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lunes 27 enero, 2020

Virus chino plantea amenaza económica a mayor plazo

Al evaluar los complicados riesgos que plantea el brote del coronavirus para China, así como la economía y los mercados mundiales, veremos que el enfoque principal ha estado, acertadamente, en la eficacia de contener su propagación, tratar a los contagiados y prevenir una reaparición. Pero una segunda dimensión a más largo plazo, que hasta ahora ha atraído poca atención, presenta riesgos para el histórico e impresionante proceso de desarrollo económico de China.

Mohamed El-Erian

Trading On The Floor Of The NYSE As U.S. Stocks Pare Gain As Rocky Week Nears End Foto: Bloomberg
lunes 27 enero, 2020

Al evaluar los complicados riesgos que plantea el brote del coronavirus para China, así como la economía y los mercados mundiales, veremos que el enfoque principal ha estado, acertadamente, en la eficacia de contener su propagación, tratar a los contagiados y prevenir una reaparición. Pero una segunda dimensión a más largo plazo, que hasta ahora ha atraído poca atención, presenta riesgos para el histórico e impresionante proceso de desarrollo económico de China.

Especialmente comparado con brotes similares anteriores, incluida la crisis que provocó hace 17 años el síndrome respiratorio agudo grave (SRAG), el Gobierno chino ha tomado medidas de manera rápida y enfática para limitar y contrarrestar el contagio. Las áreas vulnerables han estado sujetas a bloqueos que pretenden detener la propagación del virus; se inició un gran esfuerzo de información pública; y ha habido un intercambio de datos mayor a lo habitual con otros países, al menos según los estándares de China.

A pesar de todo esto, las preocupaciones persisten. El sábado, el presidente Xi Jinping las acentuó al expresar preocupación por los riesgos para la salud pública debido a la "propagación cada vez más acelerada" de la enfermedad.

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La preocupación no se limita a China. Se han reportado casos relacionados en más de 10 países hasta el momento, y todos ellos han tomado medidas de diversa consideración. Las más notables hasta el momento se produjeron el sábado en Hong Kong, donde el gobierno declaró "emergencia por el virus", detuvo los viajes oficiales al continente y extendió el cierre de escuelas.

Lo que suceda en los próximos días y semanas será crucial para China y el mundo. Los posibles resultados son difíciles de predecir, pero a corto plazo se basan en una probabilidad relativamente baja de una propagación global catastrófica de esta enfermedad mortal altamente infecciosa. Dicho esto, un segundo riesgo a más largo plazo será igualmente complicado para los encargados de política monetaria y los mercados.

El coronavirus es otro golpe inesperado para el crecimiento chino. Al igual que la escalada de tensiones comerciales de 2018 y 2019 con Estados Unidos, no es un golpe que se pueda contrarrestar fácilmente mediante el despliegue de herramientas de política económica disponibles. El deseo del gobierno de evitar una marcada desaceleración en el crecimiento económico resulta en inadecuadas medidas de estímulo a corto plazo que producen beneficios limitados y riesgos considerables de daños colaterales y consecuencias no deseadas. Además, varias de ellas son inconsecuentes con la dirección de las reformas a más largo plazo que China necesita y busca perseguir constantemente.

El coronavirus agrega una dimensión difícil para el comercio. Como queda en evidencia con el cierre de ciudades, actividades de ocio y muchas reuniones, el virus está limitando los movimientos de bienes, servicios y personas dentro de China. Además, afecta las actividades económicas internas que son clave para el bienestar del país de dos importantes maneras.

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En el corto plazo, la desaceleración de la actividad económica interna elimina una importante respuesta al impacto negativo del comercio mundial aún incierto y en desaceleración, a pesar del acuerdo de "fase uno" con EE.UU. Esto intensifica la ya difícil interrogante de estímulo versus reforma que enfrenta el gobierno. Aumenta la probabilidad de profundizar la aversión al riesgo de los hogares, afectando aún más la actividad económica. Asimismo, aumenta los riesgos de focos de inestabilidad financiera asociados con períodos anteriores ​​de sobreendeudamiento y apalancamiento excesivo.

En el mediano plazo, el impacto en los sectores internos desacelera la reorientación necesaria de la economía, una que desestima la demanda externa y las empresas estatales en favor de una demanda privada interna más autosuficiente. Es un riesgo que se amplifica notablemente por el hecho de que el proceso de desarrollo histórico de China está pasando por la más complicada de todas las transiciones: la que involucra la "trampa de los ingresos medios", en la que la economía de un país se estanca y nunca cambia a una velocidad más alta. Es un fenómeno que ha desbaratado a muchos países en desarrollo antes de China.

Todavía es demasiado pronto para decir qué sucederá a continuación, ya sea a corto o largo plazo. Lo que está claro en esta etapa es que, con la reciente acumulación de complicaciones para el impresionante proceso de desarrollo que se ha observado durante varias décadas en China, el país se está volviendo cada vez más vulnerable a los caprichos de la transición de los ingresos medios.


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