Con más adultos mayores también se necesitan más estudios clínicos y de laboratorio
Un informe sobre demografía y salud realizado a pedido de CALAB demostró que Argentina envejece a paso firme: hacia 2030 los mayores de 80 años serán el segmento que más crezca y el que demande más análisis clínicos. Patologías como diabetes, riesgo cardiovascular, marcadores oncológicos y hasta resistencia a los antibióticos demandan más y más estudios periódicos.
Basta mirar con atención la sala de espera de cualquier institución médica pública o privada de la Argentina de hoy para verla repleta de jubilados o de personas con el pelo encanecido, muchos con bastones y unos cuantos con audífonos. Algunos incluso en sillas de ruedas. Esta postal también es habitual en los laboratorios de análisis clínicos, tanto de urbes grandes como de ciudades pequeñas.
Y no es una casualidad. Según un relevamiento realizado a pedido de la Cámara Argentina de Laboratorios de Análisis Bioquímicos (Calab), para el año 2030 -que ya está “vuelta” de calendario- las personas mayores de 80 años serán el segmento poblacional que más crezca en Argentina y, en consecuencia, el que más estudios clínicos y de laboratorio demandará.
El trabajo, presentado por la gerenta de la Cámara, Ana Gambaccini, durante la reciente reunión de la Asociación de Laboratorios de Alta Complejidad (ALAC), muestra que el país atraviesa una transformación demográfica profunda que ya está impactando en el sistema sanitario.
Claro que esta brecha etaria es algo cada vez más marcado entre regiones de nuestro país: mientras en las grandes zonas urbanas el envejecimiento avanza a paso firme, en provincias del norte -Formosa, Salta o Misiones- aún conservan estructuras jóvenes, con entre el 31% y el 37% de población infantil.
Ahí hay un contraste fuerte con la Ciudad de Buenos Aires, donde los chicos apenas representan entre el 11% y el 13% del total, reflejo directo de la caída de la natalidad urbana. Para el sistema de salud, este fenómeno del envejecimiento no es un dato abstracto: entre sus 20 y 40 años, cualquier persona cuidadosa se hace, en promedio, uno o dos estudios médicos por año. Pero pasando la sexta década de vida, esa cifra trepa a unos seis estudios distintos, que se repiten entre tres y cuatro veces cada doce meses.
A ese fenómeno se suma otro, menos conocido: la vejez tiene más rasgos “femeninos” que “varoniles”, ya que la expectativa de vida femenina es mayor que la masculina. Y ellas se realizan entre un 40% y un 60% más análisis clínicos que los varones, diferencia que se acentúa con el paso de los años.
Nuevo mapa de enfermedades
Según le dijo a PERFIL el doctor Luis Monaco, presidente de la Cámara, “el envejecimiento ya está modificando el ‘mapa de enfermedades' que vemos a diario en los laboratorios clínicos”. Por ejemplo, hay un aumento importante en la cantidad de controles de diabetes tipo II, análisis de riesgo cardiovascular y marcadores oncológicos, principalmente para cáncer de mama, colorrectal y de próstata", detalló.
EXPERTO. El doctor Luis Monaco, presidente de la Cámara
Y, de paso, advirtió sobre otro fenómeno médico en ascenso: la resistencia a los antibióticos, que "evidentemente se va a agudizar" con el envejecimiento poblacional.
Para Mónaco, el desafío a futuro no es solo asistencial, sino que plantea problemas estructurales: "Creemos que es necesario pensar ya en la formación de profesionales dedicados a especialidades como la gerontología", planteó, y remarcó que el mayor uso del sistema de salud -en particular de medicamentos- puede generar "problemas económicos en las obras sociales y prepagas que podrían provocar un colapso".
Más análisis por persona
El experto aclaró que “que cada persona se haga más análisis cada año no equivale automáticamente a tener una población más enferma, sino que el aumento de la expectativa de vida por sí misma produce un aumento en la demanda". Y también destacó otro fenómeno: hoy hay una mayor concientización de salud en la población en general que favorece los estudios porque es un trabajo de medicina preventiva.
El informe de la Cámara pone el foco en la población de 15 a 64 años, núcleo activo del sistema económico y sanitario, que en áreas urbanas representa entre el 69% y el 71% del total. De cómo evolucione ese grupo dependerá la capacidad del país de financiar la creciente demanda de estudios clínicos.
Una vejez nueva y una deuda vieja
Otro problema que hay que plantearse sobre estas futuras demandas sobre salud es cómo será el acceso a esta opción diagnóstica y terapéutica en las diferentes provincias. Mónaco recordó que “el acceso a laboratorios siempre fue mayor en las zonas más pobladas, que suelen coincidir con las regiones más envejecidas. Pero sí es urgente pensar en qué podemos hacer para atender correctamente a las regiones de mayor natalidad y escasos recursos económicos, donde el acceso a controles maternoinfantiles también puede verse comprometido”.
De cara al futuro, si las tensiones financieras persisten, la demanda tenderá a concentrarse en pocos grupos de laboratorios de mayor escala, mientras los hospitales públicos absorben a los pacientes sin cobertura privada, según consideran los bioquímicos. Y eso es complejo porque "el sector público no será suficiente para llegar a cubrir toda esa demanda".
“Sin decisiones que se anticipen a las tendencias del 2030”, advierte Calab, “esas salas de espera colmadas de gente de la tercera edad podrían quedarse, directamente, sin laboratorios adecuados y accesibles donde atenderse”.
Innovaciones tech en el consultorio
¿Qué innovaciones tecnológicas podrían modificar la forma en que se realizan los análisis clínicos? Según este profesional, “la automatización ya es una realidad hace varios años y, por otra parte, la mayoría de los laboratorios del país están comenzando a utilizar Inteligencia Artificial para mejorar la atención de los pacientes y como ayuda en la validación de los resultados”.
A esto se le suma que los monitoreos remotos se están volviendo una realidad, por ejemplo, en el caso de pacientes con diabetes. Por otra parte, el avance de la informática probablemente haga realidad el monitoreo en tiempo real de otros parámetros de laboratorio.
El aumento de la expectativa de vida realmente va a poner a prueba a todo el sistema de salud, sobre todo desde el punto de vista del financiamiento. “Tenemos que pensar que la salud tiene un costo y que alguien tiene que financiarla; el desafío es pensar cómo hacerla sustentable con el paso del tiempo. La solución no la tiene nadie por sí mismo: Necesitamos sentar a todos los integrantes de la salud, de gestión pública y también de la privada, donde estemos representados todos los sectores del sistema para poder armar políticas sostenibles”.