Dengue en invierno: por qué el mosquito sobrevive al frío y cómo prevenirlo
Las bajas temperaturas reducen la actividad del mosquito adulto, pero los huevos del Aedes aegypti pueden sobrevivir durante meses en recipientes secos. Los cambios ambientales, la urbanización y el aumento de los viajes obligan a mantener el descacharrado, la vigilancia y las medidas de prevención durante todo el año.
El dengue dejó de ser un problema limitado exclusivamente al verano. Aunque el descenso de la temperatura reduce la presencia y la actividad del mosquito adulto, el frío no elimina por completo al Aedes aegypti ni interrumpe definitivamente su ciclo. Durante el invierno, sus huevos pueden permanecer adheridos a diferentes recipientes hasta que regresen el calor, la humedad y las lluvias.
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Esta capacidad de supervivencia explica por qué la prevención debe continuar incluso cuando ya no se observan mosquitos. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los huevos del Aedes aegypti pueden resistir condiciones ambientales secas durante más de un año, una característica que favorece la permanencia y expansión de la especie.
El infectólogo Rodolfo Luján Agrello, especialista del Centro Médico de Cabecera de San Juan de Boreal Salud, advirtió que existe una percepción equivocada sobre la desaparición del dengue durante los meses fríos. La menor cantidad de mosquitos adultos puede generar una falsa sensación de seguridad y provocar el abandono de las tareas de limpieza necesarias para evitar futuros criaderos.
“Muchas personas creen que el dengue desaparece durante el invierno porque disminuye la presencia del mosquito adulto”, explicó el médico. Sin embargo, señaló que los huevos pueden conservarse durante varios meses y eclosionar cuando vuelven a presentarse condiciones favorables de temperatura y humedad.
Cómo sobrevive el mosquito del dengue durante el invierno
El Aedes aegypti es un mosquito de hábitos principalmente domiciliarios. Las hembras colocan sus huevos en las paredes internas de objetos capaces de contener agua, como baldes, floreros, macetas, bebederos de animales, botellas, neumáticos, canaletas, tanques y recipientes abandonados en patios, balcones o jardines.
Cuando el agua se evapora, los huevos no necesariamente mueren. Pueden quedar adheridos a las superficies internas y conservar su viabilidad durante largos períodos. Si el recipiente vuelve a llenarse debido a una lluvia, al riego o a una acumulación accidental, los huevos pueden eclosionar y dar origen a nuevas larvas.
Esta resistencia convierte al invierno en un momento estratégico para eliminar criaderos. El descacharrado realizado antes de la temporada cálida permite reducir la cantidad de huevos disponibles para iniciar un nuevo ciclo reproductivo. Esperar hasta que aparezcan los primeros mosquitos significa actuar cuando el proceso ya está en marcha.
Cambio climático, urbanización y viajes: los factores que amplían el riesgo
La expansión del dengue también se encuentra relacionada con el aumento de las temperaturas promedio, los cambios en los patrones de lluvias, el crecimiento urbano y la movilidad de la población. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que los mosquitos transmisores de arbovirus están avanzando hacia nuevas regiones debido al cambio climático, la urbanización, el crecimiento demográfico y los viajes.
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Las ciudades ofrecen condiciones particularmente favorables para el Aedes aegypti: alta concentración de personas, viviendas próximas entre sí y numerosos recipientes artificiales en los que puede reproducirse. A eso se suma el traslado de personas infectadas entre provincias o países, que puede facilitar la introducción del virus en zonas donde está presente el mosquito transmisor.
El alcance mundial de la enfermedad muestra la magnitud del desafío sanitario. La OMS estima que aproximadamente 5.600 millones de personas están expuestas al riesgo de contraer dengue y otras arbovirosis, mientras que cada año se producen entre 100 y 400 millones de infecciones. Además, la enfermedad, históricamente asociada con áreas tropicales y subtropicales, continúa avanzando hacia regiones de clima templado.
Cuáles son los síntomas del dengue y cuándo consultar
El dengue puede provocar fiebre alta, dolor intenso de cabeza, molestias detrás de los ojos, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos y erupciones en la piel. Ante la aparición de estos síntomas, especialmente si hubo un viaje reciente o existe circulación viral en la zona, es necesario realizar una consulta médica.
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Las autoridades sanitarias recomiendan no automedicarse. En particular, se deben evitar la aspirina y otros medicamentos que puedan aumentar el riesgo de sangrado. La indicación profesional, la hidratación adecuada y el seguimiento de la evolución resultan fundamentales, ya que el cuadro puede agravarse cuando comienza a bajar la fiebre.
Entre los signos de alarma se encuentran el dolor abdominal intenso y persistente, los vómitos reiterados, el sangrado de mucosas, la acumulación de líquidos, la somnolencia o irritabilidad y el deterioro repentino del estado general. Frente a cualquiera de estas manifestaciones, la atención en un centro de salud debe ser inmediata.
Qué medidas permiten prevenir el dengue durante todo el año
La medida principal consiste en eliminar cualquier objeto que pueda acumular agua. También se recomienda vaciar, cepillar y dar vuelta los recipientes de uso frecuente; cambiar periódicamente el agua de los bebederos de animales; limpiar canaletas y desagües; mantener tapados tanques y depósitos, y desechar neumáticos u objetos abandonados.
La prevención debe extenderse a hogares, lugares de trabajo, escuelas y espacios comunes. El invierno no es una pausa en la lucha contra el dengue, sino una oportunidad para adelantarse a la próxima temporada: retirar los huevos antes de que eclosionen permite reducir la población de mosquitos y disminuir el riesgo de que se produzcan nuevos brotes con el regreso del calor.