Trinidad Gallardo, en una entrevista exclusiva con PERFIL, contó la historia del Cotolengo de Don Orione en Claypole , la historia de una amistad que comenzó de manera inesperada y dejó una huella en varias generaciones de una familia. Ángel León Gallardo, arquitecto y abuelo de la entrevistada, fue quien estuvo a cargo de la construcción de la obra junto a su socio Enrique Cuomo. Pero el vínculo con el sacerdote italiano había comenzado mucho antes, a partir de un episodio familiar que su nieta todavía recuerda a través de los relatos que escuchó desde chica.
La historia del Cotolengo Don Orione
Todo comenzó con la muerte de monseñor José León Gallardo, tío del arquitecto, quien vivía en Roma y había realizado importantes donaciones a la congregación de las Hermanas Pobres de San José. Durante sus últimos días, se trasladó a Génova para recibir los cuidados de esa comunidad religiosa. Allí fue asistido por un sacerdote que le administró los últimos sacramentos: Don Orione. Cuando Ángel León Gallardo se enteró de lo sucedido, encontró una razón para acercarse a él y agradecerle personalmente. El encuentro se produjo en 1932, cuando el sacerdote llegó a la Argentina como legado pontificio para el Congreso Eucarístico Internacional.
Prohibieron el uso de drones durante la visita del papa León XIV
Por entonces, Don Orione también buscaba dar a conocer su obra en la Argentina. En una de sus conferencias en Mar del Plata, el arquitecto se acercó para agradecerle por haber acompañado a su tío y poner a disposición el estudio que compartía con Enrique Cuomo. La respuesta del sacerdote fue inmediata: tenía pensado construir un cotolengo en la localidad bonaerense de Claypole y necesitaba llevar adelante el proyecto.
“Nació una amistad profundísima entre Don Orione y mi abuelo”, recordó Trinidad. La cercanía fue tal que el sacerdote llegó a celebrar misa en el oratorio particular que la familia tenía en su casa de la calle Florida, en el centro porteño. También compartió comidas con ellos y bautizó a uno de los diez hijos del arquitecto, Lorenzo Sixto José Cotolengo, quien recibió ese sacramento pocos días después de nacer, el 10 de agosto de 1935. Las historias de aquellos encuentros quedaron grabadas en la memoria familiar y fueron transmitidas de generación en generación.
Parte de aquella historia quedó documentada por el propio arquitecto y su socio, Enrique Cuomo. Ambos escribieron sobre sus experiencias y las anécdotas que habían compartido con Don Orione. Ese material fue enviado a Roma para acompañar la causa de beatificación del sacerdote y, según explicó Trinidad, también reúne relatos sobre su personalidad, sus intuiciones y los episodios extraordinarios que quienes lo conocieron le atribuían.
La visita del papa León XIV al Cotolengo de Claypole tiene, por eso, un significado especial para la familia Gallardo. “Uno le tiene un cariño enorme a Don Orione. Incluso, todas las cosas de familia se las encomiendo a él”, definió Trinidad, quien destacó que la presencia del Pontífice representa también un reconocimiento a una obra que trascendió las fronteras argentinas. Para ella, la visita representa la devoción por el sacerdote y el cariño por la Iglesia y el Papa.
El legado familiar
En su familia hubo una frase que se transmitió oralmente: "Mi abuelo, mis tíos y mis padres repetían que los cotolengos son el pararrayos de la humanidad". Trinidad destacó que en esos espacios la caridad se expresa a través del acompañamiento y la atención de voluntarios, religiosos y trabajadores hacia personas que, en muchos casos, son marginadas o rechazadas por la sociedad. "Es la manifestación de caridad con los más pobres de los pobres", explicó.
Por eso, Trinidad considera que la llegada de León XIV será también una oportunidad para visibilizar la tarea cotidiana de la institución y acercar más personas a colaborar con ella. "Me parece que es una cosa fantástica dar a conocer la obra", sostuvo, convencida de que la visita puede impulsar nuevas donaciones para un lugar que, según describió, vive de la providencia. Casi un siglo después de aquel primer encuentro entre su abuelo y Don Orione, la familia Gallardo vuelve a mirar hacia Claypole con la misma devoción: la de quienes reconocen en esa obra una de las expresiones más profundas de la caridad humana.
LMM cp