Augusto Marini: “El Estado argentino hace cinco meses que no me paga y me debe más de $5.000 millones”
El dueno de los canales de streaming Blender y Carajo ganó un contrato millonario con Trenes Argentinos, pero niega haber sido "privilegiado" o tener vínculos con el Gobierno. La búsqueda por hacerse un lugar en el establishment.
“Quiero explicar que no fui beneficiado. Es más, a mí el Estado argentino hace cinco meses que no me paga y me debe más de $5.000 millones”, aseguró Augusto Mariani en diálogo con PERFIL. El empresario al frente de Cale Group fue noticia esta semana luego de que se conociera que una de sus empresas, Motora Argentina SA, obtuvo un contrato con Trenes Argentinos por US$3,8 millones. Contra todo pronóstico, y a pesar de ser el dueño Carajo, el canal oficialista que comanda Daniel “El Gordo Dan” Parisini, él asegura que no tiene ningún vínculo con el Gobierno.
Motora Argentina es una empresa del sector ferroviario dedicada a la reparación, mantenimiento y ensamble de trenes. Marini la compró a una empresa rusa en 2023 y los contratos que le adeuda el Estado vinieron en el paquete, según cuenta. El caso le sirve para intentar despegarse del mote de “empresario mileísta”.
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Hasta hace muy poco, era un completo desconocido. Marini recién entró al radar mediático en 2023, cuando fundó Blender. Fue el primero que llevó la discusión política al lenguaje digital y su objetivo era, según cuenta él mismo, construir un canal en el que se cruzaran periodistas y dirigentes de todo el espectro político… que fuera un blend. La búsqueda duró poco. Con el triunfo de Javier Milei comprendió que el negocio estaba en las audiencias específicas, en las “comunidades”.
La figura principal de Blender, Tomás Rebord, en varias oportunidades llevó conmo invitado a “El Gordo Dan”. En esos cruces de pasillo, Marini conoció al tuitero oficialista. Fue entonces que decidió dar un giro en su estrategia comercial y tener un canal para cada nicho político. Así nació Carajo, en julio de 2024.
Aquel movimiento lo puso en la mira. Desde entonces, su nombre aparece una y otra vez. En el último tiempo, la visibilidad aumentó. Además de la incursión en el sector ferroviario, Marini pretende quedarse con la concesión del Canal de la Ciudad y para presentarse en la licitación convocó a Liliana Parodi, la exdirectora de Contenidos de Grupo América.
No es lo único que tiene en mente. "Estoy profundizando mi inversión en medios y a punto de lanzar otro proyecto vinculado al streaming. Lo voy a contar cuando esté listo. Cuando empecé en el streaming hacer política fue disruptivo, pero ahora siento que se perdió eso. Por eso estoy buscando un proyecto que sea más un paraguas sobre la industria", cuenta.
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Cale Group es el holding que contiene a todas sus empresas. Cale significa “culto a la excelencia”. Marini tiene apenas 31 años. Decidió atender a PERFIL por teléfono desde China, a donde viajó para visitar las oficinas de Huawei para conocer más sobre las baterías de almacenamiento de energía, con las que pretende ganar una licitación de Camessa y convertirse en proveedor del sistema eléctrico argentino.
Marini quiere “aclarar todas las mentiras” que se dicen. “Abro Twitter y veo cosas de mí que no me merezco. Que yo me haya presentado a la licitación del Canal de la Ciudad no significa que sea socio de Jorge Macri; que invierta en la provincia de Misiones no significa que soy de Carlos Rovira; si negocio paritarias con diferentes sindicatos no me convierte en testaferro del sindicalismo. ¿Estamos todos locos?”, se quejó.
No vende la historia del empresario de garage exitoso. Su padre, Omar Marini, fundó en los ‘90 la empresa de alimentos para mascotas Agroindustrias Baires, creadora de la marca Kongo. La familia la vendió en 2011 y en ese momento el joven decidió ponerse al frente de los negocios.
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“Soy de General Las Heras, provincia de Buenos Aires. Viví toda la vida ahí y me crié en el seno de una familia que fue muy exitosa en la agroindustria”, cuenta. Y agrega: “Cuando empecé el camino de la diversificación, obviamente tuve un apoyo económico muy fuerte por el respaldo familiar”.
Con ese colchón, se metió en distintos sectores, que van desde hidrocarburos hasta medios de comunicación. De todas formas, no terminó de abandonar el rubro familiar y en 2015 lanzó Mon Ami, una categoría premium de alimento para mascotas elaborada con ingredientes 100% aptos para el consumo humano.
“Que sea alimento ‘human grade’ significa que es lo mismo que puede comer cualquier persona. Todos los alimentos para mascotas se hacen con las sobras de la industria alimenticia. Si vos a tu perro le das de comer harina de carne se va a enfermar y con nuestro producto garantizás la misma calidad en proteína o leche que con cualquier alimento que podamos comer nosotros. Ofrecemos un producto de altísima calidad para ese nicho”, cuenta.
“Nicho” es una palabra que se repetirá a lo largo de toda la entrevista. Marini se presenta como un innovador, pero no responde al estereotipo de joven promesa tech. Quiere apostar, según repite, a la “economía real”.
—Con Carajo es imposible no asociar tu nombre a la política.
