Desde hace mucho tiempo, la horticultura doméstica dejó de ser una actividad secundaria incluida en la jardinería para consolidarse como una disciplina con peso propio.
Actualmente, existen espacios verdes —patios, balcones, terrazas— dedicados exclusivamente a estos cultivos.
Esto se debe a que, entre sus ventajas, la huerta permite asegurar la base de la pirámide alimenticia, observar la naturaleza de cerca y generar una relación más consciente con lo que comemos.
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En el plano gourmet, es difícil resistirse al toque especial que adquieren las comidas cuando, por ejemplo, se reemplaza una especia seca por una fresca sobre una tostada untada con queso. ¿Qué se necesita para lograrlo
Luz solar en la huerta: cuántas horas requieren las hortalizas
La luz solar resulta clave para el cultivo de hortalizas, ya que permite que las plantas realicen la fotosíntesis —produzcan su alimento— y se desarrollen saludablemente.
En la mayoría de los casos, la huerta requiere al menos seis horas de sol directo. Cuando esto no ocurre, las plantas suelen crecer débiles y estar expuestas a una mayor probabilidad de enfermarse y ser atacadas por plagas.

Sin embargo, en zonas con radiación solar muy intensa, durante el verano, puede resultar conveniente instalar una malla de media sombra —como sucede en muchos lugares del norte argentino—.
Si el sitio recibe menos luz, alrededor de unas tres horas de sol serán suficientes para cultivar algunas especies cuyas hojas son comestibles, especialmente, aromáticas o verduras de hoja como la rúcula.
Huerta en suelo o en macetas: una elección según el espacio disponible
La dimensión disponible y sus características son algunas de las variables que determinan si el cultivo es factible de realizarse en el suelo o en macetas. Y no solo eso, sino también, qué especies resultarán adecuadas para el lugar.
Si la huerta se instala en el suelo, conviene que el cantero tenga aproximadamente un metro de ancho y no más. Esta medida permite trabajar con comodidad desde ambos lados.
Cuando el cultivo se lleva a cabo en macetas, el tamaño del recipiente condiciona el tipo de planta. Las especies que producen frutos, como los tomates, requieren contenedores grandes.
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Se recomienda una capacidad mínima de treinta litros; en especial, si se trata de cultivos que necesitan tutorado —ser sujetados a una estructura— como es el caso de esta solanácea.
Las macetas deben contar con orificios de drenaje. En general, cuando hablamos de las plantas de estación, no es necesario colocar piedras para mejorar el drenaje.
Suelo y sustrato: la base para una huerta sana y productiva
Un suelo o sustrato adecuado resulta fundamental para el correcto desarrollo de las plantas. En ambos casos, deben ser ricos en materia orgánica, tener un pH aproximado de 6 y contar con un buen drenaje.
Cuando el cultivo se hace en el suelo, para mejorar su estructura y asegurar nutrientes, conviene mezclar los primeros veinte centímetros de tierra (suelo) con compost. No se recomienda incorporar restos orgánicos frescos —como cáscaras de papa— directamente en el cantero. Durante su descomposición, los microorganismos consumen oxígeno y nitrógeno, recursos esenciales para las raíces y la planta en general.

Por otro lado, para el cultivo en macetas, es aconsejable utilizar un sustrato formulado para huerta. Si se emplea suelo, este tiende a compactarse en los contenedores, y es muy probable que no tenga las características necesarias para que las plantas se desarrollen adecuadamente.
Qué plantar según la estación: cultivos de otoño-invierno y primavera-verano
Para lograr una huerta variada, es importante consultar con el proveedor de semillas y plantines. Este intercambio con un profesional permite conocer qué especies se adaptan mejor a cada estación y a la zona, así como planificar una producción escalonada durante el año.
En general, se distinguen dos grandes temporadas:
Huerta de otoño-invierno: Acelga (Beta vulgaris), espinaca (Spinacea oleracea), zanahoria (Daucus carota), rúcula (Eruca sativa), rabanito (Raphanus sativus), brócoli (Brassica oleracea “Italica”), coliflor (Brassica oleracea “Botritis”), lechuga (Lactuca sativa), kale (Brassica oleracea “Acephala”).
Huerta de primavera-verano: Tomate (Solanum lycopersicum), berenjena (Solanum melongena), ají (Capsicum annum), zapallito (Cucurbita máxima), pepino (Cucumis sativus), chaucha (Phaseolus vulgaris), albahaca (Ocimum basilicum), papa (Solanum tuberosum).
