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Defensor de los Lectores

Boxeo verbal de entrecasa

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Dos lectores expresan en página 32 su desagrado –al  que matizan con algo de humor y muy poca condescendencia– por lo publicado sobre el encontronazo de la semana anterior entre el conductor televisivo y periodista Jorge Lanata –por un lado– y el jefe de redacción de la revista Noticias, Edi Zunino, y el director de PERFIL, Jorge Fontevecchia, por el otro. El origen del entuerto es una nota publicada en la revista –acerca de la cual no me corresponde opinar, porque no es de mi incumbencia– a la esposa de Lanata, quien dedicó una larga parrafada en su programa de Radio Mitre a quejarse por la edición del artículo y por el contenido de un diálogo telefónico que tuvo sobre el tema con Fontevecchia.

Lamento haber dedicado tanto espacio a presentar el tema, pero era imprescindible para una adecuada comprensión de lo que veo como una boutade tripartita en la que este diario no debió participar, o al menos no en la dimensión adjudicada en la edición del domingo 26. Dice una regla de oro de la práctica periodística que lo que nos sucede a quienes ejercemos esta profesión no es noticia, salvo que la protagonicemos. Así, no está bien contarles a lectores o audiencia cuántos palos por el lomo recibimos al cubrir un acontecimiento, o victimizarnos cuando quedamos sin acceso a determinada información porque quien debió suministrárnosla se negó a hacerlo. Sólo en caso de riesgo de vida, o amenazas a la integridad del periodista, se justifica la publicación de tales intimidades. No pocos editores de los que aprendí bastante –entre ellos el propio Fontevecchia y Jacobo Timerman, allá por los 80– fijaron esa posición no pocas veces cuando algún redactor se quejaba por los obstáculos hallados ante una nota. “No somos noticia –decía Timerman–, aunque siempre nos gustaría serlo”.

Estoy seguro de que éste es el caso: un choque de personalidades, distintas valoraciones para un mismo objeto periodístico, una polémica cuasi doméstica (no importa si fue iniciada públicamente por uno de los involucrados), son cuestiones a dirimir en privado. El lector, el oyente, lee o escucha con cierta sorpresa este debate y se pregunta qué tiene que ver con él y con la sociedad.

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Otros temas. El mismo domingo 26, la sección Ciudad reveló un fenómeno muy interesante: por primera vez desde que se inició en la Argentina el boom de los supermercados instalados por inmigrantes chinos, se frenó la apertura de nuevos comercios del rubro y se observa un crecimiento notable de pequeños locales de elaboración y venta al público de comidas por kilo, casi siempre con impronta gastronómica oriental (aunque en algunos casos vendan también desde milanesas de carne hasta lasagna). Por cierto, es una novedad que los habitantes de Buenos Aires (también comienza a observarse el mismo fenómeno en el interior) vienen viendo desde hace no mucho tiempo y es elogiable lo oportuno de PERFIL al contarlo. Sin embargo, hay una crítica que hacerle a esa nota de la página 50: su título dice que “los chinos abren menos súper para vender comida por kilo”, cuando el texto enuncia que son los hijos nacidos aquí de aquellos inmigrantes supermercadistas quienes protagonizan el nuevo formato de negocios. Es claro que no negarán su ascendencia, pero se dice con claridad que buscan “una calidad de vida mejor que la que tuvieron sus padres”. Trabajan menos horas y, claro, de paso hacen una mejor diferencia: ganancia del 30%, el doble de lo que obtiene un súper barrial.

* Una más del domingo 26, esta vez en la sección Deportes. Su tapa, con título “El pacto”, analizaba la actualidad de Independiente y afirmaba que el presidente del club, Javier Cantero, arrió sus banderas de ética y tolerancia cero para los barrabravas del Rojo y arregló con ellos una entente en busca de mayor aire institucional para una realidad deportiva alarmante. Lo criticable es la carencia de fuentes directas, identificables, que sustenten lo que allí se dice, y alguna explicación a la ausencia de opinión del propio Cantero o de otros directivos del club. El autor de la nota me aseguró que intentó vanamente comunicarse con el presidente y con uno de sus vicepresidentes, Rubén Vázquez, pero que ninguno de ellos respondió los teléfonos y tampoco los mensajes dejados en ellos. Es práctica obligada el consignar que la gestión fue realizada, aunque haya concluido en fracaso.