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CIENCIA / Rafael Kohanoff
sábado 9 noviembre, 2019

Tiene 94 años y diseña dispositivos y tecnología para adultos mayores

Este ingeniero químico impulsa y coordina el Centro de Tecnologías para la Salud y la Discapacidad que funciona en el INTI. Perfeccionan desde ideas simples a equipamiento de rehabilitación sofisticado.

por Enrique Garabetyan

Tercera edad. Desde una silla postural económica (1) hasta elementos que facilitan abrir una canilla (2). Otro ítem exitoso es la ropa en la que se reemplazan los botones con velcro (3). y un amplificador de sonido (4). Foto: marcelo silvestro

Rafael Kohanoff es fácil de encontrar. Todos los días pasa sus horas trabajando en una atiborrada oficina del parque tecnológico del INTI: se reúne con ingenieros electrónicos, técnicos en plástico y empresarios pyme. Y viaja con frecuencia a visitar escuelas técnicas provinciales y hablar con profesores y alumnos. O para dar charlas y hacer preguntas en centros de jubilados. Nada fuera de lo común para un empleado estatal. Claro que este ingeniero químico, que nació en 1925 en Santiago del Estero, tiene 94 años y es el encargado de concretar y difundir los proyectos que idean desde el Centro de Tecnologías para la Salud y Discapacidad (CTSD) que funciona en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

“Nuestra misión es simple: diseñar soluciones adecuadas para cubrir las necesidades de personas con discapacidad. Hay que pensar que alrededor del 11% de la población argentina tiene algún tipo de discapacidad, ya sea motriz, visual o cognitiva”, le contó Kohanoff a PERFIL. “Y muchas veces son cosas simples de realizar, que no necesitan electrónica sofisticada ni son de alto costo”, agregó.

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Justamente, una de las ideas más “fáciles” que popularizaron es algo que cualquier persona puede hacer en su casa: “Se trata de un apoyo para que cuando alguien coloca su bastón contra una mesa este no se ‘patine’ y caiga al piso. Basta con unos centímetros de goma eva y una tijera. Incluso se puede hacer usando goma de auto”.

Claro, hacerlo no es el problema sino que el producto les llegue a los miles de personas que usan bastón. Y como no es un gran negocio no le interesa a las empresas. "Por eso pensamos que podrían fabricarlos chicos de primer año de secundarias técnicas, como parte de un trabajo práctico. Y para eso publicamos los instructivos necesarios en nuestra web, para que lo pueda fabricar hasta un cuidador domiciliario".

En ese mismo concepto de tecnología simple pero adecuada pensaron la cartilla autoimprimible para detectar problemas visuales. "Son afiches de diagnóstico que suelen estar en consultorios oftalmológicos. Pero allí concurren los que ya saben que tienen un problema de salud y pueden tardar años en pedir una consulta. Esta cartilla con instructivo puede ser usada por cualquier persona sin entrenamiento médico: una maestra o una mamá. Si detecta un problema sabe que debe llevar al chico a un oftalmólogo".

Otros desarrollos tecnológicos fueron a cubrir necesidades: "Con velcro, alambres, caños de plástico, palos de escoba, platos de madera, goma eva, tornillos e ingenio, diseñamos elementos que pueden ayudar a la tercera edad a seguir siendo autónoma". Así pusieron a punto dispositivos que facilitan vestirse, prenderse botones, colocarse medias y zapatos, levantarse de la cama o entrar y salir de un vehículo. Todas cosas que facilitan la vida de los mayores, y de sus cuidadores y familiares. “Son ocho dispositivos. Todos con planos y especificaciones en la web, con instructivos completos, materiales y cómo fabricarlos”.

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Además, dentro del CTSD, varios diseñadores textiles prepararon y publicaron, gratuitamente, moldes para camisas y pantalones adaptados para personas postradas en cama, en silla de ruedas o con sondas y bolsas de colostomía.

También desarrollaron tecnologías más complejas. Uno de los productos ideados es un dispositivo diseñado para hacer rehabilitación neurológica dirigido a personas que deben realizar ejercicios físicos en forma sistemática para recuperarse, por ejemplo, tras un ACV.  

“Con la suma del trabajo de expertos de diferentes centros del INTI, pusimos a punto un prototipo de un equipo de rehabilitación sofisticado que ahora estamos homologando. Lo importante es que podrá ser utilizado por cualquier servicio médico ya que ofrece todas las funciones básicas de rehabilitación”. Lo interesante, destacó Kohanoff, es que fabricarlo cuesta alrededor de US$ 20 mil. Pero sirve para reemplazar equipos importados, con prestaciones similares, pero que cuestan unos 500 mil euros”.

En esa línea, Mario Aguilar, ingeniero electrónico del equipo de desarrollo del CTSD, le explicó a PERFIL que hicieron otro aporte a la rehabilitación con equipos dedicados al análisis de la marcha que permiten mejorar estos tratamientos. “Los importados traen sofisticadas cámaras digitales y un software especial. Y su precio no baja de los US$ 60 mil. El que diseñamos nosotros en el INTI ofrece prestaciones equivalentes, pero recurre a cámaras web comunes y desarrollamos nuestro propio software. Y el costo del prototipo que armamos no supera los $ 25 mil”.

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Exoesqueletos en Mendoza

Uno de los problemas de salud más comunes que deben resolver los expertos en rehabilitación es mejorar la calidad de vida de personas con patologías neurológicas que afectan la movilidad de las rodillas y tobillos. “Cuando supimos de esa problemática, hace ya un lustro, junto a expertos de otros países integramos la Red Iberoamericana de Exoesqueletos Robotizados de Bajo Costo”.

Expertos en robótica de la red pusieron a punto varios prototipos de exoesqueletos cuya función es facilitar los tratamientos. Sirven para ser utilizados en clínicas de rehabilitación, de manera de asistir y reeducar la marcha de los pacientes con este tipo de problemas”. Y estos exoesqueletos también podrán ser empleados en cuidados de pacientes con otras patologías: “Por ejemplo, personas que tuvieron poliomielitis o botulismo. Algunos de estos prototipos están por ser evaluados y homologados en forma conjunta por expertos del INTI y especialistas en rehabilitación del hospital Néstor Lencinas, en Mendoza. Esta tarea debería estar finalizada antes de que termine 2019”, contó Kohanoff.


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