Nepal, después del alud: por qué los científicos temen nuevas catástrofes en el Himalaya
Una enorme masa de agua, barro, roca y hielo se desprendió en agosto del Langtang Lirung y desencadenó una inundación que dejó más de 1.400 muertos y decenas de miles de desplazados. Ahora, hace unos días, nuevas avalanchas volvieron a golpear este pequeño país. ¿Qué saben los científicos sobre estos fenómenos y por qué los sistemas de alerta deben cambiar?
No hubo una lluvia extraordinaria ni una rotura de un lago glaciar, como se pensó inicialmente. A las 8.37 de la mañana del 26 de agosto, una gigantesca porción de la ladera norte del Langtang Lirung, una montaña de 7.227 metros del centro-norte de Nepal, cedió de manera súbita. Roca y hielo cayeron unos 1.200 metros, se pulverizaron parcialmente y se mezclaron con agua, sedimentos y enormes bloques.
En pocos minutos, esa masa se convirtió en un flujo devastador que descendió por los valles del Lhende Khola, Bhote Koshi y Trishuli, arrasando vida, naturaleza y bienes de Nepal a su paso.
El saldo —provisorio— explica por qué el fenómeno está siendo estudiado en todo el mundo: un mes después se habían recuperado alrededor de 1.450 cuerpos y más de 5.600 personas seguían desaparecidas. Unas 7.500 viviendas quedaron destruidas y decenas de miles de habitantes tuvieron que abandonar sus hogares.
Una misión humanitaria argentina llevó 60 toneladas de ayuda por tres continentes
También fueron arrasados caminos, puentes, centrales hidroeléctricas y poblaciones ubicadas muchos kilómetros aguas abajo. PERFIL recorrió semanas atrás parte de ese escenario durante la misión humanitaria argentina que transportó insumos hacia Nepal.
Precisión científica
Técnicamente, el incidente no fue un “GLOF”, (la sigla inglesa utilizada para designar inundaciones provocadas por el vaciamiento repentino de un lago glaciar). Los expertos del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas —una institución intergubernamental con base en Katmandú— sostiene que “no había lago en el punto donde comenzó el desastre. Lo que colapsó fue una parte de la montaña: una masa de roca sobre la que se apoyaba hielo glaciar”. Esa avalancha luego incorporó agua y tierra hasta convertirse en una gigantesca corriente de barro que arrasó valle abajo.
¿Por qué se cayó? La investigación aún continúa y los especialistas evitan atribuir un episodio individual exclusivamente al cambio climático. Pero existen factores preocupantes. La roca de esa región está intensamente fracturada y parte de las pendientes de gran altura permanece cohesionada por permafrost, con agua, tierra y roca que durante largos períodos de décadas estuvieron congelados.
Cuando aumenta la temperatura global, ese “cemento” natural puede ir degradándose y aflojando el hielo. Además, el retroceso de los glaciares puede retirar parte del soporte de las laderas altas. De hecho, el análisis de imágenes satelitales detectó movimientos de hasta unos 30 centímetros en las semanas previas al colapso.
Allí aparece el contexto climático. Investigaciones recientes muestran que el calentamiento está acelerando el retroceso de los glaciares del Himalaya y favoreciendo tanto la formación y expansión de lagos glaciares como la inestabilidad de algunas pendientes. Una revisión publicada este año en la revista npj Natural Hazards advierte que el fenómeno incrementa la exposición a avalanchas de hielo, desprendimientos de roca y GLOF. Un trabajo sobre los Himalayas de China y Nepal detectó además un crecimiento sostenido de numerosos lagos glaciares desde la década de 1990.
Los GLOF constituyen, de todos modos, otro peligro enorme. Se producen cuando el agua acumulada frente o sobre un glaciar rompe repentinamente la barrera de hielo, roca y sedimentos que la contiene. Una avalancha puede caer dentro del lago y generar una ola capaz de superar la morena, o la propia presa natural puede erosionarse hasta colapsar. El resultado puede ser una descarga súbita que incorpora barro y bloques y multiplica su poder destructivo valle abajo. En esta zona de alta montaña ya fueron documentados más de 500 eventos de este tipo.
Precisamente la región del Everest ofreció en 2024 otro ejemplo. El colapso en cascada de pequeños lagos glaciares liberó alrededor de 770 mil metros cúbicos de agua y generó un pico inicial superior a 800 metros cúbicos por segundo. El torrente llegó al pueblo apenas 22 minutos después. Para los autores del trabajo, el episodio demostró que incluso lagos relativamente pequeños y de aparición reciente pueden convertirse rápidamente en una amenaza.
Repetición
El problema volvió a quedar en primer plano este pasado fin de semana. Otra avalancha golpeó la zona del Himlung Himal, mientras fuertes lluvias y nevadas provocaban inundaciones y deslizamientos en diferentes regiones de Nepal. La agencia Reuters informó además de al menos 14 muertos, otros 11 desaparecidos y alertas de inundación súbita en 49 de los 77 distritos del país.
Ayuda internacional ante el desastre natural
No se trata de una repetición exacta de Langtang Lirung, sino de una combinación de amenazas diferentes que pueden ocurrir simultáneamente en una cordillera abrupta y vulnerable.
La lección que deja todo esto también puede ser tech. Los sistemas tradicionales centrados en lluvias y niveles de los ríos no detectaron el inicio de un fenómeno que nació miles de metros más arriba. Los especialistas ahora proponen combinar imágenes satelitales, radares capaces de medir desplazamientos milimétricos de las laderas, sensores sísmicos, monitoreo de glaciares y lagos y sistemas de alerta aguas abajo. Con eso se podría armar una red de alerta temprana.
Además, esas advertencias deberían intercambiarse entre países: las catástrofes de montaña no saben lo que son las fronteras.
ML
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