Mil días de Milei en mil palabras

El costo social de la estabilidad

A mil días de la llegada de Javier Milei a la Rosada, PERFIL ofrece las miradas de reconocidos políticos, periodistas, historiadores y analistas que recorren precisamente en mil palabras un gobierno que alteró el mapa político, puso en discusión viejas certezas y profundizó otras fracturas.

Reunión de Gabinete, este jueves 9 de Julio. Foto: NA

Para entender los mil días de Javier Milei en el gobierno, creo que hay que comenzar antes de su llegada a la Casa Rosada. Milei no apareció de la nada ni fue elegido simplemente porque una mayoría de los argentinos adhiriera de manera consciente a cada uno de los aspectos de su programa. Su triunfo fue la expresión de un profundo agotamiento político y social. Después de los cuatro años de Alberto Fernández, atravesados por la inflación, la pérdida del poder adquisitivo y una creciente sensación de fracaso, el peronismo llegaba a las elecciones de 2023 profundamente desgastado. Pero tampoco el macrismo consiguió convertirse en una alternativa capaz de canalizar ese descontento, puesla experiencia de Mauricio Macri había dejado su propia crisis económica.

Milei ocupó entonces un espacio que estaba vacante, el del rechazo radical a la política tradicional. Su promesa de ajuste no estaba escondida, sino que la motosierra era presentada como una virtud. Una parte del electorado eligió correr ese riesgo antes que continuar con lo que consideraba un modelo agotado. En ese sentido, Milei no fue tanto un voto a favor de una transformación, sino un voto de rechazo a los gobiernos anteriores. Esa condición resulta indispensable para comprender por qué una sociedad castigada por la crisis aceptó inicialmente un ajuste de una magnitud extraordinaria.

El principal logro que Milei puede exhibir después de mil días es indiscutible: la reducción de la inflación. La Argentina pasó de una situación en la que la inflación anual superaba el 200% a un escenario de aumentos de precios mucho más moderados. La estabilidad monetaria constituye un beneficio concreto, pues permite recuperar cierta capacidad de previsión y evita que los salarios pierdan valor a una velocidad permanente.La economía, después de la fuerte recesión inicial, consiguió recuperarse, pero esa recuperación no alcanzó por igual a todos los sectores. Una cosa es que determinados indicadores macroeconómicos mejoren y otra que esa mejora se traduzca en bienestar para la mayoría. 

Que disminuya la cantidad de personas que se encuentran por debajo de la línea de pobreza no significa que la distribución del ingreso se haya vuelto más equitativa.

Uno de los argumentos fuertes que presenta el Gobierno es la caída de la pobreza. Según el último dato oficial disponible, correspondiente al segundo semestre de 2025, el 28,2% de las personas se encontraba bajo la línea de pobreza, una reducción importante respecto de los niveles extraordinariamente elevados alcanzados durante 2024. Esto no significa necesariamente que la sociedad, en su conjunto, viva mejor que antes. La pobreza es un indicador que compara los ingresos de los hogares con el costo de una canasta determinada. Una familia puede superar por poco esa línea y continuar teniendo enormes dificultades para pagar el alquiler, los alimentos, las tarifas, el transporte, la salud o la educación.

Por eso es necesario distinguir pobreza de desigualdad. Que disminuya la cantidad de personas que se encuentran por debajo de la línea de pobreza no significa que la distribución del ingreso se haya vuelto más equitativa. Tampoco significa que hayan mejorado las condiciones de vida de todos los sectores. La desregulación de servicios y el aumento de determinados costos afectaron especialmente a sectores medios que, aunque no aparecen como pobres en las estadísticas, vieron reducirse fuertemente su capacidad de consumo y de ahorro.

Milei también transformó las formas de ejercer el poder. Su relación con la oposición, los sindicatos, las organizaciones sociales y buena parte del periodismo estuvo marcada por un enfrentamiento permanente. Y aquí la cuestión no puede reducirse a una cuestión de estilo.El problema no es que Milei tenga adversarios. El problema aparece cuando quienes discrepan dejan de ser considerados interlocutores legítimos y son convertidos en enemigos, obstáculos o personas moralmente descalificables. La política queda así reducida a una lucha entre quienes están de un lado y quienes deben ser derrotados del otro.El consenso aparece como una debilidad, la negociación como una concesión innecesaria y la crítica como una expresión de intereses inconfesables.

El ajuste modificó profundamente la relación entre el Estado y la sociedad. La reducción de programas, subsidios y políticas públicas fue presentada por el Gobierno como una forma de terminar con el clientelismo y devolver eficiencia al Estado. Pero el problema es que la retirada estatal no siempre fue acompañada por la aparición de alternativas capaces de garantizar los mismos derechos mediante el mercado.El resultado es una mayor incertidumbre para amplios sectores sociales. Quienes no son suficientemente pobres para acceder a determinados mecanismos de asistencia, pero tampoco tienen ingresos suficientes para afrontar cómodamente los nuevos costos de vivienda, salud, educación o servicios, constituyen una de las zonas menos visibles del ajuste.

La cultura ocupa un lugar particular en este proceso. El Gobierno cuestionó la necesidad de numerosas políticas culturales financiadas por el Estado y propuso una concepción en la que la cultura debe depender mucho más de la lógica del mercado. El recorte presupuestario afectó a organismos culturales, universidades, ciencia e investigación. Más que la desaparición completa de las políticas culturales, lo que se produjo fue un cambio en su concepción, pues la cultura dejó de ser considerada prioritariamente como una política pública y como un derecho colectivo para ser sometida cada vez más a criterios de eficiencia económica.

  En suma, después de mil días, Milei puede exhibir el logro fundamental de estabilizar una economía que parecía encaminada hacia una aceleración inflacionaria todavía mayor. Pero ese resultado tiene una contracara que no puede ignorarse. La estabilidad fue obtenida mediante un ajuste que tuvo costos muy importantes sobre los ingresos, el empleo, los servicios públicos, las universidades, la ciencia, la cultura y las políticas sociales. La pobreza descendió respecto de su extraordinario pico de 2024, pero eso no significa que la sociedad se haya vuelto más igualitaria ni que todos los sectores hayan recuperado el bienestar perdido.

 Puede pensarse que estabilizar una economía es una condición necesaria, perodebe señalarse que gobernar implica decidir para qué se la estabiliza, qué sociedad se quiere construir a partir de esa estabilidad y quiénes serán sus beneficiarios. Por lo que se ve hasta aquí, la sociedad que se está construyendo ofrece muy pocos motivos para celebrar.

* Doctor en Ciencias Sociales (UBA).