Música electrónica y emancipación femenina
Se reconoce a Maddalena Casulana (c.1544-1590), compositora del renacimiento tardío, como la primera mujer que publicó un libro de composiciones bajo su propio nombre (Muñiz Rueda, 2025). Pionera en la defensa de la participación de ellas en las artes musicales, ha sido reivindicada como un referente del feminismo musical.
Aún así, el camino de la legitimación femenina sería sumamente áspero. Nannerl Mozart (1751-1829), hermana mayor de Wolfgang, fue reconocida en su infancia como prodigio del clavecín y el violín. No obstante, por el hecho de ser mujer, se le prohibió continuar con su carrera artística.
En el siglo XIX el Código Civil napoleónico sometía legalmente a la mujer francesa a la autoridad del marido (Lentz, 2020), cuestión que para muchas compositoras se convirtió en una condena al anonimato. Al respecto, singular es la situación vivida por Augusta Holmès (1847-1903), quien se vio obligada a registrar sus primeras canciones bajo el seudónimo de Hermann Zenta. Simular ser varón fue la estrategia para que su familia no descubriera que había elegido la música como proyecto de vida.
Surge en los 1920 la voz de Virginia Woolf y su crítica a las leyes patriarcales. Ahora el feminismo actúa como un poder alternativo que no solo resiste, sino que produce nuevas formas de legitimidad y organización social (Rosa Cobo, 2017). En la genealogía de la música electrónica, tal singularidad se manifestó a partir de mujeres que, desplazadas de los circuitos tradicionales, encontraron en la experimentación sonora un territorio de emancipación.
En una suerte de cambio de época, irrumpe Else Marie Pade (1924-2016). Su figura se agiganta a partir de enfrentar al nazismo repartiendo diarios clandestinos y fabricando bombas caseras. Es encarcelada y torturada. Impedida de continuar con su carrera de pianista, se convirtió -independiente del género- en la primera compositora de música electrónica de Dinamarca.
Cofundadora del Taller Radiofónico de la BBC (1958), la inglesa Daphne Oram (1925-2003) inició sus experimentos musicales manipulando ondas sonoras de manera gráfica. Al año siguiente funda su propio estudio donde desarrolló una tecnología -Oramics- consistente en dibujar formas y patrones sobre un rollo fotográfico de 35 mm. Dichos trazos serían interpretados por una máquina de creación propia, transformándolos en sonidos electrónicos. La creatividad femenina surge como otra forma de resistencia cultural (McRobbie, 1991), rasgo que contribuyó al desarrollo del género electrónico.
Dada su inmensa popularidad, una mención especial merece Wendy Carlos (1939). Nacida con el nombre de Walter, en Rhode Island, su transición de género en un contexto cuestionador puede leerse como un acto de empoderamiento. Judith Butler (1990) sostiene que el género no es una esencia fija, sino una construcción performativa que puede ser resignificada. En ese sentido, Carlos no solo abrió un espacio de autonomía identitaria, sino que trasladó dicha libertad a su práctica musical.
A los 14 años Wendy construyó una computadora casera por la cual ganó una beca en la Feria de Ciencias de Westinghouse para estudiantes secundarios. Su encuentro posterior con Robert Moog, con quien colaboró en el perfeccionamiento del sintetizador modular, fue decisivo. Como nadie, Carlos llevó las posibilidades sonoras del instrumento a un nivel inesperado en Switched-On Bach (1968). El disco vendió más de un millón de copias, ganó tres premios Grammy y se convirtió en el primer gran triunfo comercial de la música electrónica.
Evidenciar el rol femenino en esferas de vanguardia no es un gesto de corrección política, es reconocer que la experimentación sonora con medios electrónicos nació, en buena medida, gracias a mujeres impedidas de cohabitar otros espacios artísticos. Así, la música electrónica, territorio sin tradiciones de género heredadas, fue uno de los primeros lugares donde lograron avanzar la frontera y firmar con nombre propio.
*Doctor en Educación, profesor del área de educación de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella.
** Periodista especializado en música, productor radial y locutor nacional.
También te puede interesar
-
Cómo cambió la protesta argentina
-
El problema del poder no reside solo en quién lo ejerce, sino en las condiciones bajo las cuales tiende a degradarse
-
Terrorismo, crimen organizado y soberanía en América Latina
-
Con Kicillof en la Feria del Libro hablando de teoría económica
-
La economía y la negación de sus orígenes
-
La crisis ambiental recoge el guante de los estoicos
-
La logística, el eslabón decisivo para escalar el eCommerce en Argentina
-
El peor combo
-
La pasión que la dictadura no pudo secuestrar