El 10 hubo celebración y el 12 pedido de renuncia en el Museo Malvinas
Dos días después de la reivindicación de la soberanía nacional, un grupo ingresó al predio ubicado en la ex ESMA, solicitando la renuncia de su director, el coronel (r.) Augusto Vilgre La Madrid. La autora habla de “la pobreza histórica sesgada por una ideología que ve en todo uniformado un peligro dictatorial”.
En la mañana del 12 de junio se presentaron varias personas en el Museo de Malvinas e Islas del Atlántico Sur ubicado en el predio del Espacio para la Memoria, Verdad y Justicia (ex ESMA) colgando carteles con el rostro de su director, el coronel Re. Augusto Esteban Vilgre La Madrid pidiendo su renuncia. Por las publicaciones en redes, en donde se denuncia que entraron militares armados en signo de provocación, se cree que los que llevaron el escrache son parte de las organizaciones de Derechos Humanos, especialmente H.I.J.O.S en complicidad con empleados del Museo disconformes con su gestión.
Esta situación se debe a que el 10 de junio el Museo llevó a cabo la conmemoración de la reafirmación de la soberanía del Atlántico sur bajo la Ley 20.561 que surgió en el año 1973 durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón. En ella se estableció el 10 de junio como Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas y Sector Antártico. En ella se instaba a disponer de actos conmemorativos en escuelas, Fuerzas Armadas y dependencias públicas, con clases y conferencias sobre los antecedentes históricos y jurídicos de la reivindicación argentina.
Asimismo, se impulsaba a ordenar el embanderamiento e iluminación de los edificios públicos como protesta por las agresiones sufridas por la República en esa región austral. La fecha fue elegida en homenaje a la creación de la comandancia militar de Luis Vernet.
En este marco y aprovechando el aniversario de la creación del museo en el lugar que alguna vez fue escuela de la Armada, se organizó un evento abierto a toda la comunidad en donde además, se inauguraron las esculturas de los héroes Julio Cao y Eduardo Vallejo caídos en combate durante la campaña del Atlántico Sur en 1982.
Los soldados tienen una especial relevancia por sus historias. Cao es el soldado maestro que estando de baja del Servicio militar obligatorio, cosa que hizo aunque podría haberlo evitado por ser hijo de madre viuda y esposo, tras la recuperación del 2 de abril se presentó al cuartel para ir a Malvinas. Le negaron el viaje porque su mujer estaba embarazada, pero él se escondió como polizón y viajó hacia su destino.
Durante la guerra escribió memorables cartas a sus alumnos de grado contándoles lo lindas que eran las islas y todo lo que les iba a enseñar de ellas cuando volviera luego de defender la patria. Cuando se despidió de su madre y ella trató de convencerlo de que no fuera, él le respondió que no podría pararse frente a sus alumnos a hablarle de los grandes hombres del país si, cuando tuvo la oportunidad de colaborar en su defensa, él se escondía bajo excusas.
El otro, Vallejo, murió bajo un bombardeo haciendo la guardia de un soldado que sufría de pánico y al que sus superiores pusieron a resguardo. Vallejo se ofreció voluntariamente a cubrirlo. Hoy las estatuas doradas de estos guerreros llenos de amor por los suyos, tienen un lugar en un museo que durante años estuvo vacío de contenido sobre Malvinas, especialmente del suceso más importante y reciente como fue la guerra.
La agrupación H.I.J.O.S. denuncia la presencia de militares armados en la exESMA
Y aquí aparece el problema con el director, que además es veterano de guerra y que durante su posterior carrera militar se ocupó de sus compañeros sin cese, al punto de ser el creador del Centro de Salud para Veteranos, primer lugar en donde se ofreció asistencia psicológica a quienes fueron abandonados por el Estado durante décadas.
Vilgré Lamadrid es un hombre de acción, así que cuando fue nombrado en el Museo empezó una ardua tarea de cambios. Esa actitud no fue bien recibida por varios de sus empleados leales a las gestiones anteriores en donde la desmalvinización era el eje del guión. Hace años escribí un artículo que titulé El elefante blanco de Malvinas, porque el edificio es enorme y arquitectónicamente fascinante pero, además del poco material sobre la guerra, el discurso estaba totalmente ideologizado bajo el relato desmalvinizador ofrecido por el filósofo y sociólogo Alain Rouquié a Alfonsin de separar a los militares de la población civil para que se olvide Malvinas, causa que nos une a todos más allá de las diferencias partidarias.
