Vida extrema bajo la Tierra

Gusano del diablo: el misterioso animal que vive a 1,3 kilómetros bajo la Tierra

Descubierto a 1,3 kilómetros de profundidad en una mina de oro de Sudáfrica, el Halicephalobus mephisto desafió los límites conocidos de la vida. Su resistencia al calor y su capacidad para reproducirse sin aparearse alimentan el misterio sobre cómo logró habitar el interior de la Tierra.

Gusano del diablo Foto: Gaetan Borgonie. Nature

A 1,3 kilómetros bajo la superficie terrestre, donde la oscuridad es absoluta y la presión y la temperatura aumentan considerablemente, sobrevive un diminuto animal que cambió la comprensión científica de la vida. Se trata del Halicephalobus mephisto, un nematodo conocido popularmente como el “gusano del diablo”, capaz de habitar entre las grietas y las aguas calientes de la corteza terrestre.

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Aunque su tamaño apenas equivale al grosor de varios cabellos humanos, este gusano representa una criatura gigantesca en comparación con las bacterias de su entorno. Se desplaza sobre las rocas mediante estructuras ubicadas alrededor de su boca y se alimenta de microorganismos, integrando un particular ciclo biológico en el que, tras morir, probablemente también termina convertido en alimento para otras formas de vida.

El hallazgo del gusano del diablo que cambió la ciencia

Hasta la década de 1980, buena parte de la comunidad científica consideraba improbable que existiera vida a más de unos 30 centímetros de profundidad. Esa percepción comenzó a modificarse con diferentes descubrimientos, entre ellos el registro de bacterias localizadas en 1997 a 2,8 kilómetros bajo tierra, dentro de una perforación destinada a la extracción de gas.

El biólogo belga Gaetan Borgonie, especialista en gusanos y fundador del instituto Extreme Life Isyensya, sospechaba que el subsuelo profundo podía albergar organismos más complejos que las bacterias. Su hipótesis se centró en los nematodos o gusanos redondos, animales microscópicos conocidos por su resistencia y capacidad para colonizar ambientes extremos.

En 2008, Borgonie se sumó a un equipo de expertos que ingresó en la mina de oro Beatrix, en Sudáfrica, para buscar vida en sus profundidades. Los investigadores accedieron a perforaciones abiertas en las paredes y filtraron agua alojada dentro de la roca, cuya temperatura rondaba los 37 °C, con dispositivos especialmente diseñados para atrapar organismos diminutos.

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Después de procesar más de 6.000 litros de agua, los científicos encontraron un solo gusano. En otras dos minas sudafricanas llegaron a filtrar cantidades mucho mayores —más de 12 millones de litros en una de ellas— y recuperaron distintas especies de nematodos, además de otros invertebrados, hongos y microorganismos, muchos de los cuales también habitan ambientes superficiales.

Halicephalobus mephisto: una especie desconocida bajo tierra

El ejemplar recuperado en Beatrix era diferente: pertenecía a una especie que hasta entonces no había sido descrita por la ciencia. Fue bautizado Halicephalobus mephisto, en alusión a Mefistófeles, la figura demoníaca asociada con el mundo subterráneo, y su descubrimiento fue presentado en 2011 como una prueba extraordinaria de que la vida animal podía prosperar a enormes profundidades.

Durante el proceso de filtración, la cola del nematodo se rompió, una lesión mortal para estos organismos. Sin embargo, una coincidencia decisiva permitió preservar la especie: el ejemplar era una hembra partenogenética, capaz de reproducirse sin aparearse. Antes de morir depositó ocho huevos viables, de los cuales surgieron los descendientes que posteriormente serían estudiados en distintos laboratorios.

Cómo sobrevive el gusano del diablo al calor extremo

Algunos de esos descendientes llegaron al laboratorio del investigador en genómica John Bracht, de la American University, en Estados Unidos. Allí fueron criados en placas de Petri bajo condiciones parecidas a las utilizadas con Caenorhabditis elegans, uno de los nematodos más estudiados por la ciencia y habitual en frutas en descomposición.

Las diferencias entre ambas especies resultaron reveladoras. El gusano del diablo no nada en el agua, sino que se adhiere a las paredes de los tubos de plástico, una habilidad que podría ayudarlo a sujetarse a las rocas del subsuelo. Tampoco prospera a temperatura ambiente: a 20 °C se vuelve lento y puede tardar hasta ocho días en completar su ciclo vital.

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Su temperatura preferida se encuentra alrededor de los 37 °C, un nivel que normalmente sería mortal para Caenorhabditis elegans. Bajo esas condiciones cálidas, el Halicephalobus mephisto puede reproducirse aproximadamente cada dos días, una característica que evidencia su profunda adaptación al ambiente del cual procede.

En 2019, la secuenciación de su ADN reveló una cantidad inusualmente elevada de genes encargados de producir proteínas de choque térmico. Estas moléculas protegen a otras proteínas celulares frente a los daños ocasionados por temperaturas extremas y serían una de las claves que explican la resistencia del nematodo.

Las adaptaciones genéticas del animal más profundo

Una investigación realizada en 2024 analizó el complejo IV, una molécula esencial para utilizar oxígeno y mantener los procesos vitales. Los experimentos mostraron que este sistema funciona de manera eficiente únicamente a temperaturas elevadas. Cuando el ambiente se enfría, la molécula se desactiva y reduce la producción de energía, lo que explicaría la escasa actividad del gusano a temperatura ambiente.

Los científicos consideran que esa desconexión podría actuar como una estrategia de supervivencia: el organismo reservaría su energía y concentraría la reproducción en los ambientes cálidos que le resultan más favorables. La partenogénesis también sería una ventaja fundamental, ya que, en la inmensidad de la corteza terrestre, encontrarse con otro individuo de la misma especie puede resultar extremadamente difícil. Hasta ahora no se han localizado machos, aunque los investigadores no descartan su existencia.