El arte de viajar

De viajes y nuevos snobs

Un ensayo sobre los viajes como forma de redescubrirse, romper con las rutinas y mirar el mundo con otros ojos, en tiempos de globalización, consumo y nuevas formas de esnobismo.

Viaje en avión. Foto: Pixabay

De viajes: 

Al Viajar no  solo cambias de lugar, cambias la forma de ver el mundo

Nuevos snobs:

Nada es tan doloroso como ser como todo el mundo

Balzac.
 

Algunos tenemos realidades separadas, mundos paralelos donde se desarrollan actividades diversas, se maduran afectos, se reservan rencores y se aprende que nada de lo previsto o planeado al pasar de uno al otro sucederá como imaginamos .

Un vehículo, el avión me cambia de estación.

En tan solo pocas horas el calor se vuelve nieve, la lluvia Sol, la primavera y el otoño.

Imagino un intracuerpo de vísceras, sangre, fluidos en trance, en tránsito y en transición

La aspirina licua, el alcohol dilata, el clonazepam tranquiliza la comida promete y sobretodo miente.

Salir no es despedirse, llegar también es reencontrar, reconocer un gesto que fue cotidiano, una voz variable que fue tierna o altanera, un olor, una forma de pararse, de abrazar, de reir. Llegar incuba un renacer cuando visitamos familia o amigos.

Dejar por un tiempo el mundo que construimos, el lugar que elegimos para leer o escribir, la hendija exacta que filtre la primera luz de la mañana, abandonar el hueco que en las plumas de la almohada empolla la cabeza suavizando los sueños. Podemos agregar la intensidad del agua en la ducha, el largo de la bañadera donde estirar las piernas, la cama baja, casi japonesa que logra convertir el piso en un lugar confiable, las plantas detrás del ventanal del cuarto, las plantas detrás del ventanal de living, las plantas que detrás de la niñez que florecieron conmigo.

En el dormitorio, al lado de la cama, el arcón de madera que omite odiadas mesas de luz, allí los objetos pequeños parecen agrandarse con la distancia, la foto querida, los libros, un lápiz, unas gotas, los tapones para intentar amortiguar los sonidos del camión que vacía los containers de la calle de enfrente. Todo suspendido por viaje. Rutinas elegidas y rituales involuntarios que nos convierten en amables prisioneros.

Pienso en las horas que separan el lugar de llegada del que partimos. Horas necesarias para que el alma, (creo que aún late una) llegue al cuerpo, vuelva a poseerlo esperanzada con la curiosidad de lo nuevo por vivir.

Hábitos y ceremonias que nos habitan insisten en perdurar, dueños ya de nuestra voluntad colonizan libertades para diluir sorpresas.

Experimentar es la mejor manera de aprender el mundo cuando somos niños. Con los años, esa capacidad de aventura comienza a perder la carrera contra la pereza innata de la mayoría de cerebros y voluntades

Consumimos costumbres creyendo un vivir intenso.

Viajar es dejar de ser un poco uno mismo?, me pregunto. Se me dan bien las alturas, alguna complejidad en la calidad del oxígeno tiene sobre mi cerebro efectos de benéfico rumiante. En tierra natal, militante de la soledad. En tierra ajena

Experimento azorada la placentera sensación de pasar una temporada rodeada de gente, eso sí, en su mayoría no solo querida, sino elegida

Disfruté de actividades diversas, algunas de las cuales me habían sido familiares, no solo en el sentido que involucra a mi familia sino que varias fueron practicadas años atrás, Antes de aterrizar mi pregunta había sido contestada, aunque me es costumbre considerar toda respuesta completa como provisoria. Aunque no lo pidan, lo aconsejo.

Viajar es también dejar de ser un poco el que nos hemos convertido, paravolver a ser más parecido al mismo de antes. Antes de los años, antes se las mañas, antes se los gustos fáciles.

Antes de la splin, de la fiaca, de la inercia, del me lo imagino, ya lo vi, no me da, prefiero quedarme, ya no tengo edad.

Transitar el mundo, turistear lugares, descubrir, probar como una manera de desafiarnos a nosotros mismos, de interpelar lo establecido.

Cambiar el código, deshabituamos para despertar sentidos y elastizar los márgenes de tolerancia.

El cerebro se agudiza, los sentidos se exaltan, hay sinapsis efervescentes, metáforas, desafíos.

Casi por magia el olor que produce una hamburguesa sobre una plancha caliente dejó de ser desagradable al quedar unido a la imagen de New York, así como la cúrcuma y el azafrán a las calles de Marruecos. ¿A qué huele Buenos Aires?

Ciertas veces recuerdo las sensaciones al volver de mis primeros viajes, no solo yo volvía distinta, el país parecía cambiado, pero no, lo modificado era la mirada del que logró ver lejos y vuelve a focalizar el pago. Pero eso era antes. Ahora en estos años veo con dolor que es el país el que cambio, me había acostumbrado a su nueva realidad sin haberlo notado. Hace unos meses le escuche decir, no sin pena y asombro, a una amiga porteña que vive en NY “ lo deteriorado que está todo”

Pensé que su mirada estaba sesgada por la costumbre de caminar por la quinta avenida hacia su trabajo donde también otras innumerables ciudades perderían en la comparación. Luego entendí que no era ella sino yo la que me había acostumbrado a la indigencia, a lasuciedad, las obras abandonadas, los containers como vivienda.

Pero, mujer afortunada sigo viajando, buscando abrazar a mi familia por un lado y azuzando la curiosidad por experimentar lo desconocido en otros lares.

PERO……. Siempre hay uno: el inconveniente, en el mundo globalizado, lo diverso queda cada vez más lejos, más caro y más incómodo.

La globalización limó estupores, el intercambio entre las distintas culturas al mezclarse mató o redujo lo peculiar, la característica que era blasón de linaje en cada región, está desaparecida o vulgarizada.Los logos de las grandes marcas suplantaron apellidos ilustres, carreras exitosas o dotes excepcionales.

Una nueva manada de publicistas gratuitos, portan logos como si fueran elementos de distinción que desde hace años dejaron de serlo.

El esnobismo de la moda, se mezcló con el antiguo esnobismo mundano, donde el afán estaba puesto en pertenecer.La decadencia de una cierta aristocracia fue mal reemplazada por el jet set donde lo que se busca es diferenciarse, ser vanguardia, descubrir, inventar. El “ buen gusto” como una forma de status.

El snob mundano valora contactos. El de la moda, códigos, dime lo que usas y te diré que eres.

La finalidad, tomar distancia, diferenciarse.Huir de lo masivo y resaltar lo individual en una búsqueda constante. Viajamos cada vez mas lejos para generalmente lo mismo. El extranjero es cada vez más extraño.

Debo confesar que, enrredada en mis propias disquisiciones, he constatado que soy algo snob, mala mía.

Pero más allá de todo, siempre habrá algo interesante por descubrir, debemos“salir del agujero interior”, pero salir, del barrio, de la ciudad, del país sí se puede.

¡Quedarse, es quedarse! Si el lugar siempre es el mismo, nosotros no lo somos, la inmovilidad del cuerpo detiene la cabeza.

Podemos hacer del mundo globalizado un desafío que nos obligue a explorar con mayor profundidad aquello que estemos buscando, aunque no lo sepamos.