Esfuerzo cognitivo

IA: conversar más y delegar menos

El avance de los agentes artificiales plantea un riesgo más inmediato que la extinción humana: delegar pensamiento. Las empresas tecnológicas buscan “menos conversación y más delegación”, pero “usar inteligencia artificial para pensar no es lo mismo que utilizarla para que piense por nosotros”, apunta el autor.

ChatGPT Foto: Shutterstock

Durante décadas venimos preguntándonos si las máquinas pueden algún día acabar con la humanidad, pero fue la irrupción de la IA generativa, en noviembre de 2022, la que nos obligó a mirar esa posibilidad como algo concreto. 

Tal es así que, ya en 2023, líderes del sector como Sam Altman, Demis Hassabis y Dario Amodei firmaron una declaración que reclamó equiparar el riesgo de extinción provocado por estos sistemas con amenazas como las pandemias o una guerra nuclear.

ChatGPT popularizó esta nueva generación de inteligencia artificial a través de un entorno conversacional. Pregunta, respuesta, ajuste y corrección. Nació esa dinámica en donde es necesario guiar una conversación, formular una instrucción, recordar lo anterior, detectar los errores y decidir cuándo terminar.

La interacción  nos obliga a preguntar, leer, comparar, corregir, cambiar de idea y decidir. Suele presentarse hoy como una pérdida de tiempo, aunque tal vez sea parte de aquello que necesitamos preservar"

Ese modelo, sin embargo, está empezando a quedar atrás. La nueva etapa es agéntica y los sistemas ya no buscan solamente conversar, sino actuar. Pueden recibir un objetivo, dividirlo en tareas, usar herramientas, navegar por la web, controlar entornos y coordinar -a su vez- otros agentes. La propuesta de las empresas tecnológicas parece clara, menos conversación y más delegación.

Eso promete enormes beneficios en la productividad, pero también introduce un riesgo menos apocalíptico y más inmediato. El de dejar de ejercitar aquellas capacidades que hacen posible nuestro pensamiento.

Sam Altman, Demis Hassabis y Dario Amodei firmaron una declaración que reclamó equiparar el riesgo de extinción provocado por estos sistemas con amenazas como las pandemias o una guerra nuclear"

Cuando mantenemos una conversación con una IA necesitamos tiempo, reflexión, memoria y atención para formular lo que buscamos, interpretar las respuestas y decidir cómo continuar. Si, en cambio, entregamos un objetivo y volvemos únicamente para recibir el resultado, buena parte de ese recorrido desaparece.

Distintas investigaciones empiezan a mostrar señales en esa dirección (Microsoft Research, 2025; MIT Media Lab, 2025; Scientific Reports, 2026; UBA-IALAB, 2026, etc.). 

El uso de inteligencia artificial puede reducir el esfuerzo mental y favorecer formas de delegación en las que parte de nuestro razonamiento queda en manos del sistema.

Esto no significa que la tecnología necesariamente nos vuelva menos inteligentes, pero sí que puede reducir la necesidad de ejercitar determinadas capacidades cuando decidimos delegarlas sistemáticamente.

Ahí aparece una distinción que será cada vez más importante. 

Usar inteligencia artificial para pensar no es lo mismo que utilizarla para que piense por nosotros.

Por eso, el entorno conversacional debe subsistir para conservar algo que la automatización no debería eliminar, la fricción cognitiva. Esta interacción nos obliga a preguntar, leer, comparar, corregir, cambiar de idea y decidir. Suele presentarse hoy como una pérdida de tiempo, aunque tal vez sea, precisamente, parte de aquello que necesitamos preservar.

Pero esta idea no propone romantizar cada tarea porque automatizar procesos repetitivos, búsquedas mecánicas o trabajos estandarizados puede liberarnos tiempo para actividades más complejas. El problema surge cuando dejamos de distinguir entre las tareas que conviene delegar y los procesos que necesitamos seguir realizando para comprender lo que hacemos.

El fenómeno agéntico nos obliga entonces a discutir algo más que seguridad o control. También tenemos que pensar cómo relacionarnos con estos sistemas para mantener espacios de esfuerzo cognitivo. A veces será mejor pedir un resultado y otras, conversar hasta encontrarlo.

Quizás dentro de algunos años convivamos con sistemas tan potentes como los que imaginan quienes advierten sobre riesgos existenciales. Pero hay una decisión que no necesita esperar que eso suceda. Nuestro esfuerzo no debe estar en limitar lo que las máquinas puedan hacer, sino en preservar aquello que no deberíamos dejar de hacer nosotros. A conversar más y delegar menos.


MM.

*Funcionario de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires; docente de posgrado en la Universidad de Buenos Aires, Lomas de Zamora, Salamanca, Collège de París; autor de “Prompt Engineering. Teoría y práctica para el uso adecuado, estratégico y responsable de la IA generativa”; Máster en Legaltech y Gestión Digital (Universidad de Salamanca), Máster en Inteligencia Artificial ( Centro Europeo de Postgrado); Director del Laboratorio de Innovación Tecnológica de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora; Director del Área de IA y Justicia en el Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.