El endeudamiento como síntoma de los bajos ingresos
El 42,3% de las personas relevadas tuvo que endeudarse para comprar comida.
Hoy podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la Argentina vive una crisis sin precedentes relacionada con el endeudamiento en las familias. Endeudamiento que tiene un pico histórico récord en términos de morosidad.
Basta con ver los números del BCRA que dan cuenta de esto: se duplicó el porcentaje de personas con al menos una deuda en situación 3, 4 o 5 sobre el total del padrón de deudores, si lo comparamos con 2024 y 2026.
Ahora bien, es clave desmenuzar esto como un síntoma de algo más grave: el endeudamiento es parte de una crisis de ingresos, manifestada de manera aún más evidente en los barrios populares de nuestro país, que en el resto de la población.
Desde el Instituto Periferias realizamos una encuesta nacional precisamente en estos barrios populares de 15 provincias de nuestro país.
El objetivo fue articular a un grupo de profesionales, de la academia, con la realidad social en los márgenes, en los
barrios con más carencias. Pensamos que visibilizar esa realidad es indispensable para romper con los mitos formados a la deriva de la fragmentación social reinante.
Datos preliminares de un informe realizado por el instituto nos muestra que el 60% de la población de estos barrios tiene al menos una deuda, ya sea con el sistema formal o con familiares. Asimismo, 3 de cada 4 hogares denuncian no poder llegar a cubrir los gastos mínimos y casi siete de cada diez no pudieron acceder a alimentos saludables y nutritivos. Podemos arribar con estos datos a una simple
conclusión: el relato oficial de Milei en el que dice que “la gente se endeudó para ver el Mundial” es totalmente falso. De hecho, hay un cambio en el patrón de comportamiento de la sociedad argentina y su relación con las deudas. El endeudamiento deja de ser algo excepcional y se convierte en algo crónico y sistemático para poder garantizar la subsistencia.
Por otro lado, hay un vínculo directo entre deuda y alimentación. El 42,3% de las personas relevadas tuvo que pedir plata prestada o endeudarse para comprar comida; el 49,2% señala que en algún momento su hogar directamente se quedó sin alimentos; y un 37,2%
atravesó situaciones de inseguridad alimentaria grave, llegando a pasar días sin comer. Esto viene a confirmar mi hipótesis: ya no estamos hablando de familias que toman crédito para adelantar consumos o adquirir un bien durable. Estamos hablando de deuda para
llenar la mesa. Cuando pedir prestado se vuelve una condición para comer, el endeudamiento deja de ser una decisión financiera individual y pasa a ser una expresión concreta del desastre económico que están viviendo millones de
argentinos. Aunque Milei diga que “nadie le puso una pistola en la cabeza a la gente para que se endeude”, lo cierto es que las propias características de su modelo económico están llevando a
millones de argentinos a pedir plata prestada para sobrevivir.
Por último, debemos decir que si no se recompone el poder adquisitivo de la gente, difícilmente vamos a poder observar algún alivio en el tema de la deuda. Y no es solo eso. Vemos como el ingreso de los trabajadores tiene un techo evidente, mientras que las ganancias de los bancos no tienen control alguno. Hoy existe una brecha difícil de justificar entre lo que el sistema financiero remunera por ahorrar y lo que cobra por prestar esos mismos recursos.
Según los últimos datos publicados por el BCRA, mientras un depósito a plazo fijo a 30 días remunera alrededor del 20,7% nominal anual, la tasa promedio de los préstamos personales alcanza el 69,5%, sin contar comisiones, impuestos y otros gastos que elevan el costo financiero total.
Es necesario que este gobierno considere como prioritario este problema, poniéndole un freno tanto a la usura y como a la crueldad que azota a diario a las familias de nuestro país.
* Sociólogo. Director del Instituto Periferias. Dirigente del movimiento Derecho al Futuro.
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