Cuando lanzamos Blender, como su nombre lo dice, la idea era hacer un blend. Quería armar algo donde estén adentro todos los actores del periodismo, la economía y la política.
Pero con el resultado electoral de Milei noté que la sociedad estaba muy polarizada y decidimos pensar en audiencias específicas, en lo que llamamos comunidades. El blend no nos funcionó porque estaba muy separada la izquierda de la derecha. A Dan lo conocí porque fue invitado varias veces al programa de Rebord y surgió una relación que nos permitió generar un proyecto juntos.
Enn ese momento, Dan no era lo que es hoy. Creo que Carajo le dio un protagonismo muy emblemático. Esto empezó como un emprendimiento en un café.
Pero Carajo es un proyecto que está 100% conducido por él. Yo no tengo intervención ni en la línea editorial ni en el management del canal.
—¿Por qué apostar en medios, una industria que a diferencia de otras, como energía, está en retracción?
La estructura de nuestras compañías es mucho menos costosa que tienen los grandes medios nacionales. Es mucho más barato hacer lo que hacemos nosotros. Nos va bien porque tenemos diversificada nuestra matriz de ingresos.
Por un lado, tenemos monetización en dólares por el canal de YouTube, donde generamos muchas views. Por el otro, tenemos auspiciantes muy relevantes, dado que no solo hacemos contenido en vivo, sino que también hacemos producción de contenidos audiovisuales y especiales. Por ejemplo, uno de los últimos fue Didi.
Mi hermana se llama Antonella Marini y está a cargo de la parte de contenidos on-demand, donde tenemos una diversidad de activaciones. También tuvimos presencia en la Feria del Libro. Blender y Carajo se posicionaron como marcas fuertes de la industria y tenemos un equipo comercial que vende. En comparación con otros emprendimientos, es cierto que no tienen la misma magnitud. Pero no todo lo hacemos por dinero.
—¿Reciben pauta oficial?
No tenemos pauta oficial del gobierno nacional. No nos dan nada. No logramos agarrar esta ola. Sabemos que es parte del negocio de los medios y no lo veo mal, pero no logramos subirnos a esa ola. Sí tenemos, a veces, algunos acuerdos con empresas públicas de la provincia de Buenos Aires. Algo siempre tenemos.
—¿Por qué te interesa el Canal de la Ciudad?
El Canal de la Ciudad para mí es una hoja en blanco. No es un canal competitivo hoy en día, pero creo que la Ciudad de Buenos Aires es una de las más importantes de Latinoamérica y quiero tener el canal más influyente. Voy a trabajar para eso.
Ya se abrieron las ofertas económicas. La instancia de evaluación técnica está corriendo y esperamos pronto que se resuelva alguna preadjudicación a nombre del competidor o nuestro. Nosotros nos vemos muy competitivos, no solo por la oferta económica que hicimos, sino porque la oferta técnica la hicimos con gente de altísimo nivel profesional.
—¿Qué te motiva? ¿Qué quisieras conseguir?
A mí me motiva ser la próxima generación de empresarios Argentinos que están presentes en la economía real del país. No veo actores que hoy se estén dedicando a desarrollar las estructuras que mueven la economía real.
—¿Conocés a Javier Milei?
Jamás tuve una relación con Javier Milei, más allá de lo institucional. Cuando fue al primer programa de Carajo, lo esperé en la puerta del canal, le di la mano y me fui. Pero no tengo ningún vínculo con el Gobierno.
—¿Y a Santiago Caputo, el jefe político de Parisini?
Tampoco tengo ninguna relación. Ni siquiera tengo el número de teléfono de Santiago Caputo.
—Como empresario, ¿cómo ves al gobierno?
Tengo una filosofía muy basada en los resultados. No me queda otra que levantarme todos los días a trabajar para impulsar todo lo que hacemos. Creo que este gobierno hizo muchas cosas que ordenan al país, pero cuando ajustás por un lado, se te desajusta por el otro. Yo eso lo vivo.
Lo vivo de forma positiva en los negocios de energía porque hay más acceso al endeudamiento en dólares a tasas mucho más baratas y a hay un solo dólar para vender energía. Pero, por otro lado, tengo mi fábrica de alimento para mascotas donde los costos subieron muchísimo y nos encontramos con un montón de problemas.
—¿Y en términos simbólicos e ideológicos? Carajo es una usina de la llamada ‘batalla cultural’
Más que en lo ideológico, estoy trabajando por el desarrollo de lo que nosotros podemos sumar, que son compañías que aportan a la economía local. Nuestras inversiones están 100% en la Argentina, pagamos muchísimos impuestos y mi plan es quedarme en el país para ser parte de la próxima generación de empresarios.
Lo que pasa es que esta Argentina que va para adelante y para atrás, o de la izquierda a la derecha, está muy revolucionada. Pasó muy poco tiempo todavía y yo quiero ver. Hay una frase que dice ‘pagar para ver’. Creo que todos estamos pagando los costos y vamos a ver si al final descubrimos resultados positivos o si nos equivocamos.
Hoy trato de ser optimista porque creo que hay que seguir hacia adelante. Siempre sin dejar de discutir.
—¿Pero estás más cerca de Rebord o del Gordo Dan?
No. No estoy en un lado o en el otro. Estoy proponiendo espacios donde lo importante es que podamos escucharnos.