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Patentes medicinales y 75 mil cumpleaños

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Discutimos reglas de patentamiento de medicamentos y una agencia de evaluación para controlar las entradas al vademécum. Litigiosidad aparte, existen implicancias médicas y científicas. Patentes medicinales y regulación del vademécum afectan costos en salud, desarrollo científico e industrial, y el acceso a tratamientos. Y la prioridad es, en escasez, duplicar las terapias contra el cáncer, triplicar las de la diabetes y quintuplicar los pacientes tratados por hipertensión o colesterol elevado.

Las patentes medicinales dan exclusividad de mercado por un tiempo convencional, para aumentar los precios y sostenerla inversión. Pero la medicina observa que mal usadas resultan problemáticas. Angola, Mozambique, o Ruanda, con esperanzas de vida de 60 a 65 años, están entre los 160 países signatarios a los acuerdos. No producen medicamentos ni acceso, y la pobreza les impide importar lo indispensable. Allí, los precios derivados de la exclusividad crean inequidad. Se argumentará que el problema es la pobreza y no las patentes; pero es falaz: en cuestiones vitales, precios inaccesibles son errores de mercado.

Contrariamente, Israel, China, Corea del Sur, India, o Brasil, desarrollan sistemas farmacéuticos propios (industria, investigación, dispensa, y agencias reguladoras), y se transforman en innovadores. En la pandemia estas naciones pudieron autoabastecerse. 

¿Qué modelo queremos? Jugamos nuestro futuro sanitario. Finalmente, la exclusividad por patentes dura 20 años en la Argentina y el mundo. No hay racionalidad en llevarlas, con artilugios legales, a casi medio siglo para “promover la innovación” (en la era de la IA). El presidente Trump mismo dijo querer “terminar con la práctica de gambetear el sistema regulatorio para mantener monopolios”. La advertencia es universal.

Agencia de evaluación sanitaria. La mitad de los nuevos fármacos no superan médicamente lo existente, son siempre más caros, y terminan imponiéndose, causando ineficiencias importantes. Pensemos que la salud depende de prestaciones médicas que deben ser financiadas, priorizando un presupuesto limitado. Luego es indispensable evaluar la costo-efectividad de las propuestas innovadoras antes de agregarlas al vademécum.

En Argentina, la Anmat evalúa la seguridad, calidad, y eficacia de los nuevos fármacos. Pero no basta con que un medicamento sea “mejor que nada” (placebo); además debe demostrar mejoras incrementales de eficacia y conveniencia económica sobre lo existente. Sólo así podremos optimizar recursos finitos. La capacidad técnica de la Anmat debe ampliarse e incluir análisis de costo-efectividad, sin mayor burocracia.

Pacientes esperan. En Argentina, 25% de las personas muere antes de los 70 años; en Japón el 8%. Luego debemos ser tres veces más eficientes, y festejar 75 mil cumpleaños de 70 nuevos cada año. Los recursos para la salud no son limitados por el ajuste presupuestario sino por el tamaño de la economía y las ineficiencias de su organización. Cuando una legislatura cuesta lo que dos hospitales de alta complejidad, elegir jueces en una provincia cuesta más que todo el sistema científico argentino, y una defensoría del pueblo cuesta cinco veces lo que el Instituto Balseiro, entonces las prioridades no son los 75 mil cumpleaños.

* Doctor en Medicina.