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Obesidad y diabetes: dejar de culparse para empezar a cuidarse

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Obesidad y diabetes: dejar de culparse para empezar a cuidarse
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Durante años, la obesidad fue explicada de forma simplista: “comer menos y moverse más”. Sin embargo, hoy sabemos que es una enfermedad crónica en la que intervienen factores biológicos, hormonales, emocionales y sociales.

Cuando la obesidad se asocia a la diabetes tipo 2, esta complejidad se vuelve aún más evidente. No se trata solo de peso corporal, sino de cómo funciona el organismo, cómo responde a la insulina y qué posibilidades reales tiene cada persona de sostener cambios en el tiempo.

En la consulta diaria, muchas personas llegan con una historia repetida: frustración, múltiples intentos de descenso de peso y dietas restrictivas que, lejos de ayudar, activan mecanismos de defensa del organismo y terminan siendo nocivas para la salud.
Y el resultado suele ser el mismo: una fuerte sensación de haber “fallado”.

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La relación entre obesidad y diabetes es estrecha, pero no es una condena. Incluso descensos modestos de peso (alrededor del 5–7%) pueden mejorar la sensibilidad a la insulina, los niveles de glucosa y reducir el riesgo de complicaciones. Pero para que esto sea posible, el enfoque debe cambiar.

No se trata de prohibir alimentos ni de imponer planes rígidos. Se trata de construir una alimentación posible, flexible y sostenible: incorporar más alimentos reales, mejorar la calidad de las elecciones, ordenar horarios y aprender a reconocer cómo responde el propio cuerpo.

Desde el tratamiento nutricional, los objetivos van mucho más allá del peso corporal. Se busca disminuir el riesgo metabólico, prevenir o tratar complicaciones, evitar la estigmatización, restaurar el bienestar, mejorar la relación con el cuerpo y la autoestima, y aumentar tanto la calidad como la expectativa de vida.

A esto se suman otros pilares fundamentales: la actividad física adaptada, el descanso, el manejo del estrés y, en algunos casos, el tratamiento farmacológico. Medicaciones como los análogos de GLP-1 pueden ser herramientas útiles cuando están bien indicadas, pero no reemplazan el proceso de cambio de hábitos.

Además, no podemos dejar de lado el impacto emocional. Vivir con obesidad y diabetes muchas veces implica convivir con culpa, vergüenza y exigencias poco realistas. Por eso, el acompañamiento profesional no solo orienta el tratamiento, sino que también ayuda a sostenerlo.

Dejar de perseguir soluciones rápidas y empezar a construir hábitos sostenibles es, quizás, el cambio más importante. Especialmente en una época donde las redes sociales muchas veces prometen resultados mágicos.

Lic. Rolón Xoana

Nutricionista, Especialista en Diabetes

MP 4498 MN 9515

Instagram: @esdiabetes_nutricion