La visita de León XIV  a Córdoba tendrá un vínculo especial con la historia religiosa argentina. En el altar de la misa que el Papa celebrará el martes 10 de noviembre en la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA) estará un antiguo cáliz que perteneció a un compañero de seminario y amigo de José Gabriel del Rosario Brochero, el sacerdote cordobés canonizado en 2016. La pieza forma parte de los objetos históricos que conservan las monjas dominicas del Monasterio Santa Catalina de Siena, ubicado en el centro de la ciudad.

El cáliz tiene grabadas las iniciales JM y perteneció a un hombre que compartió su formación religiosa con Brochero y que posteriormente llegó a ser obispo de Santiago del Estero. Su presencia en la celebración permitirá recuperar una parte de la historia eclesiástica argentina y sumar un objeto de especial valor histórico a la misa papal.

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El cáliz no será la única pieza histórica del monasterio que estará presente en la celebración. Mientras acondicionaban los objetos para la ceremonia, las religiosas encontraron unas vinajeras con inscripciones que permitieron identificarlas como las utilizadas por San Juan Pablo II durante su visita a la Argentina en 1980. Estos recipientes, empleados durante la liturgia para contener el agua y el vino, también formarán parte de la misa de León XIV.

Juan Pablo II

Una cruz centenaria encabezará la procesión de León XIV

El monasterio también aportará una cruz procesional dorada cuyo origen se estima entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Aunque las religiosas no cuentan con documentación que permita establecer cuándo fue adquirida, la pieza acompañó durante generaciones las principales celebraciones de la comunidad, entre ellas la Pascua, la festividad de Santa Catalina y las profesiones solemnes.

Cruz Centenaria

Su participación en la misa tendrá un lugar específico: encabezará la procesión de ingreso y acompañará la salida de los participantes. No será la cruz principal del altar, que estará vinculada con el cura Brochero y fue mandada a tallar por el propio santo argentino.

La elección de la pieza estuvo a cargo del padre Pablo Márquez y Javier Verdenelli, responsables de coordinar los elementos litúrgicos de la ceremonia. Durante una visita al monasterio conocieron la cruz y consideraron que reunía las condiciones para formar parte de la celebración.

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Se trata de un objeto dorado, aunque no está confeccionado en oro, con medallones que representan a los cuatro evangelistas. Su diseño tiene una particularidad. La imagen de Cristo está orientada hacia quienes siguen la procesión, a diferencia de lo que ocurre habitualmente con este tipo de elementos.

Cruz Centenaria

Para las religiosas, la convocatoria también representa una oportunidad de participar de una celebración que trasciende los muros del convento. "Es un regalo muy grande. Es un modo también de nosotras estar presentes", expresó sor Mercedes, integrante de la comunidad, en declaraciones reproducidas por Radio 10 Córdoba.

La orientación de la imagen también tiene un significado religioso para las monjas. "Caminamos detrás de Él y lo vamos mirando a Él, peregrinamos mirándolo a Él", explicó la religiosa.

LB