Durante años, el jardín fue pensado como un complemento estético de la vivienda. Hoy, esa mirada quedó atrás. Cada vez más estudios y experiencias coinciden en que un espacio verde bien diseñado mejora el bienestar físico y emocional, favorece la biodiversidad, regula la temperatura del entorno y promueve un uso más eficiente de los recursos naturales. Como resultado, también incrementa el valor de una propiedad.
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Sin embargo, muchos jardines fracasan antes de crecer. No por falta de plantas, sino por errores de planificación que se repiten con frecuencia. Desde elegir especies sin considerar el suelo hasta ignorar la orientación solar, los problemas suelen aparecer cuando se prioriza lo visual por sobre la lectura del entorno. Evitarlos es posible si se entiende que diseñar un jardín implica, antes que nada, observar.

Antes de plantar: cómo leer el suelo del jardín
Uno de los errores más comunes es comenzar a plantar sin conocer el suelo. El primer indicio suele estar a simple vista: observar qué especies crecen de manera espontánea en los alrededores o en espacios públicos cercanos permite inferir el tipo de terreno y sus condiciones generales.
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Para quienes no reconocen esas plantas, hoy existen herramientas digitales que facilitan la identificación a partir de una fotografía. Las fuentes confiables siempre brindan un nombre común y uno científico, escrito en latín. Verificar ese nombre científico en una segunda búsqueda ayuda a confirmar la especie y conocer con mayor precisión sus requerimientos.
El pH del suelo
El pH es un factor clave para la absorción de nutrientes. Cuando no coincide con las necesidades de la planta, el crecimiento se debilita, las hojas amarillean y la floración se reduce, aumentando la vulnerabilidad frente a plagas y enfermedades. Puede inferirse a partir de las especies presentes en la zona o medirse con un pHmetro, un instrumento sencillo y accesible.
Materia orgánica
La mayoría de las plantas prospera en suelos con buena cantidad de materia orgánica y drenaje adecuado. Un indicador positivo es encontrar, en los primeros centímetros del suelo, color marrón oscuro, raíces finas y pequeños organismos: señales de actividad biológica saludable.
Barrios cerrados y countries
En muchas urbanizaciones privadas, el suelo suele ser de relleno, frecuentemente de tosca, con escasa fertilidad. En estos casos, es habitual trabajar con lomadas de sustrato mejorado para generar condiciones mínimas de desarrollo. Ignorar esta realidad suele derivar en jardines que requieren un mantenimiento excesivo o que nunca logran consolidarse.

El clima y la luz solar en el diseño del jardín
El clima condiciona cualquier diseño: no demanda lo mismo un jardín en el norte argentino que uno en la Patagonia. Sin embargo, uno de los factores más subestimados es la luz solar.
En la Argentina, las áreas orientadas al norte reciben mayor cantidad de sol durante el año. Identificar esa orientación implica observar el recorrido del sol a lo largo del día o utilizar una brújula. Este análisis no solo define dónde ubicar cada planta según sus necesidades lumínicas, sino también cómo planificar los espacios de uso cotidiano.
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Algunas especies, por ejemplo, solo florecen con sol directo. Un caso conocido es el rayito de sol (Lampranthus multiradiatus), que abre sus flores únicamente bajo una exposición adecuada. Colocarlo en sombra es un error frecuente que lleva a pensar, equivocadamente, que la planta “no funciona”.
Paso a paso: cómo elegir las plantas
Otro error habitual es seleccionar plantas por su aspecto en el vivero sin considerar su desarrollo final. Diseñar un jardín implica anticiparse al crecimiento.
El proceso suele seguir una lógica clara:
- Primero, se define dónde habrá vegetación y dónde no.
- Luego, se trabajan las alturas y las formas, siempre en proporción con la edificación y el tamaño del terreno.
- Finalmente, se eligen texturas y colores: hojas grandes o pequeñas, floraciones monocromáticas o combinadas.
Agrupar especies con requerimientos similares de luz y agua evita la competencia entre plantas y reduce el mantenimiento a largo plazo. Un jardín equilibrado no es el que tiene más especies, sino el que logra que todas convivan en condiciones adecuadas.

Cómo plantar correctamente
Incluso con una buena planificación, una plantación incorrecta puede comprometer el resultado. Si la planta viene en maceta o bolsa de cultivo, debe retirarse con cuidado, sin romper el pan de sustrato. Dañar las raíces incrementa significativamente el riesgo de pérdida.
En el caso de ejemplares a raíz desnuda o en terrón, la plantación debe realizarse entre mediados de otoño y fines del invierno, cuando las temperaturas reducen el estrés del trasplante.
Una vez ubicada la planta, se recomienda formar un pequeño cuenco con el suelo alrededor del tronco. Esta técnica permite que el agua de riego se concentre en la zona radicular y favorece el enraizamiento inicial.

¿En qué época del año se puede hacer un jardín?
Existe la creencia de que los jardines solo pueden realizarse en primavera, pero se trata de un mito parcial. Desde hace décadas, en la Argentina, árboles y arbustos se producen mayoritariamente en contenedores, lo que permite trasplantarlos durante todo el año sin cortar raíces.
Este sistema reduce el estrés del cambio de ubicación y amplía las posibilidades de diseño en cualquier estación, aunque suele implicar un costo mayor. Con los cuidados adecuados, el jardín puede iniciarse en cualquier momento.
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