En su mensaje ante la Expo Argentina Oil & Gas, el Presidente reconoció en Neuquén dificultades con la inflación y la actividad. Rara vez Javier Milei se detiene en las señales negativas de la economía real. Aunque atribuyó sus causas a factores externos -un mundo por demás convulsionado-, ayer lo hizo.
Fue en el comienzo de su discurso, leído, aunque abundante en notas al pie. Milei admitió que “la discusión hoy es que se desacelera el crecimiento y la inflación baja más lento de lo que esperábamos”. Y también que “se crece a dos velocidades; antes no se crecía, directamente”.
Lo inusual es que el Presidente dio por buenas las observaciones que se le vienen haciendo a él y a su equipo económico desde hace largos meses, cuando antes las negaba. No se trató en sentido literal de una autocrítica sino, por la vía de reivindicar el programa económico, de dar registro de un estado de cosas, de reconocer el tipo de conversación económica que se mantiene hoy en la Argentina.
Dijo el Presidente: “¿Ustedes se imaginan si en este momento Argentina tuviera que ir a buscar al mundo 60.000 millones de dólares para financiar al fisco y además arrancar con la balanza energética entre 20.000 millones y 25.000 millones de dólares abajo? En el viejo modelo, hubiéramos volado por los aires, tendríamos una hiperinflación, caídas del PBI en torno al 10 o 15%. Y la discusión hoy es que se desacelera el crecimiento y que la inflación baja más lento de lo que esperábamos. ¿Se dan cuenta cómo cambió la discusión? Es decir, en otro contexto de la historia argentina, hubiéramos volado por los aires y ahora es: ‘No que si se crece a dos velocidades’. Se crece a dos velocidades, antes no se crecía directamente”.
El recurso de Milei recuerda a cuando en agosto el ministro Luis Caputo dijo que flexibilizar las condiciones para que las empresas tomen créditos en dólares “ayudaría a reactivar la economía”. Una economía que, se insistía, no paraba de crecer. Los hechos son obstinados y en algún momento que inevitablemente llega la narrativa oficial los incorpora, como por accidente.
En el corazón del shale, Milei pintó sin embargo un panorama idílico. “Argentina está generando una revolución subterránea que, cuando salga la luz, se va a convertir en un paraíso”. Subido al récord de exportaciones de septiembre conocido horas antes -superó los US$ 10 mil millones por primera vez en la historia- Milei no promete menos que el cielo en la tierra.
Lo curioso es que el “shock externo negativo” con el que Milei justificó una eventual recesión técnica -dos trimestres consecutivos de contracción en la actividad- y la inflación rebelde es el mismo fenómeno que empuja al alza los precios internacionales del petróleo y el gas y las cantidades exportadas desde la formación neuquina que robustecen el superávit comercial.
Contradicciones
El Presidente no abandonó sin embargo sus contradicciones.
Entre las innumerables descalificaciones a sus colegas economistas, cuestionó que “un imbécil” haya dicho que “si le descontamos a la Argentina la energía, el agro y la minería, el país no crece”. Una diagonal que en marzo, cuando el IPC se aceleró al 3,4%, Milei había empleado ante empresarios cuando consideró que “sin la carne, la inflación habría sido del 2,5%”. No difiere del artificio de cuando privilegia la medición tendencia-ciclo al estimador mensual de actividad, pero usa la medición punta a punta para decir que la economía creció 6,7% en su primer año de gestión (aunque cayó 1,7% en la medición promedio anual). O cuando elige privilegiar la inflación mayorista cuando es menor a la minorista (que no ha sido el caso de septiembre).
Para Milei, el futuro es un refugio
Sorprendió este lunes Milei al insistir con su interpretación, cargada de literalidad infantil, sobre el ingreso disponible y volvió a negar enfáticamente que muchos argentinos “no lleguen a fin de mes”. Alguna vez arriesgó que si así fuera, las calles estarían sembradas de cadáveres. Ahora fue menos siniestro, pero se preguntó "¿cómo viven diez días sin comer ni beber?".
El fenómeno que intriga al Presidente puede explicarse, además de en razones vinculadas a la sociología, por el endeudamiento de las familias y las altas tasas de morosidad. Imaginemos que Milei niegue tal cosa: como se lo adjudicó a la inflación y el estancamiento, podría, si lo desea, forzar las cosas y atribuir la insuficiencia del ingreso al contexto internacional. Es lo que subyace detrás de las protestas en Francia, Italia y España, aquello que parece haber encaminado a Donald Trump hacia un desastre en las elecciones de medio término en EE.UU. Un problema global, originado en la hiper concentración del ingreso, y agudizado por el alza en el costo de vida que han provocado en todo el mundo las guerras en Oriente Medio y Ucrania.
El Presidente viajó anoche a Madrid, donde participará de encuentros privados y será recibido por la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso. Ayer circulaba un comunicado de repudio de estudiantes de la Universidad Rey Juan Carlos (es universidad pública) a la exposición que hará allí junto al economista "austríaco" Jesús Huerta de Soto. Denuncian que es de asistencia obligatoria, con evaluación.
Antes de partir, Milei dejó un estropicio a resolver en el Congreso. Ayer se suspendió el plenario de comisiones en Diputados que debía debatir el proyecto de ley de defensa de la soberanía en Malvinas. A la falta de firmas para lograr dictamen se sumó una situación de desconcierto ante las presiones que estaría haciendo EEUU frente al riesgo de sanciones a empresas de ese país que, de manera indirecta, participen del proyecto de explotación del yacimiento Sea Lion, llevado adelante por los isleños en aguas territoriales argentinas.
La falta de respeto en la era de la desvergüenza
Las sanciones son nada menos que el corazón del título I del proyecto de ley. Un jefe de bloque opositor sugirió mirar hacia la interna del Gobierno para entender qué está pasando: “Los que en Estados Unidos incentivaron a Santiago Caputo a avanzar con la cuestión Malvinas no necesariamente representan los intereses de los Estados Unidos”.
El giro malvinero amenaza con derivaciones inesperadas para el estratega político del Gobierno. También para Milei.