POLITICA
A 50 AÑOS DEL GOLPE

"¡Alberte, te venimos a matar!": la historia del edecán de Perón, el primer asesinado después del golpe

Apenas consumado el golpe, los militares fueron a buscar a un par de armas que le escribía un carta abierta a Jorge Rafael Videla. Lo asesinaron tirándolo de un sexto piso, en un departamento donde estaban su mujer y su hija.

Bernardo Alberte, el primer asesinado por la dictadura
Bernardo Alberte, el primer asesinado por la dictadura | archivo

En la madrugada del 24 de marzo de 1976, cuando el golpe de Estado contra el gobierno de Isabel Perón ya era un hecho y la Junta Militar estaba por comunicar que asumía "el control operacional” del país, un grupo de tareas irrumpió en un departamento de la avenida Libertador al 1160, entre Schiaffino y Ayacucho, en la ciudad de Buenos Aires. Eran las 2 de la mañana.

“¡Alberte, te venimos a matar!”, gritó uno de los hombres armados, que forzaron la puerta de calle y patearon la del departamento del sexto piso. En el interior estaban el entonces teniente coronal Bernardo Alberte, su esposa y una de sus hijas. Minutos después, el militar fue arrojado al vacío desde una ventana por el pulmón del edificio. Cayó sobre un terraza del primer piso y murió en el acto.

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En ese instante, Alberte se convirtió en el primer asesinado por la dictadura, que hacía una hora y unos minutos estaba en el poder luego de detener y destituir a la Presidenta.

Para los asesinos, la víctima era un par de armas que no era para nada un desconocido: había sido edecán de Juan Domingo Perón y, durante años, uno de sus hombres de confianza, que lo representó en muchas actividades oficiales.

Bernardo Alberte
Bernardo Alberte

Al momento de su asesinato, Alberte estaba escribiendo una carta dirigida al entonces comandante del Ejército, Jorge Rafael Videla, a quien le advertía sobre las consecuencias de un nuevo golpe militar y cuestionaba el rol de las Fuerzas Armadas en la vida política del país.

Días antes, otro grupo armado había secuestrado a su colaborador, Máximo Altieri, cuyo cuerpo apareció horas más tarde acribillado en una morgue del cementerio de Avellaneda.

Bernardo Alberte, un militar entre la lealtad y la disidencia

Nacido en Avellaneda en 1918 y padre de cuatro hijos, Alberte tuvo una formación militar destacada. En 1954 fue designado edecán presidencial de Perón, cargo que ocupó hasta el derrocamiento de 1955. Durante ese período participó activamente en la defensa del gobierno constitucional, incluso durante los bombardeos a Plaza de Mayo.

Tras el golpe de la autodenominada Revolución Libertadora, fue detenido, degradado y encarcelado, con un paso por el penal de Ushuaia. Al recuperar la libertad se exilió en Brasil, donde sobrevivió con trabajos informales, entre ellos como vendedor ambulante. También trabajó como periodista.

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En esos años inició una intensa correspondencia con Perón, entonces exiliado. En esas reafirmó la lealtad, pero también expresó diferencias, especialmente en torno al levantamiento encabezado por el general Juan José Valle en 1956, que derivó en los fusilamientos de José León Suárez y la ejecución del propio líder de la rebelión.

Alberte defendía a los militares peronistas involucrados en una acción que Perón había considerado inoportuna. Y planteaba la necesidad de reconstruir la alianza entre el pueblo y las Fuerzas Armadas.

De regreso en el país, en el contexto de proscripción del peronismo, abrió una tintorería -la “Limpiería del Socorro”, en Retiro- que además de ser sostén económico funcionó como punto de encuentro político. Alberte se consolidó como un articulador entre la militancia y el líder exiliado.

En 1967, Perón lo designó su delegado personal y secretario general del Movimiento Nacional Justicialista. En ese rol recorrió el país transmitiendo directivas y promoviendo la reorganización del peronismo.

Radicalización y proyecto político

Con el correr de los años, Alberte se convirtió en una figura de referencia dentro de la izquierda peronista. Impulsó la CGT de los Argentinos, central obrera combativa enfrentada a la dictadura de Juan Carlos Onganía, y promovió la construcción de un frente político y social opositor.

