Quienes alguna vez se introdujeron en el mundo de la filosofía, habrán escuchado del estoicismo y sabrán que es una corriente filosófica que busca soltarle un poco las riendas a los problemas que van surgiendo a lo largo de la vida moderna.
El estoicismo es una herramienta que nos permite encontrarle una vuelta más amigable a aquello que nos acontece, seleccionando las verdaderas batallas.
Uno de los mayores problemas que hoy enfrentamos como mundo, es la crisis ambiental. Y acá vienen en auxilio algunos de los principios estoicos para calmar la “eco-ansiedad” que nos atraviesa a quienes más nos preocupa el cuidado del ambiente.
El guante de los estoicos
Para el estoicismo, la naturaleza es mucho más que el entorno en el que vivimos (cada vez más escasa en las urbes). Es también una fuente de conocimiento a descubrir y seguir. Marco Aurelio, por ejemplo, ya desde su época nos decía que vivir en sintonía con la naturaleza es sinónimo de actuar con razón y virtud. Este sabio, nos invita a reflexionar que respetar los ciclos naturales y adoptar prácticas sostenibles en nuestras vidas, nos puede hacer sentir un poco mejor.
Thoreau y la tragedia de la desforestación
Dicho esto… ¿cómo considerar la relación con los recursos naturales? ¿Consumís más de lo que verdaderamente necesitas? En este sentido, los estoicos nos vienen a hablar de templanza, recordándonos que esta es una de las virtudes principales para moderar nuestros deseos y nuestras acciones (aunque quizás hoy la mayoría ya hayamos completado un carrito de Shein o Temu y eso se vuelva un poco desafiante).
Nadie dijo que iba a ser fácil -advirtió Coldplay- pero reducir el consumo excesivo, descontrolado e innecesario en muchos casos, no solo beneficia al planeta que habitamos, sino que también nos libera de la insatisfacción constante de querer siempre más.
Otro concepto clave del estoicismo y que puede transformarse en una gran herramienta para la vida, es la dicotomía del control. Este concepto nos permite entender que muchas veces, por más que no vaya a favor nuestro, debemos aceptar que no podemos resolver la crisis ambiental global individualmente, pero sí podemos aportar granitos de arena en lo personal, que tendrán un impacto positivo y un contagio colectivo.
¿Consumís más de lo que verdaderamente necesitas? En este sentido, los estoicos nos vienen a hablar de templanza..."
Muchas veces no podremos controlar las decisiones de grandes corporaciones, pero sí optar por apoyar empresas que buscan reducir su huella ecológica con acciones concretas como consumir menos plástico, ahorrar energía o reciclar. Esas tres cosas, guiadas por la virtud y la razón, generan un gran impacto positivo en el ambiente.
Los estoicos veían la simplicidad como un puente para alcanzar la libertad interior. Séneca, uno de los más famosos, nos dejó un consejo bastante polémico: practicar la pobreza voluntaria para aprender a vivir con menos y superar el miedo a la carencia. Si lo pensamos en términos ecológicos, este consejo podría interpretarse como una forma de adoptar un estilo de vida más minimalista, disminuyendo el desperdicio, valorando y priorizando lo esencial.

Crisis ambiental
Imaginémonos adoptar este hábito en nuestras casas, optando por arreglar en vez de reemplazar; comprar productos locales, de buena calidad y con mayor durabilidad: o incluso cultivar algunos de nuestros alimentos… ¿Cómo afectarán nuestros hábitos actuales al mundo que heredarán nuestros nietos? Aunque no parezca cercana ahora, lo harán. Y de eso trata la justicia estoica: actuar en beneficio del bien común, teniendo un propósito más elevado.
Resulta hoy urgente y necesario, en nosotros urbanos modernos, reconectarnos con la naturaleza. El estoicismo nos ofrece cultivar la gratitud hacia el mundo natural y entender su papel en nuestra existencia. Admirar la naturaleza no sólo inspira sino también nos da la creatividad necesaria para salir de la desconexión con nosotros mismos.
Volver a conectar con nuestros orígenes y nuestra Tierra.
Hoy en día hablamos mucho del tiempo, pero sobre todo de su ausencia, la escasez del tiempo. Deberíamos dimensionar que en realidad somos nosotros mismos los responsables –nuevamente- de lo que hacemos con nuestro tiempo –o su falta-. En vez de desperdiciarlo, idolatrando la vida de alguien más en Instagram, podríamos tomar el impulso de convertirlo en una experiencia propia.
Perder la vida silvestre sería el peor de los negocios
Salir a dar un paseo por algún parque o reserva natural, despegar la cabeza del suelo y observar qué pasa en el cielo, las estrellas, elatardecer, el vientito en la cara. Esto fomenta nuestro bienestar personal y nos recuerda algo que teníamos olvidado: somos parte de todo este ecosistema que nos rodea.
Integrar los principios del estoicismo y la naturaleza a nuestras vidas no solo es algo alcanzable, sino necesario en el contexto actual. Puede incluso ser el comienzo de un viaje nutritivo hacia el interior personal.
Vivir en armonía con el ambiente cultiva nuestra templanza. Sólo cuando apreciemos la naturaleza, podremos quererla y así, protegerla.