NUEVOS INDICIOS

Hallazgos en la Casa Blaquier: aparecen estructuras jesuitas bajo la histórica casona porteña

Lo que comenzó como una intervención arqueológica en el inmueble recuperado ya permitió recuperar pozos de basura del siglo XVIII, lozas coloniales, restos de peces y un peón de ajedrez único. Ahora, los investigadores intentan reconstruir la historia que permaneció enterrada durante siglos.

Hallazgos en la Casa Blaquier Foto: Gza Gobierno de la Ciudad

En pleno Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, sobre la calle Defensa 165 y a pocos metros de la Plaza de Mayo, el Gobierno porteño recuperó la emblemática Casa Blaquier tras permanecer tomada por cuatro décadas. En el marco del proyecto de puesta en valor impulsado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad, un equipo interdisciplinario de ocho especialistas, entre arqueólogos, restauradores, conservadores y paleontólogos, lleva adelante las excavaciones en el sitio. Los sondeos arqueológicos preventivos permitieron desenterrar algunas de las capas más significativas de la historia colonial de Buenos Aires.

Bajo los pisos improvisados del antiguo inquilinato, las excavaciones no solo revelaron objetos del siglo XIX, sino que sacaron a la luz estructuras subterráneas e indicios irrefutables de la ocupación de la Compañía de Jesús durante el siglo XVIII.

"Buscábamos estructuras subterráneas acordes a la Casa Blaquier, pero tuvimos la suerte de dar con estructuras anteriores que pertenecieron a las casas redituantes de los jesuitas, utilizadas en la época para alquilar y financiarse", explica Horacio Padula, paleontólogo y subgerente de Gestión Patrimonial y Arqueología del GCBA. 

Los arqueólogos ya excavaron casi cinco metros de profundidad

El terreno tiene una densidad histórica singular: en el primer damero trazado por Juan de Garay en 1580, el solar perteneció a Alonso de Escobar, uno de los 63 primeros propietarios de la Ciudad; luego pasó por la orden jesuítica y en el siglo XVII fue de Lucía de Herrera, antes de terminar adquirida en 1925 por la familia Blaquier.

Tras incorporarse al patrimonio municipal en 1954 y sufrir una intrusión de 40 años donde habitaron más de 80 familias, la propiedad será finalmente restaurada para anexarse al Museo de la Ciudad (Altos de Elorriaga), ganando miles de metros cuadrados para el circuito patrimonial porteño.

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A cinco metros de profundidad: dietas, milicias y un peón de ajedrez

El hallazgo de las estructuras subterráneas se produjo de manera fortuita mientras los técnicos evaluaban la estabilidad estructural de la vivienda. Al perforar el terreno, los especialistas dieron con sumideros, una posible cisterna y pozos de basura que alcanzan hasta cinco metros de profundidad. 

"En general, cuanto más profundo se excava, más antiguo es. Ya pasamos los niveles del siglo XIX y estamos encontrando de lleno la ocupación jesuítica del siglo XVIII", detalla Padula.

En los niveles más profundos de la excavación, los especialistas recuperaron una gran cantidad de restos óseos de peces, principalmente bagres y sábalos, además de cáscaras de huevo y huesos de perdices. La escasa presencia de restos de ganado vacuno, habitual en otros contextos domésticos coloniales, llamó la atención del equipo y reforzó la hipótesis de una posible ocupación jesuítica del predio. La explicación podría estar en las prácticas litúrgicas de la orden, que durante las vigilias semanales reemplazaba el consumo de carne por pescado.

Detrás de su fachada, la Casa Blaquier conserva huellas de distintas épocas de la historia porteña

"Muchas veces, cuando rescatamos grandes cantidades de restos de peces, nos hace pensar que puede haber una orden religiosa detrás. Es un indicador que cobra fuerza cuando coincide con otros elementos del contexto arqueológico", explica a PERFIL. 

Padula recuerda que esa línea de interpretación fue ampliamente desarrollada por el zooarqueólogo Mario Silveira, considerado una de las mayores autoridades argentinas en arqueología de la alimentación y autor del libro Cocina y comidas en el Río de la Plata; quien durante la última década de su carrera integró el equipo de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico (DGPMyCH).

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En distintos sitios excavados por la DGPMyCH, la presencia predominante de restos de peces permitió asociar determinados contextos con establecimientos religiosos. Entre ellos se encuentran el predio conocido como Michelangelo, en Balcarce 433, donde las excavaciones revelaron sectores de cocina vinculados tanto a un antiguo almacén de ramos generales como a un espacio utilizado por una comunidad de la Orden de Predicadores (dominicos).

Otro caso es el de la Barranca de Belgrano, donde las investigaciones determinaron que el lugar estuvo ocupado desde 1726 por los padres franciscanos y funcionó allí, durante el siglo XVIII, un oratorio de esa orden.