La Guerra de Malvinas desde la trinchera, la verdadera historia
Y tras esto sería más fácil el desguace de las Fuerzas Armadas con el fin de evitar futuros golpes de Estado. Así, creció el relato de que los cuadros (oficiales y suboficiales) eran todos abusadores y los soldados conscriptos víctimas de éstos para llegar a la conclusión de que Malvinas era otro estadio de tortura y muerte de la dictadura militar.
Esta mezcla ideologizada de dos situaciones que sucedieron en el mismo marco histórico, llevó a que se promoviera el relato de que los militares de carrera eran los enemigos en vez de los británicos. La generalización de contadas y apartadas acciones de maltrato a los “colimbas” borró la historia real de que la mayoría de los ex soldados hablan bien de sus superiores, al punto que en el día de hoy se juntan como amigos. Doy fe de eso porque en mi labor de entrevistadora a VGMs para el programa Voces de Malvinas, los cientos que han pasado por ahí han dado testimonio de esa vivencia.
Durante años me reuní con algunos de los diferentes directores que pasaron por el museo denunciando la pobreza histórica del mismo así como su exposición sesgada por una ideología que ve en todo uniformado un peligro dictatorial aun cuando los actuales hombres de armas recién habían nacido o estaban en proceso de eso durante el llamado Proceso de Reorganización Militar.
Con esta mirada miope sobre una época compleja, en la sala donde se representa al cementerio de Darwin en Malvinas, en su entrada, se trataba peyorativamente al primer caído de la gesta; el capitán Pedro Giachino que muere el dos de abril durante la recuperación en combate con los ingleses. Se lo acusaba de represor y torturador cuando la realidad es que en los juicios que se hicieron no se pudo demostrar. Pero si así hubiera sido –como le expresé a uno de sus directores- esa triste situación debería ser expuesta en algunos de los otros edificios del espacio a tal fin y no en el de Malvinas donde es menester resaltar las acciones valientes y heroicas de nuestros hombres que lucharon en inferioridad de condiciones materiales y experiencia bélica.
Y así un montón de cosas se mezclaron, como el espacio a la lucha legítima de las Madres de Plaza de Mayo por sobre las acciones de las mujeres que cuidaron a nuestros heridos, especialmente las enfermeras o las madres de los caídos.
No se trata aquí de desmerecer el papel de las Madres de Plaza de Mayo, sino de que, más allá de la fotografía famosa donde una dice “las Malvinas son argentinas y los desaparecidos también”, ellas merecen la ubicación relevante en los otros edificios de la Ex ESMA.
Es que la mezcla aleatoria y simplista de cuestiones que sucedieron en nuestro país en paralelo, finalmente operan en contra de la historia clara y promueven el desinterés tanto por Malvinas como por los desaparecidos en quienes visitan el lugar.
Por eso la última gestión empezó a hacer cambios en el sentido de resaltar las acciones positivas que nos dejó un hecho tan lúgubre como es la guerra. Porque sí, aunque cueste imaginarlo, en medio de la miseria también aparecen acciones humanas destacables así como la creatividad criolla a la hora de resolver falencias. La idea es destacar las enseñanzas que pueden servir a las nuevas generaciones a ser mejores argentinos y patriotas en vez de lamentarnos eternamente por la tragedia y lo perdido.
En Malvinas se respetaron los usos y leyes de la guerra
Y como el 10 de junio, empezar a conmemorar fechas olvidadas por la mayoría de la sociedad. Así fue que hace dos días el Museo se llenó de familias, escuelas y una gran cantidad de Veteranos de Guerra. Para ello fueron invitados militares: los de la Banda se dedicaron a tocar las marchas patrióticas y los de intendencia realizaron un guiso de lentejas en una cocina de campaña para servir a todos los asistentes, además de pastelitos.
Sin embargo, a las pocas horas Página 12 viralizó una infamia: que en el Espacio Memoria, Verdad y Justicia los militares entraron con armas a hacer una provocación. Nada más lejos de la realidad: las únicas armas que habían eran réplicas que se utilizan para hacer muestras sobre lo que se usó en la guerra de Malvinas.
Y como Vilgré es militar y está haciendo los cambios que muchos malvineros esperamos durante años, rápidamente y maliciosamente se lo acusa de filo represor entre otras infamias. En esta descalificación de su persona y proceder, queda claro que quienes lo atacan son útiles al guión anterior del Museo en donde no se reconocía a los que pusieron el cuerpo en Malvinas en favor de intereses foráneos que buscan que la Cuestión Malvinas sea borrada de la memoria de nuestro pueblo.
*Tecnica en Comunicación
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