Al momento de elegir variedades, es esencial considerar que algunas especies no toleran el trasplante. Por ejemplo, la zanahoria debe sembrarse siempre en el lugar que se determine como definitivo.
Otras especies pueden sembrarse primero en almácigos —bandejas de germinación, macetas— y trasplantarse cuando cuentan con alrededor de seis hojas. Este método se utiliza con muchas plantas ya que además permite un mejor manejo de la huerta: tomate, ají, albahaca, acelga, berenjena.
Riego en la huerta: cómo y cuándo hacerlo para prevenir enfermedades
Una huerta exitosa siempre está ubicada cerca de una fuente de agua que sirva para regarla. Hecha esta aclaración, durante el invierno, conviene regar a media mañana, cuando la temperatura comienza a elevarse. En verano, resulta preferible hacerlo más tempran
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De este modo, se evitan temperaturas bajas, que reducen la actividad de las raíces y la absorción de agua, y también las altas temperaturas, que aumentan la evaporación del agua en el suelo o sustrato.
Asimismo, se recomienda regar sin mojar la parte aérea de la planta —tallo, hojas, flores, frutos—, ya que la humedad favorece la aparición de enfermedades, en su mayoría, de origen fúngico.
La cobertura del suelo o del sustrato —con hojas secas u otro material adecuado para esto— constituye una práctica muy beneficiosa. Permite conservar la humedad, reduce el crecimiento de las malezas y protege las raíces frente a las temperaturas extremas.
Plagas y enfermedades: claves para prevenirlas de forma ecológica
Si bien las plagas y enfermedades están presentes durante todo el año, en climas templados, como el de Buenos Aires, aparecen con mayor frecuencia e intensidad en primavera y verano.
En primavera, luego del frío que obliga a las plagas a estar “guardadas”, retoman su actividad y encuentran brotes tiernos; mientras que la combinación de humedad y temperatura más elevada favorece la aparición de hongos. En verano, la abundancia de frutos atrae insectos y otros animales, como los pájaros.
Para reducir el impacto de las enfermedades, se señala reiteradamente la idea de ubicar la huerta a pleno sol, asegurar una buena circulación de aire —mediante un adecuado espaciamiento y la eliminación de follaje excesivo—. Y, también, aplicar el agua de riego directamente sobre el suelo o sustrato.
Con el objetivo de disminuir el ataque de las plagas, se recomienda incorporar plantas con aromas fuertes, rotar cultivos —no repetir tomate en el mismo sitio, año tras año—, eliminar malezas y partes dañadas o pasadas, y utilizar redes protectoras frente a animales.
Si la huerta ha sido atacada, existen productos ecológicos, como el jabón potásico, indicado para eliminar las principales plagas: pulgón, mosca blanca, cochinilla y arañuela roja.
Producción continua: cómo mantener una huerta activa todo el año
Uno de los pasos decisivos para obtener una producción continua consiste en escalonar la siembra y el trasplante. La lechuga es un buen ejemplo, ya que crece con rapidez y se consume fresca.
También resulta importante cosechar flores y frutos en el momento adecuado para su consumo. Si permanecen demasiado tiempo en la planta, esta destina su energía a seguir el ciclo reproductivo y reduce la producción de alimentos.
Si hablamos de las especies de hoja, como la albahaca, diremos que conviene eliminar las flores antes de que formen semillas, ya que la planta disminuye la producción de follaje al iniciar su fase reproductiva.
Plantas “de moda” en Internet: qué tener en cuenta antes de incorporarlas
Las redes sociales se han convertido en una gran vidriera de la huerta. Allí aparecen especies o variedades poco habituales —como el pepino con púas (Cucumis anguria)—, que despiertan curiosidad y entusiasmo. Sin embargo, estos ejemplares pocas veces llegan a los viveros, florerías e hipermercados del barrio.
La producción de plantas para el jardín o la huerta responde a una lógica de escala: se cultiva aquello que tiene mayor demanda. Por esta razón, el camino hacia una huerta bien diversa suele estar en las semillas adquiridas en los comercios muy especializados.
Quienes deseen incorporarlas deberán verificar, como siempre que se adquieren semillas, que el sobre se encuentre cerrado de fábrica, con nombre común y científico, fecha de vencimiento y número de inscripción en el Registro Nacional de Comercio y Fiscalización de Semillas.
Esta información garantiza un mayor porcentaje de germinación y asegura que la especie destinada al consumo es la correcta: un aspecto fundamental cuando se trata de plantas destinadas a la alimentación.
LV CP