Opinión pública

Encuesta: en redes sociales el 47% rechaza la Oficina de Respuesta Oficial

Una encuesta de QSocial reveló el rechazo a la Oficina de Respuesta Oficial del gobierno. Además señala que el debate es sobre quién tiene legitimidad democrática para definir qué es verdad.

Oficina de Respuesta Oficial Foto: Captura web

Una encuesta a cargo de QSocial Big Data reveló el rechazo mayoritario y transversal a la Oficina de Respuesta Oficial impulsada por el gobierno de Javier Milei.El sondeo fue realizado en base a 36.000 interacciones en redes sociales en el Área Metropolitana de Buenos Aires, combinando 1.570 casos de encuesta online y un análisis de macrodatos en redes y comentarios, en el período del 6 al 9 de febrero de 2026, el error muestral es de +/- 2,5%.

El 47% de los encuestados se mostró en contra de la creación de la cuenta de X que se utiliza, diariamente, para desmentir dichos de periodistas y, prácticamente, cualquier persona que opine en contra del gobierno. En cambio, un 33% se pronunció a favor de la oficina, pero un 20% no emitió valoración positiva ni negativa. Incluso aquellos encuestados que se identificaron como “mileístas” mantuvieron un alto porcentaje de incertidumbre, llegando a un 17%.

La Oficina de Respuesta Oficial salió a desmentir a Jorge Fontevecchia, pero las cifras no cierran

“Incluso en medios afines al gobierno, el apoyo explícito a la Oficina es minoritario, lo que revela incomodidad y falta de apropiación social”, explicó María Fernanda Ruíz, directora del área de análisis de RRSS de QSocial.

De hecho, un 36% opinó que el rol del periodismo es muy importante para el funcionamiento democrático, aspecto que solo un 7% calificó como inexistente.

También fue consultado el objetivo de creación de la Oficina de Respuesta Oficial, preguntándole a los encuestados por qué creen que el gobierno habla de fake news. En ese sentido, un 35% expuso que La Libertad Avanza lo utiliza para desacreditar medios y periodistas críticos, sobre un 19% que cree que el objetivo es corregir noticias falsas. Defenderse de operaciones políticas y justificar decisiones polémicas comparten un porcentaje de 18% cada uno.

Más allá de su postura favorable o contraria, entre quienes expresan una postura clara, el 79,8% atribuye a la Oficina motivaciones vinculadas con riesgo de censura, propaganda o control, frente a un reducido 20,2% que la ve como herramienta defensiva contra fake news.

La ciudadanía interpreta la creación de la Oficina desde dos marcos opuestos. La mayoría lee la medida como un instrumento de intervención comunicacional más que como política pública técnica. Un segundo grupo, minoritario, atribuye motivaciones defensivas: desmentir operaciones, ordenar comunicación estatal y reducir información falsa. La expectativa es que el Estado “aclare con datos”, no que “persiga o castigue”, según indica el informe.

Laura Alonso sobre la creación de la Oficina de Respuesta Oficial

Por ese motivo, se le preguntó a los encuestados sobre qué política pública debería aplicarse para manejar la desinformación. El 74,9% (3 de cada 4) no logra formular una política pública concreta; solo 5,7% propone regulación estatal y 9,2% rechaza intervención estatal. “El conflicto no es si existen noticias falsas, sino quién tiene legitimidad democrática para definir qué es verdad”, agregó Ruíz.

En este sentido, el estudio presenta un hallazgo clave: ambos sectores reconocen el conflicto informativo, pero lo resuelven desde marcos normativos opuestos. No hay debate sobre si existe desinformación, sino sobre quién tiene legitimidad para definirla.

En un contexto en el que la Inteligencia Artificial avanza cada vez más y, consecuentemente, se dificulta la distinción de lo que es real y lo que no, la sociedad reclama mayor regulación y cuidado de la información, pero no necesariamente para desmentir solo informaciones relativas al gobierno de turno, sino todas las que hagan falta para dar seguridad y certidumbre.

Análisis de redes sociales

Desde el análisis en redes sociales, la Oficina de Respuesta Oficial se presenta como un amplificador de posiciones preexistentes, ya que fortalece el discurso de los aliados, pero también alimenta las críticas opositoras. “La Oficina de Respuesta Oficial no ordena la conversación pública: la polariza y la tensiona aún más”, destacaron desde QSocial.

En consecuencia de eso, los comentarios se dividen a favor y en contra. Los comentarios positivos valoran la transparencia, se expresan en contra de los medios señalándolos como responsables de la difusión de noticias falsas y apoyan al presidente en la creación del espacio. Por el contrario, quienes se expresan en contra hacen comparaciones con 1984, “oficina de mentiras”, censura orwelliana, cuestionan los gastos que podría representar la Oficina y el autoritarismo y la vulneración de la libertad de expresión que podría significar.

En todos los medios analizados, el rechazo expresado en los comentarios supera ampliamente el apoyo.

Impacto en medios: Rechazo mayoritario

Análisis final

En conclusión, la medida del gobierno se presenta como polarizante pero sin convencer del todo. Hay rechazo transversal, polarización asimétrica y amplificación de convicciones previas.

En todos los ámbitos analizados, los números de desaprobación son altos y la Oficina genera más desconfianza que legitimidad. Además, el apoyo es minoritario y sumamente identitario, es decir, quienes apoyan la Oficina en general son votantes de Milei, pero todos presentan, en alguna medida, temor a la censura. Por esto, se presenta como una iniciativa lejana a construir consenso, que profundiza las disidencias previas.

Sin embargo, el punto central es que la batalla no es respecto de si existe o no desinformación, sino sobre quién tiene la legitimidad de definirla. La ciudadanía acepta el problema, pero rechaza que este gobierno, en este contexto, sea el árbitro de la verdad pública.

Por eso, el índice concluye que el impacto comunicacional es mixto, ya que fortalece la narrativa oficial entre los aliados —quienes creen que la mejor forma de combatir las fake news es con un aparato oficial que las desmienta— y, al mismo tiempo, refuerza las alertas de quienes se preocupan por la libertad de expresión. La recepción depende del alineamiento político previo, traduciéndose en un alto nivel de controversia sin construcción de mayorías.

RG / EM