Nuevo estudio sobre el cambio demográfico

Por qué los argentinos postergan tener hijos: el peso de la economía, del trabajo y de la vivienda

La tasa de fecundidad en la Argentina cayó hasta 1,2 hijos por mujer, un mínimo histórico y muy por debajo del nivel de reemplazo. Pero una nueva encuesta hecha por el organismo de Naciones Unidas –UNFPA– y la consultora Voices! encontró una paradoja: buena parte de la población afirma que todavía quiere tener hijos y el 57% de las personas de entre 18 y 45 años contestó no haber alcanzado su descendencia deseada. La economía, el empleo, la vivienda y las dificultades percibidas para conciliar crianza y trabajo son las principales barreras.

No va más. Ya no se busca más la “parejita”. La tasa de fecundidad en la Argentina de hoy descendió hasta 1,2 hijos por mujer. Foto: Freepik

En apenas una década, la Argentina cambió de manera radical su mapa reproductivo. Después de permanecer durante años alrededor de los tres hijos por mujer, la tasa global de fecundidad comenzó a descender a partir de 2001 y la caída se aceleró desde 2014. 

Para el 2024 había llegado a 1,2 hijos por mujer, donde se mantiene, y que es bastante más baja que los 2,1 necesarios para asegurar el reemplazo generacional.

Esto no es una “costumbre” porteña: todas las provincias del país se encuentran actualmente por debajo de ese umbral.

Detrás de la contundencia de esa cifra aparece una realidad compleja. ¿Los argentinos dejaron de querer hijos o, en realidad, quieren tenerlos pero encuentran cada vez más dificultades para concretar ese proyecto? Eso trata de descifrar la primera Encuesta de Intenciones Reproductivas en Argentina, realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU encargada de la salud sexual y reproductiva. La hizo con la consultora Voices! Y el estudio aporta respuestas que desmontan la idea de que la baja natalidad se explique simplemente por una generación que renunció a la maternidad o la paternidad.

El trabajo relevó a 1.515 personas de entre 18 y 70 años y encontró una importante distancia entre los hijos deseados y los que efectivamente se tienen. Esta tendencia de caída de la tasa de nacimientos es un fenómeno global y las crisis llevan a que mucha gente se decida por no tener hijos”, explicó Paula Narváez, directora regional de UNFPA durante la presentación del estudio al que asistió PERFIL.

En ese sentido, el fenómeno tiene características propias en cada sociedad, pero la Argentina acompaña una tendencia internacional en la que la incertidumbre económica y las transformaciones culturales se combinan con la postergación de la mapaternidad.

Otro dato que ayuda a poner el debate en perspectiva: “Tener hijos sigue siendo importante para el 65% de los argentinos”, destacó Anabel Fernández Prieto, integrante de UNFPA. No es poco. Sin embargo, aparece por debajo de otros componentes considerados fundamentales para alcanzar una “vida plena”: la salud obtiene el 97%; la seguridad económica, 96%; tener vivienda propia, 95%; y el desarrollo profesional y el afecto de los seres queridos, 92%. En otras palabras, la maternidad y la paternidad siguen formando parte del horizonte vital de buena parte de la sociedad, pero dejaron de ocupar necesariamente el primer lugar.

Este cambio es todavía más visible entre los jóvenes. Fernández Prieto señaló que el grupo etario que va de los 18 a los 24 años dice, responde -en un 22%- que no desea tener hijos. La investigación muestra, además, una particular ruptura entre las mujeres jóvenes respecto del mandato tradicional de la maternidad. Y el informe señala que, entre las generaciones más nuevas, el proyecto reproductivo se vuelve más heterogéneo: junto con quienes desean ser padres, aparecen quienes no quieren serlo y también una proporción significativa que todavía no sabe qué hará. 

Quiero más. Sin embargo, el dato importante del trabajo que es llamativo: Entre las personas consultadas de entre 18 y 45 años, el 57% afirmó que “todavía no alcanzó la cantidad de hijos que desearía tener si no existieran limitaciones”.

En todas las regiones del país esa proporción supera el 50%, y entre los más jóvenes llega a siete de cada diez. “Es importante reconocer que no es tan alto el porcentaje de quienes no quieren tener descendencia”, remarcó el investigador y experto en demografía Rafael Rofman, quien también destacó que la caída de la fecundidad se registra en todo el territorio argentino. 

¿Qué frena entonces el deseo de agrandar la familia? La respuesta tiene mucho de economía cotidiana. Las limitaciones financieras, la inseguridad laboral y las dificultades para acceder a una vivienda explican el 62% de los motivos por los cuales las personas terminan teniendo menos hijos de los deseados. El dato se complementa con otros indicadores: apenas el 25% dice que puede ahorrar al menos ocasionalmente, cuatro de cada diez tienen dificultades para llegar a fin de mes y un 9% ni siquiera consigue afrontar sus gastos básicos. 

El género también importa. Para las mujeres, pesan especialmente la dificultad de compatibilizar la crianza con el empleo, la falta de tiempo y energía y una distribución todavía muy desigual de las tareas domésticas. De hecho, cuando se pregunta por haber tenido menos hijos de los deseados, el bajo involucramiento de la pareja en el hogar y la crianza es mencionado por el 18% de las mujeres, contra apenas el 7% de los varones. 

También cambió cuándo se tienen los hijos. La fecundidad adolescente cayó fuertemente y aumentó el peso de los nacimientos entre mujeres de 30 a 39 años. Esa postergación contribuye a explicar la reducción actual, pero también puede generar un segundo problema: algunos proyectos demorados terminan chocando con los límites biológicos de la fertilidad. La encuesta encontró experiencias de infertilidad en el 19% de las mujeres y el 18% de los varones, mientras que el 70% acepta el uso de técnicas de reproducción asistida y un 61% aprueba el congelamiento de óvulos.

Eso sí, no parece haber desaparecido el viejo imaginario de la familia “tipo”. Cuando se pregunta cuántos tendrían si no existieran limitaciones, la respuesta más frecuente sigue siendo dos: lo elige el 34%. Sumados quienes preferirían uno, dos o tres hijos, representan el 59% de la población. En el total de la muestra, apenas el 9% responde que no quiere o no hubiera querido tener ninguno. 

Por eso, desde UNFPA plantean que el debate no debería reducirse a buscar mecanismos para que “nazcan más chicos”, sino más bien generar las condiciones para que las personas puedan tener los hijos que efectivamente desean. Eso supone mejorar las condiciones materiales de crianza, facilitar el acceso a vivienda y empleo, ampliar los servicios de cuidado, promover una mayor corresponsabilidad dentro de los hogares y garantizar el acceso a la salud sexual y reproductiva. 

 

Un fenómeno federal

E.G.

La transformación no está concentrada en CABA ni es algo que solo se ve en los grandes centros urbanos. En 2024 todas las provincias registraban tasas de fecundidad inferiores al nivel de reemplazo de 2,1 hijos por mujer. El promedio llegó a 1,2, luego de un descenso que comenzó a principios de siglo y se aceleró especialmente en el 2014.

El mapa también muestra que la brecha entre los hijos que se quieren y los que efectivamente se tienen es federal. Entre los argentinos de 18 a 45 años, el 57% todavía no alcanzó su fecundidad deseada y el porcentaje supera el 50% en todas las regiones. El NEA presenta una de las brechas más altas, mientras Cuyo muestra una mayor proporción de personas cuya cantidad de hijos deseada. Para Rafael Rofman, el punto es justamente no confundir menos nacimientos con ausencia de deseo reproductivo: el porcentaje de quienes directamente no quieren descendencia sigue siendo minoritario.