Su pensamiento combinaba el nacionalismo popular con una perspectiva revolucionaria. Rechazaba tanto la vía electoral bajo proscripción como los golpes militares tradicionales, y sostenía la necesidad de una estrategia insurreccional. Era "un militar entre obreros y guerrilleros”, como los carcaterizó en el título de su libro el autor Eduardo Gurucharri.

Mayor Alberte 1976
Alberte, en una publicación de la época

En 1975, en medio del desmembramiento del gobierno de Isabel Perón, impulsó la Corriente Peronista 26 de Julio. El nombre tenía una doble referencia a la fecha de la muerte de Eva Perón y al movimiento de Fidel Castro y Ernesto "Che" Guevara en la Cuba de la revolución. Pero planteaba una propuesta moderada, orientada a recomponer una alianza social amplia frente al deterioro económico y político, en contraste con el ajuste impulsado por el gobierno de Isabel a partir de la asunción del ministro Celestino Rodrigo.

Para entonces, Alberte ya era un blanco de la violencia paraestatal. Y su vida pendía de un hilo.

Lo mataron en la misma madrugada del golpe. La carta que el 23 le había escrito a Videla quedó en la máquina.

En la misiva, “esbozaba su argumento más fuerte, la impugnación al compromiso de las Fuerza Armadas con un plan represivo que tendría como únicos beneficiarios a la oligarquía y el imperialismo, y que hallaría en los sectores populares a sus principales víctimas", resumió en su libro “Peronismo y Revolución”, una biografía de Bernardo Alberte, el investigador Nicolás Codesido, del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires.

¿Qué explica que Alberte haya sido la primera persona a la que fueron a buscar apenas consumado el golpe?

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Codesido dice que los conocían mucho "porque había sido compañero de clase de muchos de lo que dieron el golpe". Si fue en algún punto un revancha con un tinte personal contra el "par" que había ido en contra de la lógica mayoritaria en las Fuerzas Armadas, el investigador cree también pesó que los militares podían ver "una posible oposición en ese espacio de centro o peronismo moderado que estaba construyendo". Una "competencia" política.

La causa Alberte: del "suicidio" al giro

Tras el asesinato, la familia se jugó la vida y accionó en la Justicia. Según contó su hijo, también llamado Bernardo, 14 jueces se declararon incompetentes para sacarse de encima el caso y garantizar impunidad.

Pero todo empezó a cambiar cuando en 1982 el coronel Jorge O'Higgins descartó papeles en el palier del edificio de Luis María Campos 1248, donde vivía. Una vecina guardó el material destinado a la basura y encontró cartas originales entre Alberte y Perón, robadas el día del asesinato.

Alberte siempre supo que su documentación peligraba y entonces se había ocupado de hacer copias, que junto a otro material original, fueron entregadas a su compañero Tomás Saraví. Veinte años después del crimen, Bernardo Alberte (h), se enteró que los papeles de su padre estaban en Costa Rica, donde Saraví se había exiliado.

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Con los años, la familia Alberte se hizo de los materiales. Y cuando fueron derogadas las leyes de impunidad en 2004, durante el gobierno de Néstor Kirchner, la querella pidió la reapertura del caso.

El juez federal Daniel Rafecas, a cargo de la causa, allanó el departamento de O’Higgins en 2012. Pero el militar padecía Alzheimer y no pudo declarar.

Al mes siguiente fue detenido el jefe de la JII de Inteligencia del Ejército general Carlos Alberto Martínez. Entre un enorme cantidad de delitos estaba el crimen de Alberte. Martínez murió cuando estaba con prisión domiciliaria, en 2013.

En 2006 circuló una foto donde se veía al general Oscar Enrique Guerrero, quien había sucedido a sucedido al general Camps al mando de la Policía Bonaerense. La foto era de abril de 1982, cuando Guerrero era jefe de la XI Brigada de Infantería.

Lidia Alberte, la hija de Bernardo Alberte, lo señaló como responsable del operativo. Y contó detalles dramáticos de aquella madrugada que le había tocado vivir.

En esa foto de 1982 aparece en el fondo un joven Néstor Kirchner. El mismo que en 2006 ascendió a Alberte al grado de coronel.

Oscar Enrique Guerrero murió antes de que llegaran a detenerlo e indagarlo.

LT