Inesperado efecto biológico

Comer con un ser querido podría ayudar al cuerpo a controlar mejor la glucosa

Un estudio de la Universidad Hebrea de Jerusalén encontró que, ante una misma comida rica en carbohidratos, el aumento de glucosa era menor y su recuperación más rápida cuando las personas comían junto a alguien cercano. Los autores hablan de una nueva “fisiología social”.

COMPARTIR. Una comida con alguien cercano podría ayudar al organismo a regular mejor sus niveles de azúcar en sangre. Foto: Freepik.com

Hay innumerables estudios sobre qué conviene poner en el plato para mantener controlada la glucosa. También se sabe que importan las cantidades, los horarios y hasta el orden en que se consumen los alimentos. Pero una nueva investigación incorpora una variable bastante menos explorada: con quién nos sentamos a comer.

Según científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, compartir una comida con alguien cercano podría ayudar al organismo a regular mejor sus niveles de azúcar en sangre.

El trabajo, publicado en la revista científica Science Advances, fue liderado por la profesora Shir Atzil y la investigadora Monia Masalha, de la Universidad Hebrea, junto con Shai Fuchs, del Sheba Medical Center. En una serie de experimentos, los investigadores compararon diferentes respuestas fisiológicas cuando las personas estaban solas o próximas a alguien con quien mantenían un vínculo afectivo.

El resultado más llamativo apareció alrededor de la mesa: tras consumir una misma comida estandarizada rica en carbohidratos, los picos de glucosa fueron menores y el azúcar volvió más rápidamente hacia sus valores previos cuando los participantes estaban acompañados.

Fisiología social

El hallazgo llevó al equipo a proponer un concepto al que denominan “Social Physiology” o “fisiología social”. La hipótesis es que el organismo humano no debería ser pensado exclusivamente como un sistema aislado que realiza por sí mismo todo el esfuerzo necesario para conservar su equilibrio interno. Por el contrario, la cercanía de otras personas significativas podría facilitar algunos de esos mecanismos de regulación y reducir su costo energético. La idea ya había sido presentada por el grupo en reuniones científicas recientes como un posible principio común para explicar parte de los beneficios biológicos de los vínculos sociales.

La fisiología humana es inherentemente social

“Solíamos pensar al cuerpo como un sistema aislado que se regula a sí mismo”, explicó Atzil. Pero los nuevos resultados, sostuvo, indican que “la fisiología humana es inherentemente social” y que estar cerca de alguien querido puede disminuir la energía que el organismo dedica a regularse. Desde una perspectiva evolutiva, los investigadores plantean que esa mayor eficiencia podría incluso ayudar a explicar por qué los humanos desarrollaron vínculos sociales tan fuertes.

Y la glucemia no fue el único parámetro estudiado. Los experimentos también encontraron que la proximidad social favorecía la regulación de la temperatura corporal ante la exposición al frío y reducía algunas respuestas fisiológicas asociadas al estrés, tanto en adultos como en bebés. Un dato particularmente interesante es que algunos beneficios aparecieron aun sin contacto físico directo. Según los autores, además, los resultados no pudieron explicarse simplemente porque los participantes se sintieran menos estresados.

La propuesta encaja con una línea creciente de investigaciones que estudia cómo el aislamiento y los vínculos sociales pueden repercutir sobre procesos biológicos. Por ejemplo, trabajos anteriores relacionaron el aislamiento social con cambios en la respuesta cerebral frente a estímulos alimentarios y con conductas vinculadas al consumo de alimentos dulces.

Sin embargo, los propios investigadores advierten contra una interpretación excesiva de sus resultados. Comer acompañado no reemplaza una alimentación saludable, el ejercicio ni los tratamientos médicos necesarios para controlar la glucemia. Lo novedoso es otro punto: factores aparentemente externos al metabolismo, como la cercanía afectiva, también podrían intervenir en la forma en que el organismo mantiene su homeostasis.