Avanza en el Senado el histórico Tratado de Patentes: el oficialismo buscará la sanción definitiva
Las comisiones de Relaciones Exteriores y de Industria emitieron dictamen favorable al acuerdo que Argentina firmó en 1970 y que cuenta con la aprobación de Diputados con la "reserva del capítulo II". Patricia Bullrich lideró la defensa.
Cincuenta años después de la firma original, Argentina avanza hacia la adhesión al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT). Este jueves, un plenario de comisiones del Senado le dio luz verde al acuerdo. Si La Libertad Avanza logra alinear a sus aliados, la iniciativa podría llegar al recinto el próximo jueves para su sanción definitiva.
La urgencia por destrabar este expediente no es casual. Subirse al tren del PCT es uno de los requisitos ineludibles que figuran en la letra chica del entendimiento comercial con Estados Unidos, y resulta clave para cumplir con los compromisos asumidos por el Mercosur tanto con la Unión Europea como con el bloque EFTA.
Sin embargo, el camino hacia la aprobación obligó al Gobierno a recalcular y sentarse a negociar. Durante su paso previo por la Cámara de Diputados, el oficialismo tuvo que ceder ante la fuerte presión de la industria farmacéutica nacional y acordó dejar "en reserva" el polémico Capítulo II del tratado. En criollo: se bloqueó la posibilidad de que una patente registrada en el exterior tenga vigencia automática de 20 años en todos los países miembros sin un filtro local estricto.
El gran temor de los laboratorios argentinos era el llamado "Reverdecimiento" (o Evergreening). Desde el sector alertaron que, de aplicarse el examen preliminar internacional que proponía ese apartado, las multinacionales podrían aprovechar el sistema para meter modificaciones secundarias o cambios estéticos a medicamentos ya existentes, sin aportar ninguna mejora terapéutica real. El único objetivo de esa trampa, sostienen, sería estirar sus monopolios de forma artificial y bloquear la competencia.
Patricia Bullrich, una de las defensoras de la iniciativa
Además, la exclusión de este capítulo garantiza que el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) no pierda soberanía. Si se hubieran aceptado los dictámenes extranjeros a libro cerrado, la agencia argentina corría el riesgo de quedar totalmente condicionada y debilitada por las decisiones de las oficinas de patentes internacionales.
En el debate de las comisiones, la legisladora oficialista Patricia Bullrich se puso al frente de la defensa argumentando que cooperar "no significa resignar la soberanía" y garantizó que el tratado "no crea una patente mundial" ni le quita al país la facultad de decidir qué invenciones merecen protección. Del otro lado del ring, el opositor Jorge Capitanich exigió un análisis profundo de costo-beneficio y advirtió que, de lo contrario, el acuerdo sólo terminará aumentando el grado de dependencia nacional.
El "peaje" a los investigadores y el costo de quedarse afuera
Mientras la política discute los detalles, los científicos y emprendedores argentinos hacen malabares burocráticos. Alejandro Cacace, ex diputado e impulsor de la iniciativa, expuso cifras contundentes en su cuenta de X: aunque el país no integra el tratado, desde 2020 hubo 263 solicitudes de patentes bajo el sistema PCT impulsadas por argentinos, siendo el Conicet protagonista absoluto con una de cada cuatro presentaciones.
Al no estar formalmente adherida a este club que hoy agrupa a 159 naciones, Argentina castiga a sus innovadores obligándolos a pagar una suerte de "peaje". Para lograr registrar sus inventos en el exterior a través de esta ventanilla única, los investigadores locales tienen que sumar obligatoriamente como cotitular del proyecto a un agente, una empresa o un socio extranjero.
Entrar al PCT no solo achicaría los costos operativos frente a países de la región como Brasil o Chile (que ya tramitan el grueso de sus invenciones por esta vía), sino que regalaría un factor vital: el tiempo. El sistema internacional otorga un margen de 30 meses, en lugar de los 12 actuales, para decidir en qué países continuar con el trámite, dándole oxígeno a investigadores y pymes para conseguir socios o financiamiento antes de gastar fortunas registrando su idea nación por nación.
TC/MSS