuciana vuelve entonces con otro peso. Buscar armonía sin uniformidad no significa negar los conflictos o las diferencias, sino reconocer que ningún orden estable puede construirse sobre la imposición de un solo modelo. Para países como la Argentina, esa idea abre una definición urgente: cómo insertarnos en un mundo en transición sin renunciar a la autonomía, al desarrollo y a la capacidad de pensar con voz propia. Sin someterse a ningún otro Estado, sino solamente a nuestros propios intereses.
(*) Juan López Chorne es doctor en Seguridad Internacional, docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Exdirector nacional de Cooperación para el Mantenimiento de la Paz del Ministerio de Defensa.
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