A 73 años de su muerte

¿Qué pasó en el departamento de Callao 1944?: la reconstrucción de las últimas horas de Juan Ramón Duarte

La vida del hermano de Evita terminó de forma abrupta en un departamento de la avenida Callao. A más de siete décadas, entre sospechas de asesinato y pruebas que se desvanecieron, el destino de “Jabón Lux” sigue alimentando teorías de conspiración.

Juan Ramón Duarte, el único hermano varón de la fallecida Eva Perón Foto: CEDOC

La mañana del 9 de abril de 1953 amaneció en Buenos Aires con neblina cerrada y apenas 12 grados, cuando en un departamento del quinto piso de la avenida Callao 1944, en pleno Recoleta, apareció muerto Juan Ramón Duarte, “Juancito”, el hermano de Eva Perón y, hasta hacía pocos días, el secretario privado influyente de Juan Domingo Perón. Alrededor de las 7:30, lo encontraron su mayordomo, Inajuro Hashimi, y su peluquero, José Gullo. Tenía 38 años.

Al momento, la versión oficial habló de un disparo en la cabeza y cerró el caso como suicidio. Sin embargo, las dudas aparecieron desde el inicio: la rapidez del procedimiento, la escasa difusión de detalles forenses y ciertas inconsistencias mantuvieron abierto el interrogante. La causa, en los hechos, nunca terminó de disipar las sospechas.

Duarte había nacido en 1914, en Los Toldos, dentro de una familia atravesada por la marginalidad. Hijo extramatrimonial de Juan Duarte y Juana Ibarguren, creció en un contexto de carencias y estigmas sociales que marcaron a los hermanos. Antes de su salto a la política, trabajó como vendedor ambulante de jabones. Esa postal inicial —austera, casi invisible— contrasta con el nivel de exposición y poder que alcanzaría años después.

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Tras la llegada de Perón al poder en 1946, Duarte asumió como secretario privado de la Presidencia. En la práctica, se convirtió en un filtro clave: nadie accedía al Presidente sin pasar por él. Su rol lo transformó en un operador central dentro del engranaje del gobierno, con capacidad para ordenar prioridades, acercar intereses y también bloquearlos.

El hermano de Evita que se volvió pieza clave del gobierno

Investigaciones posteriores —especialmente luego de la caída del peronismo en 1955— relevaron una red de intereses que incluía participación en el sector cinematográfico, un rubro estratégico por el impulso estatal a la industria. Se lo vinculó a empresas como Argentina Sono Film y con fondos de fomento.

Al mismo tiempo, aparecieron menciones a propiedades rurales en la provincia de Buenos Aires, inversiones en el negocio de la carne —un sector clave para la economía argentina de entonces— y una colección de bienes suntuarios que incluía autos importados, algo fuertemente restringido en esa época. Parte de esas adquisiciones, según los informes, habrían sido posibles a través de permisos especiales de importación.

Duarte, para sectores de la oposición, representaba el costado más opaco del poder peronista. Dentro de las Fuerzas Armadas, su nombre generaba incomodidad. Su cercanía al Presidente lo convertían en un blanco fácil.

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También estaba su vida social. Frecuentaba el circuito nocturno porteño y mantenía vínculos con figuras del espectáculo. Era habitué del Teatro Tabarís y de los salones del Alvear. Su relación con actrices como Fanny Navarro y Elina Colomer alimentó rumores y construyó una imagen pública que mezclaba poder y excesos.

De ese mundo surgió el apodo que lo acompañó: “Jabón Lux”. La referencia no era casual. Aludía a una campaña publicitaria muy popular de la época: “Usado por ocho de cada diez estrellas”.

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La noche que terminó en misterio

El principio del fin empezó a tomar forma cuando sectores militares comenzaron a mover fichas: algunos oficiales como Jorge García Altabe y el mayor Ignacio Cialzetta presentaron denuncias por presuntas irregularidades en el entorno. Ante la magnitud del escándalo, Perón ordenó una investigación interna y puso al frente al general Justo León Bengoa, entonces ministro de Defensa y una figura de peso dentro de las Fuerzas Armadas. 