Entre los hallazgos se recuperaron frascos, anzuelos y monedas de principios del siglo XIX

Las excavaciones llevan apenas seis meses y todavía queda mucho por descubrir. Los primeros trabajos arqueológicos permitieron recuperar una amplia variedad de objetos vinculados con la vida cotidiana de la Buenos Aires colonial: fragmentos de mayólicas y otras lozas, cerámicas, frascos de colonia de vidrio soplado, cepillos de dientes de hueso, pipas de arcilla, monedas de 1822, anzuelos, restos de fauna, botones, bolitas de juego y herrajes originales.

Las excavaciones también revelaron la presencia de esquistos micáceos en los cimientos, un tipo de roca traída de Córdoba que fue utilizada por los jesuitas en obras como la Iglesia de San Ignacio y la Manzana de las Luces.

Entre todos los hallazgos sobresale una pieza excepcional: un peón de ajedrez tallado y torneado en hueso, con un singular sistema de encastre, que podría datar de principios del siglo XIX.

La pieza de ajedrez, tallada en hueso y hallada en dos partes encastrables

"Es una pieza muy rara. Primero apareció la base y ese mismo día encontramos el cuerpo del soldado. Cuando vimos que ambas partes encastraban perfectamente fue un momento de enorme emoción para todo el equipo", recuerda Padula. 

La figura posiblemente representa a un peón ataviado con un uniforme que evoca al histórico Regimiento de Pardos y Morenos, la milicia formada en Buenos Aires tras las Invasiones Inglesas. Inspirada en las afamadas piezas francesas confeccionadas en la ciudad costera de Dieppe, se trata de una reelaboración artesanal local de principios del siglo XIX que habría caído accidentalmente al pozo de basura y se preservó intacta.

Los trabajos continúan en el subsuelo del inmueble. Equipados con arneses, cascos y borceguíes, los arqueólogos descienden a las estructuras subterráneas para explorar cada rincón del sitio. 

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Hoy, uno de los principales desafíos es inspeccionar lo que sería una segunda cisterna inundada, de unos siete metros de profundidad, mediante una cámara endoscópica. Mientras tanto, cada objeto recuperado sigue un minucioso proceso de conservación: se limpia, se clasifica, se recompone, como un rompecabezas, en los laboratorios, y se cataloga antes de formar parte de la futura exhibición pública de la Casa Blaquier.

"Cuando excavamos no buscamos tesoros. Buscamos historias", resume Padula, y explica que cada centímetro excavado representa un momento distinto de la historia de la Ciudad de Buenos Aires. 

"Pensábamos que íbamos a encontrar evidencias de la Casa Blaquier y terminamos llegando a estructuras mucho más antiguas. Esa es la sorpresa permanente de la arqueología", concluye.

 

Una casa, muchas vidas

La historia del terreno comienza prácticamente junto con la fundación de Buenos Aires. En el primer reparto de solares realizado por Juan de Garay en 1580, la parcela fue adjudicada a Alonso de Escobar, uno de los primeros vecinos propietarios de la Ciudad. Con el paso de los siglos cambió de dueños, funciones y arquitecturas.

La Casa Blaquier será restaurada e incorporada al circuito del Museo de la Ciudad

Durante el período colonial perteneció a los jesuitas, quienes poseían allí sus casas redituantes, inmuebles que alquilaban para financiar las actividades educativas y religiosas de la orden.

Más tarde pasó por distintas manos particulares hasta que, en 1925, fue adquirida por la familia Blaquier, que transformó el lugar en un gran inquilinato con habitaciones independientes y patios comunes. 

En 1954 la propiedad pasó al patrimonio municipal y, desde la década de 1980, permaneció ocupada ilegalmente hasta su recuperación por parte del Gobierno porteño en 2025. 

 

Tras las huellas de los jesuitas

Los hallazgos de la Casa Blaquier vuelven a poner el foco sobre la huella que dejó la Compañía de Jesús en la Ciudad de Buenos Aires. Aunque muchas de sus construcciones desaparecieron o fueron transformadas con el paso del tiempo, todavía existen sitios que permiten reconstruir ese legado religioso, educativo y arquitectónico.

-Manzana de las Luces: Fue el principal enclave de la orden en la ciudad desde fines del siglo XVII. Allí los jesuitas levantaron su residencia, la Iglesia de San Ignacio (Bolívar 225, Monserrat) -la más antigua de Buenos Aires- y el histórico Colegio de San Ignacio (Bolívar 263).

-Circuito Papa Francisco: Recorre los principales espacios vinculados a la vida y formación de Jorge Mario Bergoglio, el primer papa jesuita de la historia, entre ellos el barrio de Flores, el Seminario Metropolitano (José Cubas 3543, Villa Devoto) y la Catedral Metropolitana (San Martín 27).

GD/fl