Según lo previsto, el 6 de abril de 1953, la comisión entregó sus conclusiones. A partir de esos informes, Duarte no podía justificar su patrimonio. A eso se sumó un dato sensible dentro del círculo íntimo: en una caja fuerte a la que accedía tras la muerte de Eva Perón (1952) se encontró documentación médica que indicaba una enfermedad avanzada.

Así, ese mismo día, Duarte presentó su renuncia. El miércoles 8 de abril de 1953 intentó ver a Perón en la residencia presidencial, pero el mandatario se negó a recibirlo, dándole la espalda definitivamente. Por la tarde, Duarte regresó a su despacho en la Casa Rosada para recoger sus pertenencias personales y una pequeña caja fuerte portátil.

Perón pronunció un discurso por radio que selló la suerte de su cuñado. Ante la crisis de precios y los rumores de corrupción, el Presidente afirmó con dureza: "He ordenado una investigación en la Presidencia... aunque fuera mi propio padre iría a la cárcel si fuera ladrón". Duarte escuchó estas palabras desde su departamento, rodeado de algunos amigos y funcionarios que fueron a visitarlo, entre ellos Apold, Cámpora, Bertolini y el ministro Remorino.

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Ese día, cerca de las 2: de la mañana del 9 de abril, el último de los invitados se retiró. Duarte quedó solo, en calzoncillos, consumido por una depresión profunda que combinaba el abandono político de Perón con el miedo al avance de su enfermedad. Pocas horas después, su cuerpo sería hallado en una posición inusual: arrodillado frente a su cama, con la cabeza apoyada en el colchón y un disparo en la sien derecha.

Siguiente a eso, el juez de instrucción Raúl Pizarro Miguens llegó a la escena junto con médicos de la Policía Federal como el Dr. Gregorio Espinosa y el Dr. Jorge Lázaro Almada. A pesar de ser una "muerte dudosa" de un alto funcionario, el juez decidió no buscar testigos entre los vecinos ni tomar declaraciones exhaustivas en el lugar.

Algunas de las irregularidades más notables señaladas por investigadores posteriores y por la familia Duarte fueron aspectos técnicos y logísticos fundamentales para cualquier causa criminal:

  1. Falta de autopsia: no se ordenó la realización de una autopsia inmediata bajo el argumento de que el suicidio era "evidente". El cuerpo fue entregado a la familia pocas horas después.

  2. Calibre del arma: en el suelo, cerca de los pies de Duarte, se encontró un revólver calibre .38 marca Smith & Wesson. No obstante, peritajes posteriores sugirieron que el orificio de entrada en el cráneo correspondía a un calibre .45, un arma estándar de las fuerzas de seguridad.

  3. La prueba de la parafina: Las muestras tomadas para determinar si Duarte tenía restos de pólvora en sus manos (dermotest) se extraviaron o nunca fueron procesadas con rigor científico.

  4. Testimonios del barrio: mientras los caseros afirmaron no haber oído nada, vecinos del edificio reportaron haber visto una ambulancia del Ministerio del Interior retirando un cajón mucho antes del horario oficial del hallazgo.

Las cartas de la discordia: el mensaje a Perón y la misiva a Fanny

En la mesa de luz de la habitación se halló una carta de despedida de dos carillas dirigida a Perón. El texto era una reivindicación de lealtad absoluta: "Vine con Eva, me voy con ella, gritando viva Perón... he sido honesto y nadie podrá probar lo contrario". Sin embargo, la autenticidad de este documento fue cuestionada debido a groseros errores ortográficos ("boy", "provar", "azqueado") que no coincidían con el estilo habitual de Duarte, aunque otros sugieren que en su estado de desesperación pudo haber perdido el cuidado gramatical.

Paradójicamente, pocos días antes, Duarte le había enviado otra carta a su novia, Fanny Navarro, con un tono mucho más sombrío y personal: "Vidita... esta semana me han pasado cosas tan terribles que le doy gracias a Dios por estar todavía en mi sano juicio... me muero, pero no termino de morirme".

Aquella contradicción entre la carta política a Perón y la sentimental a Navarro alimentó la teoría de que la primera fue redactada bajo coacción o fabricada por la Secretaría de Prensa para cerrar el caso como un suicidio patriótico.

 

MV/ML